El etrusco vuelve a matar – Armando Crispino, 1972

L´etrusco uccide ancora (a.k.a. “El Dios de la muerte asesina otra vez”)

Italia, 1972

Director: Armando Crispino

Guión: Lucio Battistrada, Armando Crispino, Lutz Eisholz (basados en historia de Bryan Edgar Wallace)

Intérpretes: Alex Cord (Jason Porter), Samantha Eggar (Myra), John Marley (Nikos Saramakis), Michele Placido (michele), Remo Girone (Biagio)

Música: Riz Ortolani

Género: Giallo

Argumento

El arqueólogo norteamericano Jason Porter se encuentra en Italia con su equipo para inspeccionar unas tumbas etruscas. Todavía no le ha sido concedida la licencia de entrar en ellas, pero sí puede fotografiarlas usando una sonda. En las paredes una de las subterráneas cámaras fúnebres Jason descubre varios frescos, en los que puede verse al demonio etrusco de la muerte Tuchulcha. El arqueólogo y sus ayudantes deben retirarse de improviso, pues comienza una tormenta.

Las tumbas etruscas se encuentran cerca de la ciudad de Spoleto. Allí vive el excéntrico y acaudalado director de orquesta Nikos Samarakis. Éste millonario sesentón cascarrabias está casado con una mujer llamada Mira, que es mucho más joven que él. En el pasado, Mira tuvo una relación con Jason; pero lo abandonó porque el arqueólogo abusaba del alcohol.

Nikos tiene un hijo, Igor, que no es mucho más joven que Mira. Jason no puede olvidar a su antigua novia y desea que vuelva con él. Nikos es consciente de lo que representa el hecho de que el arqueólogo se halle en los alrededores. Piensa, con razón, que los etruscos no son allí lo único que le interesa. Irene, la servil secretaria del temperamental Nikos, parece estar enamorada de su jefe.

Una parejita se cuela en las ruinas etruscas con intención de solazarse en una de las tumbas. Pero de improviso surge una inquietante figura armada con una especie de barra metálica y la pareja es masacrada a golpes. Las víctimas son colocadas como si fueran esculturas sobre un sarcófago, y a la chica le cambian los zapatos que llevaba por unos rojos de tacón.

Un comisario inicia las investigaciones para esclarecer el macabro doble homicidio. El inspector cree que el autor del crimen es un maníaco sexual con afición a la etruscología. Con sutileza, el detective le hace saber a Jason que sospecha de él. Más tarde, el policía se dirige al teatro donde Nikos ensaya con su orquesta. Unas bailarinas ejercitan una coreografía al ritmo de la música. El comisario ha descubierto que los zapatos rojos que llevaba la muerta proceden de los vestuarios de ese teatro.

Mientras tanto, Jason comprueba que las sondas con las que realizaba las fotografías de las criptas han desaparecido. Y también algunas de las fotos que tomó en los días anteriores del demonio etrusco. El arqueólogo sigue teniendo un serio problema con la bebida, y la presión emocional de estar tan cerca de Mira acrecienta su abuso del whisky.

Después de las pruebas, Igor sale a pasear por el campo con Giselle, una de las bailarinas. Ambos se dirigen a un establo. Jason llega allí poco después y encuentra a ambos ensangrentados y destrozados a golpes. Igor aún vive, pero Giselle no ha tenido tanta suerte.

El comisario también se encarga de las pesquisas éste nuevo crimen, que considera relacionado con el anterior. El hecho de que Jason se encontrara en las inmediaciones acrecienta las sospechas que ya sentía hacia él. Y eso no es todo: El inspector ha descubierto que en EEUU el alcoholismo de Jason le provocó un ataque de delirium tremens que hizo que tuviera que estar internado en una clínica psiquiátrica durante algún tiempo… Desde entonces, averigua el detective, Jason padece esporádicas amnesias y “black-outs”; pierde el control y no sabe lo que hace. Mira revela que fue atacada por Jason con un cuchillo, y muestra la cicatriz en el pecho que la agresión dejó. Desde entonces, ella trató de olvidarle dejándole por Nikos; pero en realidad sigue todavía enamorada del arqueólogo (igual que él de ella).

Además, el policía comprueba que el arma empleada en ambos crímenes fueron las barras que pertenecen a la “desaparecida” sonda fotográfica de Jason.

Por si convertirse en sospechoso de unos crímenes tan atroces no fuera suficiente, el arqueólogo comienza a ser chantajeado por el vigilante de las ruinas. Éste era quien sustrajo las fotos del demonio, y sólo se las devolverá a cambio de una gran suma de dinero. Si el etruscólogo no paga, hará pública una carta que Jason escribió en un momento de desesperación etílica; donde amenaza de muerte a Mira si no vuelve con él.

Por la noche, Jason recibe llamadas amenazantes de una mujer que le insta a abandonar Spoleto y dejar “en paz” a los etruscos…

Comentario

Aunque el título de la película (así como algunas versiones de la carátula) sugiere que estamos ante una zombie-exploitation en la que momias etruscas resurgen de sus tumbas a consecuencia de una maldición milenaria, no es ésta en absoluto la trama del film. “L´etrusco uccide ancora” es un giallo inteligente y original, en el que las causas de los sangrientos homicidios son bastante menos sobrenaturales de lo que podría parecer. Los etruscos como italo-zombis aparecen en la entrañablemente bizarra “Burial Ground: Le notti del terrore” (Andrea Bianchi, 1981).

Desde el inicio, el irascible Nikos insinúa el tema de la reencarnación o de la posesión por parte de los sumos sacerdotes etruscos para poder seguir ejecutando en la actualidad sus siniestros sacrificios rituales en honor del demonio Tuchulcha. Parece existir una conexión entre esa maligna deidad y los asesinatos; pues siempre una pareja es atacada, y los cadáveres son colocados siguiendo un cierto “protocolo”. En las imágenes del fresco puede verse como Tuchulcha golpea con una maza a varias parejas de amantes. Jason está convencido de que alguien está recreando esos arcanos y bestiales sacrificios, fabricando pruebas falsas para incriminarle a él. La policía sospecha de Jason y éste a su vez de su gran rival Nikos…

Durante las escenas de tensión y violencia, el director recurre al siempre eficaz método de la cámara subjetiva. Los momentos sangrientos, vistos desde la perspectiva del asesino, resultan así sumamente impactantes. El espectador observa a través de los ojos del “etrusco” cómo éste se acerca lentamente y con respiración pesada a las parejas que retozan ajenas a la amenaza que se cierne sobre ellas. Esas secuencias recuerdan a las que con gran éxito emplearía Joe D´Amato en su “Antropophagus” (1980). A ésto hay que añadirle un poderoso acompañamiento musical, a base de unos épicos coros – grabados en cassette, y que por algún determinado motivo el asesino activa cada vez que va a cometer un crimen.

La conclusión, con el trauma infantil como origen de todo el mal, resulta reminiscente de la posterior pero mucho más conocida “Profondo Rosso” (Dario Argento, 1975).

Memorable resulta también el montaje de la película. En la escena de la reconstrucción de los hechos por parte del comisario vemos simultáneamente intercaladas imágenes del momento de los asesinatos; y también hay algunos flashbacks procedentes de la atormentada mente alcohólica del protagonista que son dignos de mención. La atmósfera del film está muy bien conseguida, así como su clímax en la cripta de una iglesia – con los esqueletos en las vitrinas de fondo.

Jason está interpretado por Alex Cord, actor que tiene un parecido asombroso con Jeff Blynn – quien a su vez interpreta al inspector de “Giallo a Venezia” (Mario Landi, 1979). Tanto Cord como Blynn se asemejan a su vez al más conocido Maurizio Merli.

Entre los secundarios destaca Carlo De Mejo como Igor, quien más adelante participaría en clásicos de Lucio Fulci como “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” (1980) y “Esa villa junto al cementerio” (1981). También aparece Christina von Blanc (como la novia del vigilante), a quien vimos en “Virgen entre los muertos vivientes” (Jesús Franco, 1973).

L´etrusco uccide ancora” es probablemente la más destacable de las películas de su director Armando Crispino; quien también realizó el giallo “Autopsy” a.k.a. “Macchie solari”, en 1975.

El largometraje es una co-producción italo-germana-yugoslava y fue parcialemente filmado en Serbia. La banda sonora fue compuesta por Riz Ortolani, autor de las músicas de “Cannibal Holocaust” (Ruggero Deodato, 1980).

FHP, noviembre de 2016

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