El destripador de Nueva York – Lucio Fulci, 1982

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El destripador de Nueva York (V.O. Lo squartatore di New York; a.k.a. The New York Ripper) – Italia, 1982

Género: Terror (intriga, psychohorror, giallo, gore)

Director: Lucio Fulci

Guión: Lucio Fulci, Dardano Sacchetti

Intérpretes: Jack Hedley (Teniente Williams), Almanta Suska (Fay), Andrea Occhipinti (Peter), Zora Kerova (Eva)

Música: Francesco De Masi

Probablemente se trate de la más polémica película de Fulci, e igualmente es una de sus obras más logradas y conocidas. Perteneciente a la dorada época de los primeros años ochenta, cuando florecían los mejores trabajos del entonces inspirado cineasta visceral, el film no cosechó en los cines el éxito que una década más tarde comenzaría a tener entre el público underground, resultando un rotundo fracaso en taquilla y recibiendo destructivas críticas de la prensa contemporánea. Y es que “Lo Squartatore di New York”, retorno de Fulci al giallo y su mejor thriller despues de “Non si sevizia un paperino”, fué calificado de misógino por la brutalidad extrema con la que son torturadas y asesinadas las mujeres a lo largo del metraje. La propuesta está dotada de un ambiente tétrico sobrecogedor, se hace hincapié en la morbosa sexualidad de los personajes, y el mensaje que transmite es profundamente pesimista y sin esperanza.

La historia comienza en New York, cuando un hombre juega con su perro cerca del puerto lanzándole un palo para que se lo traiga de vuelta. El can busca entre unas ramas y retorna junto a su amo trayéndole entre los dientes algo que no es el palo que éste le había lanzado… se trata por el contrario de una mano humana, una femenina mano cercenada. La escena inicial da paso a los títulos de crédito. Tras éstos, la acción se traslada a unas dependencias policiales donde el teniente Williams investiga el macabro hallazgo. La víctima parece ser una prostituta desaparecida. El investigador, ávido de pistas, interroga a su casera, y ésta declara que la malograda descuartizada había recibido el día de su desaparición la llamada telefónica de un cliente que habló con la voz del Pato Donald.

Seguidamente, de nuevo en las inmediaciones del puerto, una hermosa chica en bicicleta roza involuntariamente el vehículo de un malhumorado individuo. La ciclista se disculpa pero el automovilista le recrimina con brusquedad su falta de atención, tras lo cual la joven se aleja enojada. La chica se embarca en un ferry, y allí vuelve casualmente a ver el coche del antipático personaje. Entra dentro y se dispone a escribir con su pintalabios un insulto en el parabrisas, cuando es sorprendida por alguien que se ha acercado sigilosamente a cámara subjetiva y que por tanto el espectador no ve. La muchacha piensa asustada que se trata de un policía, pero en realidad es algo peor… mucho peor. El misterioso extraño habla como el Pato Donald y sus intenciones son aviesas. Sin más preámbulos saca un cuchillo y masacra a la pobrecita destripándola con arrollador ímpetu salvaje.
El teniente Williams establece una conexión entre ambos asesinatos, defendiendo la hipótesis de que son obra del mismo criminal. Se dispone a notificar a los medios de comunicación de que un peligroso psicópata anda suelto, pero uno de sus superiores (interpretado por el propio Lucio Fulci en uno de sus habituales cameos), le recomienda no hacerlo, para evitar que entre los neoyorkinos se extienda el pánico.
Poco despues Williams recibe la llamada de un hombre con voz de pato que, retándole, le advierte de que habrá más asesinatos. El policía acude a pedir consejo a un profesor universitario experto en psiquiatría, explicándole los pormenores del caso, pero no obtiene en un primer momento nada que le ayude en su investigación.
Por la noche, en un club erótico, un show de sexo en vivo es presenciado por una treintañera en celo que se masturba, y un hercúleo y patibulario personaje al que le faltan tres dedos en una mano. Tras el espectáculo, la actriz de la performance es agredida en su camerino durante un inquietante apagón por el donaldiano psicópata, que mediante una botella rota le destroza la vagina y termina provocándole la muerte debido a los profundos cortes. (Por escenas como ésta, mostradas explícitamente y con toda su crudeza, la película fué proscrita y prohibida en varios países, entrando a formar parte de listas negras y siendo carne de cañón de la mutiladora censura.)
A la mañana siguiente, Williams, aún en la cama, recibe una llamada de teléfono en casa de la jovencita prostituta Kitty, con quien ha pasado la noche. Se trata del hombre-pato, ufanamente anunciando su último asesinato.
Por su parte, la madurita ninfómana espectadora del show erótico, acude a los barrios bajos en busca de experiencias fuertes. Entra en bar de mala muerte donde es seducida y humillada por dos puertorriqueños en una secuencia insólitamente perturbadora: uno de ellos la masturba con el pie por debajo de la mesa. Nos queda claro que la vida sexual de esa mujer, casada para más señas, no es precisamente satisfactoria. La árdua búsqueda en pos de saciar sus recónditas pulsiones la lleva a contactar, casualmente, con el inquietante coloso de dedos amputados que se encontraba con ella visionando el show.
Mientras tanto, una chica llamada Fay es perseguida en el metro por éste mismo individuo en una escena tan magnífica como claustrofóbica, hasta lograr refugiarse en un cine, donde alguien que habla como un pato le corta la garganta. Pese a ello, Fay logra sobrevivir y se recupera en el hospital de sus heridas. Declara al comisario la persecución de la que fue víctima en el metro a manos del hombre sin los tres dedos, y la policía informa vía radiofónica de que un individuo de tales características es el sospechoso de las sangrientas muertes. En el momento de escuchar esa información en la radio, la mujer espectadora del show erótico está atada en la cama de un hotel junto al durmiente sospechoso (identificado como un inmigrante griego), tras una noche (suponemos) de juegos bondage-SM. Aterrorizada, logra desatarse en una secuencia que rebosa enorme tensión, tras lo cual se viste e intenta escapar por el pasillo, para ser interceptada por el “psicó-pato” que ferozmente la apuñala sin piedad.

Una de las víctimas, a punto de ser torturada con una hoja de afeitar

Algún asesinato más salpicará la pantalla de hemoglobina y casquería hasta que el teniente Williams logre desenmascar al auténtico criminal, en un final sorprendente donde se explica el motivo que lleva al sanguinario asesino serial a expresarse con la voz del entrañable personaje de Disney. Por cierto, no olvidemos que el Pato Donald ya juega un papel importante en otra película de Fulci: la por mí ya comentada “Non si sevizia un paperino” (a.k.a. “Don´t torture the duckling” a.k.a. “Angustia de silencio”). Por lo tanto es posible establecer un paralelismo autorreferencial entre ambas películas (que están, vale la pena mencionarlo, entre las cinco mejores de toda su filmografía.)

Muchos aficionados al género thriller (y a su versión italiana, el giallo) pueden repudiar “Lo Squartatore di New York” por su extrema violencia, su sadismo sin concesiones, y su supina crueldad gráfica. Pero tengamos en cuenta que Lucio Fulci es el Padrino del Gore, y en éste film hace honor a su alias con creces. Sin duda alguna, estamos ante uno de sus mejores trabajos.

FHP, 2008 (Alucinecinéfago)

Crítica originalmente aparecida en el anterior blog

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