La Rosa Blanca – Roberto Gavaldón, 1961

La Rosa Blanca

México, 1961

Director: Roberto Gavaldón

Género: Drama social

Guión: Roberto Gavaldón, Emilio Carballido, Phil Stevenson (basándose en novela de B. Traven)

Intérpretes: Ignacio López Tarso (Jacinto Yáñez), Christiane Martel (Georgette), Reinhold Olszewski (Kollenz), Rita Macedo (Carmen)

Música: Raúl Lavista

Argumento

Veracruz, 1937. El ranchero Jacinto Yáñez recibe la visita del licenciado Pérez, intermediario para una compañía de explotación petrolífera. Pérez está interesado en adquirir su hacienda “Rosa Blanca”, que incluye vastos terrenos repletos de yacimientos. Sin embargo, Jacinto no está dispuesto a vender las tierras que heredó de sus ancestros y que piensa dejar algún día a su hijo Domingo. Pérez insiste: “Todo hombre tiene su precio…” y prepotentemente vacía sobre la mesa un saco de monedas de oro. La riqueza material parece no impresionar al ranchero, lo que indigna al intermediario de la compañía: “De modo que no quiere colaborar con el progreso…” le espeta, amenazándolo con enviarlo al manicomio, pues “ésta loco”. Además trata de intimidar a su familia.

En Los Angeles, California, el magnate petrolero Mr. Kollenz maneja sus negocios y es informado de que en México un testarudo pequeño terrateniente se niega a vender su propiedad. Los miembros de la junta directiva comienzan a debatir sobre la forma de proceder al respecto: Deciden unánimemente eliminar a Jacinto Yáñez. Pero Kollenz, jefe de la junta, se opone; pues ello podría acarrearles problemas con el gobierno del vecino México, y prefiere traer al ranchero a California para “hablar personalemente con él”. Entonces, si aún así no se le logra convencer de que sea “razonable”, es posible que Yáñez tenga “algún accidente” encontrándose en EEUU. Kollenz contrata a Abner para traer al incómodo mexicano a Los Angeles.

El gobernador de Veracruz, que también es visitado por Pérez, no aprueba echar a Yáñez por la fuerza. Se pone de su parte, pues está en su legítimo derecho de no vender. Pérez teme que en el futuro le venda sus tierras a la competecia. El gobernador no ve con buenos ojos que los beneficios de la explotación petrolífera nacional a quien más beneficien sean a las empresas extranjeras.

Entretanto, en “Rosa Blanca” los Yáñez comienzan a experimentar las hostilidades del enemigo, que ya ha adquirido las propiedades colindantes para extraer petróleo. Ello repercute en el rancho resistente, pues campos pertenecientes a éste son manchados de “chapapote”.

Abner, especulador de terrenos, viaja a México y trata de ganarse la confianza de la familia Yáñez, invitando a Jacinto a “su rancho” en California…

Comentario

Interesante película mexicana que pese a haber sido realizada hace más de 50 años no ha perdido un ápice de actualidad. Aún hoy, más que antes si cabe, las multinacionales continúan con su codicia tratando de expulsar de sus tierras a los legítimos propietarios. Y no sólo las del petróleo.

“La Rosa Blanca es algo más que cerdos y caballos” dice Jacinto Yáñez, “es un pedazo de mi patria, es mi vida y la de mi gente”.

Las consecuencias de lo narrado en el film llevaron a la expropiación petrolera decretada en 1938 por el presidente mexicano Lázaro Cárdenas.

Obsérvese que el intento de comprar el rancho de Yáñez se realiza en nombre del “progreso”. El “progreso” ultracapitalista y el “progresismo” post-sesentayochista de carácter marxista cultural son en realidad dos caras de la misma moneda y contribuyen a retroalimentarse. Ambas corrientes están establecidas sobre la base del tiempo lineal, que considera que hay que enfocarse hacia un nebuloso y utópico “progreso ilimitado” en el “futuro”. Los antiguos sabían que el tiempo no es lineal sino cíclico. Ese mesiánico y abstracto “progreso ilimitado” de la ilusoria modernidad sólo existe en las mentes de sus ideólogos.

Podríamos señalar aquí que los pequeños terratenientes como el protagonista tuvieron que enfrentarse a aquellos que querían desposeerles de sus propiedades tanto desde la “izquierda” (comunistas, véanse los kulaks en la URSS) como desde la “derecha” (multinacionales capitalistas, como es el caso de ésta película). Capitalismo y comunismo tienden al mismo fin: el globalismo y la colectivización total de propiedades en manos de unos pocos; y el mayor enemigo de ambos en el aspecto económico son siempre los pequeños propietarios, aquellos que de manera autárquica administran sus tierras sin interferencias foráneas.

“Rosa Blanca” tuvo que enfrentarse a la censura por tratar un tema demasiado delicado, y aunque fue filmada en 1961 no apareció en la gran pantalla hasta más de una década después.

El director Roberto Gavaldón realizó en 1960 la excelente “Macario”, también protagonizada por el gran Ignacio López Tarso. “Macario” tiene una temática similar a la del “Séptimo Sello” de Bergman (Un hombre se encara metafísicamente con la Muerte) y en mi opinión es bastante mejor que la sobrevalorada película del sueco.

Begoña Palacios, la actriz que interpreta a Lupe (novia de Domingo, el hijo de Jacinto) estuvo casada con el célebre Sam Peckinpah, al que conoció cuando éste realizaba un rodaje en México.

FHP, diciembre de 2015

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