Zatoichi y los fugitivos – Kimiyoshi Yasuda, 1968

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Zatoichi hatashi-jo  (a.k.a. “Zatoichi and the fugitives”)

Japón, 1968

Director: Kimiyoshi Yasuda

Guión: Kinya Naoi, Kan Shimozawa

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Kayo Mikimoto (Shizu)

Música: Hajime Kaburagi

Género: Chambara, Jidaigeki

Argumento

Ichi se refugia de una torrencial lluvia en una casa abandonada, donde se encuentra oculta una mujer. El ciego masajista percibe su presencia, pero ella se mantiene escondida, tratando de evitar ser detectada. Poco después, una vez ha mejorado el tiempo, Ichi se sienta al borde de un camino para comer sus bolas de arroz. Unos individuos que lo seguían de cerca tratan de gastarle una broma pesada, burlándose de su condición de ciego: Echan algo de tierra a su comida. Pero el masajista rápidamente se da cuenta y la escupe a la cara de los gamberros. Éstos intentan empuñar sus espadas, pero son rajados y ensartados por la veloz hoja de Ichi. La mujer que había estado antes resguardada de la lluvia bajo el mismo techo que el ciego contempla estupefacta la escena.

Algo más tarde, Ichi está sentado al pie de un árbol descansando, cuando un solitario espadachín pasa por su lado. Éste observa que en lo alto de una de las ramas hay una serpiente, que está a punto de dejarse caer sobre el invidente. El reptil se precipita sobre Ichi, pero antes de que llegue al suelo, en un abrir y cerrar de ojos, la serpiente ha sido partida por la mitad con un rápido movimiento de la katana del masajista. “Increíble” musita el testigo de la proeza, y prosigue su marcha…

Zatoichi llega a un pueblo en busca de trabajo. Se dispone a practicar masajes a los clientes de la posada, y entre éstos se hallan varios implacables bandidos. Los yakuza tratan de humillar al ciego, sin pagarle su sueldo e hiriéndole en la cara con las puntas de sus espadas. Cuando Ichi está a punto de echar mano de su bastón de caña (en el que se encuentra oculta su afilada katana) llega el individuo que había contemplado cómo el ciego partió por la mitad la serpiente. Éste es uno de los compinches de los criminales, y detiene a los suyos para impedir derramamiento de sangre (tras observar con qué maestría el masajista manejaba la espada, era consciente del nivel que éste podía llegar a tener como oponente).

Poco después, en la taberna, Ichi se hace amigo del doctor Junan. Éste resuelve contratarlo como ayudante: Ichi puede desempeñar las labores de masajista en su consulta y practicar la acupuntura a sus pacientes. De ese modo, Zatoichi ha encontrado el puesto de trabajo que buscaba. Allí también vive Shizu, la hija del doctor, quien ayuda a su padre a modo de enfermera y secretaria.

Por su parte, los feroces forajidos de antes componen una peligrosa banda que está en busca y captura. Sus miembros no vacilan en asesinar mujeres y niños, carecen absolutamente de escrúpulos. Esos prófugos, a los que una joven llamada Aki presta cobertura, deben mantenerse escondidos porque un inspector del gobierno los está buscando por la zona. Aki es la chica que vió como Zatoichi se ocultaba de la lluvia donde ella estaba resguardada. A través de ella, los fugitivos piden ayuda al oyabun Matsugoro, el jefe local de la yakuza. Éste inicialmente se niega, pues sabe que la presencia de esos delincuentes en su territorio es algo que no puede traer más que problemas. Sin embargo, los seis criminales son seres tan desalmados y crueles que son capaces de infundir temor incluso a un jefe de la yakuza. Matsugoro accede finalmente a darles cobijo, ocultándolos en un molino donde tienen su taller sus trabajadores que tejen la seda. A cambio, les dice que un día, tal vez necesite que le hagan algún “pequeño favor”.

Matsugoro se ha hecho sumamente rico gracias a sus prósperos negocios, el más boyante de los cuales es el comercio de la seda. A los trabajadores que la elaboran los explota de sol a sol y les paga una miseria. Entre esos desventurados se encuentra una mujer embarazada llamada Kiyo, que aquejada de dolencias visita frecuentemente al médico de la localidad, el doctor Junan, en cuya consulta trabaja Zatoichi.

Un día el padre de Kiyo corre desesperado en busca del doctor Junan, porque el estado de su hija ha empeorado considerablemente. Pese a su avanzado estado de gestación, Matsugoro continúa obligándola a trabajar sin pausa tejiendo la seda.

Al mismo tiempo, a oídos de Matsugoro ha llegado que en la localidad se encuentra el célebre Zatoichi, el famoso ciego espadachín que además es un avezado jugador de dados. El oyabun envía a un par de sus hombres a recoger al masajista en la consulta de Junan. Éste reacciona decepcionado al descubrir que su huésped y ayudante no solo es masajista sino que también está asociado con la yakuza y con el mundo de las apuestas ilegales. Matsugoro simplemente quiere saludar a Zatoichi y proponerle que trabaje para él… pero Ichi, que lleva consigo al padre de la joven Kiyo, tiene en mente lograr la liberación de la embarazada “esclava” de Matsugoro. Tras impresionar a los presentes con su manejo de la espada, y sin necesidad de herir a nadie, Zatoichi consigue lo que se propone. Matsugoro, intimidado por el masajista, ordena que a la chica se le permita regresar a la casa paterna.

Pero Matsugoro no está dispuesto a permitir por mucho tiempo esa afrenta. Además, quiere que los fugitivos a los que hospeda en su molino le devuelvan pronto el favor: Pare empezar, los feroces criminales deberán asesinar a Tokuzaemon, el alcalde del poblado, que se opone a la hegemonía de Matsugoro en el control de los puestos del mercado. Luego también deberán ir a por el mismísimo Zatoichi.

Uno de los integrantes de la cruel banda, el que observó la proeza del ciego con la serpiente, se ha enterado de que Zatoichi trabaja en la consulta de un doctor llamado Junan. Éste nombre despierta en él viejos recuerdos, y se dirige hacia el lugar donde el médico reside. Resulta que Junan es su padre. Él se marchó de casa hace unos cinco años para optar por la senda del delito. Junan no está dispuesto a volver a aceptarlo como hijo, y su hermana Shizu se deshace en llanto. Shizu le dice que se instalaron en esa localidad hace tres años.

Por la noche, los fugitivos cumplen los deseos de Matsugoro y asesinan a sangre fría a Tokuzaemon y a muchos otros inocentes que se cruzaron en su camino. Los bandidos provocan una auténtica carnicería, y Zatoichi se propone impedir que se salgan con la suya…

Comentario

Probablemente estemos ante una de las películas más violentas de la saga, que por su estilo sombrío y pesimista llega a recordar en ocasiones a los excelentes episodios de “Oshi samurai” (la serie sobre el mudo cazarrecompensas encarnado por Tomisaburo Wakayama, hermano de Shintaro Katsu). La atmósfera resulta además reminiscente del estilo italo-western, e incluso la gran banda sonora de Hajime Kaburagi apunta en esa dirección.

En ésta “Zatoichi hatashi-jo” veremos más cantidad de sangre de lo que es habitual en los films del ciego espadachín. Ichi es gravemente herido en el transcurso de un enfrentamiento y después de recibir un disparo de arma de fuego llega a estar al borde de la muerte. Sin embargo, tras sacarse él mismo la bala de sus carnes usando para ello el filo de su espada, y contando para su restablecimiento con los cuidados del doctor Junan y su hija Shizu, Ichi acude de nuevo a enfrentarse a los yakuza de Matsugoro y a los fugitivos que se esconden en el molino. “He estado a punto de descender a los infiernos, pero no me dejaron pasar porque no os llevaba conmigo… He regresado para llevaros allí” dice un fúnebre y ensangrentado Zatoichi a sus boquiabiertos y temblorosos oponentes en una de las escenas finales.

Memorable es también la transformación interior por la que pasa la bella Aki, quien de ser cómplice de los bandidos se decide a ayudar la justa causa de Zatoichi. Pues éste se enfrentó a ella en una ocasión y le rajó las vestiduras: “Un milímetro más y te habría matado. Pero en lugar de matarte te concedo una nueva vida. Cambia de vida y empieza de nuevo” La muchacha sigue honestamente ese consejo…

FHP, agosto de 2015

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