Milán Calibre 9 – Fernando Di Leo, 1972

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Milán Calibre 9 (V.O. Milano Calibro 9)

Italia, 1972

Director: Fernando Di Leo

Género: Polizziesco

Guión: Fernando Di Leo (basándose en libro de Giorgio Scerbanenco)

Intérpretes: Gastone Moschin (Ugo), Barbara Bouchet (Nelly), Mario Adorf (Rocco), Lionel Stander (Americano)

Música: Franco Campanino

Argumento

Rocco Musco y un compinche supervisan en Milán una operación de contrabando de dólares, realizada por unos correos que deben pasarse en cadena un paquete repleto de billetes. Pero cuando Rocco recibe el paquete, debe constatar con estupefacción y furia que en lugar de dinero contiene papel de periódicos viejos. La clara consecuencia de ello es que van a rodar cabezas: Tres de los correos cuya misión consistía en hacer llegar los dólares hasta Milán son localizados, torturados y finalmente liquidados en una cueva en las montañas con una carga de dinamita – sin que logre esclarecerse quién fue el responsable del robo.

Uno de los correos, Ugo Piazza, logró escapar a la cruel venganza; al haber sido detenido tras cometer un atraco poco después. Cuando tres años más tarde Ugo sale de la cárcel, los esbirros de un poderoso jefe del crimen organizado conocido como “El Americano” le están esperando… Entre ellos Rocco, quien está convencido de que fue Ugo quien escondió los dólares tres años antes, y que para salvarse se hizo arrestar tras un atraco mal planificado a propósito.

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Rocco (Mario Adorf) a la derecha

Rocco y sus secuaces conducen a Ugo hasta un vertedero de basuras, y le pegan una paliza llevándose sus documentos y el poco dinero que lleva encima. Rocco insiste en que vaya a ver al Americano, para darle explicaciones por la desaparición de sus 300.000 dólares. Pero Ugo insiste en que no tiene nada que ver con el robo de ese dinero.

Ugo no tiene más remedio que acudir a la comisaría para solicitar un nuevo documento provisional (sin el cual le sería imposible encontrar alojamiento). El comisario y él son viejos conocidos. El jefe policial está al corriente del conflicto que Ugo tiene con la banda del Americano, así como del asunto del dinero desaparecido y le ofrece protección a cambio de su colaboración como informador. Sin embargo Ugo sigue insistiendo en que él no sabe nada.

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El Americano (Lionel Stander)

El comisario, hombre duro, obstinado y feroz, comparte oficina con su segundo al mando, el vice-comisario Mercuri, de ideas más “progresistas”. Mercuri tiene una visión más amplia de cómo funciona realmente la criminalidad organizada, pues está convencido de que por encima del Americano hay peces mucho más gordos, ocultos bajo el manto de la “respetabilidad”:  Banqueros, políticos, etc. Según Mercuri, éstos se dedican a usar al Americano (quien no sería más que un hombre de paja) para realizar grandes fugas de capitales al extranjero. Sin ellos, gente como el Americano no tendrían ningún poder.

Mientras tanto, Rocco y sus hombres siguen a Ugo en todo momento, pues están seguros de que tarde o temprano dará un paso en falso e irá al lugar en el que tiene escondidos los 300.000 dólares de cuyo robo le acusan. Ugo se ha instalado en un modesto hotel, y hasta allí van los bandidos para registrar concienzudamente su habitación destrozándola en el proceso. No encuentran nada, pero Rocco le insta una vez más a que se presente ante el Americano.

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Chino (Philippe Leroy), Don Vincenzo (Ivo Garrani) y Ugo (Gastone Moschin)

En lugar de eso, Ugo va a visitar a su antiguo jefe Don Vincenzo, ahora ciego, que fue desplazado por el Americano. Con Don Vincenzo vive también un viejo amigo de Ugo llamado Chino (pronúnciese “Kino”; diminutivo de Francesco-Franceschino). Ambos están prácticamente retirados del mundo del delito, pero Ugo solicita su protección para poder enfrentar a la banda de sicarios que le pisa los talones. Chino no parece estar dispuesto a buscarse problemas con el Americano; un hombre demasiado poderoso que tiene “muchos amigos influyentes por encima de él y mucha gente sin escrúpulos por debajo”. Sin embargo accede a prestarle la cantidad de dinero que necesita para pagar los desperfectos causados en el hotel  por los esbirros del Americano. En ésto que se presentan allí Rocco con dos de sus matones. Cuando amenazadoramente hostigan a Don Vincenzo, Chino interviene para defender a su padrino y Ugo le cubre las espaldas. Ambos bandos quedan empatados durante la pelea, y Rocco se ve obligado a devolverle a Ugo el dinero que le acababa de entregar Chino. Cuando Rocco y sus hombres se han retirado, Chino le recomienda a Ugo que vaya a ver al Americano.

Ugo sigue el consejo de su amigo, y acude a las oficinas del importante jefe gangsteril. Sorprendentemente, el Americano quiere contratarlo, y lo pone a las órdenes de Rocco. Ugo imagina que se trata de una estratagema, pues qué mejor forma de tenerlo bajo control que readmitirlo en el seno de la organización.

Esa misma noche Ugo se dirige a un club nocturno donde trabaja como bailarina su antigua novia Nelly. A partir de ese momento, el ex-presidiario se instala a vivir en casa de ella y ambos retoman su relación. También Nelly está convencida de que fue Ugo quien tres años antes se hizo con los 300.000 dólares, pero él proclama una vez más su inocencia. La bailarina le propone que se marchen juntos, “a Beirut”, pero Ugo repone que eso no haría más que confirmar las sospechas que los del Americano tienen contra él.

Ahora que han vuelto a aceptarlo en la banda, Ugo tratará de averiguar quién fue el auténtico responsable de la desaparición del dinero…

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Ugo (Moschin) y Nelly (Barbara Bouchet)

Comentario

“Milano Calibro 9” es una de las más destacables obras maestras del cine negro a la italiana o polizziesco. El director Fernando Di Leo, provisto de un enorme talento para la escritura de guiones (había colaborado con Sergio Leone en el desarrollo de la “Trilogía del Dólar”), se basó en una serie de relatos policiacos del novelista Giorgio Scerbanenco ambientados en Milán.

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El espectador se mantiene en tensión desde el brutal e inolvidable arranque de la película (al que acompaña la excelente banda sonora del argentino Luis E. Bacalov) hasta el apoteósico final sorpresa. Hacia el último tramo del film se producen varios giros de guión que provocan  que la intriga crezca exponencialmente.

Ugo trata de desempeñar una función de “caballo de Troya” en la banda del Americano mientras éste y su brazo derecho Rocco lo mantienen constantemente bajo control. Al mismo tiempo, el comisario intenta hacer del excarcelado un informador policial, aprovechándose de la delicada situación en la que se encuentra. Pero Ugo sólo confía en su amigo Chino y en su novia Nelly (con la que reinicia un idilio tras los tres años de prisión).

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Imelde Marani, que aparece en la escena inicial, también puede verse en “Flesh for Frankenstein” (Antonio Margheriti, 1973) – a la derecha

“Milano Calibro 9” es la primera película de la denominada “Trilogía del milieu” (o “Trilogia della Malavita” – de la “mala vida”, es decir, de la delincuencia, o del hampa). Poco más adelante Di Leo filmaría “La mala ordina” (1972) y “Il Boss” (1973) – Respectivos títulos españoles: “Nuestro hombre en Milán” y “Secuestro de una mujer”.

El hierático protagonista Ugo Piazza está encarnado por Gastone Moschin (el malvado Don Fanucci de “El Padrino II”, F.F. Coppola, 1974). La checa Barbara Bouchet interpreta a su amante Nelly, sensual bailarina de dudosa reputación. El Americano es Lionel Stander (a quien podemos ver en un pequeño papel secundario como barista en “Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone, 1968). Pero sin duda, el más destacable del elenco de actores es el italo-germano Mario Adorf, quien brilla dando vida al histriónico y gesticulante Rocco Musco – gangster de humor sarcástico y temperamento explosivo que recuerda a Eli Wallach como Tuco en “El Bueno, el Feo y el Malo” (Sergio Leone, 1966) y a quien Joe Pesci bien podría haber tomado como referencia para los personajes que interpreta en “Uno de los nuestros” (1990) y “Casino” (1995), ambas de Martin Scorsese (quien es por cierto, como Tarantino, un gran admirador del género polizziesco procedente de la “madre patria” italiana).

El realizador Fernando Di Leo (a quien puede verse al inicio en un pequeño cameo à la Hitchcock; es el hombre que sale de una cabina de teléfonos) demuestra tener una capacidad portentosa para la construcción de historias con gancho y para el desarrollo de diálogos con frases agudas, ingeniosas y contundentes.

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Asimismo las sub-tramas y los conflictos entre los personajes secundarios encajan muy bien en el conjunto, están magistralmente hilvanados y son de gran interés. En ese apartado entraría el enfrentamiento entre los dos policías; el comisario “facha” (quien categóricamente afirma que “delincuente se nace” o que “la amnistía es un estímulo para delinquir”) y su segundo Mercuri, hombre más ponderado y razonable a quien disgusta la cotidiana metodología de represión hacia los rateros de poca monta mientras que al mismo tiempo, a los criminales de “cuello blanco” (como grandes banqueros y políticos corruptos) se les permite campar a sus anchas. En su opinión, los segundos hacen más daño a la sociedad que los primeros – y los pequeños delincuentes ni siquiera existirían si no fuera por los criminales de máscara “respetable”.

Igual que existe una oposición frontal entre éstos dos agentes de la ley y sus respectivas ideas,  también se establece una dicotomía entre los dos jefes del crimen: Por un lado el ciego padrino Don Vincenzo, un “hombre de honor” (aunque acabado y en la ruina) que representa a la “vieja escuela”; y por el otro el Americano, individuo muy peligroso, avasallador y carente de escrúpulos, quien no duda en meterse en nuevos negocios como la droga y en asesinar a traición a todo aquel que ose ponérsele por delante. De ese modo, no sólo tenemos al “poli bueno” y al “poli malo”, sino también al “gangster bueno” y al “gangster malo” (Don Vincenzo: “Si ésto sigue así, crearán una comisión antimafia para Milán… A cualquier cosa hoy llaman mafia, pero lo único que quedan son bandas. La auténtica Mafia ya no existe”).

La música fílmica fue compuesta por Luis Enríquez Bacalov (habitual colaborador de Di Leo) con la participación de los Osanna, un grupo de rock progresivo-psicodélico. Di Leo volvería a emplear la misma banda sonora reciclándola para otras de sus películas posteriores, como “La città sconvolta: Caccia spietata ai rapitori” (1975), con Luc Merenda o “Vacanze per un massacro” (1980), con Joe D´Alessandro.

FHP, febrero de 2016

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