Los asesinos son nuestros huéspedes – Vincenzo Rigo, 1974

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(Imagen: amazon)

Gli assassini sono i nostri ospiti

Italia, 1974

Director: Vincenzo Rigo

Género: Polizziesco

Guión: Renato Romano, Bruno Fontana

Intérpretes: Anthony Steffen (Dr. Guido Malerva), Margaret Lee (Eliana), Luigi Pistilli (Comisario Di Stefano), Gianni Dei (Franco), Erika Blanc (Susie)

Música: Roberto Rizzo

Argumento

Durante los títulos de crédito vemos a modo de preámbulo fílmico cómo una atractiva joven le roba el coche a un travesti. Ese automóvil va a ser utilizado para huir tras el atraco que la chica y su banda han planeado contra una joyería.

Eliana, que así se llama la bella ladrona, forma parte de un grupo de delincuentes al que también pertenecen Mario, Eddie, Franco y un cuarto cuyo nombre no es revelado. Eddie, con un marcado acento francés, parece ser el líder; y se dedica a desempeñar las tareas de vigilancia posicionándose en un bar frente a la joyería en la que sus cómplices están por irrumpir.

Los cuatro encapuchados perpetran el atraco, pero no todo sale como estaba previsto. No se trata de un trabajo limpio y rápido como esperaban. Se produce un tiroteo en el que uno de los empleados de la joyería y un cliente pierden la vida, mientras que uno de los asaltantes es herido de gravedad.

Tras ello, los delincuentes escapan con el botín y la policía es notificada inmediatamente del delito. El comisario Di Stefano toma las riendas de la investigación y ordena a sus agentes que peinen toda la ciudad en busca de los sospechosos.

Franco, el atracador herido, está perdiendo mucha sangre y necesita atención médica con urgencia. Eliana busca la dirección de un médico en las páginas amarillas de una cabina telefónica. Poco después, el coche de los bandidos sufre un accidente. El conductor, inconsciente tras el impacto, no puede continuar; y en lugar de socorrerlo, su secuaz Mario lo remata descerrajándole un tiro en la cabeza a sangre fría.

Eliana y Mario, cargando a su ensangrentado compinche, llegan a la villa del doctor Guido Malerva. Usando coacción, instan al médico a que salve al malherido Franco. Pero Guido se da cuenta de que no hay mucho que pueda hacer, pues el atracador debería ser atendido en un hospital y operado sin demora. En ésto que llega Mara, la esposa del médico. Eliana y Mario toman al matrimonio como rehén, a la espera de que llegue Eddie, el jefe de la banda.

A la comisaría acude mientras tanto el travesti visto al inicio, para denunciar el robo de su coche. En base a las descripciones del vehículo, el comisario termina dándose cuenta de que se trata del mismo automóvil empleado por los atracadores de la joyería.

En la casa de los Malerva, comprobamos que la relación entre Guido y su mujer es un tanto tumultuosa. Ella le echa en cara su pasividad y parece estar bastante aburrida con su esposo. Ello divierte a Eliana y Mario, quienes no dudarán en aprovecharse (sexualmente) de las circunstancias.

Más tarde en la noche llega finalmente Eddie. Éste recrimina con dureza a sus socios la caótica ejecución del plan, provocando muertos en la joyería y habiendo involucrado a terceras personas (el médico y su mujer). Pero el suculento botín está intacto y eso le parece lo más importante. El moribundo Franco ya agoniza y cuando está claro que nada pueden ya hacer por él, Eddie decide que deben marcharse, llevándose a Mara como rehén.

Sin embargo, cuando se disponen a abandonar la villa, alguien llama al timbre: Se trata de dos policías… Los agentes están buscando a los criminales porque tienen indicios de que se hallan en la zona, y desean acceder a la propiedad de Guido para cerciorarse de que todo está en orden. Eddie ordena al médico, mientras le apunta con una pistola, que les permita entrar y que actúe con naturalidad; para que así se marchen cuanto antes…

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(Imagen: rewindfilm)

Comentario

Si bien la película comienza como un rutinario polizziesco con atracadores, persecuciones y comisarios siguiendo las pautas habituales y mil veces vistas, gracias a los efectivos giros de guión pronto se van desarrollando dinámicas situaciones que cogen desprevenido al espectador. No sólo hay acción a raudales sino también una buena dosis de suspense e intriga, con los momentos tensos muy bien dosificados. No faltarán tampoco escenas de alto voltaje sexual, con lesbianismo incluído.

El film que nos ocupa puede considerarse una simbiosis muy acertada entre el clásico polizziesco y el subgénero de “delincuentes que toman rehenes y abusan sádicamente de ellos” – Un tipo de película muy en boga en la Italia de aquellos años e inaugurado con el éxito de “La última casa a la izquierda” (Wes Craven, 1972). De hecho el nombre de éste largometraje, “Los asesinos son nuestros huéspedes”, podría haber servido perfectamente como título alternativo de la célebre opera prima de Craven.

Pero no todo es lo que parece, y hay una sorpresa final que no se ve venir – Aunque el comisario Di Stefano no tarda en comprender el “plan maestro”; impidiendo así que “las palomas levanten el vuelo”.

El doctor Guido Malerva está interpretado por Anthony Steffen, protagonista masculino de “La noche que Evelyn salió de la tumba” (Emilio P. Miraglia, 1971). La hermosa pero gélida Eliana está encarnada por Margaret Lee, a quien vimos en el polizziesco “Bandidos en Milán” (Carlo Lizzani, 1968) y en la erótico-sangrienta “La bestia mata a sangre fría” (1971) del maestro Fernando Di Leo. Eliana/Margaret es fría y caliente al mismo tiempo, por paradójico que ello pueda sonar…

También aparece, en el rol de Franco, Gianni Dei; cuyo papel más memorable es probablemente el que desempeña en “Giallo a Venezia” (Mario Landi, 1979). Entre los demás actores que intervienen en ésta “Gli assassini sono i nostri ospiti”, destacan Luigi Pistilli como el patilludo comisario y Giuseppe Castellano como el patibulario Mario. Ambos son secundarios habituales en el cine italiano de los años setenta. Pistilli ha participado en la Trilogía del Dólar de Sergio Leone y Castellano en “Milano Calibro 9” (Fernando Di Leo, 1972) y en “El pájaro de las plumas de cristal” (Dario Argento, 1970).

FHP, septiembre de 2016

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