„Il Capo dei Capi“ (Miniserie sobre Totò Riina, 2007) – Capítulo 6

Aquí puede leerse la introducción a la miniserie

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Il capo dei capi

Italia, 2007

Director: Alexis Cahill, Enzo Monteleone

Guión: Stefano Bises, Attilio Bolzoni, Giuseppe D´Avanzo, Claudio Fava, Domenico Starnone

Intérpretes: Claudio Gioè (Totò Riina), Daniele Liotti (Biagio Schirò), Salvatore Lazzaro (Bernardo Provenzano), Simona Cavallari (Teresa), Gioia Spazzani (Ninetta Bagarella), Andrea Tidona (Giovanni Falcone), Gaetano Aronica (Paolo Borsellino)

Música: Luigi Seviroli

Capítulo 6 (1988-1993)

Biagio sobrevive a las heridas y se recupera en el hospital. Paradójicamente no es el balazo en el pecho lo que le causa mayores estragos, sino el tiro en la pierna. A partir de ese momento, el inspector estará cojo – igual que Luciano Liggio.

Totò Riina está indignado después del veredicto de los jueces en el Maxiproceso. Se ha dado cuenta de que sus amigos de la política le han fallado. Riina ordena a Bagarella que mantenga bajo vigilancia a Ignazio Salvo.

Los magistrados debaten sobre el nombramiento del máximo juez de Palermo. Aunque Falcone ha tenido un gran éxito profesional logrando las cadenas perpetuas contra los jerarcas de la Cosa Nostra, se decide desde Roma que el designado para el cargo será otro, un tal Meli, cuyo mérito es ser “superviviente de los campos de concentración nazis”.

Pese a los intentos de los socios de Riina por impedirlo, la corte de casación ratifica las penas de cadena perpetua a los jefes de la Cúpula (entre ellos también han sido condenados en rebeldía el propio Riina y su brazo derecho Provenzano, quienes siguen prófugos).

Falcone trata de convencer a Meli de que trabaje para llegar hasta Riina a través de los “arrepentidos”. Pero el nuevo juez supremo de Palermo no tiene gran interés en ello, sabotea los esfuerzos de Falcone encargándole casos menores como el juicio a unos ladrones de sandías (!!). Tanto Falcone como Borsellino creen que las relaciones entre la Mafia y el Estado son tan estrechas que es imposible saber dónde termina una y empieza el otro. Aún así, el propio Riina parece estar convencido de que está librando una guerra sin cuartel contra el Estado. Falcone investiga concienzudamente el blanqueo de dinero en los paraísos fiscales, dándose cuenta de que la Mafia es en realidad tan sólo la punta del iceberg.

Los Corleoneses preparan un atentado contra Falcone, colocando una maleta-bomba entre las rocas de una playa a la que el magistrado acudirá a bañarse. Los sicarios pretenden activar la carga explosiva desde una lancha a unos cuantos metros en la costa, pero el control remoto falla. Los escoltas se dan cuenta de que Falcone corre peligro y consiguen protegerlo a tiempo.

Pino Greco, uno de los “soldados” de Riina (sin parentesco con Michele Greco) comienza a ir “por libre”, realizando atracos de forma imprudente y sin reportar a la “familia”. Los Corleoneses ordenan que sea eliminado – Son sus propios compañeros los encargados de estrangularlo.

Con el fin de alejarlo de Sicilia, las autoridades trasladan a Falcone a Roma; pero incluso desde allí el juez continúa incomodando a Riina y los suyos, trabajando incansablemente en conseguir la encarcelación de los fugitivos.

Antonio, el hijo de Biagio, decide seguir los pasos de su padre y convertirse en policía. Su padre intenta disuadirlo, pues es una profesión muy dura y peligrosa, pero Antonio ya tiene clara su vocación. El joven desea incluso formar parte de los escoltas que protegen al juez Falcone.

Sicarios de la Mafia asesinan a Ignazio Salvo, y poco después también a Salvo Lima. Ambos eran antiguos aliados de Riina en el mundo de la política regional, y el capo quedó muy decepcionado con ellos porque no pudieron evitar que las cadenas perpetuas del Maxiproceso fueran ratificadas.

Mayo de 1992: Giovanni Brusca, uno de los sicarios más feroces de Riina, prepara y supervisa la colocación de una bomba en un túnel bajo la carretera por la que unas horas después habrá de pasar el coche del juez Falcone y su escolta. Tras una charla en una universidad, el carismático magistrado se pone al volante de su vehículo y conduce por la carretera donde Brusca ha instalado el poderoso explosivo. Ésta vez el control remoto para activar la bomba no falla… Giovanni Falcone sobrevive a la detonación pero muere poco después en el hospital. Riina y sus hombres, que han seguido a través de la televisión el desarrollo de los acontecimientos, celebran el asesinato brindando con Moët & Chandon.

Sólo tres meses después también vuela por los aires el juez Paolo Borsellino, en otro atentado con coche-bomba.

Totò comienza a mostrarse suspicaz hacia su segundo al mando, Binnu Provenzanzano. Ambos tienen ideas diversas acerca de cómo manejar el clan de los Corleoneses. Riina sigue empeñado en proseguir su “guerra contra el Estado”, mientras que Provenzano cree esa campaña de tiroteos y coches-bomba puede en última instancia volverse contra ellos – Y no sólo por la persecución de la Justicia, sino también porque cada vez comienza a haber más “infames”, más chivatos o pentiti. Riina le responde a Provenzano que la estrategia de intimidación debe continuar (“Para hacer la paz, antes hay que hacer la guerra”), y que ellos, los Corleoneses, son los que “desde hace treinta años hacemos las leyes… sin la necesidad de escribirlas”.

Riina, sin embargo, está dispuesto a negociar; siempre y cuando se cumplan sus “condiciones”: la anulación de las cadenas perpetuas del Maxiproceso. El ex-alcalde Vito Ciancimino se encarga de mediar entre los Corleoneses y las autoridades.

Balduccio Di Maggio, uno de los guardaespaldas de Totò, es arrestado al encontrársele en posesión de una pistola. Una vez en el calabozo, decide colaborar con la policía y solicita hablar personalmente con el general Delfino: A éste le confiesa ser un miembro de la Cosa Nostra… y conocer el paradero del buscado Riina.

El complejo residencial del capo es vigilado por agentes de paisano desde una furgoneta. Cuando el 15 de enero de 1993 Riina es recogido por su chófer, los policías se aprestan para arrestarlo. Tras seguir el coche del jefe supremo de la Cosa Nostra por las calles de Palermo, consiguen detenerlo vivo. “Quién os envía?” pregunta el confuso Riina al ver que hombres armados se disponen a inmovilizarlo. “Falcone y Borsellino nos envían” es la respuesta de los agentes mientras le colocan las esposas.

Llevado a los calabozos, mientras las noticias transmiten su captura (algo que vemos en montajes paralelos con imágenes de archivo de los noticiarios reales de aquel momento) volvemos al punto de partida del primer capítulo (se cierra el círculo), con Totò Riina recibiendo en su celda la visita de un viejo conocido… que no es otro que el inspector Biagio Schirò, ahora cojo, quien pone frente a Totò el motorista de juguete – un símbolo de la infancia para ambos. Los dos comparten un mismo origen, pero tuvieron carreras diametralmente opuestas. Totò dedicó su vida al crimen, y Biagio consagró su existencia a la captura de Totò.

Por su parte, Bernardo “Binnu” Provenzano y Leoluca Bagarella registran las oficinas del arrestado líder para eliminar cualquier tipo de indicios comprometedores. Provenzano encuentra las instrucciones que Riina había dejado escritas, guardadas en una caja fuerte. Ahora, él se convierte en el máximo jefe de la Mafia…

Fin de la miniserie

FHP, diciembre de 2016

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