La Piovra 7 – Capítulo 6

La Piovra 7 – Capítulo 6

Italia, 1995

Director: Luigi Perelli

Guión: Umberto Contarello, Pier Giuseppe Murgia, Sandro Petraglia, Andrea Porporati, Alessandro Sermoneta, Sergio Silva, Stefano Rulli, Francesco Marcucci

Intérpretes: Raoul Bova (vice-comisario Gianni Breda), Romina Mondello (Sara Granchio), Remo Girone (Tano Cariddi) Patricia Millardet (Silvia Conti), Florinda Bolkan (Condesa Olga Camastra), Rolf Hoppe (Profesor Ramonte), Paolo Bonacelli (Edoardo Corinto), Anita Zagaria (Giulia Altofonte), Lorenza Indovina (Chiara Bronta), Francesco Benigno (Biagio Granchio), Gedeon Burkhard (Daniele Rannisi)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que pasó en el capítulo anterior

Capítulo 6

Cuando Silvia, Orione y Stefano salen de la villa, los sicarios se disponen a actuar. En varios vehículos persiguen al coche donde van los tres y abren fuego. Orione muere en el acto, alcanzado en la cabeza. Stefano y Silvia corren tratando de huir, siendo perseguidos por los pistoleros. Stefano es alcanzado por los disparos y se desploma gravemente herido. Silvia es alcanzada por dos de los matones. Uno de ellos, Turi, se dispone a ejecutarla. Pero Oleg, el ruso, le frena: Pues Saverio la quiere viva. La juez es llevada al escondite de Nuzzo y Saverio. Éste la quiere usar a modo de rehén, y además pretende utilizarla posiblemente en el futuro contra sus superiores en la logia, Ramonte y Corinto. Pues todos éstos años Saverio ha acumulado un gran rencor contra ellos: Tras el asesinato de Cattani en el que él participó, todos sus amigos menos Nuzzo fueron asesinados para eliminar testigos. Él también habría muerto de no ser porque huyó a Rusia.

Mientras tanto, el corrupto Livoti encuentra al malherido Stefano, le quita la grabadora con la confesión de Orione y en vez de socorrer a Stefano lo estrangula. De inmediato interviene Breda, pero es demasiado tarde y el joven informático ha muerto. Breda detiene a Livoti, y le obliga a contactar a sus jefes. Pero como éstos tienen a Silvia en su poder, el comisario se siente impotente y no puede hacer nada. Aún así, Breda se lleva consigo la grabación con el testimonio de Orione.

Monteverde, llamado ante la comisión parlamentaria para proceder a la investigación del blanqueo de capitales a través de las industrias Camastra, trata de ganar tiempo diciendo que no tiene en ese momento las pruebas decisivas consigo… Debido al chantaje se ve obligado a callar. Corinto y Ramonte lo contemplan con regocijo a través de la televisión. Corinto intuye que Saverio podría traicionarles, y para prevenir esa eventualidad decide viajar a Sicilia para entrevistarse con Nuzzo. Trata de ganárselo para sí, pero Nuzzo, ebrio de poder, no quiere obedecer a nadie nunca más, y se niega a colaborar con Corinto contra Saverio.

Nuzzo se enfurece al ver una nueva aparición de Daniele Rannisi denunciándole por televisión. Entretanto Saverio sufre uno de sus habituales ataques de pánico, que ya padecía en su niñez.

Daniele, la viuda de Altomonte y Breda deciden entregar a Monteverde la grabación con las declaraciones de Orione y la lista con los nombres de los miembros de la logia, para que el senador con fama de incorruptible realice una denuncia pública durante los funerales conjuntos de Orione y Stefano que están por celebrarse al día siguiente.

Por su parte, Nuzzo ordena a Livoti que colabore en un nuevo “trabajo”: Facilitar la colocación de una bomba que debe estallar durante los funerales para amedrentar a toda la ciudad. Cuando Nuzzo y sus hombres están preparando la bomba, Oleg se entera.

Monteverde decide no acudir a los funerales, pese a la promesa que le hizo a Daniele y los demás, y regresa a Palermo.

Silvia y Saverio ven los funerales a través de la televisión. Chiara pronuncia un emotivo discurso. Livoti deja pasar a Turi para que coloque la bomba. Saverio se entera por Oleg de que Nuzzo ha ordenado la colocación de una bomba en la iglesia, y reacciona con desesperación. Trata de llamar a la policía, pero no se atreve a denunciar el atentado que está por producirse.

Monteverde cambia de opinión y ordena a su chófer regresar.

Turi baja a los subsuelos de la iglesia y coloca allí el maletín con la bomba. Cuando vuelve a subir y trata de salir del edificio, es reconocido por uno de los asistentes al funeral, un comerciante al que él solía extorsionar. Éste trata de detenerle, y en medio del altercado aparece el comisario Breda. Turi termina confesando que acaba de poner una bomba, y Breda logra desactivarla en el último momento, evitando así una auténtica masacre. Turi también revela el paradero de Silvia, que está retenida en la villa del profesor Ramonte.

Monteverde, que llega cuando el evento está a punto de concluir, realiza la denuncia pública tal y como había prometido.

Saverio, considerando que ya todo está perdido (aunque más tranquilo al ver que no ha habido explosión); toma la resolución de liberar a Silvia, y le da instrucciones a Oleg para que la escolte hasta un puesto seguro. Al mismo tiempo, Nuzzo está por regresar a la villa; indignado con el fiasco de su frustrado atentado. Cuando se entera de que Saverio ha liberado a Silvia monta en cólera y está a punto de matarle, pero decide no apretar el gatillo: “Está enfermo. Te haría un favor si te matase…”

Breda y toda la policía de la comarca se dirigen a Villa Ramonte, habiendo preparado una espectacular redada para rescatar a la juez y arrestar a Nuzzo y sus cómplices.

Silvia y Oleg, que tratan de escapar a través del bosque son tirateados. El ruso es alcanzado y muere; Silvia resulta ilesa pero los hombres de Nuzzo consiguen atraparla. Nuzzo y los suyos, con Silvia como rehén, huyen en camiones repletos de cajas de dinero. Breda y los demás policías les cortan el paso y se produce un nuevo tiroteo, así como colisiones de vehículos. La cabina del camión donde estaban Nuzzo y Silvia explota.

Sin embargo, Silvia ha sobrevivido, pues tuvo tiempo de saltar fuera antes del impacto.

Algún tiempo después tiene lugar el juicio contra el profesor Ramonte, en el que Saverio participa como testigo. Ramonte niega todas las acusaciones calificándolas de absurdas: “Se usan contra mí los testimonios de los muertos y de los locos (…) Si he sido un criminal, todos han sido mis cómplices”.

Epílogo:

En algún otro lugar, alguien sigue el juicio a través de la pantalla de un televisor: Es Tano Cariddi, que vive ahora en un castillo en ruinas en medio de áridas montañas. Encima de su escritorio pueden verse fotos enmarcadas de su hermana Maria y de Esther.

El adolescente búlgaro tutelado por Ramonte acude a visitar a Tano, y le trae un medallón de la logia (que Tano rechaza) y varios disquettes: El archive del profesor Ramonte: “La historia secreta de décadas, las batallas de intereses por el poder, una historia poco edificante pero menos hipócrita que la oficial…”

Tano y el joven entierran los archivos en la colina junto al castillo. Una rudimentaria tumba puede apreciarse cerca (¿la de su hermana Maria?).

“Custodiaré el tesoro del profesor, pero no haré uso de él… por ahora”.

FHP, 2015

Fin de La Piovra 7. Continuará en La Piovra 8

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