Baciamo le mani – Vittorio Schiraldi, 1973

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Baciamo le mani

 

Italia, 1973

Director: Vittorio Schiraldi

Género: Drama

Guión: Vittorio Schiraldi

Intérpretes: Arthur Kennedy (Don Angelino Ferrante), John Saxon (Gaspare Ardizzone), Agostina Belli (Mariuccia), Spiros Focás (Luca)

Música: Enrico Simonetti

 

Argumento

 

La película comienza con una genial escena digna de ser descrita: En mitad de la noche, en un dormitorio matrimonial, un hombre llamado Stefano se está vistiendo y se prepara para salir a un encuentro, para acudir a una enigmática cita. Su mujer, le aborda sumamente preocupada y le hace todo tipo de preguntas: “A dónde vas”, “con quién te encuentras”, “quiero saber”, “tengo miedo”, etc, etc. El paciente y taciturno Stefano, le dice a su esposa que tome sus pantalones de él y que se los ponga. Ante éste insólito requerimiento, ella reacciona sorprendida; pero piensa que se trata de una broma, y accede risueña. “Y bien, mírate en el espejo, cómo te quedan mis pantalones?” pregunta Stefano sonriente. “Pues mal, me están grandes, no son de mi medida”. “Exacto. Pues así como mis pantalones no son de tu talla, mis asuntos tampoco son de tu incumbencia” (o “así como no te metes en mis pantalones, tampoco te metas en mis asuntos” – no es cita textual, en italiano queda mejor, pero el sentido es lo que importa). Tras ésta excelente escena (que hoy sería calificada de “machista” por los adalides de lo políticamente correcto), Stefano acude a la reunión, en un campo. Sale de su coche y es acribillado a tiros; se trataba de una emboscada.

A continuación nos enteramos de que Stefano era el hijo de don Angelino Ferrante, un jefe de la Mafia. El autor intelectual del asesinato es el gangster Gaspare Ardizzone. Estamos ante un conflicto generacional (y también de valores), “intrapolítico”, en el seno de la Mafia: Ferrante, casi un anciano, representa a la “vieja escuela” a los uomini di onore, a la Cosa Nostra tradicional de Sicilia. En cambio Ardizzone, de unos cuarenta años, un personaje particularmente repulsivo y traicionero, encarna a las “nuevas generaciones”, para las cuales lo único relevante es el dinero, el materialismo, el beneficio, el lucro; y nada importa si para lograr unos millones hay que apuñalar por la espalda a varios amici nostri. Para los nuevos mafiosos como Ardizzone han quedado desfasados valores como el respeto, la familia y la lealtad.

La familia Ferrante tiene conexiones en New York. Allí vive Luciano (“guiño” a Lucky Luciano?), uno de los hijos de Don Angelino. Y también uno de los máximos líderes de la Comisión y exponente de la “vieja escuela”, don Santino Bileggi. A Don Angelino no le agrada que su hijo viva en los EEUU, pues según él, “ha cambiado” (es decir, se está dejando influenciar por las “nuevas corrientes” y es susceptible de meterse en “negocios tabú” como el narcotráfico, la prostitución, etc). Su hijo más jóven, un ingenuo e idealista adolescente, quiere emigrar a NY como su hermano mayor; pero Don Angelino trata de disuadirle de esa idea. Curiosamente, al mismo tiempo que desea ir a los EEUU (donde las “nuevas generaciones” andan metidas en negocios aún menos “éticos”) rechaza a la Mafia en bloque, también la corriente tradicional que representa su padre, diciendo que “el estado” es el que debe “poner orden” y regularlo todo (como si el estado “democrático” no fuera en sí mismo corrupto y como si en la sociedad contemporánea fuera posible discernir la delgada línea que separa “mafia” y “estado”, dónde termina uno o empieza el otro…) Cuando el jóven recibe un cachete de su progenitor, le dice (y ahí tiene razón) “No es culpa mía, papa, eso lo he aprendido en los colegios estatales, donde tú me has mandado…”

Por su parte, Mariuccia, que así se llama la bella viuda de Stefano y nuera de don Angelino, es acosada por los esbirros de Ardizzone. Uno de los más fieles hombres de los Ferrante, Masino D´Amico (que era el mejor amigo del asesinado Stefano), recibe la misión de protegerla… y ambos acaban enamorándose. Mariuccia queda encinta de él.

A través de su hijo neoyorkino, don Angelino pide al anciano y enfermo don Santino que regrese a Sicilia, para intentar evitar una guerra de bandas, e impedir que crezca la influencia del ambicioso, sumamente violento e imprevisible Ardizzone. Pero cuando don Santino llega al aeropuerto, allí le esperan Ardizzone y los suyos, que lo llevan en coche al campo, donde lo matan como a un perro. Uno de los mayores exponentes de la “vieja escuela” y aliado de los Ferrante fue de ese modo liquidado.

Poco después, tiene lugar una reunión de los jefes de la Comisión de la Mafia, en la que se debate el ingreso al “poder ejecutivo” y el nombramiento como “capo” de Gaspare Ardizzone. Uno de los jefes, Piero Nicolosi, defiende el ingreso del “enérgico y osado” Ardizzone, pues él desplaza a “don Santino, un león que se había quedado dormido en el fondo de su jaula”. Tras la perorata de Nicolosi, interviene don Angelino, quien repone que si don Santino era “un león en el fondo de su jaula”, era porque allí había sido arrinconado (por las “nuevas generaciones”) y vuelve a anteponer los valores de lealtad, honor y respeto; tras lo cual abandona la reunión. Entonces aparece el propio Ardizzone, que ridiculizando a la “vieja guardia” y realizando una brutal apología del materialismo, logra intimidar a los capos para que voten a favor de su ingreso en la comisión: Cuando el presidente dice que los que estén de acuerdo en nombrarlo capo se pongan de pie, Ardizzone le interrumpe y pide que en lugar de ponerse de pie los que están de acuerdo, que se pongan de pie los que están en contra… Nadie osa alzarse.

Comentario:

Interesante italo-thriller sobre la Mafia, rodado un año después de que se estrenara “El Padrino” (1972) y basado en una novela de Vittorio Giraldi, el director del film. Es decir, el novelista Giraldi filmó su propio libro. “Baciamo le mani” se trata de su única película, sin contar con un documental.

Gaspare Ardizzone está interpretado por John Saxon (pseudónimo de Carmine Orrico, quien al menos para ésta producción, hubiera sido más apropiado aparecer en los títulos de crédito con su nombre italiano, que de hecho es el auténtico), quien realiza una gran labor interpretando al corrosivo, desagradable y peligroso personaje. Destacar también la labor interpretativa de la bella Agostina Belli, en el papel de la jóven viuda Mariuccia.

Aunque la temática no es necesariamente original en una película del género (el conflicto entre facciones generacionales dentro de la Mafia), el desarrollo de los acontecimientos en ningún momento es previsible, y en todo momento se mantiene el interés y la tensión dramática. Por ejemplo, cuando hacia la mitad del metraje parece que los personajes centrales serán Masino (que jura vengarse de Ardizzone) y Mariuccia (que acaba de quedar embarazada), éstos mueren (ella ahogada en la bañera, y él es forzado al suicidio, por no haber podido evitar el asesinato de ella). A partir de ese momento, Luca Ferrante, otro de los hijos de don Angelino, entra en escena, y toma el testigo de conducir la guerra contra Ardizzone. Memorable la forma expeditiva que Luca tiene para dar con el paradero de su enemigo; conduciendo a tres capos aliados de Ardizzone a una trampa con prostitutas, reduciéndolos una vez están desnudos, y conduciéndolos al campo para que caven sus propias tumbas, “donde serán enterrados si no revelan dónde se esconde Ardizzone”… Finalmente, el más pérfido y traicionero de la película resulto ser no Ardizzone, sino el hijo neoyorkino de don Angelino; Luciano, quien estaba secretamente aliado con la facción de Ardizzone, porque los negocios de éste reportaban mayores beneficios, y que visto el momento de escoger un bando, no duda en traicionar a su propia familia carnal.

“Baciamo le mani” es una historia de intrigas, de familia, un drama sobre el conflicto de los viejos valores con las nuevas tendencias, del viejo mundo (Sicilia, es decir Europa) con el nuevo (USA)… Va más profundo que el film de gangsters corriente. Y, al igual que “El Padrino”, se trata de la adaptación cinematográfica de una novela… llevada a la gran pantalla por el propio escritor de la misma. Quién sabe cuál hubiera sido el resultado, si en lugar de Francis Ford Coppola el director de la trilogía de “El Padrino” hubiera sido Mario Puzo…

FHP, 2014

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