Antesala de la silla eléctrica – Juan Orol, 1968

https://m.media-amazon.com/images/M/MV5BOTExMDg5NjMtZjUyNC00ZTNlLWFmZDItMDUxZTBiM2Y0M2UxXkEyXkFqcGdeQXVyMTk4MDgwNA@@._V1_.jpg

(Imagen: amazon)

Antesala de la silla eléctrica

México/Puerto Rico, 1968

Director: Juan Orol

Género: Drama, policíaco

Intérpretes: Juan Orol (Clark), Dinorah Judith (Alicia), Frank Moro, Mario Sevilla

Argumento

El puertorriqueño Mario Scarli es condenado a muerte por el asesinato de Paul Diamond, un importante magnate de Hollywood. El reo deberá ser ejecutado en la silla eléctrica un par de semanas después.

El teniente Clark, del departamento de homicidios, es quien detuvo al acusado y presentó las pruebas incriminatorias al fiscal. Sin embargo, no se siente satisfecho. Pese a que los indicios no dejan duda de que Scarli estuvo implicado en el crimen, hay algo que no termina de cuadrar.

Pocos días después, Clark recibe un mensaje del alcaide de la cárcel San Quintín: Mario Scarli ha manifestado su deseo de ver al policía, antes de que su sentencia se cumpla. Clark encuentra a Scarli muy tranquilo, lo cual no puede decirse de los demás presos del corredor de la muerte.

Scarli le jura su inocencia al teniente, pero sabe que ya no tiene escapatoria. Una revisión del juicio ha sido denegada, también un indulto del gobernador. La razón por la que lo hizo llamar es de otra índole. Scarli tiene unos dólares ahorrados y le pide al policía que con ellos pague el tratamiento de su hermana enferma, que está internada en un sanatorio.

Clark le hace notar que él nunca había mencionado la existencia de esa hermana durante el juicio. Scarli no quería comprometerla, no quería que ella tuviera que declarar como testigo. Alicia, la hermana, llegó a Hollywood desde Puerto Rico para participar en una película. El productor, Diamond, era un canalla, y suya fue la culpa de que ella perdiera su salud mental. Es cierto que Scarli quiso matarlo por ello, y que estuvo cerca del lugar del crimen con su revólver la noche de los hechos, pero no fue él quien disparó. Scarli es consciente de que todos los indicios apuntan contra él, y ya se ha resignado a morir en la silla eléctrica. Ahora sólo le pide a Clark que haga lo posible para que su hermana se recupere.

El teniente queda convencido de que Scarli dice la verdad. Comienza a sentir remordimientos, porque él entregó al tribunal a un hombre inocente… Y ese tribunal lo manda a la silla eléctrica. Clark decide investigar por su cuenta, lo que no es del agrado de su superior. El policía se toma ahora el asunto como algo personal. Además de ayudar a la hermana del reo, se propone revisar el caso archivado para encontrar al verdadero culpable.

Cuando Clark visita a Alicia en el sanatorio, se entera de que ella no es la única persona a la que Diamond hizo la vida imposible. También hay un tal Alfonso Brown, un guionista al que Diamond robó un guión. Cuando Brown protestó por ello, el magnate envió a unos matones para pegarle una paliza y mantenerlo intimidado. A consecuencia de ello, Brown cayó en la bebida y en la ruina. Así pues, también él podría tener un móvil para el crimen…

Comentario

Ésta vez, Juan Orol no encarna a un rudo gángster sino a un policía con sed de justicia. Su superior le dice algo así como que “El caso está cerrado, olvídelo”, pero él persevera y continúa sus pesquisas porque sabe (aunque será difícil probarlo) que el condenado es inocente. Sigue en sus trece sin importarle que ello le haga perder su cargo de teniente. Clark (alter ego de Orol para ésta su película) inicia una carrera contrarreloj, para impedir algo que parece inevitable, para salvar de la silla eléctrica a un pobre diablo que ha sido designado como chivo expiatorio y cuya ejecución es inminente.

En principio puede interpretarse la película como un alegato contra la pena de muerte, pero hay bastante más. Sin duda estamos ante una de los films orolianos de mayor transfondo. Se alude a las arbitrariedades de los sistemas judicial y penitenciario norteamericanos, a la complicidad de los medios de comunicación, a la falta de moral de los altos mandos policiales y a su indiferencia por la verdadera justicia (quieren cerrar el caso cuanto antes, aunque para ello le encasqueten el crimen a un “culpable” que no sea tal). Orol se adelanta, en la temática y en el enfoque, a los polizzieschi italianos de los años setenta, especialmente los de Damiano Damiani, que denunciaban la prodredumbre intrínseca del sistema. Dichos polizzieschi tenían generalmente por protagonista a un policía desencantado que se había dado cuenta de que los peores criminales se van de rositas, y que estaba decidido a ir por libre para así poder castigarlos (al margen de un sistema corrompido desde dentro).

Memorables e hilarantes algunos diálogos, como el siguiente:

Clark (Orol) – Siento una sensación aquí dentro, como si tuviera un enanito metido que me estuviera diciendo que Scarli es inocente…

Su superior – Pues sáquese ese enanito y dele una patada en el trasero (…)

La víctima del asesinato es curiosamente el personaje más criminal de todos. Se trata de un productor de Hollywood (Paul Diamond), que abusa de su poder. Un individuo miserable que se lucra a base de robar ideas ajenas (haciéndose con el guión de Brown, aterrorizándolo después para que no hable) y que se aprovecha sexualmente de las actrices (no se menciona de manera explícita, pero todo indica que esa es la causa que llevó a Alicia al sanatorio). ¿¿Ésto último no nos recuerda a algo?? (Me refiero a Mr. Weinstein).

“Antesala de la silla eléctrica” nos ofrece un ejercicio harto interesante de meta-cine (o intra-cine). Alicia, interpretada por Dinorah Judith, da vida a una actriz y bailarina (cosa que era en la vida real) que participa en el film “La mujer exótica” – título muy reminiscente de las películas “de rumberas” que el propio Orol filmó en las décadas anteriores, como “Una mujer de Oriente” (1946), “Tania, la bella salvaje” (1948), “La diosa de Tahití” (1953) o “Sandra, la mujer de fuego” (1954).

Dinorah Judith, última musa y esposa de Orol, era una excelente bailarina (muy flexible, como demuestra en “Contrabandistas del Caribe”), pero no tan buena cantante…

Orol fue probablemente uno de los primeros en denunciar (además del sistema judicial-policial-mediático antes mencionado) también el funcionamiento interno y los oscuros tejemanejes de la industria cinematográfica hollywoodiense. Él podía permitírselo, pues en la mayoría de los casos financiaba sus películas él mismo, lo que le confería una enorme independencia – si bien en su aspecto técnico y estrictamente profesional sus propuestas dejaran bastante que desear.

En su estética y atmósfera la película parece más bien de los años ´30 y no de finales de los ´60. Orol ya había previamente rodado películas a color, como “Contrabandistas del Caribe” (ese mismo 1968), mientras que “Antesala de la silla eléctrica” es en blanco y negro. Pero ese no es el único motivo por el cual el film parece mucho más antiguo de lo que en realidad es – Me refiero en lo que respecta a su nivel visual, a su formato y a su estructura narrativa; porque en cuanto a su temática, como hemos visto, la película sigue siendo de rabiosa actualidad. Es más: Se trata de un film adelantado a su época.

FHP, enero de 2018

Anuncios

One response to “Antesala de la silla eléctrica – Juan Orol, 1968

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s