Las aventuras de Zipi y Zape – Enrique Guevara, 1982

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Las aventuras de Zipi y Zape

España, 1982

Director: Enrique Guevara

Guión: Enrique Guevara, Ricard Reguant (basados en los cómics de José Escobar)

Intérpretes: Francisco Javier Valtuille (Zipi), Luis María Valtuille (Zape), Marta Angelat (doña Jaimita), Joan Monleón (don Pantuflo)

Música: Juan G. Poveda

Género: Comedia, infantil

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Argumento

Al colegio de los traviesos hermanos Zipi y Zape llega un niño nuevo. El retraído Oliverio se convierte pronto en el blanco de bromas y novatadas por parte de sus compañeros – quienes entre otras chanzas le hacen chutar un balón atiborrado de explosivos. Pero Zipi y Zape, que en el fondo no son tan gamberros como las malas lenguas afirman, deciden tomarlo bajo su protección. Agradecido, Oliverio les brinda su amistad. A la salida de la escuela les ofrece acompañarlos a casa a bordo de su lujoso Rolls Royce conducido por el chófer y mayordomo Bautista. Pues Oliverio es un niño de familia rica, que acaba de llegar a la ciudad procedente de un internado suizo. Es huérfano y vive con su atolondrada tía Aniceta.

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Unos gangsters italianos, entre ellos una chica, pretenden secuestrar a Oliverio y cobrar un jugoso rescate. Llegan procedentes de México y una vez en Barcelona cuentan con la complicidad de Bautista, quien debe facilitarles el rapto. Acosado por sus deudas en el juego, el chófer y mayordomo no tiene más remedio que participar en el delito. Entretanto, ajeno a que la banda le pisa los talones, Oliverio va con Zipi y Zape a una bolera. Allí conocen a unas niñas, de las que se hacen amigos. Petunia, una de ellas, tiene un programa de radio e invita a los chicos a un festival de rock que tendrá lugar por la noche.

Para acudir al evento, Zipi y Zape se escapan de casa descolgándose por la ventana; y van a buscar a Oliverio. Como la tía Aniceta está dando una fiesta en su casa, los gemelos aprovechan para colarse disfrazados de jeque árabe (uno encima del otro, el de debajo oculto por la túnica). Salen poco después llevándose consigo a Oliverio, pero Bautista ha descubierto su truco y pone sobre aviso a los gangsters.

En el festival de rock Zipi y Zape deben actuar. Tras ellos, el presentador del certamen invita a subir al escenario a los gangsters (quienes siguieron a los niños hasta allí) creyendo que forman parte de otro grupo musical, “los Gafitas” (pues todos llevan gafas de sol). Cuando, para disimular, los potenciales secuestradores deciden “seguir la corriente”: Se electrocutan al tomar las guitarras eléctricas (que han sido enchufadas por los gemelos). Pero el presentador del festival y los niños del público creen que están bailando… y “los Gafitas” reciben el primer premio.

Más adelante, los gangsters se disfrazan de chinos y a bordo de una furgoneta se disponen a llevarse a Oliverio. Cuando se ha consumado el secuestro, Zipi y Zape acuden a darle la noticia a la tía Aniceta. Desesperada, ésta decide contratar los servicios de su amigo Sherlock Holmes… quien parece sospechar de todo el mundo menos de Bautista.

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Zipi y Zape comprenden que no pueden confiar en la eficacia de ese detective y se dirigen a la estación de radio donde trabaja Petunia. Gracias a ella pueden hacer un llamamiento general a través de las ondas y ponen así en alerta a toda la ciudad sobre el secuestro de Oliverio por parte de “los cuatro chinos en una furgoneta”.

El mensaje radiofónico es escuchado por un jefe de bomberos que rompe a llorar desconsoladamente al enterarse de la noticia y ordena a sus hombres que busquen por todas partes al niño desaparecido. Para rescatar a Oliverio también se pondrán en acción “Los diablillos de Churly” y el poderoso Hulk…

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Comentario

Nos encontramos sin duda ante una de las películas más injustamente denostadas de la historia del cine español. Las películas más malas son las aburridas, y la que hoy nos ocupa en modo alguno lo es. Ésta adaptación a la gran pantalla del clásico cómic español de José Escobar es una deliciosa y disparatada comedia de humor absurdo, con gags absolutamente delirantes. El estilo de la escuela Bruguera, del que tanto ha mamado el tebeo hispano, es llevado hasta la hipérbole. Los más pintorescos estereotipos se resaltan como en una caricatura, pues no debemos olvidar que estamos ante un cómic con personajes de carne y hueso.

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El “empatillado y pluriempleado” don Pantuflo Zapatilla (catedrático de filatelía y colombofilia), y su “diligente y servicial” esposa doña Jaimita (aquí bastante grotesca y esperpéntica) son los padres de los entrañables gemelos protagonistas (Apréciese el detalle de que sus retratos cuelgan en el salón… como los dibujos originales de Escobar). Los cuatro viven en una casa con un cartel que anuncia “Zipi and Zape´s House”.

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La familia Zapatilla: En el papel y en carne y hueso

Cuando están en el colegio, los revoltosos hermanos no sólo sacan de quicio al gesticulante maestro don Minervo, provocando también innumerables disgustos al sufrido portero del centro. Y cuando vuelven a casa no dejan de hacer de las suyas: Toman sartenes para jugar al tenis usándolas como raquetas, practican rugby con un melón o desfondan una papelera para jugar al baloncesto… Ante tales barrabasadas, sus padres acostumbran a encerrarlos en el cuarto de los ratones. Sólo en las escasas ocasiones en las que los gemelos se portan bien, el severo don Pantuflo los premia con sus vales para la bicicleta. Hasta ahí todo es bastante fiel al cómic de Escobar. Asimismo, aparecen los habituales secundarios Sapientín (el primo empollón), y Peloto (permanente adulador de Don Minervo, y que aquí lleva una camiseta de Popeye). Sin embargo se echa de menos al ladrón “El Manitas”, al sereno don Ángel o a los Plómez. El gag de los dos hermanos que para disfrazarse de adulto se colocan el uno encima del otro (como se ve en la escena de la fiesta a la que llegan haciéndose pasar por “el visir Palangana”) es también bastante recurrente en los tebeos.

Lo más innovador de ésta apócrifa adaptación viene hacia el final: Con los crossover de Sherlock Holmes, el Increíble Hulk (!) y Los Ángeles de Charlie (parodiados aquí como “Los Diablillos de Churly”). También aparecen una especie de bomberos con armas bastante desfasadas y las siglas P.D.O. (?)

Digna de mención es la broma que Zipi y Zape gastan al taxista “andaluz”; haciéndole creer que Oliverio (al que previamente han untado salsa de tomate y colocado unos vendajes) es su abuelo (!?) al que quieren llevar al hospital…

La caracterización de los personajes es desternillante: Don Pantuflo tiene el bigote pintado con bolígrafo, y Tomasa, la criada negra de la tía Aniceta, es una mujer blanca maquillada para que parezca negra (y que habla con un falso y exagerado acento caribeño).

Ésta Tomasa recuerda bastante, por cierto, a Panchita; la oronda sirvienta negra del doctor Cataplasma – otro personaje de la mítica revista “Pulgarcito” de Bruguera. Tampoco tienen desperdicio los “gangsters italianos”… Éstos llegan procedentes de México sólo para que tenga sentido uno de los chistes del film (Bautista, cómplice de la banda, para comunicarse con los gangsters llama por teléfono y pide hablar “con Chihuahua”: Al otro lado de la línea se escuchan entonces unos ladridos…)

Como los clásicos mafiosos, siguiendo los cánones estereotípicos, visten gabardinas y portan consigo las armas ocultas en estuches de violines. Y como les suele suceder a los villanos de éste tipo de cómics, las cosas les salen mal no porque “los buenos” sean eficaces, sino debido a su extrema estupidez. Disfrazados de chinos y perseguidos por Hulk, los Diablillos de Churly y unos extraños bomberos con lanzas, el cuarteto de gangsters llega hasta la céntrica Plaza Cataluña, donde se encuentran con Zipi y Zape; y en un clímax apoteósico culmina así ésta joya del cine ibérico más psicótronico.

Al momento de rodarse el film, a comienzos de los ochenta, triufaban en España grupos pop infantiles como Parchís o Regaliz. A imagen y semejanza de éstos, los hermanos Francisco Javier y Luis María Valtuille (que encarnan al dúo protagonista y de los que nunca más se supo) interpretan cinco canciones a lo largo del metraje. Aún así sería exagerado incluír la propuesta en la categoría de musical.

Don Pantuflo está interpretado por el valenciano Joan Monleón, bastante conocido en su región por su presencia habitual en la desaparecida cadena autonómica Canal Nou.

La atractiva chica del jefe gangster es Berta Cabré (también conocida como Berta Singerman), quien participó en películas del cine quinqui como „Los últimos golpes del Torete“ (José Antonio de la Loma, 1980) y “Fanny Pelopaja” (Vicente Aranda, 1984), así como en la interesante “Viaje al más allá” (1980) del parapsicólogo Sebastián D´Arbó, donde compartió cartel con Narciso Ibáñez Menta.

El director Enrique Guevara (quien además compuso tres de las cinco canciones que cantan los hermanos durante la película) se había especializado previamente en el subgénero de la sexycomedia y el softcore (durante los años del “destape”) – No deja de ser curioso que pasara a realizar un film infantil como ésta “Las aventuras de Zipi y Zape” cuando venía de dirigir títulos como “Orgasmo caliente” (1981) y “El mundo sexual de la pareja” (1982). También en 1982 realizaría “En busca del polvo perdido”.

En lo personal considero que ésta adaptación más que digna de la obra de Escobar merece ser reivindicada (especialmente como comedia de humor absurdo), y que es superior a otras versiones cinematográficas del mundo del cómic que cuentan con mucho más presupuesto. Sería interesante conocer la opinión del historietista catalán sobre la película. Aún vivía cuando se estrenó y es muy probable que haya llegado a verla.

FHP, enero de 2017

 

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