„Il Capo dei Capi“ (Miniserie sobre Totò Riina, 2007) – Capítulo 5

Aquí puede leerse la introducción a la miniserie

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Il capo dei capi

Italia, 2007

Director: Alexis Cahill, Enzo Monteleone

Guión: Stefano Bises, Attilio Bolzoni, Giuseppe D´Avanzo, Claudio Fava, Domenico Starnone

Intérpretes: Claudio Gioè (Totò Riina), Daniele Liotti (Biagio Schirò), Salvatore Lazzaro (Bernardo Provenzano), Simona Cavallari (Teresa), Gioia Spazzani (Ninetta Bagarella), Andrea Tidona (Giovanni Falcone), Gaetano Aronica (Paolo Borsellino)

Música: Luigi Seviroli

Capítulo 5 (1982-1987)

El diputado comunista Pio La Torre llega a Sicilia, manifestando su oposición a la base militar norteamericana que está por instalarse en la isla (en la localidad de Comiso). Cuando empieza a crecer la popularidad del incómodo político, Totò Riina ordena que sea asesinado. La Torre no cuenta con auténticos guardaespaldas, tan sólo con un chófer desarmado. Un grupo de sicarios de la Mafia tirotean su coche, matando al diputado. Tras el crimen, se adelanta la llegada a Sicilia del general Carlo Alberto dalla Chiesa. En calidad de prefecto, el incorruptible y eficiente dalla Chiesa busca procesar a los jerarcas del crimen organizado.

Biagio nota que también el general se mueve por Palermo muy desprotegido, tomando un autobús como un ciudadano más. Los magistrados Giovanni Falcone y Paolo Borselino comienzan a trabajar en la preparación de un proceso contra la cúpula de la Mafia. Biagio se teme que los grandes jefes no serán arrestados: “A lo mejor, porque alguien ha decidido que son intocables”. Su obsesión con ver entre rejas a Riina crece cada día más. Sus compañeros policías le consideran un “archivo ambulante” de datos de los mafiosos. Biagio propone arrestar a Vito Ciancimino, el ex-alcalde de Palermo asociado a los Corleoneses. Falcone, además, está dispuesto a seguir la pista del dinero; en esclarecer cómo la Mafia blanquea y recicla los millones procedentes de sus actividades ilegales. Las oficinas del empresario Ignazio Salvo, relacionado con Ciancimino, son registradas por órdenes del comisario Cassarà, nuevo superior de Biagio.

Poco después de instalarse en Sicilia, el general della Chiesa y su mujer son acribillados a balazos en su coche por los sicarios de Riina. Della Chiesa pretendía descabezar a la Cosa Nostra usando la colaboración de los “pentiti” (o “arrepentidos”). Desde su refugio en una masía por las montañas, mientras cultiva tomates en su huerto, Totò Riina ordena a quién hay que matar. Se trata de eliminar a todos aquellos que sean una amenaza para la preservación de su poder. Comienza así una guerra entre la Mafia y el Estado italiano – al menos en teoría…

Mientras tanto, Tomasso Buscetta se ha instalado en Brasil. Descontento con el rumbo que ha tomado la Cosa Nostra bajo el liderazgo de los Corleoneses marchó al exilio a Rio de Janeiro, donde continúa envuelto en negocios ilegales usando una identidad falsa y residiendo en una ostentosa mansión. Apuzzo, uno de los antiguos colaboradores de Buscetta, sigue en el grupo de Riina; y trata de convencer a éste de que abandone la campaña de atentados. Las muertes sangrientas de personajes tan destacados como el general della Chiesa son contraproducentes según su parecer. Totò comienza a sospechar de la fidelidad de ese Apuzzo, y está seguro de que en realidad sigue al servicio de Buscetta.

El prefecto Rocco Chinicci se convierte en el sucesor de della Chiesa. Se desplaza en automóviles blindados y sí que tiene escoltas, pero ni siquiera eso puede evitar que la Mafia acabe con él: En 1983 su vehículo vuela por los aires tras un atentado con coche bomba. Hasta el momento, los asesinatos de dignatarios del estado por parte de la Mafia se habían ejecutado a base de tiroteos con fusiles Kalashnikov.

Apuzzo viaja a Brasil para encontrarse con su antiguo jefe Buscetta. Trata de persuadirle de que regrese a Sicilia para retomar el control de la Cosa Nostra. Pero Buscetta prefiere mantenerse lejos del megalómano Riina. El exiliado cree que la política y los servicios secretos están implicados en el ascenso de los Corleoneses a la cúpula; y que la “guerra contr la Mafia” en realidad no es más que una farsa.

Cuando Apuzzo regresa a Sicilia, Totò sabe que ha estado en Brasil. Los Corleoneses, temiendo que Tomasso Buscetta trame desde el otro del lado del Atlántico alguna maniobra contra ellos, emprenden una cacería brutal contra los mienbros de la familia Buscetta: Y no sólo contra los de su “familia” mafiosa, sino también contra los de familia carnal. Hijos, hermanos y otros parientes de “Don Massino” son masacrados, tiroteados o disueltos con ácido en bañeras. Los sanguinarios excesos de ésta nueva purga los vemos en montaje paralelo con una bucólica escena de Totò columpiando a su hija de unos diez años en el jardín de una de las masías donde se ocultan.

Biagio, que continúa siguiéndole la pista a su archi-enemigo Totò, halla en una de esas casas el cadáver de Apuzzo y otro de los hombres de Buscetta, así como receptáculos con restos humanos corroídos por el ácido. Además, el policía también encuentra un viejo juguete que le resulta familiar: Un motorista en miniatura que parece hecho en los años ´40. Biagio, que conoce a Totò desde su infancia, sabe que el fugitivo tenía un juguete igual…

En Brasil, Buscetta es arrestado por narcotráfico. En los calabazos, es torturado por la policía brasileña pero se niega a hablar. Le pide a uno de sus hombres una ampolla de veneno para quitarse la vida. Biagio vuela a Brasil para custodiar a Buscetta, quien debe ser extraditado a Italia. Durante el vuelo de regreso a Sicilia, el mafioso arrestado ingiere la cápsula dispuesto a  suicidarse, pero una rápida intervención de los médicos de a bordo le salva de la muerte.

Una vez en Palermo, Buscetta solicita hablar con el juez Falcone. Quiere contarle al magistrado todo lo que sabe acerca de Riina y los Corleoneses. Pero antes, desea dejar bien claro que el no es un infame, que no es un chivato ni un pentito: “Yo no traiciono a Cosa Nostra, Cosa Nostra se ha traicionado a sí misma”. Y además, reafirma su convencimiento de que hay poderes ocultos a los que no les interesa terminar con el crimen organizado, ya que buscan perpetuar la estrategia de la tensión: “No creo que el estado italiano tenga la intención de destruír a la Mafia”. O también que “mataron a della Chiesa para hacerle un favor a cierto político de Roma”.

Binnu Provenzano le comunica a Totò Riina que Buscetta ha comenzado a irse de la lengua. Pronto, los máximos jefes de la Cosa Nostra a excepción de ellos dos son apresados y presentados ante los tribunales. 366 órdenes de captura son emitidas por la fiscalía contra individuos relacionados con la Mafia. Riina nota que Falcone y Borselino están demasiado bien protegidos: Trabajan en una especie de bunker. Pero el comisario Montana, superior de Biagio, no tiene tanta suerte. Es tiroteado mientras pasea con su novia, en presencia de ésta y bastante más gente. Algunos testigos han tenido tiempo de memorizar la matrícula del coche en el que huyen los pistoleros. Poco después es apresado uno de los presuntos sicarios, un tal Marino.

Mientras, Antonio, el hijo ya adolescente de Biagio, decide regresar a Palermo con su padre. Teresa, madre del joven y esposa del policía, también llega al día siguiente. Estando con su familia, Biagio recibe una llamada telefónica donde se le informa que sus hombres en la comisaría se han “propasado” durante el interrogatorio a Marino: Los agentes, que mucho admiraban al comisario Montana, se dejaron llevar por la ira y golpearon a Marino hasta provocarle la muerte. Ahora los agentes son investigados por brutalidad policial, mientras que se ha perdido el posible nexo entre los asesinos materiales y quienes dieron las órdenes.

Falcone y Borselino han completado más de 8.000 páginas de instrucción judicial recopilando datos contra los 500 imputados: Se trata del Maxiproceso de Palermo (1986). El macrojuicio es televisado, y Riina lo ve desde su escondite. El viejo Liggio le indigna por su actitud payasesca y por ser un bocazas: Admite la existencia de la Mafia durante el juicio, jactándose de ser un “gran padrino” y de la ayuda que Cosa Nostra prestó a las cloacas del Estado durante el intento de golpe del príncipe Borghese.

Llega el momento del testimonio de Buscetta: Falcone le dice poco antes que “usted va a defender su honor perdiéndolo”. Buscetta es increpado por los procesados, pero declara ante los jueces todo lo que sabe sobre la Mafia y su estructura.

Poco antes del fin del proceso llega la famosa y extraña advertencia de Michele Greco, el gran mediador y árbitro entre las distintas facciones de Cosa Nostra conocido como el Papa: “Io vi auguro la pace…” – Greco les “desea la paz” a los jueces, porque “la paz es la tranquilidad y la serenidad del espíritu” y eso es lo que se necesita a la hora de juzgar a los demás. Así, el imputado les desea la paz a los jueces y “a sus familias” – lo que es susceptible de ser interpretado como una velada amenaza… (Palabras del auténtico Michele Greco en el verdadero Maxiprocesso… y versión de la serie )

En 1987 llega la sentencia del Maxiproceso: Greco, Liggio y los demás jefes son condenados a cadena perpetua. También, en ausencia, Riina y Provenzano; quienes continúan en paradero desconocido.

Biagio sigue buscando a Totò, y siguiéndole la pista pregunta por las jugueterías de Palermo si alguien ha comprado recientemente un motorista en miniatura como el que él encontró en la masía-escondite de Riina. Éste último es avisado, y ordena a sus hombres que le traigan a Biaggio vivo.

Cuando Biaggio y su mujer Teresa acuden a una estación de autobuses para recoger a su hijo Antonio, los esbirros de Riina se disponen a secuestrar al policía. Pero éste nota la sospechosa presencia de los dos individuos y se produce un tiroteo: Ante los ojos de su mujer e hijo, Biaggio recibe un balazo en la pierna y otro en el pecho.

FHP, diciembre de 2016

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