Los cuatro del Apocalipsis – Lucio Fulci, 1975

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Los cuatro del Apocalipsis (VO: I quattro dell´Apocalisse)

Italia, 1975

Director: Lucio Fulci

Género: Western

Guión: Ennio de Concini y Lucio Fulci (basados en historias de Bret Harte)

Intérpretes: Fabio Testi (Stubby Preston), Lynne Frederick (Bunny O´Neill), Tomas Milian (Chaco), Donald O´Brien (Sheriff)

Música: Franco Bixio, Fabio Frizzi, Vince Tempera

Argumento

Utah, 1873. El jugador profesional Stubby Preston llega al poblado de Salt Flats con la intención de trabajar en el saloon-casino. Sin embargo, el tahúr es inmediatamente detenido por el sheriff; quien echa al fuego sus barajas de cartas y lo mete en el calabozo. Allí, Stubby conoce a otros tres reclusos: La joven prostituta Bunny (que está embarazada), un negro algo desquiciado llamado Bud y el alcohólico empedernido Clem.

Esa misma noche se produce un violento asalto al saloon. Hombres enmascarados acribillan a balazos a todos los que allí se encuentran, ante la pasividad del sheriff – quien sin duda estaba compinchado con los autores de la masacre. De ese modo, Stubby ha tenido suerte al encontrarse encerrado en una celda, y puede decirse que encerrándole el sheriff le ha salvado la vida. Al día siguiente el jugador y sus tres compañeros de cautiverio son puestos en libertad. Atravesando el desierto en un coche de caballos se dirigen hacia el siguiente pueblo. Por el camino se encuentran con una caravana de colonos venidos de Suiza, pertenecientes a alguna secta protestante similar a los mormones o a los amish. Llama la atención el contraste existente entre los miembros de la congregación, tan devotos y estrictamente religiosos, y los “cuatro del apocalipsis” (Uno que se lucra gracias a los ludópatas, una que alquila su cuerpo,  un borracho que ante la falta de whisky no duda en beber colonia y un loco). Obviamente Stubby no les revela a los suizos a qué se dedican realmente, y Bunny y él se hace pasar por marido y mujer. Stubby nota que los evangelistas van desarmados, y por tanto desprotegidos; pero el líder del grupo asegura que cuentan con “las armas de Dios”.

Llega el momento de separarse de los colonos y los cuatro continúan su viaje. Notan la llegada de un grupo de bandidos pero tienen tiempo de esconderse. Se dan cuenta de que se trata de una zona peligrosa, llena de forajidos e indios. No sólo los amish corren peligro: También ellos.

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Oro maldito – Giulio Questi, 1967

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(Reseña escrita por el autor del blog el 16.04.2008)

Oro maldito (V.O. Se sei vivo spara! a.k.a. „Django kill!“)

Italia, 1967

Director: Giulio Questi

Género: Western

Guión: Giulio Questi, Franco Arcalli

Intérpretes: Tomás Milian (Forastero), Marilú Tolo (Lori), Piero Lulli (Oaks)

Música: Ivan Vandor

Obra maestra del “spaghetti-western” (género que por cierto para mí siempre ha sido infinitamente más interesante que el cine del oeste rodado en los USA), a la altura del “Mannaja” de Sergio Martino y según mi criterio, bastante superior a los Djangos de Corbucci y al “Grande Silenzio” del mismo director. En su ámbito cinematográfico, solo las propuestas del comercial Leone logran eclipsarla.

Giulio Questi, para mí hasta el momento un completo desconocido, nos ofrece más de 100 minutos de puro goce visual lleno de sorpresas, propinando contundentes bofetadas a los convencionalismos del género. Porque el film que nos ocupa no es ni mucho menos un “spaghetti” de argumento corriente. Ésta genial película, condenada al ostracismo tanto por cinéfilos como por cinéfagos, ha sido calificada con razón como “western gótico surrealista” y se la ha llegado a comparer con “El Topo”, jodorowskyana contribución al Séptimo Arte que apareció un par de años después.

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Lo primero que vemos es una mano saliendo siniestramente de entre las arenas del desierto. Es la mano del protagonista, cuyo nombre no viene mencionado en ningún momento durante todo el metraje y al que llaman “the stranger”, el forastero. El actor que le da vida es un muy convincente Tomas Milian, intérprete ideal para el papel y curtido en numerosos productos hispanoitalianos de la época. Unos indios que merodeaban por esos contornos descubren al moribundo y logran sanarlo. Todo lo que desean a cambio es que les relate cómo es el mundo de los muertos, ya que él ha regresado del más allá. Los indios han transformado en balas el polvo de oro que el Forastero llevaba en los bolsillos, para que con ellas pueda vengarse de aquellos que le habían dejado en tan lamentable estado; semimuerto y enterrado.

Para conocer el transfondo del punto de partida que acabo de narrar, vemos en una lisérgica secuencia de flashback que Tomas Milian, el “stranger” sin nombre, pertenecía a una banda de forajidos multicultural que se hizo con un descomunal cargamento de oro asaltando a la comitiva de soldados que lo transportaba. Los problemas llegaron durante el reparto: El grupo está compuesto por estadounidenses “WASP”, indígenas mexicanos y nuestro híbrido protagonista, considerado “mestizo”. Los primeros, capitaneados por un canalla apodado “The Oak”, no están dispuestos a compartir el fruto de su atraco con esos “sucios indios”, por lo que los liquidan sin miramientos fusilándolos entre carcajadas.

Hasta aquí todo normal, el espectador piensa: “Claro, ahora el Forastero buscará a los traidores para vengarse; ese es el argumento de la película”. (Pero se equivoca…)

Por su parte, los bandidos gringos llegan a un pueblucho de mala muerte, de ambiente malsano y oprimente, donde deben adquirir nuevos caballos para proseguir su camino con el cargamento de oro sustraído.

Los pueblerinos, seres degenerados primitivos y sombríos que irradian una animalidad atávica, han descubierto que son bandidos y los linchan brutalmente (para hacerse con el oro, no hay otro motivo, aunque apelen a la justicia y al orden cínicamente).

Son masacrados con sadismo feroz y ahorcados en la plaza entre gritos de júbilo. (Hilarante la escena donde a uno de los bandidos el verdugo le quita el puro de la boca para ponerle la soga al cuello y luego se lo vuelve a colocar).

Sólo uno ha logrado zafarse de la municipal furia y ansia de sangre: The Oak, el jefe, el más importante.

En ese momento vemos llegar al poblado a un recuperado Tomas Milian que se dispone, gélido e impertérrito, a vengarse de The Oak; el cual cercado por los pueblerinos se parapeta en una tienda disparando desde la ventana. El Roble, con sumo terror, cree que el forastero es un espectro. Por ello le espeta: “¡Si estás vivo dispara!” (de ahí el título original del film). Y ya lo creo que le dispara: Lo deja como un colador, aunque no lo mata. A todo ésto se persona en el árido pueblo un ranchero cacique, que codicia el oro, escoltado por sus “muchachos” (un destacamento de rudos pistoleros vestidos de riguroso negro, que como después se hará más perceptible establecen una reminiscencia estética con la contemporánea “tribu urbana” de los moteros del cuero sadomasoquistas homosexuales).

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En ésta película participa Sancho Gracia, nuestro “Curro Jiménez”, como uno de los sicarios del ranchero (en la imagen a la izquierda).

El gordo ranchero se empecina con dejar con vida a the Oak para que éste confiese bajo tortura el lugar donde se oculta el áureo tesoro. Lo llevan al saloon para extraerle las balas y allí la turba de pueblerinos descubre que éstas no son de plomo, sino de oro, por lo que se abalanzan sobre el agonizante como hienas hambrientas para extraerle vorazmente las partículas del precioso metal, descarnándole y provocándole la muerte, para decepción del cacique y sus acólitos.

Lo que ellos no saben es que el oro ha sido previamente puesto a buen recaudo por dos individuos: El dueño del saloon y Hagerman, otro poderoso personaje del municipio que mantiene a su hermana enclaustrada en una habitación porque a su juicio “está loca”. El forastero Milian, que observa a la fantasmagórica hembra desde la arenosa plaza del poblado, siente desde el principio una fuerte atracción por ella, al verla asomada a la ventana.

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La “loca” Elisabeth (Patrizia Valturri) y el Forastero (Milian)

Ambos poseedores del oro rivalizan entre sí e intentarán a su vez hacerse con la parte del otro. En represalia y como chantaje, el ranchero ordena el secuestro del hijo del dueño del saloon, un adolescente mancebo al que los inquietantes “muchachos” dedican miradas más que libidinosas. Milian se propone liberarlo, y el ranchero que lo retiene le lanza un desafío: El chico raptado pende del techo colgado por las manos de una cuerda, el forastero deberá cortar esa cuerda de un tiro situándose a a diez pasos del pendiente joven. Pero a ésta prueba de destreza se añade otra deficultad: Antes de enfrentarse al reto, Milian debe beber de golpe media botella de whisky! “Quiero comprobar si además de buen pistolero eres también buen bebedor”, dice el cacique socarrón.

Hasta aquí cuento, y no más, sobre la trama y subtramas de este enrevesado y sorprendente western atípico; lleno de elementos metafísicos, alegóricos (Tomas Milian se asemeja en más de una ocasión a una figura mística – llega incluso a ser crucificado), satíricos y surrealistas.

Film de culto atemporal, fusión entre el spaghetti almeriense y el terror gótico, con toques lisérgicos y alucinógenos (lo que en efecto lo hace precursor de “El Topo”).

Mención especial al reparto animalesco: El loro alcohólico y el caballo-bomba.

FHP, 2008

Angustia de silencio – Lucio Fulci, 1972

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(Reseña escrita por el autor de éste blog en 2007)

Angustia de silencio (V.O. Non si sevizia un Paperino a.k.a. “Don´t torture a Duckling”)

Italia, 1972

Director: Lucio Fulci

Género: Giallo, misterio

Guión: Lucio Fulci, Gianfranco Clerici

Intérpretes: Florinda Bolkan (Maciara), Barbara Bouchet (Patrizia), Tomas Milian (Andrea Martelli)

Música: Riz Ortolani

Excelente muestra del enorme talento que tenía Lucio Fulci en la construcción de películas de suspense.

Con este film, Fulci realiza uno de sus mejores trabajos (tambien él mismo así lo consideraba) y su incursión más relevante en el thriller a la italiana o giallo.

Esto demuestra que el director romano, conocido como “el Padrino del Gore” y famoso por sus films repletos de zombis, vísceras y casquería; no sólo era un artesano del splatter, no sólo se dedicaba a mostrar meticulosas escenas de violencia extrema, si no que además era capaz de crear historias interesantes con un guión más que bien elaborado, pues es sabido que Fulci solía descuidar el guión y la trama para conceder más peso al impacto visual y al poder de la imagen.

Una de las características de todas sus películas y que en ésta se acentúa es el especial cuidado conferido a la atmósfera, la elaboración de los ambientes asfixiantes, capaces de envolver al espectador gracias tambien a los exquisitos planos de la cámara y a la soberbia banda sonora de Riz Ortolani (compositor por cierto de la música de “Cannibal Holocaust”), con siniestros sonidos tubulares en los momentos de tensión, cantos sicilianos mientras se muestran los paisajes de la zona, y música rock para las escenas de acción.

La historia se desenvuelve en un pueblo de la Italia meridional, probablemente Sicilia o Calabria, a principios de los años 70. Es un pintoresco municipio de casas blancas, radicado entre áridas montañas, casi aislado de influencia exterior, donde todo el mundo se conoce y donde la mentalidad rústica de los aldeanos se aprecia con claridad.

Al inicio del film vemos a las afueras del pueblo una carretera a medio construir por el campo (símbolo de que “el progreso y los avances económicos” tambien estaban llegando al sur de Italia). Allí, un chico de unos doce años vigila los coches que pasan mientras se distrae disparando con su tirachinas a una lagartija. Por otro lado, muy cerca de allí, una misteriosa mujer visiblemente perturbada desentierra el esqueleto de un bebé.

Bruno, el chico que controlaba la autopista, va a avisar a sus amigos de que el coche que esperaban ya ha pasado, a bordo iban unas prostitutas procedentes de la ciudad con las que en un abandonado caserío se dan cita esporádicamente los hombres del pueblo. Los chavales van allí a espiar, pero no son los únicos: tambien Giuseppe, el tonto del pueblo, acude allí como voyeur; y una vez descubierto por Bruno y sus amigos, estos comienzan a burlarse de él, lo que provoca sus iras: “¡Os mataré!” grita mientras persigue a los adolescentes, que huyen entre risas.

Poco despues Bruno desaparece. Su padre recibe una llamada telefónica de alguien que reivindica el secuestro y exige un millón de liras para devolver la libertad a su hijo. Tras un dispositivo de vigilancia, la Policía detiene a Giuseppe, al que acusan de la desaparición, y encuentran el cadáver del niño enterrado en el bosque. Todo el pueblo acude en masa a linchar al presunto culpable, lo cual es evitado por las autoridades. El detenido, que se declara inocente, es enviado a prisión.

Mientras tanto unas manos inquietantes practican ritos de magia negra clavando agujas en muñecos de cera al estilo vudú… pero esas manos no son las de Giuseppe.

Poco más tarde, en una escena impagable, vemos a una anciana que acude a lavar la ropa a una fuente. Cuando se asoma profiere un estremecedor grito: el cadáver de otro de los niños yace en el fondo.

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Don Alberto (Marc Porel), Andrea (Tomas Milian)  y Patrizia (Barbara Bouchet)

En el pueblo se encuentran durante los macabros sucesos dos forasteros: por un lado Andrea Martelli, un periodista que está de vacaciones; por otro lado Patrizia, una bella y libertina joven milanesa, rica y consentida, que ha sido enviada por su padre al pueblo de donde él procede para alejarla de las malas compañías en Milán; donde la chica se había sumergido en el “mundo del vicio y de las drogas”. (Patrizia está interpretada por Barbara Bouchet, actriz que tambien aparece en  “Milano Calibro 9”, y Andrea por Tomas Milian, co-protagonista en un italo-western del propio Fulci: “Quatro dell´Apocalisse”)

Ella se convierte en objeto de deseo de los lugareños (entre ellos tambien los más jóvenes) mientras Andrea ayuda a la Policía en las investigaciones. Otro personaje clave es Don Alberto, el joven cura: amigo, confesor y protector de los niños del lugar.

Un nuevo asesinato de otro de los muchachos de la pandilla de Bruno vuelve a conmocionar al pueblo, y las sospechas ahora recaen en Maciara (interpretada por la brasileña Florinda Bolkan), una excéntrica mujer que se volvió loca tras  la muerte de su bebé (es la que aparece en la escena inicial desenterrando el pequeño esqueleto) y que está considerada por los pueblerinos como una bruja practicante de la magia negra.

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Maciara (Florinda Bolkan)

Dejada en libertad por falta de indicios concluyentes, es acorralada en el cementerio por los padres de los niños muertos, que, sedientos de venganza, la revientan a golpes con palos y cadenas lapidándola brutalmente en una escena sublime que en su día hizo las delicias de Tarantino (fan de Fulci), y que constituye el apogeo del film.

Despues de una larga agonía, exhala su último suspiro al borde de la carretera, donde se ven pasar los coches de felices familias del norte que van al sur a pasar sus vacaciones, y que al ver a la sangrante y magullada mujer reaccionan con absoluta indiferencia pisando el acelerador.

Poco despues otro niño aparece estrangulado. El miedo invade ahora más que nunca a los habitantes de la aldea: Pues está claro que anda suelto un peligroso asesino en serie, y parece ser que los crímenes no fueron cometidos ni por “el tonto del pueblo” ni por “la bruja”. ¿Pero entonces por quién?

Una pista decisiva llama la atención del periodista Andrea: junto al cadáver del último niño asesinado, se ha encontrado la cabeza de un muñeco del Pato Donald.

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Este hecho es el responsable del título original de la película, ya que en Italia el Pato Donald se llama Paperino (literalmente “Patito”).

Como anécdota, resaltar que el título del film iba a ser “Non si sevizia Paperino” (“No se tortura al Pato Donald”), pero la multinacional Disney se opuso, por lo cual Fulci decidió cambiarlo por “Non si sevizia UN paperino”.

Sin duda, el mejor trabajo de Fulci que he visto hasta la fecha. Aquí “el Padrino del Gore” se muestra en todo su esplendor, narrativo y visual, regalándonos ésta joya de culto que deleitará a los amigos del suspense… (del suspense con “s” de sangre).

FHP, 2007

El precio de un hombre – Eugenio Martín, 1967

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El precio de un hombre (a.k.a. The Bounty Killer)

España / Italia, 1967

Director: Eugenio Martín

Género: Western

Guión: Eugenio Martín, Don Prindle, José G. Maesso

Intérpretes: Tomás Milian (José Gómez), Richard Wyler (Luke Chilson), Halina Zalewska (Eden)

Música: Stelvio Cipriani

Argumento

El bandido mexicano José Gómez, prófugo de la justicia, llega a un pueblo en medio del desierto cuyos escasos habitantes le ayudan a esconderse. El fugitivo es seguido de cerca por el cazarrecompensas Luke Chilson. José se oculta en una pequeña pensión regentada por su amiga Eden y el tío de ésta. Poco después Chilson llega allí para repostar, ignorando inicialmente que el hombre que persigue también se encuentra allí.

El cazarrecompensas se percata de que el bandido se oculta en el lugar. José trata de escapar, pero tras un breve tiroteo es reducido y arrestado. Las autoridades lo quieren vivo, por ello Chilson lo entrega al sheriff del poblado más cercano y cobra los 3000 dólares que ofrecían por su cabeza.

Más tarde, el esposado José Gómez es trasladado a prisión en coche de caballos, escoltado por un destacamento de guardias. Se trata al parecer de un delincuente peligroso. La comitiva hace una pausa para comer en una fonda donde casualmente se encuentra Eden, la amiga de José. Ambos fingen no conocerse para no levantar las sospechas de los vigilantes, y en momento de descuido, Eden le pasa una pistola al detenido por debajo de la mesa. A continuación la chica se marcha, y poco después aparecen en el horizonte las figuras de un par de jinetes: Son los hombres de José. Comienza un tiroteo entre éstos y los guardias; José aprovecha para hacer uso de la pistola que ha recibido de su amiga matando a los agentes que le llevaban preso. Así, el bandido logra escapar una vez más.

De nuevo Luke Chilson entra en acción, y se dirige al poblado que dió cobijo a José Gómez, imaginando que éste regresará allí. Chilson está seguro de que Eden es la cómplice que en la posada pasó la pistola al detenido para que se fugara.

Eden le dice al cazarrecompensas que José es un buen hombre y que deje de perseguirlo: Se trata de un bandolero que sólo roba a los ricos y que ayuda a su gente. Pero Chilson no está tan seguro de eso; afirma que es un asesino sin escrúpulos.

José efectivamente regresa, y dos de sus hombres son liquidados por el cazarrecompensas. Una vez más consigue Chilson desarmar a José y se dispone a entregarlo nuevamente a las autoridades… pero en el pueblo todos apoyan al fugitivo y están dispuestos a defenderlo a capa y espada: Ahora, los lugareños se enfrentan directamente a Chilson, dejándolo fuera de combate cuando éste había a su vez molido a golpes al bandido.

Una vez se ha recuperado, José está a punto de asesinar a sangre fría a su inconsciente contrincante, rematándolo a golpes en la cabeza con un pesado hierro, pero la intercesión de Eden le impide consumar tal bajeza. El magullado y ensangrentado Luke Chilson es atado a un poste en el pajar; José y sus hombres piensan divertirse torturándolo.

Lo cierto es que algo en José ha cambiado… Eden y los demás habitantes del pueblo empiezan a advertir poco a poco algo extraño en su comportamiento. Ya no es un afable y generoso “robin hood” como cuando los lugareños lo conocieron, ahora se ha vuelto frío y calculador, no es el mismo de antaño; se ha covertido en el desalmado jefe de una banda criminal.

Eden comienza a preguntarse si Luke Chilson no tendría razón, después de todo…

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Comentario

Interesante el argumento y el planteamiento moral de éste por lo demás corriente ibero-western (corriente salvo por los últimos diez minutos; el desenlace es apoteósico). Ni el frío y duro cazarrecompensas busca capturar prófugos tan sólo por codicia ni el perseguido fugitivo es tan inocente y víctima de la (in)justicia como parecía.

“El precio de un hombre” es una de las muchas películas del género rodadas en Almería, a modo de co-producción italo-española. El director de la propuesta es el ceutí Eugenio Martín, realizador de una treintena de films entre los que se encuentra “Horror Express” (1972) con Christopher Lee. Eugenio Martín empleaba internacionalmente el pseudónimo anglo de “Gene Martin”.

El bandido mexicano José Gómez está interpretado por Tomas Milian, actor cubano afincado en Italia que participó en numerosos polizzieschi (tanto serios como de carácter humorístico) y que es famoso en Italia sobre todo por saber imitar muy acertadamente las formas de hablar y de desenvolverse usadas en los bajos fondos romanos. Milian también ha trabajado en otros westerns, como “Se sei vivo spara” de Giulio Questi y también de 1967. En “El precio de un hombre” el personaje de Milian, quien al principio puede caer simpático, parece volverse cada vez más enajenado conforme avanza la trama, llegando a adquirir trazos psicopáticos.

En cambio, el taciturno y gélido Luke Chilson (en cuya piel se mete el británico Richard Wyler) no cambia a lo largo de la película; es constantemente el prototípico “tipo duro”. A Eden, por su parte, la interpreta la polaca Halina Zalewska.

La banda sonora (muy buena) corre a cargo de Stelvio Cipriani, quien ha compuesto para Mario Bava, Umberto Lenzi o Joe D´Amato. Lamentablemente la calidad de la imagen y del sonido es pésima en las copias que existen en la actualidad, hasta el punto de que a veces cuesta entender algunos diálogos.

FHP, 2015

Bandidos en Milán – Carlo Lizzani, 1968

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Banditi a Milano (a.k.a. “The Violent Four”)

 

Italia, 1968

Director: Carlo Lizzani

Género: Polizziesco

Guión: Massimo De Rita, Carlo Lizzani

Intérpretes: Gian Maria Volontè (Piero Cavallero), Tomas Milian (comisario Basevi)

Música: Riz Ortolani

 

Argumento

Milán, finales de los años sesenta. El comisario Basevi (Tomas Milian) debe arrestar a una banda de peligrosos atracadores de bancos, cuyo principal líder es Piero Cavallero (Gian Maria Volontè). Los periódicos (extrañamente en alemán) informan sobre los robos y asaltos (en muchas ocasiones con víctimas) que se van sucediendo en Milán, los actos delictivos planificados por grupos criminales muy bien estructurados, que se reparten además fuentes de ingresos poco loables como la extorsión recaudada por la “protección” de locales de ocio, o la prostitución (presenciaremos, de forma harto sintética, la desventurada historia de una joven, quien tras ganar un concurso artístico es embaucada para ir a caer en las redes de unos proxenetas, que terminan rociándola con gasolina para quemarla viva).

Cuando el comisario captura a uno de los integrantes de la banda de Cavallero, el bandido arrestado comienza a “cantar”, y relata a los agentes los pormenores relacionados con los asaltos y todo lo concerniente al grupo de atracadores del cual era integrante.

A partir de ese momento, arranca la historia, y el film finalmente se pone interesante. Cavallero, el jefe de la banda, resulta ser un “respetable hombre de negocios” con varios empleados y oficinistas, que lleva una doble vida a la hora de ejecutar sus fechorías. Esconde sus armas en el taller de su padre, que es carpintero; y el joven aprendiz de éste, un adolescente llamado Tuccio, las descubre un día por casualidad. Piero se da cuenta de que el chico está al corriente, y compra su silencio sobornándole con más dinero del que recibe de su padre en calidad de aprendiz. Poco después, Tuccio es aceptado como un miembro más de la banda. Cavallero decide que la próxima sucursal que atracarán sera el Banco de Nápoles en la ciudad de Turín. Tras una meticulosa planificación que tiene en cuenta los más nimios detalles (incluídos los tiempos que tardan en cambiar de color los semáforos de las cercanías, para que al escapar puedan alejarse más rápido), los bandidos llevan a cabo el atraco. El asalto en sí sale bien. Tuccio, apostado afuera, lleva a cabo la tarea de vigilante. Pero cuando huyen, unas mujeres anotan el número de la matrícula del coche de los delincuentes (que es robado) y avisan a la policía. Se produce así una persecución por las calles, con tiroteos incluídos. Víctimas de los disparos resultan ciudadanos inocentes que pasaban por la calle. La persecución se prolonga durante tensas horas, hasta que los bandidos abandonan el automóvil y se dispersan.

Uno de ellos es detenido allí mismo por los agentes de Basevi – Ese es precisamente el que estaba narrando la historia del último atraco, pues toda la cronología del último delito de la banda de Cavallero resulta ser un flashback que se retrotrae al interrogatorio policial de Basevi al delator. Por su parte, el jóven Tuccio ha logrado escapar y retorna a casa, donde le espera su preocupada madre. Pero pocos días después es arrestado. Cavallero y otro integrante de su grupo, con el botín, se han dado a la fuga y escapan por los campos a las afueras de la ciudad. Grandes destacamentos policiales y militares les siguen la pista. Tras ocho días de “caza del hombre”, finalmente logran capturarlos. Al ser llevado a proceso, esposado en el coche policial y rodeado de furiosos ciudadanos que desearían lincharlo, Cavallero estalla en una carcajada demencial, que recuerda más a un psicópata que a un clásico bandido.

Comentario

La película comienza como si fuera un documental, mostrando el violento modus operandi de las bandas organizadas que en aquellos años hicieron irrupción casi de la noche a la mañana en el hasta entonces tranquilo norte de Italia. Durante gran parte del metraje no existe una línea argumental definida, y se nos presentan varios atracos, persecuciones, detenciones, y el bullicio en la ajetreada comisaría donde Basevi (siempre fumando en boquilla) y sus hombres se ven desbordados ante los atracos que se cometen casi simultáneamente en diversos puntos de la ciudad. Ello en sí mismo no logra cautivar la atención del espectador, y a los veinte minutos comienza a manifestarse la impaciencia y el tedio. Ello resulta preocupante, teniendo en cuenta que dos grandes actores como el cubano radicado en Italia Tomas Milian y Gian Maria Volontè (famoso sobre todo por dar vida a “El Indio” en la segunda entrega de la “leonina” Trilogía del Dólar) comparten cartel. El hilo narrativo resulta muy general, al menos durante la primera media hora, retratando varios acontecimientos propios de la crónica de sucesos. Sólo pasados casi unos cuarenta minutos inicia la auténtica trama; que ofrece casi una radiografía metodológica sobre la planificación del prototípico atraco a un banco (de aquella época), con el involucramiento del jóven Tuccio y el liderazgo del (por momentos rozando lo lunático) Cavallero (Volontè).

Es imposible evitar que surjan a la memoria paralelismos con la alemana “Blutiger Freitag” (1972), donde también el atraco a un banco es el argumento central. Aunque en la historia que cuenta la producción germana tiene lugar una larga toma de rehenes, mientras que en “Banditi a Milano” el peso de la tensión recae en la persecución por las calles. Pero al parecer, ambos films están basados en sucesos reales.

El hecho de que la película no “arranque” hasta bien entrado el metraje, le resta bastantes puntos. También se hecha de menos una buena banda sonora.

FHP, 2014