La Piovra I – Capítulo 5

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Cattani (Michele Placido) y su hija Paola (Cariddi Nardulli)

La Piovra I

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1984

 Director: Damiano Damiani

Guión: Nicola Badalucco, Lucio Battistrada, Massimo De Rita, Elio De Concini

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Nicole Janet (Else Cattani), Cariddi Nardulli (Paola Cattani), Barbara De Rossi (Raffaella “Titti” Pecci Scialoia), Angelo Infanti (Sante Cirinnà), Geoffrey Coppleston (Banquero Ravanusa), Jacques Dacqmine (Sebastano Cannito), Francois Périer (Abogado Terrasini), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra)

Música: Riz Ortolani

(Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior)

 

Capítulo 5

 

Los raptores le comunican a Cattani por teléfono que si quiere volver a ver a su hija con vida no puede hablar con nadie sobre lo sucedido. Cuando a la mañana siguiente le llama Else, el comisario debe mentirle, diciendo que la hija común de ambos se encuentra “con una amiga en la playa por unos días”.

 

Los secuestradores pretenden hacerle chantaje a Cattani: “De ahora en adelante, las órdenes las damos nosotros”. El comisario no tiene más remedio que obedecer. A todos los que preguntan por Paola les cuenta la misma historia de que está en la playa. Cattani se encuentra en los tribunales con el abogado Terraccini, quien le dice críptica y un tanto amenazadoramente que “Quien se dedica a pescar profundamente debe tener cuidado, pues a veces los peces más gordos pueden voltear la barca”.

 

Solo al párraco, bajo secreto de confesión, Cattani le da a entender que su hija ha sido abducida, y que la están usando como rehén. El ingeuo cura le recomienda que se lo comunique a sus superiores.

 

Cuando Cattani no le da a Else el teléfono de la casa donde en la playa supuestamente está Paola, la mujer del comisario piensa que es porque él quiere separarla de ella. Los secuestradores vuelven a llamarlo diciendo lo que esperan de él: Debe facilitar que Cirinà salga de prisión.

 

Así, bajo el falso pretexto de que padece una enfermedad coronaria, Cirinà es trasladado a una clínica, donde tiene una mayor libertad de movimiento. Allí llega Cattani para tratar de averiguar si el traficante está al corriente de la desaparición de su hija. Al principio Cirinà se hace el tonto, pero cuando el comisario está por marcharse le da a entender que sabe muy bien lo que sucede.

 

Cuando Cattani está en casa de Titti, Cirinà llama por telefóno: Otra de las “órdenes” que el comisario deberá acatar es no volver allí nunca más. (Cuando quieran verse de nuevo lo van a tener que hacer a escondidas).

 

Poco después, desaparecen además los expedientes judiciales que incriminan al banquero y al abogado. Éstos dos aparecen en el programa de televisión de Santamaria, donde niegan que exista cualquier prueba contra ellos y donde sutilmente realizan amenazas veladas contra el comisario. Cattani quiere indagar más profundamente si cabe, y a la vez ganar tiempo.

 

El asesimo material de Leo llega a un bar donde Cattani está almorzando a modo de emisario y le da a entender que quiere que les posibilite un atentado contra Altero, su segundo al mando. Cattani se niega y grita con ira al delincuente hasta que éste emprende la retirada.

 

La copia de los documentos incriminatorios también ha desaparecido. El sospechoso de llevarse los papeles es el nuevo vigilante nocturne, un joven policía recién graduado… Pero en realidad, quien se ha visto obligado a tomar las copias y llevárselas a los delincuentes es el propio Cattani, presionado por los secuestradores de su hija. Éstos le permiten ver a Paola por unos breves minutos, en una cita en el bosque, para que se cerciore de que la niña está bien.

 

El siguiente requerimiento de los criminales es lograr la absolución no solo del banquero y el abogado, sino también la de Cirinà. Para ello contratan a unos testigos falsos que aseguran que el comisario disparó primero… Cattani, impotente, no puede desmentir esas calumnias. Ahora, paradójicamente, es él quien se convierte en inculpado.

(Continuará)

FHP, 2015

 

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