Zatoichi el samaritano – Kenji Misumi, 1968

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Zatoichi kenka-daiko  (a.k.a. “Samaritan Zatoichi”)

Japón, 1968

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kiyokata Sarukawa

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Yoshiko Mita (Sode)

Música: Sei Ikeno

Argumento

En ésta ocasión, Ichi debe participar en un encargo que una hermandad de la yakuza le encomienda. Unokichi, uno de los miembros de la organización que supuestamente ha incumplido las normas, debe pagar una multa. Si se resiste, los yakuza con los cuales está asociado Zatoichi tienen orden de matarlo.

Los demás bandidos no toman en serio a Ichi, por ser éste invidente. El ciego, por su parte, se toma la situación con su peculiar humor, diciendo que si no puede participar directamente en la captura del tal Unokichi, al menos les acompañará como “observador”. Cuando llegan a la casa en la que se oculta el moroso, los yakuza le cercan pero se resiste a salir. Entonces Ichi entra en la oscura estancia en la se esconde. „Como soy ciego, en la oscuridad tengo ventaja“. De ese modo, Zatoichi lucha contra Unokichi y lo mata. Momentos después aparece Sode, la hermana del finado. Ésta trae el dinero que la banda reclamaba. Si hubiera llegado un minuto antes, no habría sido necesario matar a Unokichi.

Los bandidos tratan de llevarse a la chica, a modo de “intereses”, pero entonces Ichi interviene y se opone firmemente. Enfrentándose a sus propios camaradas, Zatoichi consigue que la muchacha escape. El ciego no tarda en descubrir el auténtico motivo del ataque a Unokichi, el transfondo de la hostilidad hacia él por parte de los yakuza del jefe Kumakichi. Lo cierto es que el fallecido también era un forajido, pero las supuestas deudas en el juego que había contraído con la hermandad no eran más que una excusa para quitarle a su hermana Sode una vez no pudiera pagarlas. Cuando Zatoichi se entera de cómo están las cosas, se dirige directamente al oyabun Kumakichi que le encargó el trabajo diciéndole con tono sombrío: “Usted dijo que el que rompía las reglas de la hermandad merecía la muerte… En ese caso, eso significa que yo debería matarle…” (Pues el jefe yakuza había empleado artimañas y engaños para conseguir sus inconfesables objetivos).  Ésto supone una ruptura total de Zatoichi con esa banda, y a partir de ahora piensa seguir su camino solitariamente, errando como masajista ambulante. Por su parte, Kumakichi y sus hombres tratan de detenerlo, pero nada pueden hacer ante el prodigioso dominio de la espada del que el ciego hace gala.

En la pensión de un pueblo vecino, Zatoichi coincide casualmente (o no) con la joven Sode, la hermana del bandido al que él mató. Ésta dice no guardarle rencor, pues a pesar de que quería mucho a su hermano, éste había elegido el camino de la sangre, y sólo era cuestión de tiempo que un día alguien lo matara. Lo sucedido era algo inevitable que tenía que ocurrir tarde o temprano. Además, Sode agradece al ciego que intercediera en su ayuda ante los canallas de sus compañeros, quienes pretendían llevársela.

Mientras tanto, el jefe yakuza Kumakichi se encuentra con su superior, un hombre sumamente poderoso que trabaja para el gobierno. Éste se ha encaprichado con Sode, y quiere que los hombres de Kumakichi se la lleven.

Ichi se dispone a proteger a la muchacha acompañándola hasta un pueblo donde tiene más parientes. El ciego masajista es consciente de que grandes peligros acechan por el camino.

Comentario

En ésta decimonovena entrega de la saga de Zatoichi, vemos al inicio del film que Ichi forma parte de un grupo yakuza, algo que hasta el momento nunca había sido mostrado de una manera tan explícita. En muchos de los films del ciego masajista se menciona que está “asociado” o que tiene “vínculos” con ciertos bandidos, sobre todo debido a su dominio no sólo ya de la espada, sino también del juego de dados – siempre logra vencer en las apuestas.

Zatoichi es predominantemente un solitario, que vaga de un lado para otro a lo largo de todo el país; y resulta un tanto extraño verle integrado en una banda (aunque sólo sea durante los primeros 15 minutos del metraje). De todos modos, no permanece mucho tiempo al servicio del oyabun Kumakichi.

Lo cierto es que el espadachín ciego, un yakuza de muy bajo nivel en la jerarquía, se opone a la corrupción y a la injusticia, y considera que la actitud de muchos yakuzas (que explotan a humildes campesinos o fuerzan a pobres muchachas a la prostitución) es una infamia contraria a los códigos de honor de la hermandad, a los principios de la  cofradía de bandidos, cuyos ideales primordiales consisten en enfrentarse a los abusos de los poderosos (y no en aliarse con ellos para exprimir mejor a la gente sencilla, como hacen muchos jefes yakuza). Zatoichi es un “fuera de la ley”, pero más en la línea del arquetipo de „Robin Hood“.

„Samaritan Zatoichi“ está dirigida por el gran Kenji Misumi, y ello se nota en la calidad general del producto y en la poderosa belleza de las escenas. El duelo final, con el „solitario ronin“ de rigor, es uno de los mejores (y más largos) de la saga.

FHP, agosto de 2015

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