La noche de las gaviotas – Amando de Ossorio, 1975

La noche de las gaviotas

España, 1975

Director: Amando de Ossorio

Género: Terror

Guión: Amando de Ossorio

Intérpretes: Víctor Petit (Henry Stein), María Kosty (Joan Stein), Sandra Mozarowsky (Lucy)

Música: Antón García Abril

Argumento

En la escena inicial, ambientada en la Edad Media, vemos a una pareja de viajeros en un coche de caballos. Es de noche y parecen haberse perdido en unos lóbregos parajes. Mientras él se dirige a una casa cercana para preguntar dónde se encuentran, llegan unos jinetes de aspecto amenazador: Son los templarios. Éstos matan al viajero a golpes de espada y se llevan a su mujer, portándola a un altar de sacrificios en su castillo. Uno de los proscritos monjes-guerreros hunde un puñal entre los turgentes senos de la joven. Y a continuación extrae su corazón aún palpitante, para ofrendarlo a un monstruoso ídolo reminiscente de un sapo….

Tras éste preámbulo fílmico, la acción se traslada a la época contemporánea. El doctor Henry y su esposa Joan llegan a un destartalado pueblecito costero. Él ha recibido el encargo de ser el nuevo médico del pueblo. A un lado de la localidad se encuentra una playa, al fondo de la cual se divisa una colina en la que se erige un viejo castillo en ruinas. Al otro lado se ve un paisaje árido y desolado, muy poco acogedor. Nada más llegar, Joan ya quiere regresar a la ciudad. Los hoscos y taciturnos aldeanos reciben hostilmente a los forasteros, tratándolos como intrusos e intentando ignorarlos.

Henry y Joan llegan hasta la casa del médico, situada a las afueras, donde deberán vivir de ahora en adelante. El anciano doctor, al que Henry ha de sustituir, les advierte con temor que nunca salgan por las noches. El joven médico recién llegado acompaña al viejo con su equipaje hasta el camino de acceso al poblado. Mientras tanto, Joan se queda sola en la casa, y termina notando que un inquietante individuo la observa a través de la ventana. Éste entra forzando la puerta, y la asustada Joan toma un atizador dispuesta a defenderse. Pero el personaje resulta ser inofensivo. Se trata de Teddy, el “tonto del pueblo”, que ha sido golpeado por los demás aldeanos, y está herido. Cuando regresa Henry, se encarga de curarlo y le deja pasar la noche en el desván.

Durante la noche, Henry y Joan se despiertan al escuchar un tañido de campanas. ¿Quién las tocará a esas horas y por qué? Además, también se oyen una especie de cantos de sirena. Los sonidos proceden del castillo sobre la colina. Haciendo caso omiso al viejo médico, Henry decide salir a comprobar qué sucede. Su esposa le acompaña. Así, dirigiéndose a la playa, ven en la orilla lo que parece ser una procesión: Las viejas ataviadas de riguroso luto negro conducen a una jovencita de blanco hacia unas rocas en la base del acantilado. Creyendo que se trata de una tradicional ceremonia local, vuelven a su cama más tranquilos.

Pero de nuevo escuchan un sonido que les resulta perturbador: Oyen los graznidos de bandadas de gaviotas… Algo insólito, ya que éstos pájaros no vuelan por las noches…

A la mañana siguiente, en la tienda del pueblo, Joan conoce a la joven Lucy; una muchacha huérfana que necesita empleo y que solicita ser acogida. La chica comienza a trabajar en casa del médico, ayudando en las tareas del hogar. Por la noche, otra joven lugareña llamada Tilda, acude aterrorizada a casa del médico, como si estuviera huyendo de algo. Henry, creyendo que se trata de una crisis nerviosa, le da un calmante. Los padres llegan poco después para llevársela. Ella también debe participar en esa extraña procesión ritual en la playa…

Cuando al siguiente día Henry y Joan tratan de averiguar si Tilda está mejor, no pueden encontrarla en ningún sitio. “Nunca volveréis a verla” les dice Teddy con amargura. Esa noche le llega el turno a Lucy, y los aldeanos vienen a buscarla a casa del médico para llevársela a las rocas… Resignada, Lucy accede a irse con ellos, sabiendo que no le resta otra alternativa. Pero cuando la chica tarda en regresar, Henry y Joan comienzan a preocuparse y a sospechar que tras las “tradicionales procesiones nocturnas” se esconde algo muy siniestro…

Comentario

Ésta es la cuarta y última parte de la Tetralogía del Terror Ciego de Amando de Ossorio, tras „La noche del terror ciego“ (1971), “El ataque de los muertos sin ojos” (1973) y “El buque maldito” (1974). Como en las otras tres entregas, los demoníacos templarios son adeptos a un culto con sacrificios humanos, y persiguen el objetivo de la vida eterna. Por las noches emergen de sus tumbas para nutrirse con la sangre y las vísceras de sus víctimas. Los muertos vivientes son unos esqueletos vestidos con hábitos de fraile que se mueven con suma lentitud y que al ser ciegos se guían por los sonidos. La tétrica y envolvente atmósfera es sin duda lo más destacable, tanto en la película que nos ocupa como en las demás que componen la tetralogía.

En ésta ocasión, los huraños aldeanos del lugar al que han llegado Henry y Joan buscan aplacar a los templarios entregándoles bellas vírgenes: Cada 7 años, 7 siete chicas en 7 noches consecutivas. Los nocturnos graznidos de las gaviotas son “los lamentos de los espíritus las doncellas sacrificadas”, algo muy poético y que nos remite a Bécquer.

El siniestro culto se va perpetuando a causa de la pusilanimidad de los pueblerinos, quienes no se rebelan y siguen ofrendando a sus propias hijas a esos engendros sedientos de sangre. Cabalgando los caballos-fantasma de los templarios, Henry se meterá directamente en “la boca del lobo”, en el castillo, para encontrarse allí con la raíz del problema al que hay que enfrentarse para derrotar a los templarios: La demencial deidad que los muertos vivientes adoran…

Al igual que en “El ataque de los muertos sin ojos”, los protagonistas se atrincheran en una casa tratando de sobrevivir a las acometidas de los revividos templarios. Hay algunas escenas de carácter onírico y surrealista, como cuando los cangrejos y centollos avanzan hacia los deshechados cadáveres de las vírgenes, o cuando mana copiosa sangre de las vacías cuencas oculares de los momificados monjes-guerreros.

El personaje de Lucy está interpretado por la bella Sandra Mozarowsky, trágicamente muerta en extrañas circunstancias cuando sólo contaba 18 años (Tenía 16 cuando participó en ésta película). Murió tras caer al vacío desde un balcón, y hasta hoy no ha podido esclarecerse si se trató de suicidio, accidente… o asesinato.

Como en las otras películas de la saga templaria, la banda sonora fue compuesta por Antón García Abril.

FHP, septiembre de 2016

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