La Piovra 8 – Capítulo 2

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

La Piovra VIII – Lo Scandalo

Italia, 1997

Director: Giacomo Battiato

Guión: Umberto Contarello, Andrea Porporati, Alessandro Sermoneta, Sergio Silva, Domenico Rafele

Intérpretes: Raoul Bova (capitán Carlo Arcuti), Anja Kling (Barbara Greenberg Altamura), Luca Zingaretti (Pietro Favignana), Tony Sperandeo (Turi Mondello)

Música: Paolo Buonvino

Aquí puede leerse lo que pasó en el episodio anterior

Capítulo 2

En el juicio a los hombres de Pietro éstos son condenados tan solo a un par de meses de prisión, por posesión ilegal de armas. No hay pruebas para acusarles del secuestro de Paul Altamura. Pietro Favignani, prófugo, es absuelto de todos los cargos, para perplejidad del ahora comandante Carlo Arcuti.

Pietro se encuentra en Nuevo York, bajo la protección de un poderoso jefe de la Mafia. Éste le propone entrar en el negocio de la heroína, toda una novedad para la época; y le explica la importancia geoestratégica de Sicilia, donde la morfina procedente de Turquía debe ser procesada en laboratorios clandestinos. Desde Sicilia, la droga es transportada a los EEUU vía Canadá. Todo resulta fácil y libre de riesgos, pues en los años ´50 la policía todavía no conoce los procedimientos y rutas de los narcotraficantes.

El asesor Biagio Sila, antiguo socio de don Albanese y de Pietro, se ha pasado al lado del barón Francesco Altamura (que ha sucedido a su padre); y le respalda ahora en su proyecto.

Barbara, la esposa de Francesco y el comandante Carlo se convierten en amantes. Paul pasa los días recluído en la mansión por motivos de seguridad.

Pietro regresa a Sicilia. Su mujer Rosaria, hija de don Albanese, ha dado a luz a una niña, Maria. Pietro se encuentra con Tano, que ahora vive en casa del barón, y le propone que sea el padrino de su hija recien nacida.

Tano es un joven muy inteligente y aplicado. El barón está orgulloso de él, mientras que Paul se siente un tanto desplazado por su padre. Tano destaca particularmente en los números; es todo un portento con las matemáticas.

Pietro ha traído de EEUU varias cajas repletas de modernas ametralladoras. Pertechados de esas potentes armas planean un gran golpe. Además, debe realizar una pequeña purga en el seno de su propia banda: Saruzzo, uno de sus hombres (el que sedujo a la niñera de los Altamura) está colaborando con el traidor de Sila. Estrenando una de las ametralladoras, Pietro lo ejecuta de inmediato.

La relación adúltera entre Barbara y Carlo es cada día más tórrida. El comisario le propone a la baronesa que se vayan a vivir juntos, lejos de allí, pero ella vacila.

Mientras la hija de Pietro está siendo bautizada, sus hombres llevan a cabo un espectacular asalto a un furgón blindado que transporta millones de liras. Los carabinieri que escoltaban el transporte son asesinados. Poco después, los bandidos aparecen en la iglesia cuando la ceremonia bautismal está por concluir, para tener aún una coartada. Al mismo tiempo, el asesor Biagio Sila salta por los aires en un atentado con coche bomba.

Carlo arresta a Pietro y sus esbirros cuando éstos todavía están en la iglesia, pero pronto se ve obligado a soltarlos, pues no existen sólidos indicios incriminatorios contra ellos.

El barón se entera de que el político Riccardo Mascarino, socio y consejero suyo en el asunto de las inversiones, está bloqueando su proyecto. Barbara propone a su marido que los tres regresen a EEUU, pero Francesco se niega, y considera que no puede abandonar su proyecto. Barbara decide marcharse con Paul, por el momento a Palermo, a vivir al consulado.

A los jefes de la Mafia no les gustan los métodos brutales de Pietro Favignani, pues atraen demasiado la atención. Pero Pietro pone a su disposición enormes cantidades de dinero y armas. Trata de ganarse la confianza de los jefes, de convencerles de que acepten adaptarse a los nuevos tiempos (los tiempos de la droga y los grandes millones).

Carlo recibe una carta de Barbara, donde ésta le comunica que su relación es imposible y que ella se ha marchado con su hijo a Palermo.

Francesco, que quiere volver a ganarse el afecto de su esposa y del pequeño Paul, va al consulado en Palermo, donde está teniendo lugar una fuesta. Allí también se encuentra Riccardo, que informa al barón que su proyecto podrá próximamente seguir su curso, pero que él deberá antes “escuchar a unos amigos”. Sin embargo, en éste momento, la prioridad para Francesco es la reconciliación con su familia.

Casualmente, también Carlo llega allí esa noche en busca de Barbara. Ésta insiste en que la relación entre ambos está condenada al fracaso y que lo mejor es despedirse para siempre. Se despiden con un apasionado beso en la boca… lo cual es visto por Francesco (que los contemplaba desde una cierta distancia).

El barón se siente humillado y cubierto de oprobio. Encontrándose en ese estado, es interpelado de nuevo por Riccardo, quien le lleva ante sus “amigos”; son banqueros y abogados ligados a la Mafia, que tratan de convencerle de que les permita entrar en su proyecto (con el fin de usarlo para el blanqueo de capitales, aunque ésto no lo dicen explícitamente). Concretamente le piden que acepte como socio a Pietro Favignana.

Más tarde, Francesco se encuentra con su hijo y también con Barbara. Finge no haber visto nada, y acepta que los tres regresen a EEUU; pero le dice a su esposa que antes debe organizar unos asuntos en la villa y que ella prepare el viaje desde Palermo.

Pietro va a visitar a Francesco, y éste le acepta como socio. El pequeño Paul observa como el hombre que ordenó su secuestro se convierte en amigo de su padre.

Francesco le pide a Pietro un favor: Que elimine al comisario Carlo Arcuti. Cuando Pietro responde que ello sería muy complicado, Francesco insiste en que se trata de un “favor personal”.

Poco después Paul cae enfermo, con fiebre. Su madre llega para cuidarlo. En sus delirios, Paul revela que el hombre que se asociado recientemente a su padre es el mismo que le secuestró. Barbara corre a la comisaría para denunciar por escrito a Pietro Favignana, declarando a éste como organizador del rapto.

Está por celebrarse en Sicilia una importante cumbre de la Mafia, con jefes venidos de toda la isla y también de EEUU. Hasta alli se desplaza don Antonio Spigozza, el jefe que había acogido a Pietro en la reunión. Pietro propone a los jefes iniciar el negocio de la heroína. De improviso, el comisario Arcuti y sus agentes interrumpen la reunión, y arrestan a Pietro. Hay una acusación formal por secuestro contra él.

En el calabozo, Pietro se entera por su abogado de quién está detrás de la denuncia. Su defensor intenta calmarle y le promete que “Los mismos que te metieron aquí te sacarán”.

Poco después, el abogado va a ver a Barbara, y le propone que se retracte de sus acusaciones. Si no lo hace, “condenará a cadena perpetua a Pietro Favignana, pero también condenará a la pena capital a alguien a quien usted quiere: el comisario Arcuti”. El letrado le hace saber a la baronesa que su esposo le solicitó a Pietro la muerte de Carlo, pero que si ella retira la denuncia Pietro sabrá ser agradecido y no tocará al comisario.

Llegado el momento del juicio Barbara se echa atrás y dice que no está segura si era Pietro el hombre que su hijo indicó. El fiscal sospecha que la baronesa ha recibido presiones. Pero el abogado “da la vuelta a la tortilla” e indica que las presiones seguramente las recibió para denunciar a su cliente Favignani… por parte del comisario Arcuti, “con el que ella tiene una relación íntima”. Así, el abogado ha revelado ante todos el adulterio.

Mientras tanto, Tano observa como Rosaria cuida a su hija y a su mente acude en forma de flashback el recuerdo de su propia madre: Tano rememora la fatídica noche en la que su madre fue obligada a prostituirse con un destacamento de soldados, y que mientras se resistía, las velas que iluminaban la estancia cayeron al suelo provocando un incendio. Ahora Tano ve con claridad quien era el responsable de ello: Pietro Favignana. Éste, más que su padre biológico, parece ser el proxeneta que forzaba a su madre a la prostitución.

Cuando Rosaria percibe la presencia de Tano y su tristeza, trata de consolarlo. Entonces el muchacho le cuenta a la joven esposa de Pietro que fue su marido el asesino de su padre Don Albanese, que Pietro le obligó a tomarse la leche de almendras que le provocó la muerte.

El comisario Arcuti debe abandonar Sicilia y regresa a Roma, sintiéndose derrotado.

Cuando Pietro, absuelto una vez más, es dejado en libertad, Rosaria y Tano le están esperando a las puertas de la cárcel. Rosaria, con el rostro contraído por el odio, comienza a apuñalarlo cuando él la abraza, vengando así la muerte de su padre.

Después, Tano le lleva al barón a su “hermana” Maria y le solicita que la envíe a un buen colegio de monjas y que a él, a Tano Cariddi, lo mande a un internado en el extranjero.

FHP, 2015

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