El virus de Hamburgo – Peter Fleischmann, 1979

El virus de Hamburgo (V.O. “Die Hamburger Krankheit”)

Alemania, 1979

Director: Peter Fleischmann

Guión: Peter Fleischmann, Otto Jägersberg, Roland Topor

Intérpretes: Helmut Griem (Sebastian), Fernando Arrabal (Ottokar), Carline Seiser (Ulrike), Tilo Prückner (Fritz), Ulrich Wildgruber (Heribert)

Música: Jean-Michel Jarre

Género: Ciencia ficción distópica, tragicomedia

Argumento

El médico Sebastian acude a una conferencia gerontológica en Hamburgo sobre cómo prolongar la vida. Uno de sus ancianos compañeros de profesión sufre un colapso y es ingresado en el hospital. Allí acude Sebastian, enterándose de que en la ciudad ha comenzado una misteriosa epidemia, que está segando la vida de cada día más personas. Sobre todo ancianos, pero también gente de todas las edades. Las víctimas suelen sufrir ataques de agresividad como síntoma. Y tienen la particularidad de morir en postura fetal.

Mientras tanto, en la zona portuaria de Hamburgo, la joven Ulrike acude a visitar a una amiga suya prostituta, a la que encuentra muerta. Junto a la casa de la fallecida conoce al vendedor de salchichas Heribert y a su estrafalario amigo Ottokar, postrado en una silla de ruedas. Poco después, unos individuos embutidos en trajes de protección con máscaras de gas, enviados por las autoridades sanitarias, los abducen para internarlos en una clínica, poniéndolos en cuarentena. Allí también está Sebastian, quien tras haber tocado a una de las víctimas de la epidemia es sospechoso de haber sido contagiado.

Todo indica que el brote se ha producido en la zona portuaria, frecuentada por prostitutas y por unos marineros turcos.

Los médicos convencionales consideran que habría que medicar o vacunar a la entera población para evitar que la pandemia se extienda, “por el bien común”. Sebastian, por su parte, no está convencido de la veracidad de las teorías oficialistas.

Unos piensan que el virus ha surgido de manera natural, mientras que otros especulan con la posibilidad de que se trate de una creación sintética, un arma biológica.

En la clínica donde deben guardar cuarentena se produce una estampida general, a consecuencia de un ataque de pánico. Entre otros también escapan Sebastian, Ulrike, Ottokar y Heribert. En la furgoneta salchichera de este último se disponen a huir de Hamburgo (epicentro de la pandemia). La plaga parece estar extendiéndose por todo el país. Los fugitivos irán comprobando que los métodos restrictivos implementados por las autoridades se hacen cada vez más palpables…

Comentario

Interesante producción alemana que casi parece profética, si comparamos lo que nos muestra la película con la situación actual. Un misterioso virus, sumamente contagioso, comienza extenderse causando estragos. Mientras el médico Sebastian es partidario de investigar las causas de su aparición y propagación, para así atajar el problema de raíz, las autoridades sanitarias (¿Aliadas con la industria farmacéutica?) se apresuran a tratar de imponer masivamente medicamentos y vacunas pensando más en el lucro que en los posibles efectos secundarios de los “remedios”.

Sebastian piensa que el entorno (cuerpo y mente) es más importante que el propio virus, para que éste pueda o no asentarse y reproducirse, causando la enfermedad. En un entorno sano (es decir, con un sistema inmunológico fuerte) es poco probable que un factor externo (el virus) pueda causar daños graves (Eso, por cierto, es algo de lo que, al parecer, el propio Pasteur se convenció al final de su vida).

Así puede interpretarse el planteamiento del film, que cuenta en su elenco nada menos que con nuestro Fernando Arrabal (quien interpreta a Ottokar). Arrabal, cuyo principal contribución es al mundo del teatro, también actuó en películas e incluso dirigió algunas (entre ellas “Yo iré como un caballo loco”, de 1973, ya reseñada en este espacio).

Es cuanto menos curioso que en estos tiempos que corren no se difunda la existencia de esta película de contenido tan relevante y visionario.

Resulta muy interesante ver como Heribert, el vendedor de salchichas, termina aprovechando la coyuntura y reciclando sus dotes comerciales dedicándose a la venta de mascarillas, guantes, trajes de protección y demás material sanitario anti-epidémico. Es decir, sin tener ni idea de los nuevos productos que vende, ni de asuntos médicos ni de virus, pasa del negocio de las salchichas a uno completamente nuevo (el dinero ante todo).

La propuesta, además de ser una crítica social, cuenta con momentos de humor negro y absurdo, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que uno de sus guionistas fue Roland Topor – miembro junto a Arrabal y Alejandro Jodorowsky del “movimiento Pánico”. Topor también escribió la historia de “El quimérico inquilino” (1976), llevada a la gran pantalla por Roman Polanski.

La excelente banda sonora de carácter electrónico, atmosférica y envolvente, a base de sintetizadores, fue compuesta por el gran Jean-Michel Jarre, y está mayormente tomada de sus álbumes “Oxygène” y “Équinoxe”.

FHP, julio de 2020

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