Operación Dragón – Robert Clouse, 1973

Enter the dragon

Hong Kong/EEUU, 1973

Director: Robert Clouse

Guión: Michael Allin

Intérpretes: Bruce Lee (Lee), John Saxon (Roper), Jim Kelly (Williams), Ahna Capri (Tania), Robert Wall (Oharra), Betty Chung (Mei Ling), Bolo Yeung (Bolo)

Música: Lalo Schifrin

Género: Artes marciales, acción

Argumento

Lee es un joven experto en artes marciales, el más aventajado de los discípulos de un venerable monje shaolin. Éste, que además de kung-fu imparte profundas perlas de sabiduría oriental, le cuenta a Lee que está muy apenado porque uno de sus alumnos abandonó las rectas enseñanzas de la hermandad, traicionando los códigos de benevolencia y compasión para pasar a dedicarse a la búsqueda del lucro personal mediante el crimen. Se trata de un individuo llamado Han, un monje renegado que colgó los hábitos y vive ahora en el pomposo palacio que se ha hecho construir en una isla, acompañado por un séquito de guardaespaldas y concubinas.

El señor Braithwaite, agente de un servicio secreto, está investigando al tal Han. Hasta el momento no ha tenido éxito en probar ningún delito concreto contra él. Pero es un secreto a voces que Han lidera una organización dedicada al narcotráfico, y muchas atractivas mujeres desaparecen para siempre en las inmediaciones de su isla. Allí, Han ha creado su propia escuela de artes marciales y organiza unos torneos cada cierto tiempo. Aprovechando esa circunstancia, Braithwaite decide reclutar a Lee para que, haciéndose pasar por un luchador más de la competición, logre arrojar algo de luz sobre las siniestras actividades de Han. Braithwaite le explica a Lee que ya habían enviado a una agente a la isla, y le enseña la foto de la chica, llamada Mei Li. Pero hace meses que Braithwaite no ha podido contactar con ella, y se teme lo peor: Cadáveres flotantes aparecen de vez en cuando en las costas, y aunque se sospecha que la red de Han está implicada en esos escabrosos delitos no hay manera de probarlo.

Lee acepta el trabajo que Braithwaite le encomienda. Antes acude a ver a su padre, quien le advierte del gran peligro que le aguarda en la isla… La hermana de Lee murió recientemente, pero hasta ahora el padre le había ocultado a Lee el auténtico motivo del deceso: La muchacha fue abordada por los matones de Han, quienes trataron de abusar de ella. Viéndose acorralada, se suicidó clavándose un trozo de vidrio en el vientre. Ahora, Lee tiene una motivación más para enfrentarse a Han y su banda: Vengar a su hermana.

En el barco rumbo a la isla, Lee conoce a dos norteamericanos que también se han inscrito para el torneo. Se trata de Roper, un buscavidas arruinado y amante del juego, acosado en EEUU por unos extorsionistas; y el mulato Williams, quien entrena en un dojo para negros y al que la policía hostiga por motivos racistas.

En ese mismo barco Lee se enfrenta a un matón que le provoca, poniendo en práctica su genial técnica del “luchar sin luchar”…

Una vez en la isla, y antes de someterse a las duras pruebas, los candidatos que se han apuntado a la competición son agasajados por la hospitalidad del poderoso Han. Lee, Roper, Williams y los demás participan en un fastuoso banquete, con exquisitos manjares, música tradicional, bailarinas y luchadores de sumo como entretenimiento. Cuando aparece Han en persona para saludar a sus huéspedes, el espectáculo se congela instantáneamente. Salta a la vista que sus subordinados veneran al dueño de la isla como a un dios. Todos sus esbirros son expertos en artes marciales, y no sólo ellos: También sus concubinas. Una de las chicas que le acompaña es capaz de realizar prodigios con los dardos, haciendo que se claven en unas manzanas en el aire.

Por la noche, los combatientes reciben visitas femeninas: Pueden escoger a una chica para solazarse. Lee sabe inmediatamente a cuál elegir: A la que lanzaba los dardos… Pues se trata de Mei Li, la agente – Lee la ha reconocido gracias a la foto que Braithwaite le mostró.

Una vez conducida a su alcoba, y cuando ambos se han quedado a solas, Mei Li le cuenta a Lee que sucesos muy inquietantes están produciéndose en la isla. De un día para otro las chicas desaparecen, y ella misma teme por su vida.

Al día siguiente comienzan los torneos. A Lee le llama la atención uno de los secuaces de Han en particular: Se trata de un occidental con barba y una cicatriz. Coincide con la descripción que su padre hizo del matón que lideraba a los que trataron de violar a su hermana, provocando su suicidio – Lee no puede esperar que llegue el momento de enfrentarse cara a cara a ese despreciable individuo…

Cuando llega la noche, Lee se aventura a salir de la “jaula dorada” en la que mantienen a los participantes del torneo para ir a investigar por la isla. Pero su presencia es detectada, y aunque él deja fuera de combate a los vigilantes, Han se da cuenta de que uno de sus “huéspedes” está “abusando de su hospitalidad”, metiéndose en lo que no le incumbe.

Pero como Han no sabe todavía quién es el metomentodo decide castigar a sus vigilantes por haber sido incapaces de detenerlo. Los guardianes son masacrados uno detrás de otro por el gigantón Bolo, uno de los más temibles guardaespaldas del señor de la isla – junto a Oharra, el occidental con barba y cicatriz.

Mientras prosiguen las competiciones, Lee seguirá tirando del hilo para desenmascar los turbios entresijos en los que el astuto Han anda metido. Para ello, no dudará en meterse en la mismísima boca del lobo – o mejor dicho, en la del dragón…

Comentario

Pocos días después de la sorpresiva (y aún no aclarada) muerte de Bruce Lee se estrenó en Hong-Kong ésta notable película, con la que el célebre artista marcial y actor concluía su corta pero contundente carrera cinematográfica como rey indiscutible del kung-fu.

Ya desde las primeras escenas nos percatamos de que “Enter the dragon” está impregnada por la filosofía taoísta del combate y de la vida que siempre enarboló Bruce Lee. Esa ética guerrera y metafísica la compilaría por escrito en su “Jet Kune Do”, un libro sobre el arte marcial desarrollado por él. “¿Cuál es la mejor técnica? No tener técnica”. “No pienses, ¡siente!” Vemos los distintos niveles de aprendizaje en las escuelas de lucha, pues al igual que Bruce Lee tiene un anciano maestro, también tiene un joven alumno; al que a su vez trata de traspasarle los conocimientos recibidos.

Como particularidades estructurales del largometraje, mencionar que los títulos de crédito no aparecen hasta bien entrados los diez minutos, y que se produce un flashback dentro de un flashback – recurso poco común y bastante arriesgado que sin embargo está resuelto con maestría y perfectamente hilvanado en la trama. El flashback dentro del flashback corresponde al momento en el que Lee navega rumbo a la isla y recuerda su encuentro con su padre antes de partir; y con el relato de éste (el acoso y muerte de la hermana) tenemos el flashback “encajonado”. La hermana, interpretada por Angela Mao, se practica por cierto una especie de hara-kiri (aunque es china y no japonesa).

El protagonista es análogo a los que Bruce Lee caracterizó en sus anteriores tres films: “The big boss” (1971), “Fist of fury” (1972) y “The way of the dragon” (1972) – los primeros dirigidos por Wei Lo y el tercero por el propio Lee. Se trata de un artista marcial que, confrontado con una banda delictiva se torna justiciero. Sólo que aquí, además, es contratado por los servicios secretos (británicos, se supone). No es tan conocido el hecho de que Bruce Lee ya había participado en varias películas de Hong-Kong durante su niñez y adolescencia. Pero esas producciones no tenían las artes marciales como temática. La fama en EEUU, y por tanto la fama mundial, le llegaría tras interpretar a Kato en la serie “The green hornet”, que se emitió entre 1966 y 1967. Acto seguido llegarían sus cuatro famosas películas de acción, contribuyendo a la moda del kung-fu que se desató en occidente durante los ´70.

Roper está caracterizado por John Saxon, quien ese mismo año de 1973 había tenido el papel antagonístico en una recomendable película italiana sobre la Mafia: “Baciamo le mani” de Vittorio Schiraldi, que sobre todo teniendo en cuenta la época puede ser considerada una especie de exploitation de “El Padrino”. Saxon también apareció en varios polizzieschi y en “Tenebre“ (1982) de Dario Argento.

Jim Kelly da vida a Williams, el mestizo con look afro. La participación de éste actor y artista marcial busca conectar el cine de kung-fu con el subgénero setentero del “blaxploitation”, tan en boga en aquel momento. De hecho, Kelly protagonizaría una película titulada “Black samurai” (Al Adamson, 1977). Décadas después, Tarantino reivindicaría el blaxploitation con su “Jackie Brown” (1997).

Por cierto, viendo “Enter the dragon” me reafirmo en mi convencimiento de que el sobrevalorado Tarantino, definitivamente, no ha inventado nada nuevo. La estética y el tono “cool” del film son calcados a los que él emplearía para sus éxitos a partir de los años ´90.

Robert Wall, quien ya había intervenido en “The way of the dragon”, interpreta al cicatrizado barbudo “Oharra” (sic) – ¿no debería ser “O´Hara”?. El otro patibulario esbirro de Han es Bolo Yeung, hercúleo asiático culturista que destacaría desde los ´70 en un sinnúmero de películas hongkonesas de acción.

El ex-monje Han, transformado en megalómano rey del crimen, es un villano pintoresco y prototípico. Éste malandrín, brillantemente encarnado por Kien Shih, ha creado una especie de mini-estado en su isla, con bandera y todo. En el subsuelo, además de tener sus laboratorios para refinar el opio, mantiene cautivos a decenas de personas en sus mazmorras (para experimentos humanos, para probar en ellos la pureza de su droga). También él domina las artes marciales… Pero con trampas: Pues una de sus manos es una prótesis metálica (puede desenroscarla y colocar a placer otras “manos”, con pinchos o afiladas cuchillas). Su duelo final con Lee en el salón de los espejos tiene un importante contenido metafórico, que nos remite a las enseñanzas del sabio maestro shaolin al inicio de la película: “Tras la imagen (las apariencias), el enemigo oculta sus auténticos propósitos. ¡Destruye la imagen para destruir al enemigo!”

La memorable banda sonora, que combina ritmos funk con tradicionales acordes asiáticos, fue compuesta por el argentino Lalo Schifrin – autor de la música de la serie “Misión Imposible” (1966-1973) y las películas de “Dirty Harry” con Clint Eastwood.

FHP, marzo de 2017

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