El muro del silencio – Luis Alcoriza, 1974

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El muro del silencio

México, 1974

Director: Luis Alcoriza

Guión: Luis Alcoriza, Julio Alejandro, Fernando Galiana

Intérpretes: Brontis Jodorowsky (Daniel), Fabiola Falcón (Regina)

Música: José Antonio Alcaraz, Rubén Fuentes

Género: Drama

Argumento

Regina es una madre soltera que vive con su hijo Daniel, de unos 9 años, fruto de su relación con Julio, fallecido poco después del nacimiento del niño. Daniel nunca fue oficialmente reconocido por su padre, que estaba casado con otra mujer. Aún así, Regina intenta conseguir las escrituras de propiedad de la casa en la que viven, que pertenece a la familia del difunto Julio. Para ello no duda en recurrir a todo tipo de sucias artimañas.

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Daniel es grotescamente sobreprotegido por su madre. Ésta no deja que vaya al colegio como los demás niños, porque teme que los demás se “burlen de él”, o lo conviertan en “un bruto”. Así, el “sensible” Daniel es educado en casa por Regina, quien además dirige allí un taller de costureras. El niño carece de un referente masculino. Pasa todo el tiempo en la vivienda con su madre y esas otras mujeres, tocando el piano o jugando solo en una parte abandonada de la casa.

Regina padece algún problema del corazón. Aprovechándose de ello, cada vez que su hijo se “porta mal” (muestra el más mínimo conato de rebeldía), recurre al chantaje emocional para que Daniel se ciña a su voluntad a rajatabla. Así pues, ella tiene un ataque o finge tenerlo cuando el niño se resiste a dejarse peinar su frondosa melena como ella quiere.

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La madre tiene un pretendiente, Lorenzo, quien le propone que se case con él. De ese modo podría desempeñar para Daniel el rol de padre; y como además es rico, tampoco a nivel material les faltaría nunca nada. Sin embargo, Regina rechaza sus propuestas de matrimonio, porque si accediera perdería “los derechos sobre la casa”. Lorenzo le recuerda que él tendría la capacidad económica de comprar la casa, pero Regina está obstinada en conseguirla por su cuenta – Aunque eso signifique provocar escándalos y despertar la hostilidad de la familia de Julio. Regina le oculta a su hijo durante mucho tiempo su relación con Lorenzo, por miedo a “herir los sentimientos” del pequeño. Cuando por fin se lo dice, Daniel pregunta: “¿Y él dormiría aquí contigo?” Ante la afirmativa respuesta, Daniel vuelve a inquirir con tristeza “¿Pero entonces dónde dormiría yo?”. Llorando emocionada, ella le abraza exclamando “Con tu madre, hijo mío, con tu madre…” A partir de ese momento, Regina deja de ver a Lorenzo; dispuesta a dedicarse exclusivamente a Daniel – Alimentando así el complejo edípico del niño y la fuerte dependencia que él siente hacia ella.

Regina convence a su hermano Carlos, que es abogado, para que presione a la familia de Julio con el fin de hacerse con la propiedad de la casa. Pero por el momento sus esfuerzos no dan resultados. Ante un ataque cardíaco provocado por sus obsesivas ansiedades, la madre envía a Daniel durante unas semanas a casa de su otro hermano, Jorge. Éste vive con su esposa y sus hijos, niños revoltosos con un carácter diametralmente opuesto al del “sensible y delicado” hijo de Regina, aunque de su misma edad. En el tiempo que pasa allí, Daniel empieza a comportarse de una forma algo más normal, aunque al principio le cuesta adaptarse: Las primeras noches tiene “miedo de la oscuridad” y se mete en la cama de uno de sus primos (!) quien le echa por mariquita. Pero poco a poco va viendo en su tío Jorge el referente paterno que nunca había tenido. Juega con sus primos y con otros niños. Se hace cortar la melena que le hacía parecer una niña (algo con gran carga simbólica).

Mientras tanto, Regina consigue al fin lo que quería: Las escrituras de la casa. Pero para ello ha tenido que emplear la difamación, la calumnia y el chantaje: Amenazando al hermano de Julio con denunciarle por haberla acosado sexualmente, algo que jamás sucedió.  A raíz de ésto, y por haberle envuelto a él como abogado en algo tan sucio y rastrero, Carlos deja de hablarse con su hermana – Aunque eso a ella nada le importa. Cuando Regina va a recoger a Daniel a la casa de Jorge, se escandaliza al notar su transformación: ¡Se ha cortado el pelo! ¡Juega al aire libre en el lago con los demás chicos de su edad! ¡Se puede lastimar! Se ha convertido en un “bruto”, ya no es el “niñito delicado de mamá” que con tanto esmero ella había moldeado…. De ese modo, también se enturbia la relación de Regina con su otro hermano.

Las primeras noches tras su regreso Daniel le dice a su madre que ya se siente capaz de dormir solo en su propia cama, que ya no tiene miedo. Lejos de alegrarse por ello, Regina reacciona con irritación, como despechada, empleando una vez más el chantaje emocional: “Está bien, si ya no necesitas a tu madre…” Daniel se siente entonces culpable y regresa al regazo materno, volviendo pronto a ser el niño sumiso y mimado de antes.

Pronto comienzan las obras en la parte de la casa abandonada y Daniel ve con curiosidad cómo a ese lugar donde él acudía a jugar siempre a solas llegan de improviso varios trabajadores para renovar la propiedad…

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Brontis Jodorowsky con su padre en “El Topo”, pocos años antes

Comentario

Éste interesantísimo drama psicológico retrata magistralmente una relación materno-filial enfermiza y bizarra, mostrando la forma en la que una madre soltera neurótica traumatiza a su hijo impidiendo y saboteando su desarrollo como hombre.

Regina está convencida de que hace lo correcto, pero con sus “métodos educativos” contribuye a que su hijo sea miedoso y afeminado, siempre dependiente de ella e incapaz de valerse por sí mismo en el futuro. Dichos métodos educativos consisten en aplicar de forma alternada los mimos más empalagosos y la severidad más estricta, pasando abruptamente de un extremo a otro – Lo que también es conocido como la “táctica de la zanahoria y el garrote”. Regina es una manipuladora nata, que coacciona tanto a su hijo como a los hombres que tratan de oponerse a sus designios – Sin abandonar la creencia de que el fin justifica los medios, pues todo lo hace “por el bien de Daniel”.

Es muy curioso el paralelismo que aquí se realiza entre la madre sobreprotectora y la religiosidad judeocristiana, que amenaza a sus acólitos con el “Infierno” (Durante la catequesis le explican a Daniel que si en el momento de tomar la Comunión muerde la hostia, incurrirá en “blasfemia” y “pecado mortal”). Ambos, la sobreprotección materna y la mentalidad borreguil del judeocristianismo, son fenómenos castrantes que fomentan el miedo y la dependencia (impidiendo uno el desarrollo como individuo y el otro el desarrollo espiritual). Se establece en la película una sutil pero obvia equivalencia entre Regina y el dios judeocristiano Jehová, ambos furiosos y castigadores, pero que siempre perdonan a sus hijos arrepentidos.

Digna de mención es la escena en la que, tras haberse peleado con Daniel porque éste se resistía a dejarse peinar como ella quería, Regina le dice que le perdona; pero que le dé un beso. El niño lo hace, si bien de mala gana. Entonces estalla la cólera de la madre: “¿Así es como me besas, como un Judas rencoroso?”

Éste maravilloso largometraje es una coproducción mexicano-colombiana filmada en Bogotá. Su director Luis Alcoriza, español de origen y colaborador de Luis Buñuel, realizaría más adelante la excelente “Terror y encajes negros” (1985). También fue el guionista de “El esqueleto de la señora Morales” (Rogelio A. González, 1960), una de las obras maestras del cine mexicano.

El niño que interpreta a Daniel no es otro que Brontis Jodorowsky:  Sí, el hijo del célebre “psicomago”. Cuatro años antes apareció junto a su padre al comienzo de “El Topo” (1970). Aquí Brontis ya tenía 12 años, aunque diríase que es más pequeño. Curiosamente, en “Santa sangre” (1989) Alejandro Jodorowsky desarrollaría una historia donde también se tematizan los traumas que una madre obsesiva (y sectaria) le provoca a su hijo. En “Santa sangre” no interviene Brontis, pero sí otros dos retoños del director Jodorowsky (Adán y Axel), quienes dan vida allí al mismo personaje, el protagonista Fénix (uno de niño y el otro de adulto).

Es muy interesante el hecho de que en la escena inicial de “El Topo”, el protagonista (Jodorowsky) le dice a su hijo (Brontis): “Ya eres un hombre. Ahora entierra el retrato de tu madre”. El pequeño Brontis, que debe enterrar en las arenas del desierto la foto de su madre para romper simbólicamente con su infancia, recibe allí una educación diametralmente opuesta.

Fabiola Falcón brilla en su papel de madre psicótica. Ésta actriz apareció un año antes en “El retorno de Walpurgis” (Carlos Aured, 1973) un film de fantaterror español protagonizado por el licántropo ibérico Paul Naschy.

En ésta “El muro del silencio” la banda sonora de José Antonio Alcaraz y Rubén Fuentes también merece ser destacada.

FHP, diciembre de 2016

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