Vagabundo en la lluvia – Carlos Enrique Taboada, 1968

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Vagabundo en la lluvia

México, 1968

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Rodolfo de Anda (Vagabundo), Ana Luisa Peluffo (Mónica), Christa Linder (Ángela), Norma Lazareno (Raquel)

Música: Simon Boswell

Género: Suspense, drama

Argumento

Dos oficiales nazis llegan a una casa en medio de la noche. Aporrean la puerta y cuando les abren exclaman: “ ¡En el nombre del Führer, están todos detenidos!“. Pero los uniformados no son auténticos soldados hitleristas… Cuando entran en la casa vemos que éstos “nazis” figuran entre los invitados de una fiesta de disfraces. Allí todos se divierten ataviados de las formas más variopintas. Entre los asistentes se encuentra una joven llamada Ángela, quien se despide apresuradamente de la anfitriona del evento. Dice que debe regresar a su casa del lago, donde la espera su marido.

Cuando Ángela llega a la casa, estalla una fuerte tormenta. En realidad su esposo no está allí tal y como había asegurado en la fiesta. Se encuentra todavía en viaje de negocios, y Ángela lo llama a su hotel para cerciorarse de que no vendrá hasta el siguiente día. Los motivos por los que se ha marchado precipidamente de la fiesta son bien distintos: En esa casa ha quedado con otra persona…

De repente, Ángela se percata de que no está sola; allí hay alguien más. Comprueba que en la cocina hay latas de comida abierta, ve una colilla por el suelo… Y nota que en una de las puertas la cerradura ha sido forzada. La mujer toma un rifle que guarda en el armario, y encuentra al intruso agazapado en el sótano. Se trata de un joven vagabundo, que entró allí en busca de algo que comer y para refugiarse de la lluvia. El hombre le pide un empleo, o al menos que algo de cobijo hasta que pase el temporal, pero Ángela lo echa fuera; apuntándole con el arma.

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Rubí – Carlos Enrique Taboada, 1970

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Rubí

México, 1970

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada, Yolanda Vargas Dulché

Intérpretes: Irán Eory (Rubí), Aldo Monti (Alejandro), Alicia Bonet (Maribel), Carlos Bracho (César)

Música: Raúl Lavista

Género: Drama

Argumento

Rubí es una joven presumida, insolente y caprichosa de clase media que vive con su madre viuda y su hermana mayor, quien le paga los estudios. Desea a toda costa conocer a un hombre rico para poder largarse de allí y vivir en la abundancia. Incluso se muestra envidiosa de que su propia hermana lleve un vestido más caro que ella, y lo mancha a propósito con café durante el desayuno – haciendo que “parezca un accidente”.

En la universidad, Rubí se hace amiga de una una chica llamada Maribel, que es de clase alta. Ésta tiene un novio del que está muy enamorada, pero al que no ha visto nunca todavía. Maribel y César mantienen una relación por correspondencia, escribiéndose cartas y mandándose fotos. Sin embargo, están a punto de encontrarse en persona, pues César regresará a México procedente de la universidad de Nueva York donde está completando sus estudios.

Aunque Rubí finge ser muy amiga de Maribel, en realidad la odia y la envidia en secreto. “No es justo que una coja sea más rica, mientras que yo vivo en una pocilga”. Maribel tiene una pequeña cojera a causa de una polio que sufrió en su infancia. Su padre es un importante industrial y viven en una gran mansión, junto a varios criados.

Finalmente llega el gran día y César regresa a México; junto a su amigo y compañero de estudios Alejandro. Maribel, su padre y Rubí acuden a recogerlos al aeropuerto. Esa noche, durante una cena a la que acuden ambas parejas, Rubí y Alejandro salen al jardín para dejar a Maribel y César a solas. Rubí se entera de que César es de una familia inmensamente rica, y comienza sus maliciosas intrigas para seducirlo, separándolo de su “amiga” Maribel…

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Veneno para las hadas – Carlos Enrique Taboada, 1984

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Veneno para las hadas

México, 1984

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Ana Patricia Rojo (Verónica), Elsa María Gutiérrez (Flavia)

Música: Carlos Jiménez Mabarak

Género: Fantasía, terror

Argumento

Verónica es una niña de unos 10 años que vive en la mansión de su abuela, junto a ésta y una criada. Sus padres murieron en un accidente siendo ella muy pequeña. Carmen, la empleada doméstica, le lee cada noche cuentos de brujas y fantasmas. La niña comienza a fascinarse con lo macabro, y en su fecunda imaginación se ve convertida en una poderosa hechicera.

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Ana Patricia Rojo como Verónica

A la clase de Verónica llega una alumna nueva, Flavia. “Ese es un nombre de araña“ le dice Verónica a su recién llegada compañera de pupitre, “mi araña se llama así”. Cuando Flavia se muestra muy sorprendida de que la otra niña tenga una araña, Verónica repone con aire misterioso que la necesita “para sus encantamientos”. Y afirma ser en realidad una bruja.

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Elsa María Gutiérrez como Flavia

Flavia pertenece a una familia no creyente y de clase alta. Sus padres son ricos burgueses racionalistas, y ella se ha criado como atea (Flavia: “¿Por qué otras niñas rezan cuando van a acostarse?” Madre: “Porque tienen miedo. Pero tú no.”). Por ello, cualquier tipo de espiritualidad siempre ha sido descartada en su casa como “supersticiones”. El conocer a la misteriosa Verónica despierta en Flavia una gran curiosidad hacia lo paranormal. A partir de ese momento la niña se siente atraída por todo aquello que no puede ser explicado por la ciencia empírica y materialista que preconiza su padre.

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Más negro que la noche – Carlos Enrique Taboada, 1975

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Más negro que la noche

México, 1975

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Claudia Islas (Ofelia), Susana Dosamantes (Aurora), Helena Rojo (Pilar), Lucía Méndez (Pilar)

Música: Raúl Lavista

Género: Terror

Argumento

En el prólogo del film escuchamos cómo una anciana señora (cuyo rostro nunca nos es mostrado) cuida y acaricia a un gato negro llamado Bécquer. La solitaria mujer, que vive en una gran mansión, le tiene mucho cariño al animal. Una noche, cuando la anciana se sienta en su mecedora para tejer, le sobreviene un brutal espasmo y muere; a consecuencia de lo que parece ser un ataque cardiaco. Al gato, maúlla sobresaltado, se le erizan los oscuros pelos…

La joven Ofelia reside en un piso compartido. Sus compañeras son Aurora, Marta y Pilar;  chicas modernas de ciudad al igual que ella. Cierto día Ofelia recibe una carta con una citación notarial. La preocupada joven acude acompañada con una de sus amigas. El notario hace saber a la muchacha que ha recibido una herencia: Su tía Susana, recientemente fallecida, la ha nombrado heredera universal, legándole su mansión y los terrenos que la circundan. Ofelia se extraña de que precisamente su tía Susana le deje su herencia, “Ella nunca me quiso”. El notario explica que ella es la única pariente que quedaba. Y añade además, que la herencia tiene una pequeña “cláusula”, una condición; que más bien es un ruego. La fallecida solicita a su sobrina que cuide del “ser que más quiso en éste mundo”: Su gato Bécquer. Ofelia acepta sin mayores objeciones.

Junto a la heredera se mudan también sus tres amigas. Las jóvenes llegan a la retirada mansión (que Ofelia recuerda vagamente de su infancia), y una siniestra criada les abre la puerta: Sofía trabajó devotamente para la difunta durante toda su vida. La madura sirvienta se muestra áspera y fría hacia las recién llegadas. Las chicas se van instalando en la vieja y enorme casa, llena de antigüedades y recuerdos. Pilar decide quedarse en la habitación de la muerta. Ofelia pregunta por Bécquer, y la criada responde que desde que murió su dueña acostumbra a ocultarse durante el día, y que se comporta de una manera muy “extraña”. “Y de qué color es el gato?” pregunta Ofelia. Con tono lúgubre responde Sofía: “Negro. Más negro que la noche…”

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El libro de piedra – Carlos Enrique Taboada, 1969

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El libro de piedra

México, 1969

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Marga López (Julia), Norma Lazareno (Mariana), Joaquín Cordero (Eugenio), Lucy Buj (Silvia)

Música: Raúl Lavista

Género: Terror

Argumento

Julia Septién llega a la finca del acaudalado Eugenio Ruvalcaba para comenzar a trabajar en su nuevo empleo. Allí deberá desempeñarse como institutriz de la pequeña Silvia, hija del millonario. La niña, de unos 9 años, aún no está completamente recuperada de una meningitis y por ello su padre no la envía todavía a la escuela. El trabajo de Julia consistirá en darle clases en casa y cuidar de ella el resto del tiempo. Pero el preocupado Eugenio advierte a Julia de que su hija acostumbra a comportarse de manera “extraña”, y añade con tono sombrío que es posible que la niña “tenga sus facultades mentales perturbadas”…

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Joaquín Cordero como Eugenio

La nueva institutriz sale al gran parque junto a la mansión en busca de la pequeña, y la encuentra escondida en una choza del jardín.  A Silvia no le gusta la idea de que Julia haya sido contratada para controlarla: “Hugo ya cuida de mí”, y cuando Silvia le pregunta quién es Hugo, la niña responde que es un amigo, un niño que hasta hace poco estaba allí con ella…

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Hasta el viento tiene miedo – Carlos Enrique Taboada, 1968

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Hasta el viento tiene miedo

México, 1968

Director: Carlos Enrique Taboada

Género: Terror

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Alicia Bonet (Claudia), Norma Lazareno (Kitty), Marga López (Bernarda), Maricruz Olivier (Lucía), Renata Seydel (Ivette)

Música: Raúl Lavista

Argumento

Claudia es una joven estudiante que reside en un internado femenino. Por las noches tiene espantosas pesadillas en la que ve a una chica ahorcada que no cesa de llamarla.

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Víctima de un ataque de pánico, Claudia es atendida a la mañana siguiente por un médico que la recomienda guardar reposo. Sin embargo, la severa señorita Bernarda, directora del centro, insiste en que la muchacha se reincorpore de inmediato a las clases. A excepción de la repelente chivata Josefina todas las alumnas detestan a la directora, a quien han apodado “la Bruja”. Por otro lado, la señorita Lucía, una profesora bondadosa y compresiva, sí que goza de la simpatía de las chicas.

El curso está a punto de terminar y sólo faltan pocos días para las vacaciones. Una mañana durante el recreo, Claudia se siente atraída hacia un misterioso torreón abandonado, situado en frente de la residencia, al otro lado del jardín. Normalmente un candado en la puerta siempre impide el acceso, pero ésta vez está abierto. Claudia asegura a sus amigas que en su sueño la ahorcada la llamaba desde allí. Kitty, una de las chicas, anima a las otras cinco a entrar en el torreón. Al principio no creen lo que afirma Claudia, pero ésta les describe meticulosamente lo que se encuentra en su interior y al subir las escaleras sus compañeras se convencen de que no les está gastando una broma. Claudia ya ha estado allí antes – aunque haya sido en sueños…

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Rapiña – Carlos Enrique Taboada, 1975

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Rapiña

México, 1975

Director: Carlos Enrique Taboada

Género: Drama

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Ignacio López Tarso (Porfirio), Norma Lazareno (Rita), Germán Robles (Evodio), Rosenda Monteros (Fina)

Música: Raúl Lavista

Argumento

Porfirio es un humilde leñador indígena en un pueblito mexicano de las montañas. Vive en una cabaña con su embarazada esposa Rita y su anciano padre enfermo. Evodio y su mujer Fina son sus vecinos y más cercanos amigos. Porfirio está preocupado por la salud de su padre, el tata, quien cada día está más débil. Pero no tiene dinero suficiente para pagar al médico del pueblo. Su amigo Evodio le regala su cerdo para que lo venda en el mercado y pueda costearse la visita del doctor.

Así, Porfirio se dirige a la consulta, y escucha una conversación que el médico mantiene con el nuevo maestro. Éste es joven, acaba de llegar, y se dispone a emprender su tarea con grandes ánimos. Pero el galeno, hombre burgués que ya lleva viviendo allí varios años, no oculta su hastío por tener que consumir su existencia en ese pueblucho lleno de “salvajes”. El médico desprecia a la “chusma” que allí habita, porque considera que llevan una vida vacía, dedicándose a vegetar sin sentido, como animales, sin ganas de progresar, y cree que “se morirán como si nunca hubieran existido”. El médico está cansado de ese pueblo, pero no se atreve a marcharse de allí, piensa que ya es demasiado tarde para empezar de nuevo en otro sitio. “Tal vez ellos me contagiaron su apatía…”

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Ignacio López Tarso como Porfirio

Porfirio, que ha escuchado todo eso, se queda muy pensativo e influenciado y empieza a sentir deseos de salir de ese “pueblo mugriento”, de ser “civilizado”, de ir en busca de fortuna, de convertirse en un “hombre de mundo”. La idea de dejar atrás la pobreza y la monotonía aldeana le inquieta cada día más, hasta el punto de llegar a obsesionarle. Se lo comunica a su mujer y a su amigo Evodio. Se emborracha en la cantina, desesperado porque no sabe qué hacer para escapar de la rutina y de la miseria. Por primera vez es consciente de su situación, y de que hay “algo más” al otro lado de las montañas…

Sin embargo, su padre moribundo le aconseja que abandone esas obnubilaciones, que se quede en su pueblo y sea un hombre trabajador y honrado como sus antepasados.

“Si uno no tiene que salir del pueblo, ¿para qué hicieron el camino?” Le pregunta un día Porfirio a Evodio mientras descansan tras talar un árbol en el bosque.

De nuevo en la consulta del médico, el leñador le confiesa al doctor que escuchó su  conversación del otro día; y que ello hizo que le cayera una venda de los ojos: Ahora siente los impulsos de mejorar, para poder salir de ese ambiente atrasado y que su futuro hijo no crezca como un “animal”…

El padre de Porfirio, enfermo desde hace tiempo y de ya muy avanzada edad, fallece. Ello no hace más que reafirmar las nuevas ideas del rústico leñador.

Una mañana, mientras trabaja solo en el bosque, escucha un ruido de motores procedente de lo alto, que se va aproximando cada vez más… Un avión se estrella en el cerro vecino con enorme estruendo. Porfirio, tras recobrarse del susto incial, escala hasta el lugar del accidente. El avión está partido en varios pedazos, y entre los pasajeros no hay supervivientes. Junto a los amasijos de hierros yacen desperdigados cadáveres y montones de maletas.

Porfirio regresa a su casa. Nadie en la aldea sabe nada del accidente, la colisión no se vió ni se  escuchó desde allí. Porfirio le propone a su mujer tomar para sí las cosas de valor que encuentren en el lugar del siniestro. “Los muertos ya no las van a necesitar, y nosotros nunca volveremos a tener una oportunidad como ésta”. Rita inicialmente se opone, pero cambia de opinión al ver una gruesa cadena de oro que su marido ha encontrado entre los restos del avión. La mujer insiste en que Porfirio avise a los “compadres”, Evodio y Fina. El leñador sólo accede cuando su esposa le recuerda que ellos le regalaron el único cerdo que tenían cuando él no tenía con qué pagar al médico.

A la mañana siguiente, Porfirio y Evodio parten rumbo a la montaña donde está el avión despedazado. Comienzan a saquear todo lo que encuentran de valor: Las billeteras, anillos y relojes, un abrigo de pieles… Hallan incluso una pistola. Evodio parece contentarse con lo que consiguen juntar ese día, pero Porfirio lo quiere todo, incluídas las maletas. “En unos 20 viajes podremos conseguirlo”. Deberán darse prisa, pues en cualquier momento pueden llegar la policía y los equipos de rescate.

Sin embargo, los dos amigos se percatan de que no están solos: Otros dos aldeanos como ellos se encuentran allí… No son del mismo pueblo, pero también subieron hasta el cerro para curiosear tras la caída del avión. Y al igual que Porfirio y Evodio, los otros dos tienen la intención de desvalijar lo que les sea posible. “Hay suficiente para los cuatro, podemos compartirlo…” En realidad, las dos parejas de saqueadores no se fían la una de la otra. El recelo es mutuo, y se incrementa con el paso de las horas…

Porfirio decide golpear primero, y cuando los otros pueblerinos se encuentran desprevenidos, los mata a machetazos. Evodio no se ha atrevido a apoyar a su compadre en eso, y se siente bastante afligido tras los sangrientos asesinatos. “Seguro que ellos habrían hecho lo mismo con nosotros…”, trata de consolarle Porfirio. Los dos esconden todas las maletas en una cueva y regresan al pueblo, donde les aguardan sus mujeres.

Ahora deberán esperar unas semanas a que las autoridades lleguen al lugar del accidente y a que, tras los procedimientos pertinentes, las aguas vuelvan a su cauce… Mientras tanto deberán ser discretos y mantener un perfil bajo. Luego ya podrán ir vendiendo las cosas poco a poco, para finalmente marcharse del odiado pueblo…

Uno de esos días, la policía militar, el ejército y los equipos de rescate llegan al cerro. Descubren, además de los cadáveres de los pasajeros, los de dos indígenas locales no lejos de allí. Éstos no han muerto a consecuencia del accidente, sino a salvajes machetazos. Al registrar los cuerpos, los policías hallan algunas joyas y relojes, suponiendo acertadamente que “éstos llegaron al avión siniestrado antes que nosotros”… “Y los que los mataron también”… La policía de la comarca inicia sus pesquisas, pues ya no hay duda de que individuos de algún pueblo vecino se han dedicado al pillaje en los restos del avión, matando luego a sus rivales…

Mientras tanto, Porfirio y Evodio comienzan a vender los objetos en una pequeña ciudad cercana. Pero no tienen demasiado éxito, pues al no contar con las facturas que les acrediten como legítimos propietarios el precio que pagan los potenciales compradores está muy por debajo del valor real. Además, los dos indígenas – que aún ignoran que les están buscando –llaman demasiado la atención…

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Comentario

Ésta maravillosa película mexicana de enorme profundidad psicológica nos muestra las consecuencias que la codicia puede tener incluso en el más humilde de los hombres.

Desde el momento en el que se deciden a salir del pueblo con el botín, Evodio, Rita y Fina observan con creciente preocupación cómo el carácter del sencillo Porfirio se va paulatinamente transformando. De ser un hombre apacible, cariñoso y amable pasa a convertirse en un fiero déspota, avieso y huraño, agresivo y paranoico… La evolución del personaje de Porfirio, magistralmente interpretado por Ignacio López Tarso, es una de las peculiaridades más memorables del film.

Su obsesión por “salir de pobre” y “ver mundo” termina llevándole al abismo. Un primer indicio de esa corrupción moral que se apodera del protagonista puede observarse cuando, tras asesinar a los otros dos aldeanos a los que veía como competidores, le dice a su consternado amigo Evodio “y si tú hubieras tratado de impedírmelo (que los eliminara) habrías acabado como ellos” – Incluso a su mejor amigo habría sido capaz de matar si se hubiera interpuesto en su camino. Porfirio quiere dejar de ser un “salvaje” pero paradójicamente se vuelve más salvaje todavía.

Desde que escucha hablar al médico, Porfirio siente grandes ansias por conocer una vida mejor que la que tiene “vegetando en el pueblucho”. Pero por mucha disposición que tenga de hacerlo, sólo consigue salir del pueblo para caer en un pozo sin fondo que le hace aún más miserable. Su sabio padre, antes de expirar, ya le dijo: “¿Salir del pueblo? ¿A qué? Aquí tenemos que trabajar el cacho de tierra que nos tocó” Porfirio: “¿Y para qué es el otro cacho del mundo?” El padre responde: “Para los que viven allí. Si no, todos viviríamos muy amontonaos”… (Un diálogo genial, muy anterior por cierto a los fenómenos contemporáneos de la inmigración masiva y las crisis demográficas – de los que resulta ligeramente premonitorio).

“Rapiña” es una obra maestra sorprendentemente muy poco conocida, que además de entretener (con enormes dosis de drama, suspense y tensión) también invita al espectador a reflexionar sobre la condición humana – algo que muy pocas películas hacen hoy en día.

FHP, marzo de 2016