Introducción a Juan Orol y su cine

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Orol encarnando a su alter ego Tony Carmenta

Introducción a Juan Orol y su cine

Pese a ser desde hace años un consumado y confeso cinéfago, he de reconocer que hasta hace poco no tenía ni idea de la existencia de Juan Orol, considerado el rey del cine negro mexicano.

Éste gallego aventurero vino al mundo en Lalín, provincia de Pontevedra, un 4 de agosto de 1897 (si bien otras fuentes apuntan que nació en el Ferrol). Siendo aún muy joven se hizo a las Américas, buscando fortuna primero en Cuba. Antes de consagrarse al cine se desempeñó como boxeador, torero, jugador de béisbol, piloto de carreras, reportero, actor de teatro y agente de policía. ¡Casi nada! Más adelante se instala en México, donde según su propio testimonio trabajó como agente secreto. Allá por los años ´30 entra en contacto con la naciente industria cinematográfica de aquel país. Orol era un apasionado de las películas de gangsters de EEUU, gran admirador de Humphrey Bogart, James Cagney, Edward G. Robinson o Paul Muni (protagonista éste ultimo de la “Scarface” original de 1931 dirigida por Howard Hawks – en la que cinco décadas después se inspirarían Brian De Palma, Oliver Stone y Al Pacino para el más conocido remake).

Juan Orol decidió emular a sus ídolos gringos, convirtiéndose en el padre del género gangsteril mexicano. Otra de sus grandes influencias fue el cineasta de origen alemán José Bohr, artífice de “Luponini, el terror de Chicago” o “Marihuana, el monstruo verde”. Orol fue además uno de los pioneros del cine sonoro en México –  junto al mencionado Bohr,  el prolífico maestro del terror Chano Urueta (“El espejo de la bruja”, “El monstruo resucitado”) o Joselito Rodríguez, quien más adelante dirigiría el primer film del Santo (“Cerebro del mal”, 1958).

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Rosa Carmina

Los años que Orol pasó en Cuba influyeron decisivamente en sus gustos musicales. El director incorporaba abundantes números de bailes caribeños en sus propuestas. Así nació el llamado “cine de rumberas”, un subgénero que fusiona el musical con el cine negro y en el que la trama suele consistir en las rivalidades que surgen entre dos gangsters por el amor de la voluptuosa bailarina de turno. Orol lanzó al estrellato a varias de éstas vedettes, convirtiéndolas en actrices de sus películas.

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Entre sus musas destacó la cubana Rosa Carmina, protagonista femenina de “Gangsters contra charros” (1948), la película más emblemática de Orol. Ella sería la tercera de sus cinco esposas, estuvieron casados en la primera mitad de los años ´50.

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Chelo Alonso con Steve Reeves

Al mismo tiempo que en México Rosa Carmina y otras compatriotas suyas triunfaban en el cine “de rumberas” (películas ambientadas en el Caribe y repletas de números musicales) otras bailarinas cubanas como Chelo Alonso o Bella Cortez cosechaban éxitos en Europa, especialmente en el género italiano del péplum (las películas “de espadas y sandalias”, o “de romanos”).

Orol era un auténtico “hombre orquesta” cinematográfico, se encargaba de supervisar todas las fases de la producción de su película y con frecuencia, además de director, ejercía de guionista y actor principal. Asimismo financió la mayor parte de sus largometrajes. En ello tiene muchas similitudes con el italiano Marco Antonio Andolfi, “perpetrador” de la sumamente estrambótica “El hombre lobo contra la Camorra” (1987). A ambos unía gran pasión por el cine y al mismo tiempo un desconocimiento casi absoluto de la técnica, así como la escasez del presupuesto con el que debían trabajar.

Las propuestas de Orol, a quien algunos han apodado “el Ed Wood mexicano” o “el surrealista involuntario”, están ejecutadas con mucho desparpajo. Lo más importante para él era contar una historia que divirtiera al público, y no “pequeños detalles” como la verosimilitud o la continuidad. Así pues, en éste artículo de la web “El espectador imaginario” leemos:

En Los misterios del hampa (1944), cuyo guión transcurre en Chicago, pasa un autobús en el cual se puede leer “Línea Peralvillo-Cozumel”. Y en Zonga, el ángel diabólico, que se desarrolla en la selva amazónica, se puede distinguir en el fondo un monumento a Bolívar que estaba cercano al bosque de Chapultepec. “Detalles” que Juan Orol no daba importancia, y así lo ratifica Véjar, al comentarle al director la visión de la estatua del prócer independentista en el cuadro: “Mira, chico, aquí, delante de la cámara, voy a poner a Mary Esquivel, y si alguien del público ve en la lejanía una pinche estatua, ese es un puto y yo hago películas para espectadores hombres, así que no me importa la opinión de un acomplejado puto”.

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Orol junto a Mary Esquivel

Y también en la misma página:

El investigador Eduardo de la Vega le preguntó, en su momento, al director gallego: “Don Juan, ¿cómo es posible que en una escena usted ametralle a todos sus enemigos, que están sentados ante una mesa y de espaldas a un amplio ventanal, y no se rompa un solo vidrio por el impacto de las balas? Se me quedó mirando el cineasta y respondió: ¿Y qué? ¿Me iba usted a pagar los vidrios rotos? Y además, ¿cree usted que el público va a ver vidrios rotos al cine?”

Orol no sólo buscaba entretener a los espectadores, también tenía pretensiones didácticas:

“Siempre, en mis películas, castigaba al delincuente de un modo atroz: de tal manera que mi público evitara cometer los errores de mis personajes…”

A diferencia de Ed Wood, Juan Orol tuvo éxito aún en vida. La gente acudía a visionar sus propuestas, y el director invertía el dinero recaudado en taquilla para su siguiente proyecto. No obstante, tras una dilatada carrera delante y detrás de las cámaras, Orol caería en una profunda depresión. Murió el 26 de mayo de 1988, a los 90 años, tras más de medio siglo dedicado en cuerpo y alma al séptimo arte.

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Orol en sus últimos años

Del mismo modo que Tim Burton homenajeó a Ed Wood con la película homónima de 1994 (protagonizada por Johnny Depp) también en México se rodó un largometraje biográfico sobre el cineasta de Pontevedra (quien junto a Luis Buñuel tiene el privilegio de ser el español que más contribuyó al cine mexicano). Y es que la vida de éste peculiar realizador es, si cabe, aún más fascinante que sus aportaciones a la gran pantalla.

En mayo se cumple el 30 aniversario de la muerte de Juan Orol. De aquí hasta entonces, iré publicando en éste espacio mis críticas a las más significativas de sus películas – que se irán intercalando con las de otros films y, como viene siendo habitual, con las reseñas de los episodios de “La Piovra” y “Il capo dei capi”.

Felix H. Ponce, enero de 2018

 

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9 respuestas a “Introducción a Juan Orol y su cine

  1. […] Juan Orol, el “Humphrey Bogart” hispano, incursiona en ésta ocasión en la temática del boxeo. Una vez más, escribe, dirige, produce y protagoniza su película. Su personaje es un gangster que comienza a ascender en la jerarquía del hampa amañando las apuestas de las luchas pugilísticas e “influenciando” a los deportistas para que se dejen ganar sin que se note demasiado (Mostrándole a Kid Anahuac cómo quedó su compañero, Tony nos obsequia con una muestra de sus dotes persuasivas al decirle: “Sufrió un accidente por no querer oír un buen consejo…”) […]

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