Zatoichi y el espadachín manco – Kimiyoshi Yasuda, 1971

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Shin Zatoichi: Yabure! Tojin ken!  (a.k.a. “Zatoichi meets the one-armed swordsman”)

Japón, 1971

Director: Kimiyoshi Yasuda

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Takayuki Yamada

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Yu Wang (Espadachín manco)

Música: Isao Tomita

Argumento

Una familia de acróbatas chinos viaja a través del Japón realizando sus espectáculos. Tras uno de sus números se encuentran a un compatriota; un artista marcial llamado Wang Kang. Éste sólo posee un brazo, el izquierdo, pues el otro lo perdió en un combate. El guerrero chino llegó a Japón en busca del templo de Fukuryu-ji.

Pronto Wang se hace amigo de los otros chinos; un matrimonio y su pequeño hijo Shaolong. Éstos conocen la dirección en la que se encuentra el templo y aceptan llevarle hasta allí. Por el camino se encuentran una procesión de samurais que llevan ofrendas para el shogun. “Está prohibido cruzarse con ellos, debemos esperar a que pasen, así es la ley en Japón” dice uno de los chinos. Sin embargo, un golpe de viento lleva la cometa de su hijo hasta la carretera por la cual desfilan los samurais. El niño Shaolong corre tras ella, tropezando e interrumpiendo así la sagrada procesión. Los indignados escoltas de la comitiva se disponen a castigarle por ello, pero rápidamente interviene Wang Kang, iniciando así una lucha entre el espadachín chino de un solo brazo y los samurais japoneses. Éstos últimos asesinan a los desarmados chinos padres de Shaolong, y a otros pasantes (japoneses) testigos de lo sucedido; produciéndose así una auténtica masacre. Al final, Wang y el niño consiguen escapar; aunque por separado.

La noticia de lo que acaba de acontecer se difunde rápidamente en la comarca, pero de manera distorsionada. La versión oficial afirma que un peligroso chino enajenado atacó a la comitiva de los samurais provocando de ese modo la carnicería. Ahora, ese extranjero es buscado por los oficiales de la provincia y también por clanes de la yakuza que cooperan con las autoridades y esperan cobrar la jugosa recompensa que se ofrece por la cabeza del foráneo prófugo.

Mientras tanto, Shaolong llora la muerte de sus padres solo en el bosque. Un ciego que anda por allí, y que no es otro que Zatoichi, se encuentra con el niño y trata de consolarlo. Aunque el pequeño es chino, habla algo de japonés y comprende lo que Ichi le dice. Juntos van a la posada del pueblo más cercano. Allí todos comentan el suceso ocurrido poco antes en la carretera, sobre “el extranjero que osó atacar el desfile de los samurais”, “matando a gente inocente”. Zatoichi establece de inmediato una conexión entre ese incidente y el hecho de que el misterioso niño que ha encontrado es chino. Pronto, a los otros clientes de la posada les llama la atención que el pequeño que va con el ciego es demasiado diferente a él como para ser su hijo…

Zatoichi trata de proteger a Shaolong, pero se pregunta si será cierto que un compatriota del niño ha asesinado a todas esas personas. Algo después, en el bosque, Wang Kang se topa con el ciego masajista y el pequeño. Éste último corre hacia el espadachín de un solo brazo, y ambos chinos se disponen a continuar. Ichi, sin embargo, los sigue; tratando de averiguar qué sucede y qué es lo que se proponen. Pero las barreras del idioma impiden la comunicación entre los dos adultos. Ni Zatoichi entiende chino ni Wang japonés. Ichi se resigna y decide que como los dos se han reencontrado, él ya no tiene nada más que hacer al respecto. Pero por azares del destino, el ciego vuelve a encontrarse con los chinos poco después, en una casa abandonada donde se refugian. Wang no quiere que Ichi los siga, y se comporta de modo hostil hacia el masajista. Pero cuando se entera de que Ichi sabe donde se encuentra el templo de Fukuryu-ji su actitud cambia drásticamente.

Ichi acepta conducir a los chinos hacia ese templo. Por la noche los tres buscan alojamiento en una pensión de las cercanías. La familia que regenta la posada se alarma al ver que entre ellos se halla el fugitivo chino que todos los samurais (y yakuzas) de la provincia están buscando. No obstante, aceptan al trío como clientes. Además relatan a Ichi todos los detalles del suceso, pues cuando se produjo el enfrentamiento, los posaderos se encontraban al borde de la carretera y lo presenciaron todo. De ese modo, el masajista se convence de que la versión oficial no es la verdadera, que Wang actuó en defensa propia y que las víctimas desarmadas e inocentes fueron asesinadas por los integrantes de la comitiva shogunal para evitar que quedasen testigos. Ichi también es informado de que una altísima recompensa se ofrece por el chino…

Algo más tarde, el ciego se dirige a la taberna en busca de alimentos. Una vez allí escucha de la boca de los aldeanos que se acaba de producir una redada en la que se ha logrado capturar al chino. Preocupado, Ichi retorna a la posada, pero ya es demasiado tarde: Wang y el niño han desaparecido, así como Oyo, la hija de los posaderos. Éstos dos, por su parte, han sido bestialmente asesinados…

El masajista se dirige al cuartel general del jefe yakuza Toubei, solicitando información sobre el paradero de los chinos y de la muchacha. Se entera de que los chinos no han sido capturados, pues lograron huir, pero la joven Oyo es prisionera de Toubei y sus esbirros, que la mantienen como rehén. Toubei le ha dicho a la chica que pudieron llegar hasta allí porque contaban con un “informador”… el oyabun sugiere que el chivatazo lo han recibido de ese ciego llamado Zatoichi “que haría cualquier cosa por dinero” y que “es un yakuza como nosotros”. Poco después Ichi aparece allí y obliga a Toubei y a sus hombres que suelten a la joven.

Una vez Oyo ha sido liberada, acusa directamente a Zatoichi de ser responsable de la muerte de sus padres, “por delatar” a los chinos enviando a su posada a sus perseguidores. “Si no os hubiéramos dado cobijo, mis padres seguirían vivos”. Oyo escapa y se dirige a la saqueada posada familiar. Allí, en los alrededores, Wang y el pequeño Shaolang acaban de enterrar a sus padres. Los tres continúan su peregrinar rumbo al templo de Fukuryu-ju, donde residen y se entrenan monjes expertos en artes marciales.

Por su parte, Ichi busca esclarecer quién delató a los chinos, para probar así su inocencia ante Oyo.

Comentario

Estamos ante una de las películas más atípicas de la saga de Zatoichi, que con ésta entrega ya se aproximaba a su ocaso (es el vigésimo-segundo film de 26). Se trata de un crossover en el que comparten cartel el mejor espadachín japonés de series fílmicas (que es ciego) y el más “diestro” artista marcial chino (que en realidad es zurdo, pues carece de brazo derecho). El personaje de Wang Kang está interpretado por Yu Wang (quien no es tan popular como Bruce Lee). Wang es el protagonista de una serie de películas rodadas en Hong-Kong sobre la ficticia figura del „Espadachín de un solo brazo“ („One-armed swordsman“). Igual que Zatoichi en Japón o El Santo en México, ese „Espadachín de un solo brazo“ es un popular personaje con su propia serie de films de acción, incluyendo coreográficas peleas de kung-fu.

En „Shin Zatoichi: Yabure! Tojin ken!“ son memorables las confusiones culturales y lingüisticas entre Ichi y el manco Wang. Tras el duelo final entre ambos (que aunque se realiza con armas blancas tiene enormes similitudes estéticas con el western) los dos, muy igualados, proclaman que “si nos hubiéramos entendido, no tendríamos que habernos enfrentado…” Al igual que Oyo, también Wang achaca a Zatoichi la traición; y jura vengarse de él creyéndolo su enemigo, sin darse cuenta de que el más rastrero y desleal es un monje (de ese templo de Fukuryu-ji) al que consideraba poco menos que su hermano…

La banda sonora está compuesta por Isao Tomita (uno de los padres de la música ambient, y de los primeros en usar sintetizadores), quien también creó la música del segundo film de la trilogía “Hanzo the Razor” y de los episodios de la serie “Oshi samurai”.

FHP, agosto de 2015

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