Zatoichi goyo-tabi (a.k.a. Zatoichi at large)- Kazuo Mori, 1972

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Zatoichi goyo-tabi (a.k.a. “Zatoichi at large”)

Japón, 1972

Director: Kazuo Mori

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kinya Naoi

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Rentaro Mikuni (Tetsugoro)

Música: Kunihiko Murai

Argumento

Una mujer es asaltada en el campo. Su agresor se lleva su dinero y la deja malherida. Poco después aparece Zatoichi, quien se da cuenta de que la víctima del atraco está en avanzado estado de gestación. La embarazada rompe aguas allí mismo, y Zatoichi se ve en la situación de tener que asistirla como “comadrona”. Tras el nacimiento del bebé, la madre le pide que lo lleve a la ciudad de Shiobara, para una vez allí entregar el niño a su padre Sataro.

Ichi se dirige hacia ese lugar. Por el camino, un niño de unos 7 años no cesa de tirarle piedras, sin que para ello exista motivo aparente.

El masajista, escuchando las conversaciones de unos pasantes, se entera de que lo están buscando. Hay una orden de captura contra él y se ofrece una recompensa de 2 ryo por su cabeza. Ichi, empedernido jugador, participa en un juego de dados y vence ante el asombro de todos los presentes (entre los que se encuentra una estrafalaria pareja de cómicos).

Una vez en Shiobara, Ichi pregunta por el tal Sataro. Un joven le dice que es el hijo del que elabora el sake en el pueblo… Pero ello resulta ser una tomadura de pelo, pues ese Sataro es un niño que de ninguna manera puede ser el padre del bebé. Éste debe ser otro Sataro… Tras preguntar al progenitor del joven bromista que le llevó hasta allí, Ichi averigua que Sataro es un yakuza que de momento no se encuentra en la localidad. Pero tiene una hermana llamada Oya-e que trabaja en la posada del pueblo.

Cuando Ichi presenta la criatura a su tía, ésta inicialmente se muestra reticente a hacerse cargo del recién nacido. Pero acepta dejar al bebé a cargo de un matrimonio con familia numerosa hasta que regrese Sataro. “Con ocho bocas que alimentar, una más no será mucha diferencia…” Ichi les paga algo de dinero en concepto de manutención.

El niño que le tiraba piedras sigue persiguiendo al ciego, y continúa lanzándole aún más piedras a la cabeza, sin que Ichi se explique el porqué.

El ciego decide quedarse en Shiobara hasta que regrese Sataro, y Oya-e le invita a quedarse hasta entonces en su posada, a cambio de que trabaje como masajista para sus clientes.

Hasta ese momento, Shiobara era una localidad tranquila, donde reinaba la paz y la concordia. El condestable Tobei (algo así como el alcalde, o jefe del pueblo) vela para que las leyes se cumplan, y logró hace ya años expulsar a la yakuza (Tobei era el hombre que Zatoichi se encontró poco después de llegar allí, el padre del joven bromista que le presentó al falso Sataro). Pero por esos días llegan a la zona el terrible oyabun Tetsugoro y su cortejo de matones y esbirros. El implacable jefe yakuza está decidido a tomar el control de Shiobara, cobrar impuestos de “protección” a todo el mundo y transformar posadas y locales respetables en burdeles y casinos.

Pero el condestable Tobei es todavía un obstáculo para los planes de Tetsugoro. Éste trata de persuadirle de “buenas maneras”, ofreciendo incluso sobornos, pero ante la férrea voluntad del incorruptible Tobei no hay nada que hacer. Su joven hijo intenta convencerle de que lo mejor para todos es colaborar con la yakuza, pero el condestable continúa negándose pese a toda clase de intimidaciones.

Tetsugoro elabora una lista con los nombres de las mujeres jóvenes del pueblo, cuyas familias tienen “deudas” con su organización. Si las mujeres no pagan, deberán trabajar para él como prostitutas. Una de las chicas que se halla en tan difícil situación es Oya-e, la tía del bebé y hermana del ausente Sataro, que hospeda a Ichi en su pensión.

También los payasos y los cómicos ambulantes no se libran de la extorsión yakuza. Tras ver una muestra de sus actuaciones, el oyabun concluye que cada uno de ellos deberá abonarle de ahora en adelante el 50% de sus ganancias… Se trata de muchísimo dinero, teniendo en cuenta que se avecina un festival popular.

Ichi pronto descubre que los bandidos está aterrorizando a la población y se presenta ante Tetsugoro para “persuadirle” de que deje en paz a los pobres y honrados lugareños… Realizando una demostración de su prodigioso manejo de la espada, Zatoichi logra intimidar al temible jefe yakuza que a su vez había intimidado a todo el pueblo: Tetsugoro acepta así, presionado por Ichi, no cobrar porcentajes a nadie.

Ichi busca a Oya-e, mientras la chica junto al bebé baraja la posibilidad de huir del lugar… Cuando Ichi la encuentra, la muchacha revela su acuciante problema: Si su hermano no trae pronto los 20 ryo, ella tendrá que prostituirse para Tatsugoro… Zatoichi le promete que su hermano regresará pronto.

Y efectivamente así sucede. Sataro regresa al día siguiente, sin saber que ya ha sido padre e ignorando que ahora es viudo… Sataro agradece a Ichi que trajera al bebé hasta allí, tras lo cual el masajista se despide para continuar su camino.

Cuando Oya-e le informa al recién retornado acerca de la muerte de su esposa Oshino, Sataro le pregunta a su hermana si recibió los 20 ryo que él le enviara a través de ella… La chica responde que no. Cuando se encontró su cadáver no llevaba consigo nada de dinero. En consecuencia, Sataro sospecha que Ichi se quedó con los 20 ryo… Y todo se torna aún más truculento y sombrío cuando aparece Kenta, el hijo mayor de Sataro, quien no es otro que el niño que lanzaba piedras a Zatoichi: Kenta asegura que el ciego mató a su madre. Como el pequeño vio a Ichi junto a su madre muerta, lógicamente piensa que la asesinó él (y que se apropió de los 20 ryo), pues no llegó a ser testigo de que antes la mujer había sido atracada y golpeada – por otro…

Sataro alcanza a Ichi, y desenvainando su espada está dispuesto a matarlo. Pero el experto espadachín ciego le recomienda que guarde su arma, y asegura que él nada tuvo que ver con la muerte de su mujer y el robo de los 20 ryo. Para demostrarlo, está dispuesto a encontrar a los verdaderos culpables y traer el dinero.

Al mismo tiempo, el oyabun Tetsugoro trata de reclutar a los más capaces de entre sus hombres para que maten a Zatoichi – no está dispuesto a tolerar la afrenta que éste le inflingió ante los comerciantes y artistas locales. Un ronin, que según sus propias palabras “vale por cincuenta de sus hombres” recibe la misión de liquidar al ciego. Ese ronin aborda a Zatoichi poco después en la calle diciéndole: “Eres el espadachín más fabuloso que he visto. El sentido de mi vida es cruzar espadas con los mejores, por ello será un honor que nos batamos en duelo. No ahora mismo, pero tarde o temprano te prometo que nos enfrentaremos”.

Ichi participa en una sesión de juego de dados en un casino instalado por Tetsugoro. Por el sonido, descubre que la mujer que mueve los dados está haciendo trampas, y que los ha escondido en su boca: Ichi le abre la boca por la fuerza sacando de allí los dados mientras dice con socarronería: “Debías estar muy hambrienta…”

Poco después de eso, ya en la calle, nuevas piedras le llueven en la cabeza. El niño Kenta sigue considerándolo el asesino de su madre. Cuando Ichi forcejea con él, es circundado por varios hombres, que le creen un abusador de niños, y que logran reducirlo y llevarlo a las dependencias de los yakuza… Allí, atado de pies y manos, sufre brutales humillaciones. En las salvajes vejaciones al ciego participa también la mujer que hacía trampas en los dados a la que Ichi desenmascaró. Pero Zatoichi recibe una ayuda inesperada, de parte del ronin contratado para matarle…

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Comentario

Buenísima la decimosexta entrega de las aventuras de Zatoichi dirigida por Kazuo Mori. Además de protagonizar el film, Shintaro Katsu a través de su compañía “Katsu productions” se encargó de co-producir la película. En ella contamos con la participación de una pareja de cómicos (Reiji y Utae Shoji) que habíamos ya visto previamente en “Zatoichi goes to the fire festival” (Kenji Misumi, 1970). Antes de presentarse ante el oyabun Tetsugoro, la extraña pareja presencia la pericia de Zatoichi como jugador de dados: “Ver para creer!” afirma el marido asombrado “No, en su caso es oír para creer” repone su mujer…

Pese a ésta y otras pinceladas humorísticas, la trama está repleta de un intenso y emocionante dramatismo. La escena en la que Ichi desafía a los yakuza logrando intimidar al mismísimo Tetsugoro es impresionante. Ésta “Zatoichi at large” es una de las mejores “Zatoichi”, sin duda.

FHP, septiembre de 2015

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