Zatoichi nidan-kiri (a.k.a. Zatoichi´s revenge) – Akira Inoue, 1965

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Zatoichi nidan-kiri (a.k.a. “Zatoichi´s revenge”)

Japón, 1965

Director: Akira Inoue

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Minoru Inuzuka

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Norihei Miki (Denroku), Mikiko Tsubouchi (Sayo)

Música: Akira Ifukube

Argumento

Zatoichi llega a los alrededores de la localidad de Azabu, donde residió diez años atrás. Decide ir a visitar a su maestro Hikonoichi, otro ciego que le enseñó su profesión de masajista. Mientras come y toma sake en la posada del pueblo, su viejo amigo Yasaku le reconoce. Éste le informa que lamentablemente Hikonoichi murió, hace tan solo un par de semanas. Fue asesinado, y nadie conoce el motivo. Zatoichi se entera además de que Sayo, la hija de su maestro, trabaja ahora en un prostíbulo. Se trata del burdel Chojiro, de propiedad del jefe yakuza Tatsugoro.

Zatoichi imagina acertadamente que Sayo, ahora conocida bajo el nombre de “Nishikigi”, no se encuentra allí de manera voluntaria. Además de libertino, Tatsugoro es un desalmado que cobra “impuestos de protección“ a los granjeros de la zona, y que se lucra a base de préstamos con usura.

Ichi acude al burdel, y ante la sorpresa del portero que le ve entrar repone: “¿Acaso no puede haber clientes ciegos?” Cuando el portero le pregunta si quiere a una chica en especial, contesta que desea pasar la noche con Nishikigi… Pero resulta que ésta se encuentra “con otro cliente”… Zatoichi se dispone a abandonar el local, pero al salir se tropieza con la encargada del prostíbulo, quien al ver un masajista lo contrata para que ofrezca sus servicios al oyabun Tatsugoro.

De esa manera, Zatoichi escucha una conversación en la cual se hace referencia a “Nishikigi”… Ésta no se encuentra “con otro cliente” como dijo el portero, sino encerrada en una celda; donde es golpeada con frecuencia porque se resiste a prostituirse.

La hija de Hikonoichi es retenida en el burdel porque al parecer su padre no pagó sus “deudas” al jefe yakuza. Cuando Zatoichi termina con el masaje, acude al sótano donde se encuentra Sayo. Ésta al comienzo no le reconoce, pues era una niña la última vez que vio al alumno de su padre. Pero Zatoichi le refresca la memoria a la chica, cantándole una canción infantil que ella, a su vez, le cantaba a él de pequeña. Ahora Sayo se acuerda de Ichi, y le relata los pormenores del cruel destino al que se ve abocada. “Todo ha sido por mi culpa” dice la muchacha afligida. Los hombres de Tatsugoro llegaron un día a casa de Hikonoichi y se ofrecieron a concederle un “préstamo” (a interés impagable, se entiende). Hikonoichi al principio rehusó, alegando que no necesitaba el dinero. Pero Sayo convenció a su padre: “Acepta, papá; no nos vendrían nada mal esos 100 ryo”. Por ese motivo, el pobre maestro de masajistas contrajo astronómicas deudas con la yakuza local. Los hombres de Tatsugoro sabían de antemano que el viejo no podría restituir el dinero con sus correspondientes intereses, pues en realidad lo que querían era tener una excusa para quitarle a su atractiva hija y meterla en el prostíbulo. “Como no pagas, nos llevamos a tu hija a cambio de lo que nos debes”. La banda de Tatsugoro se dedica a emplear la misma estrategia con los campesinos de la comarca. Como Hikonoichi no toleraría que le quitaran a Sayo, los yakuza lo asesinaron.

Zatoichi se despide por el momento de la joven, prometiendo que volverá para sacarla de allí. Una vez en la calle, una niña de unos 11 años se dirige al ciego, para pedirle que vaya a hacerle un masaje a su padre. Éste resulta ser un experto en el juego de dados (como el propio Zatoichi) que trabaja de supervisor para una timba de la yakuza. Está por lo tanto al servicio del oyabun Tatsugoro…

En los días sucesivos, Zatoichi se va haciendo amigo de la niña Tsuru, la hija de su cliente el supervisor de la casa de juegos. Ésta le dice que su padre es lo que más quiere en éste mundo, y después de él lo que más ama son las canciones… Cuando Zatoichi le pide que cante algo, Tsuru entona la misma canción que años atrás cantaba Sayo de pequeña. Ésto emociona hondamente al ciego. Zatoichi le da algo de dinero a Tsuru y le pide que le lleve algo bueno para comer a la chica conocida como Nishikigi, esa que está presa en el antro de Tatsugoro.

Por la noche, Ichi se dirige a la casa de juegos que regenta el padre de Tsuru, y durante las apuestas se da cuenta de que éste hace trampas…

Comentario

“La venganza de Zatoichi” es la décima de las películas dedicadas a la figura del amable y justiciero masajista-espadachín. Ésta vez Zatoichi se propone rescatar a la hija de su maestro (que ha caído en las garras de proxenetas y usureros) y castigar a los asesinos de éste. La Sayo que Ichi conoció de niña, dulce y angelical, está hoy reflejada en Tsuru, quien sin embargo es hija de uno de los hombres del yakuza Tatsugoro; es decir hija de un potencial enemigo… Por ello entre otras cosas, en éste film de Akira Inoue lo dramático de la trama es más intenso.

Cuando el inspector Jingo Odate llega a la localidad para controlar el pago de impuestos al estado, el jefe Tatsugoro teme que descubra su ilegal fuente de ingresos. Primero piensa en sobornarle para evitarse problemas. Pero el ronin Kadokura, que trabaja como guardaespaldas para el oyabun yakuza, convence a éste que lo más eficiente será asesinarle. De ese modo, el inspector Odate es liquidado a las afueras del pueblo por Kadakura… quien también es el asesino material del maestro Hikonoichi. Tras cometer ese nuevo crimen, el ronin le advierte  a Tatsugoro que debe cuidarse de un enemigo mucho más peligroso que el inspector: el vengador ciego Zatoichi. Kadakura promete encargarse también de él…

Entretanto, Denroku (el que controla para la yakuza la casa de apuestas) es amonestado por su jefe Tatsugoro, por no haber impedido que Zatoichi ganase en el juego de dados. Tatsugoro despide a Denroku, y éste se lamenta desesperado: “Pero, ¿qué va a ser entonces de mi hija Tsuru?” Tatsugoro responde maliciosamente: “Para ella ya tengo algo pensado, para dentro de unos pocos años” (haciendo alusión a su prostíbulo). “A Tsuru me la puedes dejar aquí y yo me encargaré de ella… a menos que me traigas la caña de Zatoichi” (refiriéndose a la afilada espada envainada en caña que el masajista camufla como su bastón de ciego. Sin su caña-katana, Zatoichi no puede defenderse…)

Llama la atención que la banda sonora del film (compuesta por Akira Ifukube) contiene fragmentos de guitarras españolas, que no desentonarían para nada en un episodio de “Curro Jiménez”. De hecho, lo más parecido al género jidaigeki/chanbara que tenemos en España (ese género nipón que tantos paralelismos posee con el western) son precisamente las aventuras del bandolero andaluz que interpretaba Sancho Gracia…

FHP, agosto de 2015

 

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