Gokuaku Bozu 4 – Takashi Harada, 1970

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Gokuaku Bozu nenbutsu sandangiri (a.k.a. „Gokuaku Bozu 4: Faithful youth“)

Japón, 1970

Director: Takashi Harada

Género: Chanbara, gendai-geki

Guión: Akira Murao, Koji Harada

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Shinkai), Bunta Sugawara

Música: Toshiaki Tsushima

Argumento

Después de una veintena de años, el errante sacerdote budista Mikuni Shinkai regresa a la comarca de la cual es nativo, para visitar la tumba de su madre. Shinkai es un clérigo cuyo proceder no corresponde a los estereotipos: Jugador empedernido, amigo de la bebida y mujeriego; destaca además en la práctica de las artes marciales y está frecuentemente envuelto en peleas con bandidos y matones de taberna. Sin embargo, su carácter pendenciero y vividor (tan alejado del austero ideal budista) no le impide ayudar a los más humildes. Constantemente trata de luchar contra los abusos de poder de ciertos yakuza y empresarios corruptos.

De regreso en el pueblo donde se crió, lo primero que hace Shinkai es acudir a una casa de juego. Allí es testigo de que uno de los participantes en la timba está descaradamente haciendo trampa con los dados, y le reprende en público por ello; desenmascarándolo así ante todos los presentes. Poco después reconoce al fullero: Se trata de su viejo amigo Takegoro. Ambos crecieron juntos en esa localidad. Takegoro también se acuerda de Shinkai, quien ya de pequeño tenía la vocación de consagrarse al sacerdocio. Aunque le saluda con afecto, no le ha hecho ninguna gracia que revelase sus trucos ante todos los demás jugadores. A partir de ahora tendrá para siempre el “sanbenito” de tramposo, y ya nadie nunca más querrá jugar con él; piensa Takegoro. Por ello, para autocastigarse y purgar la humillación pública, Takegoro decide volarse uno de sus dedos disparándose un tiro con su escopeta.

Esa casa de juego pertenece a un clan de la Yakuza, y las rivalidades entre bandas están muy a la orden del día. El oyabun (máximo jefe) de una de esas familias fue recientemente asesinado por un homicida a sueldo de un grupo enemigo. El clan que ha perdido a su jefe está tramando su venganza. Los yakuza se dirigen a Takegoro y le proponen trabajar para ellos: Una jugosa recompensa le será pagada en metálico si elimina al asesino del oyabun: Todo indica que se trata de un sacerdote budista… llamado Shinkai. Takegoro queda sumamente sorprendido cuando le encargan como misión matar a su viejo amigo de la infancia. Los yakuza vieron cómo en la taberna Shinkai le increpó por sus trampas en los dados, y suponen por ello que Takegoro colaborará de buena gana; pero no saben que ya se conocían de antes.

Mientras tanto, Shinkai ha visitado la tumba de su madre y también ha ido a ver a la madre de Takegoro, que aún vive donde antes. La anciana (que es una especie de tía para él) le reconoce, se alegra de verle y le invita a tomar el te. Esa noche, Shinkai busca hospedarse en un monasterio. Una vez dentro le atiende una atractiva mujer, que le informa que el lugar donde están es un convento de monjas, donde normalmente no está permitida la presencia masculina. Pero con él decide hacer una excepción, al ser un religioso…

Por la noche, el libidinoso Shinkai se asoma al cuarto de la monja que le recibió (quien extrañamente tiene el cabello largo, cuando las monjas budistas se rapan la cabeza). Trata de tomarla, pero la monja es experta en artes marciales y le repele con contundencia. Se enzarzan en breve combate y Shinkai se da cuenta de que la mujer es en realidad una impostora, una ladrona que entró a robar en el convento vacío. Aprovechando un descuido de la falsa monja, Shinkai se lleva el botín de ésta y se marcha.

Shinkai llega a la cuenca de un río donde están realizándose las obras para un transvase. Cuando se da cuenta de que los trabajadores están siendo tratados casi como esclavos, se dispone a intervenir en su defensa: “No me importa si dos bandas de la yakuza se pelean entre ellas, pero si unos bandidos explotan a éstos pobres trabajadores tendrán que vérselas conmigo”.

El sacerdote todavía no sabe que hay un clan de la Yakuza que le ha puesto precio a su cabeza… Y también ignora que el ejecutor designado para acabar con él no es otro que su viejo amigo Takegoro…

Comentario

Éste episodio corresponde a la cuarta parte de la miniserie de cinco capítulos sobre el estrafalario sacerdote budista Shinkai, interpretado por Tomisaburo Wakayama (protagonista de la excelente hexalogía de Kozure Okami, donde da vida al ronin Ogami Itto, que recorre Japón con su pequeño hijo Daigoro en un carrito).

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Carátula de la segunda parte de la saga

La reseña en su día publicada sobre Gokuaku Bozu no es la primera parte dirigida por Kiyoshi Saeki (como consta erróneamente en la ficha) sino la quinta y última (Gokuaku Bozu – Nomu utsu kau a.k.a. “Wicked Priest – Drink, gamble and women” de 1971), realizada por Takeichi Saito.

Las películas sobre el mujeriego y jugador siervo de Buda no están a la altura de las otras grandes series fílmicas del género chanbara de los sesenta y setenta (como Zatoichi, la trilogía Hanzo the Razor o la ya mencionada Kozure Okami / “Lobo Solitario y su cachorro”), pero los dos episodios que hasta el momento he visto son sumamente entretenidos. Tomisaburo Wakayama y su hermano Shintaro Katsu protagonizaron esas excelentes series, basadas originalmente en comics manga.

Las historias del sacerdote Shinkai están ambientadas en una época ligeramente posterior a la de las otras series (que se desarrollan aún en tiempos del shogunato y son por tanto jidaigeki, o “películas de samurais”). En la época de Shinkai, la era Meiji, ya no existe la clase samurai. Las Gokuaku Bozu transcurren hacia finales del siglo XIX. Muchos de los personajes aún visten atuendos tradicionales japoneses como kimonos, pero algunos ya portan trajes de estilo occidental, con chaqueta y corbata. Ya no se gasta el clásico corte de pelo samurai, con la parte delantera de la cabeza rapada y la trasera con pelo largo recogido. Se ha prohibido portar espadas en público, pero varios de los personajes poseen armas de fuego (Takegoro tiene una escopeta). No hay ya samurais, ni daimyos ni ronins, pero sí tienen relevancia los bandidos yakuza, los nuevos industriales, y la recién nacida clase burguesa nipona.

FHP, agosto del 2015

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