La Piovra IV – Capítulo 3

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Comisario Cattani (Michele Placido) y jueza Silvia Conti (Patricia Millardet)

La Piovra IV

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1989

 Director: Luigi Perelli

Guión: Sandro Petraglia, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Patricia Millardet (Silvia Conti), Remo Girone (Tano Cariddi), Simona Cavallari (Esther Rasi), Luigi Diberti (Ettore Salimbeni), Bruno Cremer (Antonio Espinosa), Mario Adorf (Salvatore Frolo), Marcello Tusco (Il Puparo),  Adriano Pappalardo (Santuzzu Salieri), Gianpaolo Saccarola (Salvo), Alice de Giuseppe (Greta Antinari), Claude Rich (Filippo Rasi), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Vanessa Gravina (Lorella de Pisis)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 3

En la comisaría se está diseñando un retrato robot de uno de los asaltantes de la comitiva policial que custodiaba a Frolo. Se trata de uno del más corpulento y temible de los pistoleros, un individuo que nunca habla llamado Salieri.

El periodista, Davide Faetti, observa movimientos sospechosos en los alrededores de su oficina. Están llevando una tarta a un hotel, pero el reportero intuye que en el interior del pastel hay algo más, y sigue a quien transporta la tarta. Averigua que es para la habitación 112, y va hasta allí fingiendo ser otro cliente que se ha equivocado de habitación. Allí ve a Salvo y sus cómplices, pero como éstos no se conocen puede usar efectivamente su estratagema.

Tano y los demás deciden marcharse, sólo uno de los miembros de la banda se queda allí para averiguar si el que acaba de intentar entrar en su habitación es un espía. Entretanto, Faetti alerta a Cattani y éste se dirige al hotel raudamente. Logra intervenir a tiempo antes de que el sicario de la Mafia mate al periodista. Lo que había en el interior de la tarta resultan ser unos planos, que servían para el seguimiento del comisario: Éste se ha convertido en objetivo a eliminar.

Los delincuentes son interrogados por la jueza (tanto el que había enviado el pastel como el que intentó matar a Faetti) pero se niegan a hablar. Sin embargo hay suficientes indicios en su contra para mantenerlos arrestados por asociación criminal. Uno de ellos es además reconocido por el agente Trevi como uno de los pistoleros que participó en el atentado durante el traslado de Frolo.

Esther sigue buscando a Corrado, pero éste parece no tener nunca tiempo para ella. Tano, por su parte, va al orfanato regentado por Fray Bernardo en busca de Greta, y trata de comprar al fraile con un jugoso cheque. Pero el monje no acepta su dinero.

Santelia, el director del casino, sigue cooperando con las autoridades, y admite que la casa de juegos servía de tapadera a las operaciones de la Mafia. Santelia será puesto en régimen de aislamiento a petición propia, pues teme que lo maten en prisión por chivato.

Tano solicita a Rasi que éste le nombre vicepresidente de los Seguros Internacionales, una proposición descabellada y megalomaníaca a ojos del magnate. Pero Tano insiste en que, como está casado con su hija nadie debería sorprenderse.

Silvia, la jueza, continúa investigando los enlaces y conexiones entre el casino de Tindari, la Mafia y la banca Antinari. Silvia realiza unas duras declaraciones ante las cámaras contra el crimen organizado. Salvo y los suyos ven a la jueza por televisión y deciden que deben darle “una lección” a la temeraria jueza.

Se avecina en el horizonte una crisis matrimonial entre Silvia y su marido el científico. La relación entre ambos se está enfriando. El biólogo, además, se marcha por un tiempo a Roma.

Rasi va a visitar a su hija. Cuando ésta le cuenta que Tano ha ido a ver a Espinosa, el magnate se retira y organiza a su vez una cita con ese misterioso personaje (imagina acertadamente que es él quien le ha proporcionado a Tano la cinta con la conversación telefónica comprometedora).

Silvia es secuestrada por Salvo y sus hombres, quienes la violan en el interior de la furgoneta en marcha. Luego la tiran a la calle, cerca de su casa, herida y humillada pero viva. Corrado la encuentra en ese estado, y se ocupa de ella. La jueza está varios días psicológicamente hundida, pero Corrado logra (empleando métodos un tanto expeditivos) que vuelva a ser la de antes.

Faetti va a ver a la viuda de Tindari, pues sabe que ella es la única que le puede revelar por qué la Mafia trata de silenciar a Frolo para siempre. Ella no parece dispuesta a colaborar con él por miedo a que la maten, pero el reportero le dice que están por embargar los bienes de Tindari y que ella puede quedarse en la calle; le ofrece además un cheque a modo de retribución por las informaciones que pueda proporcionar.

Rasi va a ver a Espinosa, y le oferce el 12% de su sociedad, con tal de frenar a Tano. Pero Espinosa no está dispuesto a ceder. Rasi se siente cada vez más desesperado. Es un hombre acabado.

Es Navidad. Esther se dirige a casa de su padre, y Tano permanece solo. El gélido hombre de finanzas observa un caballito de juguete que le regaló su madre cuando era pequeño. “Es el mejor regalo que nadie me hizo nunca…”. Era muy pobre de pequeño. O, como él dice, “era débil”. Sale a relucir por primera vez el lado humano de Tano Cariddi, hasta ahora presentado como un monstruo frío y robótico, como un vampiro.

Corrado y Silvia van a visitar a Greta y los demás niños, que están donde Fray Bernardo. Un sospechoso camión amarillo ha llegado a las inmediaciones. Corrado intuye peligro inminente, pero se trata de una falsa alarma: Cuando regresan de la misa se encuentran junto al monasterio donde los niños residen decenas de juguetes. Desde una colina cercana, Tano contempla la escena. Y por primera vez sonríe. Él ha sido el anónimo benefactor.

Rasi y su hija pasan juntos la Nochebuena. El industrial le comunica a Esther su intención de retirarse. “Dejas la presidencia?” “Dejo todo”. Esther se da cuenta de que ha sido Tano Cariddi y sus sucias maniobras quienes han forzado a su padre a tomar tan drástica resolución. “El mundo en el que he estado inmerso todos éstos años es monstruoso. Si la gente pudiera conocer el auténtico rostro de la alta finanza… Prométeme que te divorciarás de Tano”

Padre e hija se despiden. De camino a su casa, Esther tiene un nefasto presentimiento. De repente intuye que no verá más a su padre. Ordena al chófer que regrese a la villa. Tal y como se temía, encuentra a su padre muerto “junto al árbol, en el lago…”. Filippo Rasi se ha suicidado.

Cattani es avisado y acude de inmediato. Esther considera a Tano responsable de la muerte de su padre y promete vengarse. Pero finje querer seguir junto a él para no alertarle, y dismula su odio.

Espinosa se encuentra con el senador Salimbeni, político de Roma a quien Tano sobornó. Espinosa dice que no vana permitir que Tano se vuelva demasiado poderoso, y que lo eliminarán tras utilizarlo.

La viuda llama al periodista Faetti. Ha pensado en su proposición y está dispuesta a contarle lo que sabe sobre el asunto de Frolo. Faetti se dirige hacia la villa Tindari, sin advertir que el sicario Salieri le sigue de cerca. En la comisaría ha sido interceptada la conversación entre la viuda y el reportero; Cattani parte hacia allá, consciente de que la vida de ambos corre peligro. Salieri asesina a los dos, y huye antes de que llegue la policía. Cattani se encuentra muerta a la señora Tindari, Faetti agoniza. Parece que los dos se llevarán el secreto de Frolo a la tumba. Pero antes de expirar, Faetti le indica a Corrado que hay algo importante en su bolsillo: Es la foto de una niña…

(Continuará)

FHP, 2015

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