Veneno para las hadas – Carlos Enrique Taboada, 1984

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Veneno para las hadas

México, 1984

Director: Carlos Enrique Taboada

Guión: Carlos Enrique Taboada

Intérpretes: Ana Patricia Rojo (Verónica), Elsa María Gutiérrez (Flavia)

Música: Carlos Jiménez Mabarak

Género: Fantasía, terror

Argumento

Verónica es una niña de unos 10 años que vive en la mansión de su abuela, junto a ésta y una criada. Sus padres murieron en un accidente siendo ella muy pequeña. Carmen, la empleada doméstica, le lee cada noche cuentos de brujas y fantasmas. La niña comienza a fascinarse con lo macabro, y en su fecunda imaginación se ve convertida en una poderosa hechicera.

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Ana Patricia Rojo como Verónica

A la clase de Verónica llega una alumna nueva, Flavia. “Ese es un nombre de araña“ le dice Verónica a su recién llegada compañera de pupitre, “mi araña se llama así”. Cuando Flavia se muestra muy sorprendida de que la otra niña tenga una araña, Verónica repone con aire misterioso que la necesita “para sus encantamientos”. Y afirma ser en realidad una bruja.

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Elsa María Gutiérrez como Flavia

Flavia pertenece a una familia no creyente y de clase alta. Sus padres son ricos burgueses racionalistas, y ella se ha criado como atea (Flavia: “¿Por qué otras niñas rezan cuando van a acostarse?” Madre: “Porque tienen miedo. Pero tú no.”). Por ello, cualquier tipo de espiritualidad siempre ha sido descartada en su casa como “supersticiones”. El conocer a la misteriosa Verónica despierta en Flavia una gran curiosidad hacia lo paranormal. A partir de ese momento la niña se siente atraída por todo aquello que no puede ser explicado por la ciencia empírica y materialista que preconiza su padre.

Un día en el colegio, Verónica escucha por casualidad una conversación de la directora en la que se entera de que la profesora de inglés se marchará de la escuela. Luego, en clase, le dice a Flavia que no hace falta que haga sus deberes de inglés, ya que la maestra no volverá. Cuando ésto se cumple, la manipulable Flavia empieza a cuestionarse si no será verdad que su nueva amiga tiene poderes mágicos y premonitorios.

Verónica continúa jugando a ser bruja, y le dice a Flavia que sabe las cosas con antelación porque se las dice “un búho”. También le cuenta que su forma física real es la de una anciana horrible, pero que se transforma en niña para no asustar a la gente… Cuando una tarde Flavia visita a Verónica en su casa, ésta última le dice que se va a “transformar en bruja” y corre a esconderse. Flavia la busca por la gran casa, un tanto asustada, y llega hasta un salón en el que se encuentra de improviso con la abuela de Verónica, sentada en un sofá. Flavia, que creía que Verónica vivía sola con la criada, piensa que es verdad lo que su extraña compañera le contara sobre su metamorfosis brujeril.

Varias veces por semana después de la escuela, Flavia acude a disgusto a clases de piano; impartidas por la francesa Madame Ricard. Convencida ya de que Verónica es una bruja, Flavia le pide que realice “un encantamiento” para librarse de las tediosas clases de piano. A partir de éste momento, se traspasa (sin posibilidad de retorno) la frontera que separa el juego infantil del mundo de lo macabro…

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Verónica lleva a Flavia a un sótano para realizar un ritual de magia negra. Allí, bajo la tenue luz de las velas, Verónica invoca a Satanás y conduce una ceremonia en la que es quemada una página del libro de música (empleado en las clases de piano) tras haber sido manchada con la sangre de ambas (de sendos pequeños cortes que se hacen en los dedos) – pues “la sangre es necesaria para que el Diablo nos haga caso”. Verónica pronuncia la petición: “Llévate a Madame Ricard muy lejos, y que no vuelva nunca”.

Pocos días después, mientras Flavia toca el piano en casa de madame Ricard, ésta se desploma súbitamente sin vida. Un ataque cardíaco, dicen los médicos. “Tarde o temprano tenía que pasar, ya había tenido dos infartos y no se cuidaba, fumaba demasiado…” comenta con su esposa el racionalista padre de Flavia. Pero la niña intuye que detrás hay “algo más”, algo de lo que se siente responsable. Esa noche sufre horrendas pesadillas.

“No quería que madame Ricard muriese…” se lamenta Flavia con Verónica. Ésta se limita a responder con frialdad: “Pedimos que se la llevaran muy lejos y que nunca volviera…”

Flavia está cada vez más sugestionada por Verónica. La niña con vocación de bruja ha logrado dominarla a su antojo. Verónica, sabedora de su poder (que comenzó como algo imaginario pero ya es real), le advierte de que no hable con nadie sobre los oscuros “pactos satánicos”, y comienza incluso a extorsionarla: “Vas a hacer siempre lo que yo diga…”

La abuela de Verónica le regala unos cuentos que pertenecieron a su difunta madre. Sin embargo la pequeña se aburre pronto con esas insípidas fábulas. “Esos cuentos están muy tontos, no dicen nada de brujas” protesta Verónica decepcionada a la criada Carmen. “Es que son cuentos de hadas” repone la sirvienta, “las hadas son enemigas de las brujas”. Eso despierta en Verónica el odio hacia esas benignas criaturas etéreas, y el deseo de “matarlas”…

Llegan las vacaciones escolares y Flavia se dispone, como cada verano, a pasarlas en el extenso rancho de su padre. Verónica coacciona a su “amiga” para que la lleve con ella. Una vez las dos niñas pasean por los idílicos parajes, Verónica manifiesta su intención de reunir una serie de “ingredientes” (patas de araña, culebras, tierra de panteón…). Pues tiene pensado elaborar una poción mágica: Un “veneno para las hadas”…

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Comentario

Como ya hiciera en “El libro de piedra” (1969), Taboada retoma el tema de la brujería y las “niñas perversas” para brindarnos una preciosa historia de horror gótico – dotada además de gran profundidad psicológica. Taboada aborda y explora los límites entre lo racional y lo irracional, entre el pensamiento y la realidad. Algo que comienza como un juego inocente va gradualmente transformándose en algo muy serio y temible.

Verónica es una niña adorable con una marcada predilección por lo siniestro. Influenciada por los cuentos de terror se identifica con las brujas que en ellos aparecen, y su fantasía consigue poco a poco ir transformando la realidad (En eso consiste precisamente la magia). En la sugestionable Flavia, una compañera nueva que la toma en serio y no se burla de ella como las demás niñas, Verónica ve una “discípula” a la que podrá moldear según su voluntad, y que le brindará las oportunidades que necesita para “probar” sus facultades paranormales…

Junto a “Hasta el viento tiene miedo” (1968), “El libro de piedra” (1969) y “Más negro que la noche” (1975), “Veneno para las hadas” conforma la tetralogía del terror gótico del director mexicano Carlos Enrique Taboada. Los cuatro films conjugan el suspense con elementos paranormales de una forma muy parecida (y con una atmósfera muy similar) a la que empleó en España el maestro Narciso Ibáñez Serrador por aquellos mismos tiempos en sus célebres “Historias para no dormir”.

“Veneno para las hadas” resulta muy atractiva no sólo en lo que respecta a la trama y a la evolución de la historia (con un maravilloso y sorprendente final); sino también en la estética y visualmente. En el prólogo, donde vemos cómo Verónica fantasea con degollar a una mujer en una secuencia rodada en tonos sepia, vemos manar una “sangre” (pintura roja) que recuerda a la empleada por Argento y otros realizadores de gialli italianos. La cinematografía está muy cuidada y la evocadora banda sonora es muy superior a la de los otros tres films de la tetralogía.

Ana Patricia Rojo, que interpreta a Verónica, continúa hasta el día de hoy su carrera de actriz; si bien apareciendo mayormente en series y telenovelas. En cambio Elsa María Gutiérrez (Flavia) no volvería a ponerse detrás de las cámaras.

FHP, marzo de 2016

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5 respuestas a “Veneno para las hadas – Carlos Enrique Taboada, 1984

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