La Piovra III – Capítulo 5

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Tano Cariddi (Remo Girone)

La Piovra III

(Aquí puede leerse la INTRODUCCIÓN A LA SAGA DE “LA PIOVRA”)

Italia, 1987

 Director: Luigi Perelli

Guión: Elio De Concini, Sandro Petraglia, Stefano Rulli

Intérpretes: Michele Placido (Comisario Corrado Cattani), Giuliana De Sio (Giulia Antinari), Alain Cuny (Nicola Antinari), Francisco Rabal (Abate Lovani), Remo Girone (Tano Cariddi), Pierre Vaneck (Carlo Antinari), Paul Guers (Gianfranco Laudeo), Franco Trevisi (Kemal Yfter), Francois Périer (Abogado Terrasini), Alice de Giuseppe (Greta Antinari) Adalberto Maria Merli (Dino Alessi)

Música: Ennio Morricone

Aquí puede leerse lo que sucedió en el capítulo anterior

Capítulo 5

Todo indica que un nuevo enemigo se va perfilando en el horizonte para Corrado Cattani: El viejo Nicola Antinari, abuelo de su amada Giulia, quien está ahora haciendo negocios con el maligno abogado Terrasini.

Anna escucha una conversación telefónica de Alessi donde éste da a entender veladamente que está implicado en la muerte de Carlo. Por la noche, la viuda del banquero se hace con la maleta que contiene los planos y documentos confidenciales mientras Dino duerme, y se marcha de la casa. A primeras horas de la mañana llega allí Tano, el esbirro de Nicola. Apuntando a Alessi con una pistola le obliga a firmar su renuncia a toda participación en el negocio. “Hemos encontrado a alguien que te sustituirá” (haciendo referencia a Terrasini). Alessi le dice que no pueden eliminarlo, pues él posee los documentos necesarios para concretar la operación. Cuando Dino mira en la caja fuerte, comprueba consternado que el maletín con los planos ha desaparecido. “¡Firma!” insiste Tano. “¿Y qué harás después?” pregunta Dino, creyendo que lo va a asesinar cuando haya firmado y deje de ser útil. “Tomaré el papel y me marcharé”. “¿Lo prometes?” Tano responde afirmativamente, y Alessi firma el documento… Entonces, el empleado de Nicola Antinari, le descerraja tres disparos a Dino Alessi: “Pero no me iré sin darte los saludos del señor Antinari… de su hijo Carlo… y los míos”.

Corrado se encuentra con Anna y le cuenta que Alessi es el asesino de su marido, algo que ella misma ya sospechaba. La viuda del banquero le entrega a Cattani la maleta con los documentos. Luego ambos van a la casa donde estaba Alessi y se encuentran su cadáver. “¡Estamos malditos!” exclama Anna desesperada “¡Nos matarán a todos!”.

Cattani va al monasterio junto al abad. Éste había sido en el pasado un hombre importante de la política en Roma. Cuando comprendió la corrupción que reina en esos círculos decidió retirarse del “mundanal ruído”. Corrado le enseña los documentos: Son planos de un sistema misilístico, que pretende venderse ilegalmente. Cattani le pide al abad que vaya a Roma y use sus viejos contactos para tratar de impedir ese tráfico de armas. Inicialmente, el religioso se muestra reacio y expone su resignación y su abandono de los asuntos mundanos: “El mal puede triunfar en la Tierra, pero ya se hará justicia en el Reino de los Cielos…” “¡El Reino de los Cielos hay que conquistarlo aquí en la Tierra!” repone Corrado.

La pequeña Greta, que siempre lleva consigo el perrito de peluche que le regaló Corrado, y su madre Anna también están en el monasterio.

Mientras tanto, Terrasini y el profesor quieren recuperar los documentos. Terrasini amenaza veladamente al profesor, pues le dice que si no es capaz de encontrar los planos y ellos se ven obligados a buscarlos por su cuenta, sus servicios ya no serán necesarios… Es un asunto de suma importancia, donde está en juego mucho dinero… “Quando canta il denaro, la musica tace” añade el siniestro Terrasini. (“Cuando el dinero canta, la música se calla”)

Los documentos están en el lugar más insospechado; en el monasterio. Convencido por Corrado, el abad decide ir a Roma para encontrarse con sus contactos y tratar de frenar el contrabando de armas. Así, va a visitar nada menos que al “Professore”, que resulta ser un antiguo alumno suyo. Sin saberlo, el abad ha ido a meterse en la boca del lobo. Ingenuamente le revela a uno de los líderes de la trama que los planos están en su poder.

El profesor se lo comunica a Terrasini y éste envía a sus hombres al monasterio en el norte de Italia. El profesor intenta que no se haga daño al abad, que se respete su vida, pues “es un hombre importante”.

Pero esa misma noche, los asesinos de Terrasini se cuelan en el monasterio, liquidan al abad y a Anna, y dejan los cadáveres de modo que parece que el religioso mató a la viuda del banquero y luego se suicidó, sugiriendo un crimen pasional. Los sicarios se llevan el maletín con los documentos. Una vez más, la muerte y el crimen han acudido allí donde estaba Corrado Cattani, que parece atraerlos como un imán.

Giulia llega al monasterio tras conocer la noticia del asesinato de su madre. Presa de una crisis nerviosa, responsabiliza a Corrado de esa muerte, aunque pronto se arrepiente de su impulsiva e histérica actitud.

Durante el entierro del abad, algo llama la atención de Cattani: Una mujer que ha acudido al sepelio lleva en la muñeca una joya muy similar a la que Carlo le había regalado a su hija en Sicilia… Ella es con seguridad la misteriosa “Agripina”. Corrado le pregunta a uno de los frailes por la identidad de la desconocida: “Es Federica, la esposa del profesor Mattinera, un antiguo alumno del abad”… El profesor Mattinera escribió su tesis doctoral sobre “Agripina, el poder oculto en la Roma Imperial”…

Cattani decide ir a Roma en busca del profesor Mattinera. Antes de marcharse del monasterio se lleva la pistola a la que había renunciado entregándola al abad en uno de los capítulos precedentes.

Nicola Antinari, desde Sicilia, considera el asesinato de su nuera y del abad como una afrenta personal de Terrasini. Pero, como le dice a Tano, “todavía le necesitamos”. El patriarca firma el documento que cubrirá la operación del tráfico de armas desde Estambul, y que posibilitará el ingreso de la millonaria suma en una cuenta en Luxemburgo.

También Mattinera está disgustado por el asesinato del abad y la puesta en escena de los cadáveres, que sugería una relación entre Anna y el religioso y un crimen pasional. Pero Terrasini parece tener la sartén por el mango: “Para tapar un escándalo hay que provocar uno más grande”. Ahora incluso le dice al profesor que no cobrará el 10% como estaba pactado, sino sólo el 3%. Mattinera, indignado, repone que entonces se sale del negocio.

Mientras tanto, Cattani ha llegado a las oficias de Mattinera, y ve desde la ventana que Terrasini ha abandonado el despacho de éste. Pero también el propio profesor se ha marchado. Corrado acude al senador Tarsoni, un amigo del difunto abad al que ha conocido durante el entierro de éste. Cattani le pide ayuda para seguir adelante en sus investigaciones. Quiere llegar a Mattinera a través de él.

(Continuará)

FHP, 2015

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