Prisionera número 701: Escorpión – Shunya Ito, 1972

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(Imagen: m.media-amazon)

Prisionera número 701: Escorpión (V.O. Joshū 701- gō: Sasori, a.k.a. “Female prisoner 701: Scorpion”)

Japón, 1972

Director: Shunya Ito

Género: “pinky violence”, pinku eiga, w.i.p.

Guión: Fumio Konami, Hiro Matsuda, Tooru Shinohara

Intérpretes: Meiko Kaji (Nami Matsushima alias “Sasori”), Rie Yokoyama (Katagiri), Yumiko Katayama (Kito)

Música: Shunsuke Kikuchi

Argumento

Durante la ceremonia de entrega de un diploma al director de una cárcel femenina, dos presas aprovechan para escaparse. Se trata de Nami y Yuki. No llegan lejos, pues son alcanzadas por los guardias en unas cañadas de las inmediaciones. Las dos son encerradas en sendas celdas de aislamiento, separadas por una gruesa pared de piedra. Están atadas de pies y manos, pero son capaces de comunicarse a base de cabezazos en la pared.

Guardianes de ambos sexos disfrutan humillándolas. En esa situación, Nami Matsushima (conocida en la cárcel como „Matsu“) empieza a recordar lo que la trajo allí. Tres años atrás estuvo perdidamente enamorada de Sugimi, un policía del departamento de antinarcóticos. Sugimi le pidió a Nami que acudiera a un local de la Yakuza para recabar información. Los gangsters la descubrieron como infiltrada, y cuando la estaban violando irrumpió Sugimi para arrestarlos. Al policía no le importaba poner en riesgo a Nami, sólo pensaba en su ascenso. Cuando ella se dió cuenta de que había sido vilmente utilizada, que ella no significaba nada para él, decidió vengarse: Atacó a Sugimi cuchillo en mano. Pero fue rápidamente reducida por otros agentes y enviada a prisión por intento de asesinato. Allí se convertiría en el “número 701” – pues cada interna es sólo un número para los guardas.

Nami demuestra ser una mujer resistente, capaz de aguantar con estoicismo las más salvajes torturas. Y además consigue darle alguna que otra lección a quienes la vejan. Por ejemplo, a una de las carceleras que le trae la comida a la celda de aislamiento consigue volcarle por encima el cubo de sopa hirviendo. Durante una reyerta consigue que una presa que la estaba persiguiendo clave un trozo de cristal en uno de los ojos del director del centro penitenciario. Su tenacidad y su silencio (se niega a confesar) irritan a los guardias, que le inflingen castigos cada vez más duros. Pero no sólo a ella: también las demás presas pagan las consecuencias. Tras el intento de fuga, las raciones de comida se reducen drásticamente para todas. Además las mujeres son condenadas a realizar trabajos forzados: Deben cavar agujeros durante todo el día para después volverlos a tapar. Poco a poco las presas comienzan a ver a Nami con recelo, pues la hacen responsable de que las condiciones hayan empeorado.

Mientras tanto, Sugimi se ha convertido en un prestigioso jefe de la policía. Pero al mismo tiempo es corrupto, pues su gran aliado es el jefe yakuza Takenaka. Ambos saben que Nami está al corriente de esos contactos, y deciden que lo más prudente es desembarazarse de ella: “Que parezca un accidente”. Para eliminarla, Sugimi contrata a Katagiri, otra interna en el mismo penal donde se encuentra Nami. Sugimi le promete que si mata a la incómoda compañera de cautiverio le concederá la libertad provisional…

Nami intuye que está en el punto de mira, y se encuentra prácticamente sola; pues la mayoría de las demás la detestan. En el campo de trabajos forzados se produce un motín, y las mujeres se atrincheran en una especie de almacén tomando a varios guardas como rehenes. Katagiri buscará usar esa oportunidad para cumplir la tarea encomendada. Nami, por su parte, intentará escapar de nuevo.

Sugimi y los yakuza no se equivocan al considerarla sumamente peligrosa – No en vano su sobrenombre es Sasori (Escorpión). Nami Matsushima es un escorpión hembra con ansias de venganza…

Comentario

Como muchos de los largometrajes japoneses filmados en los años setenta (entre ellos la saga del “Lobo solitario y su cachorro” o la trilogía de “Hanzo el Navaja”) ésta “Sasori” que nos ocupa es la versión fílmica de un manga. Shunya Ito debutó como director adaptando a la gran pantalla una sórdida historia carcelaria femenina, protagonizada por una mujer desengañada y endurecida cuyo máximo afán es vengarse de quienes considera culpables de su encierro. Joshū 701- gō: Sasori” se convertiría en uno de los máximos exponentes del exploitation nipón, dando origen a una tetralogía.

Varias escenas son dignas de destacar, entre ellas la pelea entre presas que termina costándole un ojo al director de la cárcel – y que permanece con el cristal clavado en el globo ocular sin inmutarse, mientras estrangula a la interna culpable. El elemento softcore también está presente, incluyendo una tórrida escena lésbica entre nuestra heroína y una tal Kito (Yumiko Katayama) – una agente encubierta que, haciendo pasar por presa, habían puesto con Nami en su celda para hacerla confesar. Pero “Sasori”, en el pasado ella misma una infiltrada, sospecha inmediatamente de su nueva compañera y emplea un infalible método para “neutralizarla”…

El sadismo está presente tanto en los guardias como en la mayoría de las presas. Nami aguanta en ese ambiente hostil y persevera para emprender una fuga exitosa y definitiva. Sugimi, el policía corrupto que la utilizó, no se sentirá seguro hasta que “Sasori” esté bajo tierra, pero al mismo tiempo cree que si ella llegara a encontrarle sería capaz de manipularla de nuevo: “Cuanto más me odias menos me puedes olvidar”.

Estilística y visualmente la propuesta está realizada con maestría, recordando en ocasiones al teatro kabuki. Ésta primera parte de la saga de “Sasori” es sin duda el paradigma del subgénero “mujeres en prisión” (o “w.i.p” por sus siglas en inglés), un subgénero que entre sus ingredientes incluye generosas porciones de sadismo (en éste caso, tanto por parte de los guardias como de las presas). La película también puede interpretarse como una crítica al sistema penitenciario japonés: La primera escena, en la que el homenaje al director de la prisión se ve abruptamente interrumpido por la fuga de Nami y su amiga, es un claro indicio de ello.

Nami, o “Matsu” como la llaman las demás abreviando su apellido Matsushima, está encarnada por la actriz y cantante Meiko Kaji, a la que vimos en un similar rol de vengadora en la también recomendable “Shurayuki-hime“ a.k.a. “Lady Snowblood” (Toshiya Fujita, 1973).

FHP, agosto de 2017

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3 respuestas a “Prisionera número 701: Escorpión – Shunya Ito, 1972

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