Historia de vida y malavida – Carlo Lizzani, 1975

Historias de vida y malavida (V.O. Storie di vita e malavita – Racket della prostituzione minorile)

Italia, 1975

Director: Carlo Lizzani

Género: Drama, polizziesco

Guión: Mino Giarda, Carlo Lizzani, Marisa Rusconi

Intérpretes: Cinzia Mambretti (Rosina), Cristina Moranzoni (Gisella), Annarita Grapputo (Daniela), Sabrina Siani (Lenni)

Música: Ennio Morricone

Argumento

Después de que su padre perdiera trágicamente la vida en un accidente laboral, la adolescente Rosina llega a Milán procedente de Cerdeña en busca de trabajo. La chica, de 16 años, trata así de ayudar a su familia; madre viuda y hermanos pequeños. En Milán es acogida por su prima mayor Elsa, quien junto a su marido está involucrada en turbios asuntos de contrabando. A través de Elsa, Rosina encuentra una ocupación como montadora de cassettes. No tardará en darse cuenta de que se trata de una labor muy mal remunerada, y que además sólo sirve como tapadera al negocio del tráfico ilegal de tabaco.

Elsa anima a Rosina a que salga de fiesta por Milán. En una discoteca, la ingenua jovencita insular conoce a un apuesto joven llamado Salvatore, quien comienza a cortejarla. Éste se comporta de manera muy caballerosa y galante, siempre exageradamente respetuoso y considerado. Tanto es así que sus amigos le apodan “Velluto” (“Terciopelo”) por su delicadeza con las mujeres. La chica termina enamorándose de él. Quince días después de su primera cita, Rosina le entrega su virginidad. Él llega a proponerle el matrimonio. Tras pelearse con su prima, Rosina se instala en casa de Salvatore. Pero pronto comienzan los contratiempos: Salvatore dice estar en una situación económica muy precaria. Le propone a la chica una “solución”, una manera en la que ella podría “ayudarle”: Si ella le ama, deberá realizar por él un “sacrificio”, mediante “el comercio de su cuerpo”. Sólo será “algo temporal”, le asegura. Rosina ha caído en las garras de un manipulador proxeneta…

Un hombre y una mujer que trabajan como enlaces para una red de prostitución de lujo llevan a Gisella a un ginecólogo perteneciente a la trama para que certifique la virginidad de la joven. Los clientes, gente muy poderosa, solicitan chicas vírgenes con acreditación. En la consulta, Gisella se resiste a dejarse examinar; y el médico le dice que si ella le da una buena explicación de por qué una chica tan atractiva como ella sigue virgen, firmará el certificado sin necesidad de comprobarlo. Gisella accede y comienza a contar su historia (que vemos en forma de flashback). Crecida en el seno de una familia pudiente, siempre fue sobreprotegida por su neurótica madre. La señora trataba de impedir a toda costa que su hija tuviera amistades con chicos. La madre, además, trataba de emparejarla con un abogado cincuentón amigo de la familia. Así, por rebeldía y espíritu de contradicción, Gisella entró en contacto a través de una compañera del instituto con Alberto y Anna (la pareja de la red de prostitución que la lleva al ginecólogo). Gisella acude a una fiesta en el apartamento de éstos, donde los asistentes realizan un curioso juego: Cuando se apagan las luces, todos deben desnudarse; y estar completamente desvestidos cuando vuelvan a encenderse. Al principio Gisella se resiste, pero termina por ceder a causa de la presión del grupo. Cuando las luces se encienden, Gisella ve que algunos de los asistentes (vestidos) se dedican a hacer fotos de los que están desnudos, ella incluída. Esas fotos, en las que se ve a Gisella junto a otras personas de ambos sexos, todos sin ropa, son el chantaje que la banda emplea para forzar a “colaborar” a las chicas que capta: “Si no nos obedeces, les mandaremos las fotos a tus padres”…

Daniela, de 17 años, pertenece a una familia de alto poder adquisitivo. Tras acostarse con Giulio, él está convencido de que la chica ha tenido un orgasmo; pero ella se jacta de haberlo fingido, de haber sabido engañarlo: Pues Daniela ya lleva más de un año trabajando como prostituta y afirma que lo más difícil de esa “profesión” es fingir bien los orgasmos. En realidad ella es frígida, y decide contarle a Giulio por qué comenzó voluntariamente a alquilar su cuerpo. Todo comenzó cuando una tarde escuchó una llamada telefónica de su padre, en la que éste conversaba jocosamente con un amigo sobre las chicas “de la edad de mi hija” con las que se acostaba pagando. Además, Daniela encontró unas cintas en las que su madre grababa monólogos para preparar sus sesiones psicoterapéuticas; en las que decía que nunca había querido tener a su hija. Considerando que sus burgueses padres ocultaban sus auténticas personalidades tras máscaras de hipocresía, Daniela decidió, por desengaño, entrar en la red de prostitución de lujo – Con la esperanza de sorprender un día su padre cuando éste la descubriese como prostituta durante uno de sus escarceos…

Antonietta, una quinceañera de provincias, se ha quedado embarazada. Su madre reacciona histérica al enterarse. Cuando al pueblo llega de visita Trina, una mujer originalmente de allí que ahora vive en Milán, Antonietta le pide que la lleve con ella a la ciudad; pues la vida en casa de sus padres se ha tornado insostenible. Pronto Antonietta descubrirá que Trina no trabaja de peluquera, como ella al principio creía, sino como captadora para una red de prostitución…

Comentario

Éste dramático largometraje sobre la prostitución está dividido en varios segmentos que retratan cada uno el caso concreto de una chica. Las jóvenes protagonistas no tienen ninguna relación entre ellas: Ni los mismos orígenes (las hay de todas las clases sociales) ni tampoco las mismas razones o circunstancias por las cuales entraron a formar parte de la red (unas engañadas, otras por necesidad, otras por voluntad propia, o incluso por ninfomanía). Pero la acción se desarrolla siempre en Milán, y los distintos segmentos están hilvanados a través de otra microhistoria que sirve de enlace, de “esqueleto” para la película: En las escenas iniciales, antes de que aparezcan los títulos de crédito, vemos como una señora mayor y una jovencita realizan autostop en una carretera. Podría pensarse que son madre e hija. Cuando uno de los camioneros para, la vieja dice que quieren acercarse a la ciudad, y poco después (una vez ya están dentro) revela sus auténticas intenciones: La “madre” alquila a la chica de 13 años como felatriz… Sin embargo, no pagan tributo a la gran red milanesa de la prostitución (a la que las demás chicas como Rosina o Gisella pertenecen) y por ese motivo, los matones de la organización tratarán de apartarlas del negocio por las buenas o por las malas… La historia de éstas dos es la que sirve de nexo para los demás fragmentos (que por lo demás sólo están conectados entre sí en lo que respecta a la temática).

Por ello, en lo concerniente a la estructura, éste film recuerda a la “trilogía de la vida” de Pasolini; especialmente “El Decamerón” y “Los cuentos de Canterbury”. También a los pseudo-documentales “mondo” y a la serie de películas alemanas softcore “Schulmädchen report” (sobre experiencias sexuales de colegialas).

Rosina es una jovencita adorable e inocente. Ni siquiera cuando descubre que Salvatore le había mentido se esfuma el amor que ella siente por él. El muy liante, un manipulador nato, logra convencerla de que a él le “obligaron” a entrar en ese mundillo, y que ella es su única oportunidad para convertirse en un hombre honrado. La ingenua Rosina, una vez más, vuelve a picar. Pero iremos viendo una transformación durante el episodio dedicado a ella. Al final, ya con una cicatriz en la cara, ha dejado de ser una cándida muchachita para pasar a ser una prototípica mujer de la calle. Su caso no puede evitar traer a la memoria el de la Madeleine de “Thriller en grym film” (Bo Arne Vibenius, 1973) interpretada por Christina Lindberg. Ambas son dulces e inocentes al inicio, ambas sufren una desfiguración (a Madeleine la dejan tuerta, a Rosina le rajan la cara) y ambas pasan por una especie de transformación. También existen algunos paralelismos argumentales con el más reciente film sueco “Lilja4ever” (Lukas Moodysson, 2002).

Pese a la temática tratada, “Storie di vita e malavita” no cae en el “exploitation” (como es el caso de “Schulmädchen report” o también “Thriller”). La innegable sordidez de la propuesta tiene en todo momento un tono duro y dramático, e incluso trágico en ocasiones – aunque nunca moralizante ni aleccionador, sino siempre de corte hiperrealista; similar al estilo de “El Pico” (Eloy de la Iglesia, 1983) y otros largometrajes del cine quinqui.

En “Storie di vita e malavita” no hay escenas hardcore como en la antes mencionada “Thriller”, pero sí nos muestran las un tanto excéntricas predilecciones sexuales de algunos clientes: Así pues, entre los asiduos de Rosina y las otras chicas no sólo nos encontramos a los clásicos fustigadores o fetichistas, sino también con uno que moja un trozo de pan en el agua del váter para hacérselo comer a la chica (con la intención de verla vomitar), a uno que mientras la penetra gusta de sujetar una navaja retráctil en su cuello (probablemente fantasía de violación), o a otro que quiere que la prostituta juegue a ser su profesora en el colegio, y que le pegue fuertemente cuando ella “descubre” que él le está mirando el escote… También hay alguna que otra escena lésbica, e incluso se le brinda un espacio al tema tabú del incesto.

El director Carlo Lizzani dirigió también el polizziesco “Banditi a Milano” (1968), con Tomas Milian. Las chicas que interpretan a las prostitutas no eran actrices profesionales, debutaron con éste film en la gran pantalla, y más adelante ninguna tendría una relevante carrera cinematográfica. Cinzia Mambretti, quien interpreta a Rosina, sólo participó en una película más aparte de ésta: el polizziesco “Il tempo degli assassini” (Marcello Andrei, 1975), con Joe Dallessandro y Martin Balsam. Cristina Moranzoni (Gisella) actúa en “Cinque giornate” (1973), una poco conocida comedia dirigida por Dario Argento – antes de que éste director se dedicara exclusivamente al giallo y al terror que le han hecho célebre.

La banda sonora de “Storie di vita e malavita” corre a cargo de Ennio Morricone.

FHP, agosto de 2016

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