Milán: el clan de los calabreses – Giorgio Stegani, 1974

Milano: il clan dei calabresi (a.k.a. The last desperate hours)

Italia, 1974

Director: Giorgio Stegani

Género: Polizziesco

Guión: Giovanni Addessi, Franco Barbaresi, Camillo Bazzoni

Intérpretes: Antonio Sabato (Paolo Mancuso), Silvia Monti (Laura), Pier Paolo Capponi (Inspector), Peter Carsten (Maraschi)

Música: Gianni Marchetti

Argumento

Paolo Mancuso controla los bajos fondos de Milán junto a sus socios Dario Lippi y Maraschi. Los tres se reparten el lucrativo negocio de la prostitución. Pero la llegada a la ciudad de una nueva banda compuesta por calabreses amenaza la hegemonía del delictivo triunvirato. Los calabreses, más jóvenes y violentos, coaccionan a las prostitutas para que pasen a trabajar para ellos.

Mancuso es un hombre poderoso, sin antecedentes penales, que maneja el crimen organizado con una máscara de respetabilidad. Nunca ha tenido problemas con la justicia y oficialmente consta como un íntegro empresario. Un gran séquito de esbirros trabaja devotamente para él. Se cree intocable, fuera de toda sospecha, en la cúspide, blindado ante todo tipo de contratiempos.

Una noche, tras despedirse de su amante Laura (que regenta un prostíbulo para él), Paolo se dispone a retornar a casa. Toma su lujoso automóvil deportivo y conduce a través de la carretera, cuando se percata de que una decena de motoristas le está siguiendo. Se inicia una persecución, produciéndose un accidente. El vehículo explota, pero Paolo logra salir a tiempo y se refugia en un edificio que parece ser una fábrica, cerca de la autopista.

Los sicarios bajan de sus motos y le siguen, empuñando sus pistolas. Paolo también está armado, y se produce un tiroteo. La fábrica resulta ser un centro de investigaciones farmacológicas. El vigilante, que ha oído los disparos, avisa a la policía; las sirenas no tardan en escucharse y los matones motoristas se marchan sin finalizar la tarea que les había sido encomendada. Mientras tanto, tratando de dar esquinazo a sus perseguidores, Mancuso se ha introducido en unos laboratorios. Allí hay ratas que están siendo sometidas a experimentos, y una de ellas le muerde en la mano. Paolo sale antes de que llegue la policía.

Un expeditivo comisario comienza a investigar la explosión del coche y el tiroteo ocurrido en las inmediaciones del centro farmacológico. Allí los científicos responsables han descubierto gotas de sangre humana en el laboratorio, y deducen que quien se introdujo allí la noche anterior sufrió la mordedura de una de las ratas. El comisario es informado de que esas ratas eran portadoras de un virus muy contagioso, que puede ocasionar la muerte a una persona infectada. Tal virus tiene un tiempo de incubación de 24 horas, al cabo de las cuales el que haya sido mordido comenzará a notar los síntomas. Y lo peor es que se trata de un bacilo sumamente contagioso, capaz de provocar una epidemia.

Paolo, entretanto, ha regresado a su mansión. Les comunica a sus hombres que intentaron matarlo y que huyendo de ellos se ocultó en ese centro farmacológico, donde fue mordido por una rata. Llama también a sus socios Dario y Maraschi, para tratar de organizar un contraataque. Envía a varios de sus lacayos a interrogar bajo torturas a informadores del mundo del hampa, para descubrir dónde están quienes trataron de matarlo – suponiendo que se trata de los calabreses. Así, Paolo descubre con consternación que fueron sus socios Dario Lippi y Maraschi quienes intentaron quitarlo de en medio. Éstos estaban confabulados con la banda de los calabreses.

Al tener conocimiento de esa traición, Paolo decide vengarse. Una guerra de bandas con tiroteos y ajustes de cuentas comienza en Milán. Por su parte, el comisario ha descubierto que el coche deportivo siniestrado junto a los laboratorios estaba a nombre de una tal Laura Monachesi – la amante de Paolo. Acertadamente, el comisario sospecha que ella es tan solo una testaferro del presunto proxeneta. El jefe policial encarga a uno de sus informadores, un prostituto travesti, que averigüe nuevos datos sobre la ola de crímenes iniciada entre los grupos que controlan la trata de blancas. El travesti reafirma al comisario en sus suspicacias hacia el empresario, supuestamente respetable, Paolo Mancuso.

Éste, mientras tanto, escucha por la radio la noticia difundida sobre el allanamiento del laboratorio: Paolo descubre así que está infectado, y que le queda poco tiempo de vida si no se entrega.

Para añadir más amargura a su dramático destino, los hombres que trabajan para Paolo le abandonan al comprender que él es el infectado. Todos comienzan a rehuírlo, temerosos de un contagio. Algunos de ellos, como su guardaespaldas Gino, se pasa al bando de Lippi y Maraschi.

Ante la disyuntiva de acudir de inmediato a un hospital para curarse pero ser arrestado o proseguir su venganza contra sus ex-socios pero morir sin remedio, Paolo se decanta por ésta última opción…

Comentario

En éste original y dramático polizziesco, un importante jefe del crimen que se creía con una posición firme y consolidada, comprueba tras el fortuito mordisco de una rata lo frágil que era tal posición; debiendo enfrentarse no sólo a una muerte casi segura sino también a las traiciones de socios, empleados, fingidos amigos, o a la de su amante. El infectado Paolo Mancuso (quien descubre que todos éstos estaban con él sólo por interés) inicia una carrera contrarreloj para vengarse de los que considera responsables de su desgracia. Se ciñe literalmente a la máxima de “vivir el día como si fuera el último” y ya no piensa en las consecuencias de sus actos, porque sabe que no tiene nada que perder. Mientras tanto, la policía le pisa los talones; y el hampa trata de frenarlo a toda costa.

Sólo un joven empleado llamado Renzo se muestra leal hacia Mancuso, porque éste le había sacado de la miseria. Pero Paolo lo manda de vuelta a su tierra natal, pagándole por adelantado su sueldo de cuatro meses. Sabe que el muchacho, pese a sus buenas intenciones, nada puede hacer por él. Sin embargo, una pequeña esperanza de sobrevivir se presenta cuando Lidia, la ex-mujer de Paolo, accede a ayudarle. Ella puede contactar a un médico amigo que neutralice el virus mediante un suero; sin necesidad de que Mancuso vaya a un hospital público – donde inevitablemente le registrarían, provocando ello su consiguiente arresto…

En su estilo y estética éste polizziesco recuerda bastante a las películas del género del gran Fernando Di Leo; especialmente a “La mala ordina” (1972). Hay, al igual que en esa película, una escena de enfrentamiento y tiroteo en un cementerio de coches. En ambos largometrajes el mundo de la prostitución es usado como escenario, y el respectivo protagonista inicia una venganza a la desesperada. Además, está presente el elemento de crítica social: A través del personaje de Merenda (un delincuente de poca monta que es interrogado por el comisario) se hace hincapié en las grandes diferencias existentes entre los italianos del industrializado norte y los del empobrecido sur; en la discriminación que éstos últimos sufren a veces en su propio país. Ese Merenda, personaje secundario que durante la mayor parte del metraje pasa casi inadvertido, tendrá una importancia clave en el memorable y potente clímax de la película.

El director Giorgio Stegani sería más adelante uno de los co-autores del guión de “Holocausto Caníbal” (Ruggero Deodato, 1980). Escribió y realizó además varios italo-westerns en la década de los ´60. Paolo Mancuso está interpretado por Antonio Sabato, a quien vimos en el rol de detective en “…a tutte le auto della polizia” (Mario Caiano, 1975). Y el actor que da vida al comisario, Pier Paolo Capponi, es curiosamente un gangster calabrés en “Il Boss” (Fernando Di Leo, 1973). También participa Capponi en otra película de Di Leo: “I ragazzi del massacro” (1969).

La banda sonora, muy funky-setentera así como con toques de armónica y arpa bucal, fue compuesta por Gianni Marchetti.

FHP, agosto de 2016

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