Vulcano, hijo de Júpiter – Emimmo Salvi, 1962

Vulcano, hijo de Júpiter (V.O. Vulcano, figlio di Giove)

Italia, 1962

Director: Emimmo Salvi

Género: Peplum

Guión: Ambrogio Molteni, Emimmo Salvi, Gino Stafford, Benito Ilforte

Intérpretes: Bella Cortez (Etna), Iloosh Khoshabe (Vulcano), Annie Gorasini (Venus), Gordon Mitchell (Plutón)

Música: Marcello Giombini

Argumento

Las continuas escapadas de su hija Venus al mundo de los mortales se convierten en un quebradero de cabeza para Júpiter, el señor del Olimpo. La bella diosa se cita regularmente en la Tierra con el apuesto Adonis. Pero éste no es el único que la desea. Venus lo sabe, y disfruta provocando con su sensual actitud incluso a sus hermanos Vulcano y Marte. Ambos dioses se enzarzan en una disputa, indirectamente causada por los celos y la rivalidad que Venus ha sembrado entre ellos. Júpiter los castiga a estar un mes sin poderes divinos.

Marte se rebela contra su padre, y escapa del Olimpo llevándose a Venus consigo. Ambos llegan al reino de Tracia. Allí, el dios de la guerra pretende convencer al rey Milos que se alíe con él para atacar el Olimpo y derrocar a Júpiter. Marte ha decidido suplantar a su padre como máximo dios. Milos se resiste al principio a participar en un proyecto tan descabellado, pero Marte logra convencerle, prometiendo convertirle en el rey más poderoso de la Tierra. El plan de Marte consiste en construir una torre tan alta que llegue hasta el Olimpo, y una vez allí “tomar el cielo por asalto”, atacando a Júpiter y sus fieles para ocupar su lugar.

Vulcano, por su parte, ha sido expulsado de la morada de los dioses a causa de las intrigas de Plutón, aliado a su vez de Marte. El dios herrero es encontrado en las costas sicilianas por un grupo de ninfas. Etna, una de ellas, reconoce en el musculoso extraño al dios Vulcano. Éste, semi-inconsciente y maltrecho, es ayudado a incorporarse por las chicas; pero de pronto sufren el ataque de una tribu de criaturas reptiloides que les estaban acechando.

Vulcano, así como Etna y las demás ninfas, son conducidos a unas cavidades subterráneas donde moran los espantosos seres lagarto. El jefe de los monstruos dice que su estirpe fue maldita por los dioses, y que éstos los condenaron a tener ese repugnante aspecto. Mientras que Etna es encerrada en una mazmorra con las otras jóvenes y con un grupo de humanos cautivos, Vulcano es sometido a torturas – Pues los reptilianos consideran a los dioses los causantes de la desgracia que pesa sobre ellos.

El fornido dios herrero sabe que la única oportunidad que él y las ninfas tienen de liberarse es mediante el auxilio de Neptuno. A Etna se le ocurre una idea para enviarle un mensaje al dios de los océanos: Será a través del pequeño Geo, un enano que se encuentra allí también prisionero. A él no le será difícil escabullirse, escondido en el cubo de basura que diariamente se tira al mar.

Así, Geo llega al reino submarino de Neptuno. El dios con el tridente, sentado en su trono de concha, es informado de la desafortunada situación de Vulcano; y ordena que sus tritones ataquen la guarida de los hombres-lagarto para liberar al olímpico y a las ninfas. Los reptilianos son vencidos, y todos sus prisioneros liberados. Entre ellos se contaban gran parte de los habitantes de Sicilia. Vulcano y Etna comparecen ante Neptuno, y cuando la joven ninfa comienza a realizar una seductora danza, irrumpe allí Mercurio, el mensajero de los dioses. Éste notifica a los presentes la rebelión iniciada por Marte. El dios de la guerra ha capturado a los sicilianos recién liberados de las mazmorras reptilianas para usarlos como esclavos en la construcción de su torre. Vulcano se pone en camino para enfrentarse a Marte…

Comentario

Tras escribir y producir “El gigante de Metrópolis” (Umberto Scarpelli, 1961), Emimmo Salvi realizó con ésta “Vulcano, hijo de Júpiter” su opera prima como director. Ambas películas pertenecen al género peplum, una corriente cinematográfica muy en boga en la Italia de los primeros años sesenta, poco antes de que se pusiera de moda el western.

El peplum, injustamente denostado y condenado al ostracismo, puede considerarse un precursor de la espada y brujería. En ocasiones se narran hechos históricos, aderezados con toques de leyenda – como la guerra de Troya o la fundación de Roma

Pero la temática mitológica siempre es muy recurrente. Así sucede también en el film que nos ocupa, donde tiene lugar un triángulo amoroso entre la bella e intrigante Venus y los rivales Vulcano y Marte, quienes pugnan por regresar al Olimpo con la diosa del amor como compañera. Dicho triángulo amoroso se torna aún más enrevesado cuando el rey Milos se enamora perdidamente de la lujuriosa Venus, y cuando Etna le confiesa su amor a Vulcano…

Marte urde un complot contra Júpiter, el rey de los dioses. Con la ayuda de unos “tontos útiles” humanos, encabezados por Milos de Tracia, el dios de la guerra prepara un “golpe de estado olímpico” para destronar al padre celestial. Busca lograrlo construyendo una inmensa torre que llegue hasta la morada de los dioses – Ese mito luego sería recogido por la Biblia (la historia de la torre de Babel).

Si bien en la puesta en escena puede comprobarse la falta de presupuesto (por ejemplo en los trajes de los „reptilianos“) la película resulta en su conjunto más que decente.

El film está rodado en Irán, y al dios Vulcano lo interpreta Ilush Khoshabe (alias Rod Flash), actor y culturista iraní que participó encarnando a forzudos varios en distintos peplums italianos y otros largometrajes de aventuras. La voluptuosa Bella Cortez, natural de Cuba, es la ninfa siciliana Etna. Ésta actriz, a la que ya vimos en “El gigante de Metrópolis”, no fue la única cubana que desempeñó roles en los peplums y otras producciones de la Italia de aquellos años. También está su compatriota Chelo Alonso, bailarina e intérprete que tuvo el principal rol femenino en “El terror de los bárbaros” (Carlo Campogalliani, 1959), donde compartió cartel con Steve Reeves.

El norteamericano Gordon Mitchell, protagonista de “La ira de Aquiles” (Marino Girolami, 1962) y de la antes mencionada “El gigante de Metrópolis”, tiene un pequeño papel como Plutón.

La banda sonora fue compuesta por Marcello Giombini, quien casi un par de décadas después creó mediante sintetizadores la envolvente música del “Anthropophagus” de Joe D´Amato (1980).

FHP, agosto de 2016

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