El escapulario – Servando González, 1968

El escapulario

México, 1968

Director: Servando González

Guión: Jorge Durán Chavez, Rafael García Travesi, Servando González

Intérpretes: Enrique Lizalde (Pedro), Enrique Aguilar (Padre Andrés), Ofelia Guilmáin (María), Eleazar García (Tío Juan)

Música: Gustavo César Carrión

Género: Drama, terror

Argumento

El padre Andrés, que acaba de llegar como nuevo cura a un pueblo, es llamado una noche a la casa de una moribunda para darle la extrema unción. Dos bandidos acechan entretanto al sacerdote, con la intención de robarle. Pero para ello deciden esperar a que le dé la absolución a la anciana.

Doña María, postrada en la cama, le entrega al padre Andrés una reliquia que considera milagrosa: Un escapulario capaz de salvar vidas, y que según ella protegió en el pasado a sus hijos. La mujer nota el escepticismo del cura, y para tratar de convencerle comienza a contarle la historia de sus hijos…

Julián, el mayor de ellos, era un militar que desertó del ejército para unirse a los sublevados contra el dictador Porfirio Díaz. A instancias de su madre, llevaba el escapulario colgado al cuello; aunque sin darle demasiado crédito a sus poderes. Una vez que se ha unido a la causa de los rebeldes, es arrestado al colocar una carga de dinamita en un tren repleto de armas que iban a ser entregadas al ejército. Por ello es condenado a la pena de muerte, pero cuando está a punto de ser fusilado, un emisario llega con la orden de suspender la ejecución. Al parecer, el coronel desea interrogarle antes. Aunque por el momento ha salvado la vida, Julián no cree que su buena fortuna pueda deberse a la influencia del escapulario. Por la noche, uno de los soldados porfiristas dice estar de su parte y le propone un plan de fuga. Julián se muestra receloso al principio, pero accede a escaparse siguiendo las instrucciones que el soldado le indica. Pero mientras corre a través del campo nublado, los militares son alertados de la evasión y comienzan a disparar contra él. Julián cae malherido, alcanzado por las balas, pero sorprendentemente sigue con vida…

El otro hijo de doña María, Pedro, vivía con su tío Juan. Ambos eran artesanos talabarteros. Juan era mudo porque soldados de Porfirio Díaz le cortaron la lengua. Pedro se enamoró de una joven llamada Rosario, sobrina de un rico hacendado. Al ser él de orígenes humildes y ella de la clase alta, parece un amor imposible. Pedro la ve pasar cada mañana cuando se dirige a misa, y la sigue. Pronto, ella se percata de que tiene un admirador, y comienzan los intercambios de miradas.

Pedro encuentra cerca de la iglesia a un hombre que está vendiendo sus escasas pertenencias para poder reunirse con los sublevados. Le llama la atención que el insurgente trata de vender un escapulario muy similar al que tenía su madre, y al que portaba su hermano Julián. Pedro le compra la reliquia y se la cuelga al cuello. Poco después, descubre que el individuo que se la vendió no llegó muy lejos, pues lo ve apresado por las tropas porfiristas.

Por su parte, el tío de la chica, que actúa como el cacique del pueblo, se entera de esos flirteos y está decidido a de impedir a toda costa el idilio en ciernes. Para ello, escribe una carta donde haciéndose pasar por Rosario sugiere una cita nocturna entre ambos en una casa de campo apartada… Se trata obviamente de una cita-trampa, pues el hacendado tiene la intención de matar a Pedro.

Éste, sin sospechar nada malo, se dispone a acudir a la cita. Por el camino encuentra un árbol de cuyas ramas penden varios ahorcados: Uno de ellos es el que le vendió el escapulario… Pedro se da cuenta de que éste aún vive pese a estar colgado…

Cuando doña María le cuenta al padre Andrés cómo concluyeron las historias de Julián y Pedro, el joven cura le pregunta qué fue de sus otros dos hijos; pues en la fotografía que le ha enseñado aparecen cuatro niños. La moribunda repone que los dos más pequeños desaparecieron cuando tenían 6 y 7 años respectivamente, después de que unos bandoleros atacaran el poblado. Nunca más supo de ellos.

Cuando el cura concluye la visita, los dos bandidos vistos al principio siguen al acecho. Uno de ellos lo aborda con engaños para atraerlo a una zona solitaria donde le espera su cómplice…

El padre Andrés, instantes más tarde, descubrirá con estupor que la señora a la que acaba de ver, la anciana que le ha contado las historias de sus hijos, en realidad está muerta desde hace siete años…

Comentario

El clásico cine de terror gótico mexicano ha dado grandes joyas como la filmografía de Carlos Enrique Taboada, y algunas películas muy interesantes como “El beso de ultratumba” (Carlos Toussaint, 1963), “La muñeca perversa” (Rafael Baledón, 1969) y “El espejo de la bruja” (Chano Urueta, 1962). Ésta que hoy nos ocupa no puede clasificarse estrictamente en esa categoría, aunque sí recoje elementos propios del género. El terror gótico, con ese característico hálito sobrenatural que tan acertadamente plasmaban los cineastas mexicanos de aquellos años, aparece sobre todo hacia el último tramo. También la escena de los ahorcados tiene una lograda atmósfera fantasmagórica.

El escapulario”, ambientada en el México pre-revolucionario, está bastante más en la línea de la primera adaptación fílmica de “Pedro Páramo” (Carlos Velo, 1967). Además del contexto histórico, ambos largometrajes poseen una estructura similar: No líneal, sino con historias intercaladas a base de flashbacks. Existen varias subtramas dentro de la trama principal, y todo termina cuadrando y confluyendo en el desenlace: Cuando el cura descubre quién era la misteriosa anciana del escapulario.

Tanto en “Pedro Páramo” como en “El escapulario” se hace hincapié en la delgada línea que existe entre la vida y la muerte; algunos personajes que creemos vivos resultan ser espectros. También se pone de manifiesto lo ilusorios que pueden resultar los paradigmas espacio-temporales.

La acción principal (la de la visita del cura a la moribunda, pues las historias de los hijos forman parte de los flashbacks y subtramas) se desarrolla precisamente el 20 de noviembre de 1910, el mismo día que estalló de manera oficial la revolución mexicana.

En el aspecto técnico, destacan las innovadoras tomas subjetivas que se emplean en varias ocasiones a lo largo del film; especialmente al inicio.

Alicia Bonet, la actriz que interpreta a Rosario, es la misma que protagoniza la magnífica “Hasta el viento tiene miedo” (Carlos Enrique Taboada, 1968).

Ofelia Guilmáin, quien da vida a doña María, era originalmente española y llegó a México durante la guerra civil. Participó en “Nazarín” (1959) y “El ángel exterminador” (1962), ambas de Luis Buñuel. También en la antes mencionada “La muñeca perversa”.

FHP, septiembre de 2016

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