La noche de la ira – Javier Elorrieta, 1985

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La noche de la ira

España, 1985

Director: Javier Elorrieta

Guión: Joaquín Oristrell

Intérpretes: Patxi Andión (Alejandro Liema), Beatriz Elorrieta (Marta), Yolanda Ventura (Ana), Aldo Sambrell (Sebastián), Terele Pávez (Prostituta)

Música: M&C

Género: Drama, Thriller

Argumento

El doctor Alejandro Liema, procedente de la ciudad, llega como nuevo médico a un recóndito pueblo. Por el camino se fija en que los aldeanos parecen ser muy aficionados a la caza, y también le llama la atención una furgoneta negra donde está escrito “La madriguera”. En la taberna conoce al cacique don Gonzalo, al cura y a otros personajes del municipio, entre los que se encuentran unos pendencieros cazadores. Éstos comienzan a mofarse y a provocar al forastero sin motivo alguno. Aunque el médico trata de ignorarlos, parece claro que habrá de enfrentarse a la hostilidad creciente de ciertos lugareños.

Una vez Alejandro entra en la casa que le ha sido asignada, se encuentra con una adolescente llamada Ana, quien ha puesto en orden la vivienda para que esté habitable. Ana es la hermana de Marta, la maestra del pueblo. Alejandro las invita a cenar a las dos para la noche siguiente.

Alejandro acude a misa y escucha el extraño sermón del cura, quien predica sobre “lo malo que es tomarse la justicia por su mano”, como haciendo referencia a algún hecho que todos los locales conocen bien… También observa el nuevo médico que los feligreses, entre ellos Marta, llevan pegado en el pecho el retrato de otras personas – Más tarde se enterará de que son las fotografías de los últimos difuntos en la familia de cada uno; en el caso de Marta su padre.

Paseando por el campo, Alejandro vuelve a ver la furgoneta de “La madriguera”. Picado por la curiosidad decide seguirla, llegando hasta una finca a las afueras custodiada por varios vigilantes armados con escopetas. Diciendo que es el nuevo médico y que ha venido “a presentarse”, a Alejandro le permiten la entrada; y es conducido hasta Fabián, quien regenta “La madriguera”: Se trata, como él explica, de “un centro de rehabilitación para toxicómanos”.

Fabián le hace saber a Alejandro que sus métodos son “infalibles”, y que los vigilantes van armados para defenderse en caso de un ataque de “los lobos”, y no para amenazar a los internos… Precisamente mientras están hablando, uno de los drogadictos logra escapar. En el campo aborda a Ana, pidiéndole ayuda.

Por la noche, durante la cena, Alejandro le cuenta a Marta que está viviendo unos momentos difíciles debido a que su mujer le acaba de abandonar. La esposa le echaba en cara a Alejandro “ser un cobarde, huir de sus responsabilidades”. Entre el nuevo médico y la joven profesora comienza a nacer una atracción mutua. Entretanto, Ana guarda a escondidas restos de la cena para llevárselos al yonki, al que ha escondido en un establo.

Gonzalo, el cacique, reacciona celoso y furibundo al enterarse de que Marta ha ido a cenar con Alejandro – Pues la maestra del pueblo es su amante. Gonzalo está casado, pero su mujer Aurora hace años que no habla y está severamente enferma de los nervios – A causa de una traumática experiencia…

Mientras tanto, los de la “clínica” de Fabián se han dado cuenta de que uno de los drogadictos se ha fugado. Empuñando sus escopetas, los vigilantes comienzan a buscarlo por todas partes. Chico, que así se llama el yonki, es llevado por Ana a la casa donde ella vive con su hermana Marta.

Alejandro está cada vez más intrigado de que en un remoto pueblo como ese exista una clínica para toxicómanos, y se dispone a investigar por su cuenta qué hay tras esos métodos de rehabilitación tan “infalibles”. Así, se horroriza al encontrar a los internos hacinados en una celda. Cuando es sorprendido husmeando por Fabián y sus hombres, dice que él, como médico, “tiene derecho a hacerles un reconocimiento”. Pero los de “La madriguera” lo echan de la finca sin atender a razones. Y además, Alejandro comprueba consternado que “alguien” le ha pinchado las ruedas del coche.

Pasando por el cementerio, el médico ve al cura rezando ante un monumento dedicado a once personas, que murieron el mismo día hace unos cuantos años. Cuando Alejandro pregunta qué sucedió, el sacerdote se muestra esquivo y parco de palabras; respondiendo sólo que se trató de un “accidente”. El médico trata de aclarar al asunto de la clínica visitando a don Gonzalo. Pero una vez en su villa, se encuentra con que el cacique está ausente. Sin embargo su mujer doña Aurora le invita a pasar. La envejecida y deprimida señora llora ante una fotografía de su hijo. El joven murió, o más bien fue asesinado… Junto a otras diez personas, y el mismo día que tuvo lugar el “accidente” que decía el cura…

Aunque Marta trata de convencerle de que se marche del pueblo “antes de que sea demasiado tarde”, Alejandro toma la resolución de averiguar a toda costa qué sucede en ese misterioso pueblo – Pues está cansado de ser un cobarde: “Llevo media vida huyendo de las cosas y no puedo huir eternamente”…

Comentario

A finales de los setenta y comienzos de los ochenta, proliferaron en España abundantes películas dedicadas al tema de la delincuencia urbana y la drogadicción. Sería éste un género conocido como “cine quinqui”, cuyos directores más emblemáticos fueron Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma.

Unos años después, cuando esa temática ya parecía pasada de moda, Javier Elorrieta filmó éste interesantísimo y original largometraje que conjuga de forma muy acertada y efectiva el thriller de transfondo quinqui con el drama rural. Unos aldeanos, cansados de que las autoridades no apliquen mano dura contra rateros y maleantes, deciden crear una especie de escuadrón clandestino (“La madriguera”) que erradique para siempre de la sociedad a indeseables drogadictos – A los que secuestran en las localidades colindantes para transportarlos en la furgoneta negra hasta el “centro de rehabilitación”. Pero deberán vérselas con un entrometido recién llegado de la ciudad, el médico Alejandro, a quien no convencen los métodos “infalibles” de Fabián y Gonzalo.

Como en la inmensa mayoría de las películas quinquis, el tono y el mensaje del film es buenista (algo que no era necesariamente el caso en los polizzieschi italianos de la misma época): Los “malos” (muy estereotípicos y caricaturescos, por cierto) son aquí los que tratan de “cortar el problema de raíz” (como dice Gonzalo). Los drogadictos “no tienen la culpa” (dice la inocente y samaritana Ana), tomarse la justicia por su mano “es pecado” (dice el pusilánime cura). Algunos “disidentes” miembros de “La madriguera” comienzan a objetar las directrices de sus jefes, argumentando que son “las autoridades” las que deberían ocuparse de resolver esos problemas… Pero Gonzalo parece tener claro que las autoridades, aunque ciertamente “deberían”, no harán nada porque a esas autoridades (blandas y corruptas) en realidad no les interesa. ¿Habrá visto ésta película el presidente filipino Rodrigo Duterte, que va camino de erradicar el narcotráfico en su país? Quién sabe si se habrá sentido inspirado por “La madriguera”…

En el aislado pueblo del film imperan unas leyes propias al margen de las del estado; lo que da a la película un cierto sabor “western”. Y entre esas leyes, también está la “ley del silencio” (Como dice la prostituta: “Ver, oír y callar”)

Por otro lado, la curiosidad del nuevo médico crece cada vez más. No quiere callarse e ignorar lo que sucede porque está harto de ser considerado un cobarde. Sus circunstancias personales, que vamos conociendo mientras se enamora de Marta, están muy bien hilvanadas con la trama principal.

Es interesante mencionar que ésta „La noche de la ira“ tiene un punto de partida muy similar al de „La noche de las gaviotas“ (1975) de Amando de Ossorio. En ambas películas el protagonista es un médico recién llegado a un aislado pueblo, en el que moran hostiles aldeanos con secretos inconfesables…

Yolanda Ventura, la actriz que interpreta a Ana, perteneció al grupo musical infantil “Parchís” en la primera mitad de los ochenta.

FHP, septiembre de 2016

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