Un lugar tranquilo en el campo – Elio Petri, 1968

Un lugar tranquilo en el campo (V.O. Un tranquillo posto di campagna)

Italia, 1968

Director: Elio Petri

Guión: Tonino Guerra, Elio Petri, Luciano Vincenzoni (basados en novela de Oliver Onions)

Intérpretes: Franco Nero (Leonardo), Vanessa Redgrave (Flavia), Georges Géret (Attilio), Gabriella Boccardo (Wanda)

Música: Ennio Morricone

Género: Terror psicológico

Argumento

Leonardo es un pintor que vive con su esposa Flavia en Milán. Él sufre de crisis alucinatorias y delirios varios, tiene realistas pesadillas en las que ve (entre otras cosas) cómo su mujer lo apuñala en la bañera. Leonardo, atormentado por sus neuróticos episodios, está pasando además por una fase de sequía creativa. Lleva meses viviendo exclusivamente del dinero de Flavia, quien pertenece a una familia acomodada. Ella es además para él una especie de agente comercial, que actúa como manager y mediadora en la venta de sus obras.

Angustiado y ansioso por liberarse de las visiones que lo atormentan, Leonardo decide marcharse a una casa de campo a las afueras. Necesita tranquilidad y soledad para recobrar su calma interior y poder concentrarse en su trabajo. Flavia le propone mudarse a la mansión de un aristócrata conocido suyo, que a modo de mecenas acostumbra a comprar los cuadros de Leonardo. Pero el artista se siente atraído por una villa abandonada que ha visto en los alrtededores de Venecia, y desea establecerse allí a toda costa.

Leonardo entra solo en la inmensa y destartalada casa, deshabitada desde hace al menos veinte años. Allí, en las paredes, observa restos de metralla; probablemente de la II Guerra Mundial. Mientras explora la propiedad le sorprende el administrador de la finca, a quien manifiesta su deseo de alquilar la villa. Cuando Leonardo le pregunta si la casa es tranquila, el administrador le responde enigmáticamente que “Sólo la muerte es más tranquila que ésto”. También le confirma que está en venta, aunque “nadie quiere comprarla”…

Inicialmente Flavia se opone a mudarse allí, pero termina por ceder ante la irracional fascinación de su marido. Él mismo todavía no se explica qué es lo que tanto le interesa de aquella casa. El matrimonio empieza a renovar el inmueble, y se establece allí con una criada y el novio de ésta.

Ya desde la primera noche, Leonardo comienza a escuchar allí ruidos extraños, inquietantes chirridos de puertas y crujidos en los suelos de madera. También sonidos que parecen unos sollozos femeninos…

Algunos misteriosos accidentes acontecen en la villa durante los días siguientes, y en todos ellos siempre es Flavia la víctima. La mujer del pintor se libra de milagro de sucumbir cuando se derriba sobre ella un pedazo del tejado, o se salva por los pelos de morir electrocutada mientras se está duchando. Flavia cree que en la casa existe una presencia hostil hacia ella, y regresa a Milán dejando allí a Leonardo solo; para que él recupere su calma y pueda volver a sumergirse en sus tareas artísticas.

Sin embargo, el pintor va obsesionándose cada vez más con esa etérea entidad que parece vagar por las noches en la mansión. A través de los vecinos del pueblo cercano, Leonardo descubre que hasta que fue abandonada durante la II Guerra Mundial, la casa pertenecía a unos condes. La hija de éstos, una bella adolescente llamada Wanda, murió allí en 1944 alcanzada por los disparos de un helicóptero británico. Todo indica que la presencia que Leonardo percibe allí es la del fantasma de aquella joven muerta en trágicas circunstancias. Los aldeanos, además, explican al pintor que la chica era una ninfómana con multitud de amantes. Ente éstos se encontraban el carnicero del pueblo y el actual administrador de la propiedad, ese a quien Leonardo encontró en el jardín de la villa al entrar a inspeccionarla la primera vez.

En el pintor nace un interés morboso hacia la tal Wanda, y se dedica a recabar sobre ella toda la información que le es posible. Además de hablar con el carnicero y el administrador se dirige a Venecia para encontrarse con la madre de la chica, la vieja condesa arruinada, y conseguir por medio de ella fotos y vestidos de la joven.

Leonardo desea establecer un contacto con el espíritu de la bella difunta, y del mismo modo que él se siente atraído por ella también considera que la espectral ninfa se ha encaprichado de él – Interpretando que los “accidentes” sufridos por Flavia fueron provocados por los celos de la fantasma.

Mientras tanto, Leonardo comienza a sospechar que la muerte de Wanda no se produjo como consecuencia de la guerra; sino en unas circunstancias diferentes, relacionadas con su supuesta promiscuidad…

Comentario

En éste film de suspense con turbios toques sobrenaturales se pone de manifiesto el estado mental sumamente frágil del protagonista. La atmósfera hipnótica, así como el trabajo de cámara con los abundantes primeros planos y las escenas oníricas, contribuyen desde el comienzo a mostrar la enajenada psique del personaje principal.

Leonardo nada tiene que ver con su tocayo Da Vinci; pues es un pseudo-pintor dedicado al “arte moderno” abstracto post-vanguardista tan en boga en los años en los que ésta película fue filmada. Los críticos del momento se dedicaban a ensalzar ese tipo de arte, y numerosos snobs compraban esa clase de cuadros (o más bien esos lienzos embadurnados) porque, como reconoce el aristócrata mecenas, era “una buena inversión”. Leonardo, en su subconsciente, se sabe utilizado por su esposa Flavia (quien además es su agente comercial). Ello parece bastante obvio cuando vemos las imágenes alucinatorias del pintor en las que éste es conducido por su mujer en una silla de ruedas: Clara metáfora de que él es como un inválido dependiente de ella.

Leonardo trata de huir de esa situación asfixiante, y una vez en la “tranquila casa de campo” su incipiente locura lejos de evaporarse se acrecienta… Va perdiendo el contacto con la realidad enamorándose de una muerta a la que idealiza. Por su parte, la misteriosa Wanda era una “lolita” célebre en el pueblo vecino por sus escapadas sexuales. El fantasma de la chica actúa como una sirena, atrayendo al desequilibrado pintor hacia una maraña de delirios cada vez más autodestructivos. Cuando Flavia regresa a la casa de campo, Leonardo ya fantasea con asesinarla – Y la delgada línea entre la imaginación y la realidad está cada vez más difuminada…

En muchos aspectos de la estética y también de la temática el largometraje nos recuerda a “La casa de las ventanas que ríen” (Pupi Avati, 1976). En ambas películas el eje central de la narración son un pintor loco y una casa envuelta en escalofriantes misterios.

Leonardo está interpretado por el gran Franco Nero (quien con gran acierto también da vida a un loco en “El tercer ojo” de Mino Guerrini, 1966), y su esposa Flavia es la británica Vanessa Redgrave. El director Elio Petri realizaría más adelante Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha” (1970), un thriller político (protagonizado por Gian Maria Volontè) similar a las propuestas de Damiano Damiani.

La ambientación de ésta “Un lugar tranquilo en el campo” es casi psicodélica, algo a lo que contribuye la atípica banda sonora de Ennio Morricone, de carácter disonante e intencionalmente cacofónico.

FHP, noviembre de 2016

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