La venganza de Zatoichi -Tokuzo Tanaka, 1966

https://i1.wp.com/104.236.196.111/imdb//media/photo_images/tEgWJvWUnjcOuiSJ6Zwrk5svBpc.jpg

Zatoichi no uta ga kikoeru (a.k.a. “Zatoichi´s Vengeance”)

Japón, 1966

Director: Tokuzo Tanaka

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kan Shimozawa, Hajime Takaiwa

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Shigeru Amachi (Genpachiro Kuroda), Mayumi Ogawa (Cho/Shino).

Música: Akira Ifukube

Argumento

Zatoichi presencia un asalto, y nota como uno de los agresores, probablemente el líder de la banda, pasa por su lado. Cuando el ciego reprende a los atacantes, éstos se abalanzan a su vez contra él, pero Ichi los elimina a todos sin dificultad. Sólo uno de los bandidos ha logrado alejarse del lugar: el que pasó antes junto a él.

Ichi trata de auxiliar al malherido, pero éste ya agoniza. Antes de fenecer, el moribundo entrega al masajista un saquito repleto de dinero, y pronuncia repetidas veces un nombre: “Taichi”. “¿Es ese tu nombre?” pregunta Zatoichi. “No… yo soy Tamekichi… Entrégale ésto a Taichi…” y poco después expira.

Ahora, Ichi tiene el saquito de monedas y sabe que debería entregárselo a un tal Taichi, pero ignora donde pudiera encontrarlo. Más adelante, cuando tras comer en un local se dispone a pagar, se da cuenta de que en el saquito que le dió Tamekichi se encuentran unos dados. Zatoichi imagina que se trata de dinero ilegal procedente del juego, y decide que por lo tanto se lo gastará él mismo (ya que además no sabe cómo localizar a ese Taichi).

El masajista continúa su trayecto y al borde de un camino se encuentra con otro peregrino ciego, un misterioso anciano. Se trata de un sacerdote errante que toca la biwa (un tradicional instrumento musical japonés semejante al laúd). Éste le dice a Ichi “Yo soy ciego de nacimiento, pero tú no. Tú podías ver hasta que tenías cinco o seis años…” Zatoichi se sorprende ante esa afirmación. “¿Cómo sabes que no soy ciego de nacimiento?” “Porque percibo que tienes los sentidos muy desarrollados…”. El sacerdote músico le dice a Ichi que tiene hambre, y el masajista le invita a comer. Ambos siguen conversando: “Los ciegos desconfían de tí a causa de la gran agudeza de tus sentidos, mientras que los normales sólo ven en tí a un miserable inválido… No perteneces al mundo de los ciegos ni al de los normales, estás entre los dos, eres un ser extraño…” Poco después, el enigmático sacerdote se retira y continúa su periplo, diciendo que se dirige a una ciudad muy tranquila “donde no hay casas de juego” que se encuentra en las cercanías.

Zatoichi queda solo y pensativo. No le ha gustado lo que su interlocutor le ha dicho. “Le invito a comer, se pega un banquete a mi costa y encima me insulta… ¿cuál de los dos será realmente el más extraño?”

El masajista prosigue su camino, y resuelve pasar la noche en la vecina localidad que el sacerdote de la biwa mencionó, esa tan “tranquila y sin casas de juego”. Una vez en ese pueblo, unos niños que están jugando se tropiezan con él. Ichi escucha la voz de una anciana, dirigida a uno de esos pequeños, que grita: “¡Taichi! ¡Vuelve a casa inmediatamente!” El ciego, recordando ese nombre, se dirige hacia el lugar del que procede la voz y se pone a hablar con la abuela del muchacho. “¿Donde está el padre de Taichi?” pregunta Zatoichi. “No está aquí. No sabemos donde está. Seguro que anda metido en problemas, como siempre…” “¿ El padre de Taichi se llama Tamekichi?” “¡Sí, ese es su nombre! ¿Acaso lo conoces?” “Oh, sí… él es uno de mis cllientes…” añade el masajista un tanto apurado “¿Cómo está mi padre? ¿Cuándo volverá?” inquiere Taichi expectante “Oh, él está bien…” miente piadosamente el ciego, que no se atreve a contar la realidad. “¿A qué se dedica ahora? Su objetivo era convertirse en cocinero, pero siempre anduvo metido en asuntos ilegales…” dice la anciana, que probablemente es la madre del difunto. “¡Oh, sí! ¡De hecho, él es ahora un gran cocinero! Tiene un restaurante muy exitoso… La última vez que le ví me dió éste saquito de monedas para vosotros…” y Zatoichi les entrega la “herencia” de Tamekichi. “¡Tanto dinero!” exclama radiante la vieja. “¿Y cuándo volverá mi padre?” inquiere Taichi ilusionado. “Si te portas bien y haces caso a tu abuela, volverá muy pronto…” dice el masajista.

Algo más tarde, cuando vuelve a estar solo, Ichi piensa: “Sin duda, he sido guiado a éste pueblo por el espíritu de Tamekichi”.

Taichi y su abuela proponen a Zatoichi que se quede con ellos, pues dentro de poco va a tener lugar un festival de tambores. Poco después, cuando el ciego y el muchacho pasean a través del poblado, unos matones comienzan a hostigarlos. Los individuos se burlan de Zatoichi por ser ciego y comienzan a empujarlo riéndose de él. “Taichi, aunque éstos parecen hombres…” le dice Zatoichi al chico en presencia de los bravucones “… en realidad son inferiores a los animales”. Los agresores se disponen a atacar al masajista por su verbal osadía, pero éste los contiene (sin necesidad de matarlos) haciendo una demostración de su pericia con su espada. Los impresionados perdonavidas se retiran con el rabo entre las piernas… Y ahora, Zatoichi se ha convertido en el ídolo del pequeño Taichi. Una vez en la casa, el ciego comenta a la abuela: “Yo creía que éste era un pueblo tranquilo…” “Dices bien: Lo era. Pero hace poco, llegó Gonzo Itabana, jefe de la yakuza. Él y sus bandidos aterrorizan a la población”. Ichi se entera así de que el oyabun Gonzo extorsiona a los pequeños comerciantes de la localidad, y que ha abierto casas de juego y un prostíbulo.

Por la noche, Ichi sale en busca de clientes. Usa su silbato, para que los vecinos de la zona sepan que un masajista se encuentra por allí. Pronto es llamado desde una casa cercana, por una atractiva joven llamada Cho. Mientras Ichi la masajea, ésta le cuenta al ciego más detalles acerca de los excesos que la violenta banda de Gonzo comete. Ella se ve obligada a trabajar para él. Ichi le dice a la prostituta que percibe que ella es una buena mujer. “Soy ciego, pero puedo ver en los corazones de la gente”. La opinión de Zatoichi se ve corroborada cuando poco después, Cho entrega su sueldo del día a otra compañera, la jovencísima Haru, quien es sometida a presiones por su proxeneta, porque no consigue suficiente dinero.

Ichi busca alojarse en una pensión, para no ser un „estorbo“ a la amable anciana y el pequeño Taichi. Cuando el posadero ve que el ciego tiene un arma camuflada como su bastón, está a punto de echarle, pero la abuela de Taichi aparece e insiste en que le hospeden… Esa noche, Ichi descubre que junto a su habitación también se aloja el otro ciego, el sacerdote de la biwa…

El invidente sacerdote, con su enigmática forma de expresarse, dice que si bien Ichi afirma que tiene la intención de dejar el pueblo a la mañana siguiente en realidad encontrará una “excusa para quedarse”… Añade además que es peligroso haber derrotado a los bandidos en presencia de Taichi, pues a partir de ahora éste admirará tanto a Ichi que pretenderá emularlo.

A la mañana siguiente, los hombres de Gonzo continúan oprimiendo a los lugareños, y comienzan a atormentar a la abuela de Taichi. El niño también se encuentra allí. Ichi trata de mediar pero ésta vez desea evitar derramamiento de sangre. De ese modo, cuando él aparece, los yakuza comienzan a vapulearle. Ichi no desenvaina su espada y encaja todos los golpes. Podría perfectamente haber matado a los pendencieros delincuentes, pero se contiene para impedir que Taichi lo vea “como un ejemplo a seguir”, recordando las palabras del sacerdote.

Ichi ha sido humillado públicamente. Pero tal vez, en el fondo, ha sido una buena táctica aparentar debilidad ante el enemigo, para que éste baje la guardia, golpeándole después con contundencia… De un modo o de otro, el ciego masajista debe encontrar la manera de librar a los moradores de ese pueblo de las vejaciones a los que Gonzo los somete. Y seguramente, tarde o temprano, tendrá que contar la verdad a Taichi y a su abuela sobre el trágico destino de Tamekichi…

Comentario

Probablemente junto a “Zatoichi´s pilgrimage” (Zatôichi umi wo wataru – Kazuo Ikehiro, 1966), ésta decimotercera película de la saga es una de las mejores entregas de las aventuras del invidente espadachín. El director Tokuzo Tanaka ya dirigió “New tale of Zatoichi” (Shin Zatoichi monogatari) y “Zatoichi the fugitive” (Zatôichi kyôjô-tabi), ambas de 1963.

FHP, agosto de 2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s