El tercer ojo – Mino Guerrini, 1966

Il Terzo Occhio

Italia, 1966

Director: Mino Guerrini

Género: Suspense, terror

Guión: Piero Regnoli, Mino Guerrini (basados en historia de Gilles de Reys)

Intérpretes: Franco Nero (Mino Alberti), Gioia Pascal (Marta), Erika Blanc (Laura/Daniela), Olga Solbelli (madre de Mino)

Música: Francesco De Masi

Argumento

Mino Alberti es un joven conde que vive en una gran mansión campestre junto a su madre viuda y una criada llamada Marta. Laura, la novia de Mino, le visita con frecuencia, y sólo faltan dos semanas para que ambos se casen. Tras el matrimonio, ambos planen vivir juntos en esa mansión, junto a la madre y la criada.

Pero la anciana condesa, posesiva y tiránica hacia su hijo, es contraria a que Mino se case; y en general a que tenga novia y a que vea a chicas – pues quiere que se ocupe exclusivamente de ella. Tampoco a la celosa Marta le es demasiado simpática la novia del señorito Mino. Laura percibe la constante hostilidad de ambas. Una tarde viene a ver a Mino antes de partir por unos días; va a encontrarse con su hermana, recién regresada de Suiza.

La vieja condesa está amargada ante el noviazgo de su hijo. “Antes él y yo estábamos tan unidos… Todo cambió desde que llegó a esa chica…” se queja ante Marta.”Claro que la boda podría no tener lugar… ella podría sufrir un accidente…” añade la anciana con una pícara sonrisa maligna. Marta comprende a qué se refiere la señora de la casa, y se dirige al coche de la prometida de Mino, mientras ésta se baña, con la pérfida intención de sabotear algún mecanismo en el vehículo. Marta se ha criado en esa mansión, su padre era un socio del conde Alberti, el padre de Mino. Ambos murieron juntos accidentalmente durante una cacería en el bosque. Desde entonces la condesa y su hijo “fueron como una sola persona”…

Mino es un gran aficionado a la taxidermia. En su “laboratorio” se dedica a embalsamar pequeños animales, especialmente aves. Está ocupado en esa tarea cuando Marta entra a decirle que la cena está preparada. Mino pregunta por su novia, pero la criada responde que Laura ya se ha marchado. Él se extraña de que no se haya despedido… Y es que la madre y la criada le dijeron a la chica que él “había salido a la ciudad”.

El joven conde se pone de inmediato al volante de su automóvil para intentar alcanzar a su amada. La carretera es peligrosa y llena de curvas. Cuando Laura ve que Mino se aproxima, se dispone a frenar… pero le es imposible. Los frenos no responden, y su coche (con ella el interior) se sale de la carretera y se precipita por un barranco. Mino ha sido testigo del accidente, baja precipitadamente hasta el río donde desemboca el barranco, y comprueba horrorizado que su novia ha muerto…

Mientras tanto, en la mansión de los Alberti, la vieja condesa riñe como de costumbre a la criada Marta. Ésta, por primera vez, hace gala de una actitud rebelde, y entre otras cosas acusa a la anciana de tratar a su hijo como si fuera un bebé. La enfurecida vieja exclama: “Éste es el pago por haberte tratado como una hija durante todos éstos años…!” “Como a una hija? Como a una esclava!!” responde Marta. Las dos se pelean, y Marta termina empujando a la anciana escaleras abajo. Cuando la señora intenta levantarse, es rematada a golpes.

Mino regresa a la casa apesadumbrado tras la trágica muerte de su prometida. Pero el destino le ha reservado una nueva catástrofe… Al entrar en la mansión se encuentra en su interior con policías y médicos que le observan con rostros sombríos. Marta llora desconsoladamente (con una falsa y cínica congoja) “Era como una madre para mí…”. Mino comprende lo que ha sucedido, y cae en una profunda depresión a lo largo de las siguientes semanas. Pesadillas y alucinaciones le persiguen noche y día.

Pero Marta, la única persona que queda a su lado, sabrá aprovecharse de la situación. Ella siempre había estado enamorada de él en secreto, y desde hace años acumulaba un gran resentimiento por haber sido tratada como una simple criada a pesar de ser la hija de un importante socio del fallecido conde.

Para tratar de desconectar de su angustioso caos interior, Mino se va a un club de jazz donde una atractiva joven baila y realiza strip-tease. Cuando ha terminado su número, Mino la invita a su casa. Maria se siente un poco intimidada ante el lúgubre aspecto de la mansión. Cuando van a acostarse juntos en una gran cama matrimonial, la joven bailarina grita aterrada al ver lo que hay al otro lado del lecho: El cadáver de una mujer. Se trata del cuerpo embalsamado de Laura, pues Mino recuperó a su amada muerta de entre los restos del coche antes de que se hundiera en las aguas del río, y luego la momificó.

Mino siente entonces un irrefrenable impulso de estrangular a la bailarina. Cuando la ha matado, llora arrepentido. Pero Marta llega para consolarle. Ella asegura que le ayudará a deshacerse del cadáver, empleando ácido. Maria no es más que la primera de una serie de víctimas de la creciente locura del atribulado Mino… pronto también una prostituta que recoje de la calle tiene el mismo fin.

Marta es consciente de que el joven conde es cada vez más dependiente de ella. La criada le dice a Mino que sólo se quedará con él si acepta tomarla por esposa, y el conde accede. “Seré una mujer comprensiva, unida a tí en el bien… y sobre todo en el mal”. Tras la muerte de la anciana condesa, es ahora ella quien intentará manipular a Mino a su antojo.

Pero los acontecimientos toman un giro imprevisto cuando cierto día llega a la villa Daniela, la hermana gemela de Laura…

Comentario

Éste excelente thriller psicológico cargado de hitchcockiano suspense y elementos morbosos combina armoniosamente el giallo más intrigante con el terror gótico más oscuro – el policiaco con la ultratumba, las fechorías del psicópata estereotípico con las sobrenaturales influencias del Más Allá. No sería de extrañar que la lectura de las obras de Edgar Alan Poe hubiera contribuído a la concepción y al desarrollo de ésta singular historia que nos narra el poco conocido guionista y director Mino Guerrini.

La película impresionó hondamente a Joe D´Amato, cuya obra maestra “Buio Omega” (1979) está obviamente inspirada en “Il Terzo Occhio” – hasta el punto en que por muchos es considerada un remake (el joven taxidermista que momifica a su novia, la siniestra criada, la hermana gemela de la novia muerta que aparece en el momento menos pensado…). Sin embargo huelga decir que la película de Guerrini no se aproxima ni ligeramente a los niveles de gore que impregnan a la explícita “Buio Omega” (allí vemos con todo lujo de detalles cómo la novia es embalsamada, cómo le sacan las vísceras, mientras que eso no nos lo enseñan en “Il Terzo Occhio”).

La tétrica y claustrofóbica atmósfera está sumamente bien lograda, algo que el blanco y negro contribuye a acentuar. Al no haber sido rodada en color, la película parece más antigua de lo que realmente es; una característica que comparte con otros films de estética y calidad parecida como la memorable “Carnival of souls” (1962) de Herk Harvey, o la interesante pero ligeramente inferior “Dementia 13” (1963) una de las primeras películas de F.F. Coppola.

También “Santa sangre” (Alejandro Jodorowsky, 1989) recuerda, en lo que concierne al tema, al argumento de ésta película.

Destaca la interpretación del gran Franco Nero en el papel principal del joven y atormentado conde: Su descenso en el pozo sin fondo de la locura resulta sumamente perturbador.

Como solía hacerse en el cine italiano por aquellos años con el objetivo de atraer espectadores, los nombres de la mayoría de los integrantes del equipo fílmico son pseudónimos anglos o están anglificados: Así, el director Giacomo (Mino) Guerrini se convierte en “James Warren”, o la actriz Olga Solbelli (que da vida a la vieja condesa) en “Olga Sunbeauty” – en un hilarante intento de traducción literal. La romántica y melancólica banda sonora fue compuesta por Francesco De Masi (que en los títulos de crédito aparece como “Frank Mason”).

Pese a su bajo presupuesto, la película tuvo una realización muy profesional en todos los aspectos y resulta todavía hoy visualmente muy efectiva. “Il Terzo Occhio” es una exquisitez macabra que los amantes del cine gótico sabrán apreciar. Toda una joya ignota que a mi juicio no tiene nada que envidiarle a los films que el maestro Mario Bava dirigía durante aquellos años.

FHP, marzo 2016

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