Los amigos de Nick Hezard – Fernando Di Leo, 1976

Los amigos de Nick Hezard (V.O. Gli amici di Nick Hezard, a.k.a. “Nick the Sting”, a.k.a. “The American Connection”))

Italia, 1976

Director: Fernando Di Leo

Guión: Alberto Silvestri

Intérpretes: Luc Merenda (Nick), Lee J. Cobb (Robert Clark, “el Americano”), Gabriele Ferzetti (Maurice), Luciana Paluzzi (Anna), Dagmar Lassander (Chantal)

Música: Luis E. Bacalov

Género: Polizziesco, comedia

Argumento

Robert Clark “el Americano” es un magnate y hampón residente en Suiza. Ha organizado un robo en su propia residencia para cobrar el millonario seguro. Mientras él se encuentra lejos y con coartada en un casino, un ladrón que ha sido contratado por él mismo entra en su mansión y fuerza su caja de caudales; extrayendo de ella una valiosa colección de joyas.

El asaltante al que Clark ha encargado el auto-golpe le devuelve las joyas a su dueño esa misma noche y es asesinado poco después para impedir que hable: Los sicarios del corrupto empresario le hacen inhalar el humo que sale del tubo de escape de un vehículo. Ahora Clark se dispone a cobrar los cuatro millones de francos del seguro. Pero antes decide despistar a las autoridades poniéndolas sobre una pista falsa. Henry, el asistente de Clark, debe encontrar para ello un “cabeza de turco” al que endilgar el robo.

Nick Hezard es un delincuente callejero especializado en pequeñas estafas. Henry sugiere que él sería el “tonto útil” perfecto al que encasquetarle el robo de las joyas. Sin embargo, lo que Clark y su asistente ignoran, es que Nick Hezard no tiene un pelo de tonto…

Mientras Nick se encuentra “trabajando” en el vagón de un tren junto a su ayudante el enano Duvalier, alguien le mete en el bolsillo una de las sortijas que fueron robadas en la mansión de Clark. Habiendo leído en el periódico sobre el millonario robo de las joyas en casa del rico americano, Nick intuye de inmediato lo que sucede. Pero trata de aprovechar las circunstancias a su favor y empeña el anillo recibido entregándoselo a un comerciante de mercancías robadas. A éste Nick le dice que él es el autor del robo, solicitándole un adelanto por las joyas y depositando el anillo como fianza.

Pero poco después, el mercader de objetos robados es asesinado. Y unos pistoleros atentan contra Nick intentando acribillarle a balazos. Él resulta ileso, pero un amigo suyo que estaba allí muere a consecuencia de los disparos.

Nick es consciente de que el poderoso Clark se encuentra detrás de esos crímenes, y está seguro de que él mismo organizó el golpe en su propia mansión – Se trata pues de un robo “de falsa bandera”. Así, negándose a ser un chivo expiatorio para el Americano, el pequeño estafador resuelve plantarle cara al gran jefe del crimen organizado. “Clark debe llorar sangre”, afirma tajante. Para ello Nick buscará la ayuda de su madre, una “madame” que regenta un prostíbulo; y también la de los amigos de su difunto padre, quien al igual que él mismo era un delincuente muy popular en los bajos fondos.

Al principio nadie se atreve a colaborar con Nick en su enfrentamiento contra el temido Clark. Pero poco a poco, la sed de justicia callejera logra convencerles de formar un grupo unido que plante cara al Americano – quien, como irán viendo, no es más que un gigante con pies de barro, vulnerable y lejos de ser el temible capo todopoderoso que parece.

Con su extensa experiencia en toda clase de timos y estafas, Nick buscará tenderle una trampa a Clark; usando para ello una identidad falsa y seduciendo a Chantal, la secretaria del Americano.

Mientras tanto, la empresa que debe pagar a Clark los millones de francos del seguro por sus joyas “robadas” contrata a un detective privado para que esclarezca el caso y recupere las valiosas sortijas. De ese modo, la aseguradora espera poder ahorrarse el cuantioso desembolso. Al detective Rand le prometen un jugoso porcentaje del valor de las joyas, por lo que está muy motivado por encontrar al supuesto ladrón Nick Hezard. Como Rand es un ex-agente de policía trata de utilizar los contactos que aún conserva entre sus antiguos compañeros del cuerpo.

Nick y sus amigos, por su parte, han ideado un plan rocambolesco para hacerle pagar sus fechorías al Americano…

Comentario

La película que hoy reseñamos es uno de los trabajos menores (y menos conocidos) del gran Fernando Di Leo, realizador de las excelentes “Milán Calibre 9” (1972) o “Il Boss” (1973). Por su desenfado y desparpajo éste polizziesco humorístico con varios giros de guión y repleto de equívocos y enredos se encuentra en la línea de sus films “I padroni della città” a.k.a. “Mr. Scarface” (1976) y “Colpo in canna” (1975).

El interesante planteamiento del pequeño delincuente que busca enfrentarse al gran criminal (quien previamente ha tratado de utilizarle) nos recuerda a la trama de “Milán Calibre 9”, aunque en los dos film difieran considerablemente el tono y el enfoque narrativo: Serio y tenso en “Milán Calibre 9”, cómico y descarado en ésta “Los amigos de Nick Hezard”. En ambos largometrajes, por cierto, el antagonista y pez gordo del crimen es un individuo al que apodan “el Americano”. Aunque empleando diversos registros y estilos, la misma temática resulta recurrente en el cine de Di Leo: Suele haber un obvio paralelismo con la leyenda de David y Goliath – extrapolada al mundo del hampa. También en la antes mencionada “I padroni della città” se halla presente ese elemento argumental.

En ésta película, Luc Merenda realiza en realidad dos papeles; El del protagonista Nick Hezard y el de su alter ego el histriónico Hackman – a través del cual intentará tenderle una trampa a Clark usando a su secretaria Chantal. A ésta la interpreta la checa Dagmar Lassander, a quien vimos en “La mujer lobo” (Rino Di Silvestro, 1976) y quien también aparecería más adelante en “Aquella casa junto al cementerio” (Lucio Fulci, 1981). La ladrona Anna, una de las cómplices de Nick, está caracterizada por Luciana Paluzzi; quien tiene un papel secundario en “La mala ordina” (1972) otra película de Fernando Di Leo.

El actor que da vida a Robert Clark es americano al igual que su personaje: Lee J. Cobb, a quien puede vérsele en “El Exorcista” (William Friedkin, 1973), participaría en varias películas italianas hacia el final de su carrera. Y ésta sería una de las últimas, pues murió en 1976, el mismo año del estreno.

El director emplea en varias ocasiones el recurso de la pantalla partida, de forma que podemos ver al mismo tiempo una escena desde perspectivas diferentes.

La banda sonora fue compuesta por Luis E. Bacalov, colaborador habitual de di Leo. Es digna de ser destacada la música de los títulos de crédito, con el sincronizado y rítmico tic-tac de un reloj como sonido de fondo.

FHP, noviembre de 2016

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