Caza despiadada a los secuestradores – Fernando Di Leo, 1975

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La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori (a.k.a. Kidnap Syndicate)

Italia, 1975

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo, Ernesto Gastaldi

Intérpretes: Luc Merenda (Colella), James Mason (Filippini), Irina Maleeva (Lina), Marino Masé (Pardi)

Música: Luis E. Bacalov

Argumento

El joven padre viudo Colella es un humilde mecánico que repara motocicletas en su taller. Una mañana, cuando ha acompañado a su hijo Fabrizio al colegio, éste se entretiene a hablar a las puertas de la escuela con su amigo Antonio, que es de familia acomodada. De repente, aparece un coche del que emergen individuos con pasamontañas. Éstos se llevan a Antonio por la fuerza. Cuando Fabrizio trata de impedirlo, también éste es abducido.

El pintoresco y simpático comisario Magrini, de marcado acento napolitano, está a punto de irse de vacaciones. Pero la llamada telefónica de un superior hace aguas sus planes: Ha habido un doble secuestro y debe entrar en acción.

El pequeño Antonio es el hijo de un multimillonario industrial, el ingeniero Filippini. Él era el único objetivo del rapto, pues los secuestradores tienen la intención de pedir un jugoso rescate al acaudalado padre. El hecho de que también se llevaran a Fabrizio, hijo de un pobre trabajador sin recursos, no ha sido más que mala suerte, algo puramente accidental. Fabrizio se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado. A esa conclusión llega también el temperamental comisario Magrini.

Entretanto, los niños están retenidos en un habitáculo de madera con dos camas. Los secuestradores, entre los que se encuentra una mujer, les dan comida y revistas de comics.

En la rueda de prensa que pronto se celebra tras el doble secuestro, el millonario Filippini declara junto a su abogado que no piensa pagar nada, ante la consternación de su esposa. El humilde Colella, por su parte, dice que está dispuesto a pagar lo que sea, a venderlo todo, con tal de poder volver a abrazar a su hijo.

Filippini espera mediante esa táctica que los secuestradores no pidan una recompensa demasiado alta. Unos días después los delincuentes se ponen en contacto con la familia Filippini, a través de la secretaria Lina: Quieren 10.000 millones de liras. Aunque el riquísimo ingeniero posee esa cantidad, se muestra reticente a desembolsarla, y prefiere “negociar”, “regatear”, para que los criminales bajen con el precio. Ello agrava el carácter neurótico de su mujer, tendente a crisis nerviosas y al alcoholismo.

También Colella está sumamente indignado por la actitud del magnate. Él, un pobre mecánico, vendería todo con tal de ver de nuevo a su Fabrizio; mientras que el potentado Filippini piensa en el ahorro y en los negocios mientras la vida de su hijo corre peligro.

El comisario Magrini por ahora poco puede hacer, pues hasta que el ingeniero no pague el rescate y trate de seguir “negociando”, habrá que esperar a que los raptores se vuelvan a comunicar con la familia.

Los autores materiales del secuestro no son los auténticos cerebros de la trama, sino tan solo los ejecutores de la operación (y los supervisores de los niños retenidos). También ellos esperan “órdenes de arriba”. Los jefes de la banda se impacientan ante la sangre fría que muestra el ricachón Filippini, tan apegado a sus millones que insiste en bajar la recompensa de 10.000 a 5.000 millones. También Colella se impacienta, y trata de convencer al millonario de que pague ya.

Cuando tras unos días más no se ha alcanzado ningún acuerdo, los jefes de la banda dan una orden perentoria: hay que mandar “un aviso” a Filippini. Un elegante y trajeado individuo llega a la guarida donde los secuestradores tienen ocultos a los muchachos. Ordena que uno de ellos sea sacado fuera (metido dentro de un saco). Los autores materiales del secuestro obedecen, pero miran compungidos y con rostros sombríos, pues se temen, intuyen, lo que va a suceder a continuación: El niño, uno de los rehenes, es asesinado.

Una llamada a la comisaría sobresalta a Magrini: Han encontrado el cadáver de uno de los niños. “De cuál?” “Aún no se sabe”. Magrini se dirige con los dos padres, Colella y Filippini, al tanatorio, para que se proceda a la identificación del cuerpo…

Tras unos segundos sumamente tensos, Colella destapa la blanca sábana que cubre al pequeño muerto… Se trata de su hijo Fabrizio. Un dolor lacerante se apodera del humilde mecánico. Su furia estalla cuando Filippini trata de consolarlo: “Es tu culpa! Tú lo mataste! Estaría vivo de no ser por tu sucio dinero!”

Filippini sale del hospital, prácticamente echado a patadas por el indignado Colella. Pero ha entendido el “aviso”, y lo primero que hace (ahora sí) es pagar la recompensa de los 10.000 millones. Su hijo es liberado.

Pero Colella no se da por vencido y decide investigar por su cuenta, para encontar a los secuestradores y vengar la muerte de su Fabrizio.

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Comentario

Una vez más, ha sido un enorme acierto visionar una película del grandísimo Fernando Di Leo. Éste intrigante y tenso polizziesco, con toques dramáticos y de crítica social, puede contarse entre los mejores de su género.

Una gran tragedia sacude al mecánico Colella, que pierde a su hijo a manos de una banda de desalmados delincuentes, con la responsabilidad de un millonario un tanto tacaño, que también es un delincuente, aunque de cuello blanco. No obstante, Colella decide con arrojo y heroísmo ir hasta el fondo en la compleja trama de secuestradores, y llegar hasta los máximos jefes de la oscura organización… La policía oficial, encarnada en el bienintencionado pero no demasiado eficiente comisario napolitano, tiene las manos atadas; por lo que Colella (con su moto y una pistola) toma la iniciativa de enfrentarse directamente a la peligrosa banda.

Colella (cuyo nombre de pila nunca es mencionado) está interpretado por el francés Luc Merenda, habitual en películas de acción italianas de la época. Al villano, asesino de Fabrizio y nexo de los secuestradores con los jefes de la organización, le da vida Marino Masé (quien suele ponerse en la piel de “malos malísimos”: Es Pignataro en “Il Boss” de Di Leo, y Luciano Ferrante en “Baciamo le mani” de Vittorio Schiraldi; ambas de 1973)

Como en otras producciones de Fernando Di Leo (Milano calibro 9 o La seduzione), la banda sonora corre a cargo de Luis Bacalov. De hecho, a partir de la escena donde los sacos de dinero son depositados en el maletero de un coche que luego Colella persigue, la música es la misma que en la excelente escena inicial de “Milano Calibro 9” (1972) – sólo con unas pequeñas variaciones. Bacalov “recicló” la partitura de Milano Calibro 9 para la banda sonora de éste film.

FHP, 2015

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