La muerte no tiene sexo – Massimo Dallamano, 1968

La muerte no tiene sexo (V.O. La morte non ha sesso, a.k.a. “A black veil for Lisa”)

Italia, 1968

Director: Massimo Dallamano

Guión: Massimo Dallamano, Giuseppe Belli, Vittoriano Petrilli, Audrey Nohra, Peter Kintzel

Intérpretes: John Mills (Inspector Franz Bulon), Luciana Paluzzi (Lisa), Robert Hoffmann (Max Lindt), Renate Kasché (Marianne), Carlo Hintermann (Mansfeld)

Música: Giovanni Fusco, Richard Markowitz, Gianfranco Reverberi

Género: Giallo

Argumento

El inspector Franz Bulon, del departamento de narcóticos, está investigado en Hamburgo una serie de homicidios. Todos ellos parecen estar relacionados entre sí, pues las víctimas siempre son individuos implicados en el tráfico de drogas y los crímenes se cometen siguiendo un idéntico procedimiento.

El último de los asesinados es un tal Zoll, que había poco antes decidido colaborar con las autoridades. Zoll estaba citado con el inspector Franz para revelarle lo que sabía, pero antes de que tuviera tiempo de hacerlo es acuchillado hasta la muerte en un oscuro callejón tras salir de una cervecería.

El maduro Franz está casado con la joven y bella Lisa. Él vive atormentado porque está convencido de que su mujer tiene un amante. Las preocupaciones del inspector repercuten en su trabajo, y tanto sus superiores como sus subordinados empiezan a darse cuenta: Su vida privada no le deja concentrarse en su vida laboral.

La ola de asesinatos, más que con ajustes de cuentas, parece tener algo que ver con proteger a los jefes de la banda de narcotraficantes. Los que van siendo eliminados son los que saben demasiado y corren el riesgo de convertirse en delatores. En una redada en los bajos fondos, la policía ha arrestado a una jovencita. Franz la interroga hasta hacerla confesar que una amiga suya esconde en su casa a un prófugo buscado por vender cocaína, un tal Kurt. Pero antes de que la policía llegue allí, unos hampones ya han estado en la casa, registrándola y llevándose a la mujer que protegía al fugado.

Franz se pregunta cómo podían los delincuentes saber que Kurt se encontraba allí. En comisaría eran muy pocos los que estaban al corriente. También es extraño que liquidaran a Zoll precisamente poco antes de que éste se encontrara con Franz para contarle todo. Es como si los asesinos estuvieran informados de antemano del desarrollo de la investigación policial.

El inspector, por su parte, tiene un “topo” en los bajos fondos que le pasa datos sobre la delincuencia organizada. Éste le indica, hablando en clave, que el asunto de los asesinatos está relacionado con “tulipanes amarillos”, sin aclarar explícitamente a qué se refiere.

Mientras el caso parece estancarse, Franz continúa sumamente preocupado por las supuestas infidelidades de su mujer. La llama con frecuencia a casa para comprobar si está ahí. Se desespera cada vez que no la encuentra en casa, y cuando ella regresa desea saber dónde ha estado, con quién y por qué… Lisa se siente cansada y aburrida, considera que su marido la trata como a los sospechosos en la comisaría durante sus interrogatorios. Efectivamente, Franz parece no diferenciar ya su vida privada de la laboral, pues en su trabajo también le pide a sus agentes que comprueben la veracidad de las “coartadas” que le da su esposa (Por ejemplo; si es cierto que tal mujer, una amiga de Lisa con la que ella dijo haber salido, tiene un Porsche rojo). Los celos de él y la frustración de ella consumen la armonía del matrimonio.

Se nos va revelando mediante los diálogos de Franz con uno de sus jefes que el suspicaz inspector conoció a Lisa en la comisaría, cuando ella era sospechosa en el pasado por algún delito. En aquel momento, y cegado por el amor, Franz no creía que ella fuera capaz de cometer nada ilegal. Pero ahora está cada vez más seguro de que Lisa le es infiel.

Entretanto, un nuevo cadáver relacionado con el tráfico de drogas es encontrado en Hamburgo. Se da la coincidencia de que todos los que aparecen muertos estaban siendo buscados por la policía. Ésta vez la víctima es ese Kurt que los agentes trataban últimamente de arrestar. Fue asesinado siguiendo la misma metodología: A puñaladas. Junto al cuerpo de Kurt, el inspector encuentra una extraña moneda plateada y con una abolladura en el centro. En otro lugar de la ciudad, al mismo tiempo, un joven llamado Max nota exasperado que ha perdido algo, un amuleto que siempre portaba consigo…

Max, apodado “El marsellés”, es empleado como sicario por una red dedicada al contrabando de cocaína. El inspector hace analizar la moneda hallada en el lugar del crimen, y observa con atención las grabaciones de varios sospechosos detenidos durante el último año. En una de ellas ve a su propia mujer… Y también a un joven que juega lanzando al aire una pequeña y circular pieza de metal abollada.

Franz no tarda en localizar a Max en un hotel. Tras arrestarlo como sospechoso de los asesinatos, durante el camino a la comisaría, al inspector le asaltan negros y turbadores pensamientos sobre su mujer. Franz decide hacer un pacto con el detenido: Lo deja marchar a cambio de que él le haga a su vez un favor…

Comentario

El thriller que hoy reseñamos tiene una trama inteligente y compleja, con dos sub-argumentos inicialmente sin relación que terminan entremezclándose: El asunto de los asesinatos de traficantes y las probables infidelidades de Lisa, la mujer del protagonista. Éste, el inspector Franz, llega a un punto en el que ya no puede separar una investigación de la otra, de forma que ambas terminan confluyendo… Con consecuencias nefastas e imprevisibles (aunque lamentablemente, en lo que respecta a “imprevisibles”, en las breves sinopsis que del film circulan por internet pueden leerse spoilers que restan en parte interés al largometraje).

Los cánones habituales del giallo se hallan presentes, con el clásico asesino provisto con guantes de cuero negros que apuñala a sus víctimas sin que le veamos la cara. Hacia mitad del film todo parece indicar que el autor material de los crímenes es Max, pero la película aún puede darnos alguna que otra sorpresa. Además, se nos sugiere durante algunas escenas un turbio pasado de Lisa, que el propio Franz trató de encubrir; y también que en la comisaría existe algún informador que avisa a los contrabandistas cuando hay alguna investigación en curso contra ellos. Max se gana la vida como sicario para el hampa, y quiere marcharse cuanto antes de Hamburgo. Pero el último trabajo que le encargan es el más difícil de todos…

Ésta coproducción italo-germana (y que por tanto podría calificarse de “giallo-kraut”) es la primera película que Massimo Dallamano dirigió usando su nombre real. En años sucesivos llegarían sus obras más célebres: “Cosa avete fatto a Solange?” (1972) y el memorable híbrido giallo-polizziesco “La polizia chiede aiuto” (1974)

El maduro inspector está interpretado por el británico John Mills. Su mujer está caracterizada por la bella Luciana Palluzzi, a quien también vimos en “… a tutte le auto della polizia…” (Mario Caiano, 1975) – un polizziesco muy recomendable y con grandes similitudes con la antes mencionada “La polizia chiede aiuto”. Luciana Paluzzi aparece asimismo en “La mala ordina” (1972) y en “Gli amici di Nick Hezard” (1975), ambas de Fernando Di Leo.

FHP, noviembre de 2016

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