El esqueleto de la señora Morales – Rogelio A. González, 1960

El esqueleto de la señora Morales

México, 1960

Director: Rogelio A. González

Género: Comedia

Guión: Luis Alcoriza, basado en historia de Arthur Machen.

Intérpretes: Arturo de Córdova (Pablo), Amparo Rivelles (Gloria), Guillermo Orea (Profesor), Rosenda Montero (Meche)

Música: Raúl Lavista

Argumento

El matrimonio de Pablo y Gloria no es precisamente idílico. Ella es una santurrona que amarga a su marido haciéndose la víctima con el párroco de la congregación y las demás beatas. A ella le repugna la profesión de su esposo: Pablo es taxidermista, y se dedica a disecar animales por encargo. En su taller colecciona también huesos humanos con los que compone esqueletos que vende a las universidades o centros de estudios anatómicos. Gloria padece una cojera, y siente por ello un gran complejo de inferioridad, que trata de sobrellevar con una hiperbólica devoción religiosa. Siempre se hace la mártir (“Dios nos envía los sufrimientos para probarnos”), exasperando cada vez más a su paciente marido.

A Pablo le gusta de vez en cuando salir a tomarse unas copas con sus amigos (Con los que, entre otras cosas, discute en la taberna sobre cómo sería “un crimen perfecto”…) Gloria exagera la dimensión de sus parrandas, quejándose en la congregación de que su cónyugue es un borracho pendenciero, un juerguista impenitente. De naturaleza alegre y extrovertida, Pablo vive mortificado con una mujer que no hace más que lamentarse. Ahora, Gloria incluso empieza a tener celos de la joven criada; acusándola sin fundamento de tratar de seducir a su marido.

Pablo ha estado ahorrando para poder comprarse una cámara de fotos. Cuando finalmente consigue el dinero que necesitaba, descubre que no se encuentra en el lugar donde lo había guardado (La boca de un jaguar disecado que tiene en su taller). De inmediato sospecha que su mujer le ha sustraído la suma, y efectivamente Gloria había tomado mil pesos para donarlos a la congregación. Pablo consigue que el cura le devuelva el dinero y finalmente logra comprarse la ansiada cámara. Pero Gloria, en uno de sus episodios neuróticos, le destroza el aparato fotográfico. Y no contenta con eso, se pone a gritar a todo pulmón “Pablo, no me pegues” para que los vecinos crean que la está golpeando. Cuando él sale indignado de la casa, ella deja de gritar. Y cuando regresa horas más tarde, se encuentra a su mujer con el cura y las demás beatas… Llena de moratones que ella misma se ha hecho, para dar así la impresión de que su marido le ha pegado una paliza.

Con ésto, Gloria ha ido demasiado lejos… Pablo se casó estando enamorado de ella, pero a lo largo de 15 años (de suplicio) esa mujer se dedicó a amargarle la vida – Haciéndoles creer a los demás que el malvado y tiránico agresor era él. Aunque están casados, ella ni siquiera le permite tener sexo; pues teme que si tuvieran hijos éstos heredarían su cojera. Gloria se niega rotundamente a divorciarse, porque “es pecado” (A ésto, el marido responde que “La Iglesia acepta la separación de cuerpos… Aunque claro que los nuestros, más separados no pueden estar”). Una vez más, ella asegura que el estar casados, “es una prueba de sufrimiento que les manda Dios”… Y que “el matrimonio es hasta que la muerte nos separe”.

Ésta famosa frase, unida a las charlas sobre “el crimen perfecto” con sus compadres en la taberna, le da a Pablo una idea… La convivencia con Gloria es ya tan insostenible que se ha hecho necesario encontrar una solución drástica. Así, el taxidermista idea un plan para llevar a la cansina mojigata “más cerca de Dios”. Para implementar dicho plan, su experiencia en las artes embalsamatorias le vendrá como un anillo al dedo; así como también el horno incinerador que tiene en su taller y los esqueletos humanos que se dedica a montar – Pues uno de ellos será el de su señora…

Comentario

Ésta divertidísima comedia de humor macabro está basada en un relato del autor galés de cuentos fantásticos y de terror Arthur Machen. La adaptación fílmica corrió a cargo de Luis Alcoriza, quien escribió el guión de la película para que fuera rodada por Rogelio A. González. Alcoriza, español de nacimiento, dirigiría más adelante la excelente “Terror y encajes negros” (1985), que también destila humor negro a raudales.

Se nota en muchos aspectos que Alcoriza fue un colaborador de Luis Buñuel – quien era como él un expatriado español en México durante mucho tiempo. En “El esqueleto de la señora Morales” no encontramos muestras de surrealismo, pero aún así el estilo buñueliano es patente; sobre todo en lo que respecta a la temática: Una ácida y mordaz crítica al castrante fanatismo religioso – En éste caso, la fuente de la neurosis de Gloria es la malformación de su rodilla, pero los complejos psicológicos que padece por su defecto físico son “alimentados” (por así decirlo) a causa de sus hilarantes obsesiones beateriles.

El asunto del taxidermista con oscuros secretos que ocultar nos recuerda a “Buio Omega” (Joe D´Amato, 1979) y al film original que inspiró a esa película, “El tercer ojo” (Mino Guerrini, 1966). Aunque en ambos largometrajes italianos mencionados, las motivaciones de los respectivos protagonistas son más bien la contraria a la del Pablo de ésta comedia mexicana. Éste último busca deshacerse de su mujer como sea, y sus compañeros de profesión italianos quieren conservar a sus difuntas novias más allá de la muerte, embalsamándolas – y adentrándose así en el sórdido terreno de la necrofilia.

Gloria, la señora Morales que da título al largometraje, está interpretada por Amparo Rivelles – española al igual que el guionista. A ésta actriz la vimos en otra excelente comedia negra mexicana: ¿Quién mató al abuelo?” (1972) de Carlos Enrique Taboada. La hermana de Gloria está encarnada por Angelines Fernández; quien años más adelante se haría célebre en la pequeña pantalla de todos los países de habla hispana apareciendo como “Doña Clotilde” en la mítica serie de “El Chavo del 8”. También ella era originalmente española.

FHP, noviembre de 2016

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2 respuestas a “El esqueleto de la señora Morales – Rogelio A. González, 1960

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