Zatoichi va al festival del fuego – Kenji Misumi, 1970

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Zatoichi abare-himatsuri (a.k.a. “Zatoichi goes to the fire festival”)

Japón, 1970

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Shintaro Katsu

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Reiko Ohara (Kiyo), Ryunusuke Kaneda (Kuroko), Ko Nishimura (Migi)

Música: Isao Tomita

Argumento

En 1830, en la provincia de Kanto, un poderosísimo jefe del crimen organizado ha logrado unificar bajo su mando a todos los clanes de la Yakuza. Éste líder supremo, al que muy pocos han visto, controla con mano de hierro los negocios ilegales como el juego, la prostitución y la extorsión; y es conocido en todo Japón como “El Oscuro Señor Imperial”, o “el Shogun de los Bajos Fondos”.

Zatoichi llega a esa comarca tras presenciar como numerosos aldeanos se arrodillaban ante la comitiva de algún destacado personaje transportado en palanquín: “¿Quién es ese daimyo?” No obtiene respuesta, pues no se trataba de un daimyo, sino del enigmático oyabun máximo y su séquito.

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Durante la subasta

Ichi es empleado como masajista de los clientes de una casa de subastas. Pese a ser ciego percibe que está siendo subastada una muy hermosa joven. El suave aroma de su piel le basta para poder atestiguar que se trata de una belleza fuera de lo corriente. Todos los presentes, muy excitados, comienzan a pujar; el precio de la chica sube como la espuma. “Se trata de la esposa de un samurai directamente al servicio del shogun” afirma el subastador. Finalmente la muchacha es vendida por 400 ryo al cliente que Ichi estaba masajeando. Ese individuo, que no ha dudado en desembolsar tan grande suma por la joven, se muestra tacaño con el masajista, sin pagarle su sueldo al completo…

Esa noche, cuando el rico personaje y sus escoltas abandonan el municipio con la chica recién adquirida, el grupo es asaltado por un enmascarado Ichi, que se lleva a la muchacha consigo. Al mismo tiempo aparece un samurai que, instantes después de que Zatoichi y la chica se han ido, pasa a todos a cuchillo. El samurai, con los ojos inyectados en sangre y el rostro contraído por el odio, asesina al comprador de la chica y a sus esbirros.

Mientras tanto, Zatoichi lleva a la chica hasta una casa abandonada para pasar la noche. El ciego masajista pregunta a la joven que acaba de rescatar si fue secuestrada, pero ella lo niega, y no parece muy dispuesta a hablar. La bella joven dice estar cansada, y ambos se disponen a dormir. Ichi muestra un saquito de monedas colocándolo negligentemente junto a sí, con el obvio objetivo de tentar a la chica… Ésta cae en la “trampa” y cuando Ichi está profundamente dormido toma el saquito y trata de abandonar sigilosamente el lugar. Sin embargo, Zatoichi se despierta, debido a su afinadísimo oído. Cuando la muchacha está por salir de la casa, se encuentra al samurai que ha masacrado a la comitiva del rico mercader. Ambos se conocen, y ella le abraza… Pero él desenvaina su katana y la mata allí mismo. Ichi llega segundos después, pero es ya demasiado tarde.

Zatoichi entierra a la hermosa joven, sin conocer el motivo de su cruel final, y sin saber siquiera su nombre. El ciego planta unos crisantemos sobre la tumba. Tras ello, una docena de hombres armados le atacan espadas en ristre. Ichi se defiende y las inmediaciones de la recién estrenada tumba están en breves momentos repletas de nuevos cadáveres. El samurai asesino de la muchacha ha sido testigo de ello. Cuando Ichi se retira, se acerca a la tumba y toma uno de los crisantemos.

En un poblado vecino, un matón aterroriza a unos vendedores de huevos. Se trata de un yakuza que busca extorsionarlos. Ichi aparece allí y se enfrenta al bravucón, reduciéndolo y obligándole a llevarle hasta su jefe. El ciego masajista es conducido a la presencia de Kuroko, el oyabun local, quien está siendo ascendido de rango. Cuando éste se entera de que el recién llegado se trata de Zatoichi, lo trata con gran deferencia, pues es grande su renombre como espadachín, y también Ichi es miembro de la Yakuza (aunque de un nivel muy inferior). Zatoichi comienza a reprender al jefe Kuroko por su actitud hacia los humildes y honrados vendedores, y por practicar la coacción. El recién ascendido jefe empieza a irritarse, pero en ese momento aparece otro líder yakuza más anciano que al parecer es mucho más poderoso e influyente… Se trata también de un ciego: Él es el “Shogun de los Bajos Fondos”…

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Éste ordena a los presentes que traten a Ichi con hospitalidad. Cuando el masajista ya no se encuentra presente, el oyabun supremo convoca a todos los jefes locales de la provincia de Kanto para decidir qué hacer con Zatoichi. Por unanimidad deciden que hay que matarlo…

Mientras Ichi se entretiene en una casa de apuestas conoce allí a una atractiva joven. Inmediatamente se enamora de ella – decir “a primera vista” sería un poco cruel… Poco después el jefe Kuroko le presenta al ciego un adolescente muy afeminado llamado Umeji que trabaja de proxeneta, siendo propietario de varias chicas. Los yakuza quieren que Ichi se distraiga con las prostitutas y el sake, para así pillarlo por sorpresa. El jefe supremo sabe que no sería posible matarlo de otro modo. Zatoichi trata de impartirle una lección al jovencito homosexual, haciendo que consiga 100 ryo “si quiere ser un gran yakuza”. Como Umeji se hace con el dinero robándoselo a sus padres, Ichi le obliga a devolverlo.

Todavía no han logrado pillar desprevenido al astuto masajista invidente, por lo que intentan asesinarlo mientras toma un baño. Pero Zatoichi se defiende una vez más; se produce una lucha en pleno balneario, con Ichi y los yakuza combatiendo desnudos en el agua. Ichi logra zafarse de los esbirros del otro ciego, y se marcha del balneario dejando el agua teñida de sangre y llena de yakuzas muertos.

“¡Qué baño tan relajante!” exclama irónicamente Zatoichi cuando aparece ante el atónito Kuroko… Éste debe constatar ante su jefe, el “Shogun de los Bajos Fondos” que todos sus intentos por acabar con Ichi han sido inútiles hasta la fecha… Por ello, el maquiavélico oyabun ciego decide emplear otra estrategia: “Los ciegos estamos necesitados de cariño… Lo mataremos a base de amor. Vamos a utilizarla a ella” le dice a Migi, uno de sus hombres…

“Ella” es la chica a la que Zatoichi conoció en la casa de juego… Una joven llamada Okiyo cuya dulce voz y suave aroma el masajista no puede olvidar. Okiyo, que es la hija de Migi, el jefe yakuza al que el “Shogun del crimen” hablara antes, recibe la misión de matar a Zatoichi, no importa cómo.

Entretanto, el solitario samurai antes visto reaparece para decirle a Ichi con voz cavernosa: “Tu muerte está reservada para mi espada…”

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Comentario

Junto a “Zatoichi ´s Pilgrimage” (Kazuo Ikehiro, 1966) éste es sin duda uno de los mejores episodios de toda la saga de 26 películas sobre Zatoichi (si no directamente el mejor). Dirigido por Kenji Misumi, el actor protagonista Shintaro Katsu participó en la elaboración del guión.

La belleza estética está presente durante todo el film, y merece ser resaltada una escena en la que el misterioso samurai que persigue a Zatoichi tiene una especie de pesadillesco flashback… Ese solitario ronin atormentado (interpretado por Tatsuya Nakadai – célebre por su participación en “Harakiri” de Masaki Kobayashi, 1962) resulta ser el marido de la chica subastada al inicio del film. Patológicamente celoso, está convencido de que Ichi se acostó con su mujer, y es por ello que está poseído por la intención de matarlo… Ese samurai es uno de los pocos espadachines capaces de igualar a Ichi en talento y destreza con la katana. En una ocasión previa al duelo final, el ronin decide “perdonarle la vida” y acabar con él más adelante, porque la única razón que él mismo tiene para seguir vivo es el ansia de matarlo.

La bellísima chica sin nombre que es subastada y poco después asesinada por el ronin está interpretada por Kazuko Yoshiyuki, quien en el momento del rodaje ya tenía 35 años – aunque parezca mucho más joven.

A Migi, por su parte, le da vida Ko Nishimura (Magobei Onishi en la trilogía de “Hanzo the Razor” / Goyokiba)

También sin nombre es el temible yakuza ciego, jefe supremo en la provincia de Kanto. Ese oyabun ha ordenado a la hija de uno de sus subalternos que encuentre la manera de acabar con Zatoichi… La joven Okiyo inicialemente está dispuesta a ello, pero poco a poco comienza a enamorarse del errante masajista, y ya no se siente capaz de llevar  a cabo esa misión… Pero tampoco le confiesa a Zatoichi que ella había sido contratada para matarlo…

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En las escenas finales, Ichi tendrá que soportar un auténtico infierno antes de enfrentarse directamente al siniestro jefe yakuza – que es tan ciego y astuto como él. Pero al contrario que el “Shogun de los Bajos Fondos”, Ichi se halla del lado de la justicia y denuncia siempre la hipocresía y la corrupción: “Los bandidos actuamos al margen de la ley, pero vosotros os comportáis como si perteneciérais a la realeza…”

FHP, septiembre de 2015

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