Violación en las aulas – Fernando Di Leo, 1969

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Violación en las aulas (V.O. I ragazzi del massacro a.k.a. “Naked Violence”)

Italia, 1969

Director: Fernando Di Leo

Género: Giallo, polizziesco

Guión: Fernando Di Leo, Andrea Maggiore (basándose en una novela de Giorgio Scerbanenco)

Intérpretes: Pier Paolo Capponi (Duca), Nieves Navarro (Livia)

Música: Silvano Spadaccino

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Argumento

Un horrendo crimen ha sido perpetrado en una escuela. Ya durante los títulos de crédito vemos como durante unas clases, los alumnos se levantan de sus asientos y atacan a su maestra, violándola y asesinándola. El cadáver semidesnudo de la joven profesora lo dejan tirado sobre su mesa, con un trapo dentro de la boca (que le habían introducido para que no gritase mientras la agredían).

El colegio donde se ha cometido el salvaje acto era un centro para chicos conflictivos. Todos los menores responsables del homicidio son arrestados y conducidos a las dependencias policiales, pero se niegan a hablar, y se acusan unos a otros. El comisario Lamberti recibe la misión de esclarecer el caso. El está dispuesto a ir hasta el fondo del asunto, pero sus superiores desean archivar el caso cuanto antes, enviar a todos al reformatorio y evitar el escándalo mediático.

Lamberti sabe que si los chavales son mandados al reformatorio sin mayores indagaciones, dentro de un par de años estarán de nuevo todos en la calle. Son menores de edad, y si bien se trata de un crimen nauseabundo, no se les puede acusar con toda la dureza que se merecen. Además, la culpa repartida entre muchos casi podría llegar a diluirse. Si bien todos son responsables por haber estado presentes, el comisario está convencido de que unos son más culpables que otros, y de que es hasta probable que la acción estuviera premeditada y que existiera un cabecilla que organizara la violación, tortura y brutal asesinato de la maestra (acto que se prolongó durante más de una hora).

Así, Lamberti se dispone a interrogar uno por uno a todos los muchachos, cuyas edades oscilan entre los 13 y los 16 años. Las leyes no le permiten ser todo lo rígido que una situación como esa requeriría. Se trata de una chusma repugnante de violadores y asesinos (unos peores que otros), pero el comisario no puede tocarles un pelo…

Durante el bestial delito, los adolescentes consumieron una botella entera de anís, fuerte licor con una graduación etílica de 85. La botella vacía se encontró en el lugar de los hechos. Otra pista es una moneda de medio franco suizo. Por haber actuado bajo los efectos del alcohol (además del hecho de que son menores de edad) los chicos ya pueden contar con rebajas en sus penas (que ya de por sí serían ridículas).

Al despacho de Lamberti van compareciendo los alumnos que estaban en clase cuando se cometió el crimen. La inmensa mayoría de ellos son delincuentes habituales, incorregibles, carne de reformatorio, procedentes de familias desestructuradas o directamente crecidos en la calle. Uno a uno van desfilando ante el comisario, que debe hacer esfuerzos para controlarse, impotente ante la chulería, la desvergüenza y la falta de arrepentimiento de los pequeños monstruos. Ninguno admite responsabilidad. Todos dicen que “fueron los otros”. Sin embargo: Cuando Lamberti les va preguntando quién trajo la botella de anís a clase, la respuesta de los interrogados coincide. Acusan a su compañero Fiorello Grassi. Éste es el último llamado a comparecer. Y es el único que procede de una familia normal y que no tiene antecedentes penales. Fiorello se echa a llorar ante Lamberti y asegura que es inocente. Dice que no le extraña que todos se hayan puesto de acuerdo para señalarle a él, porque “siempre lo hacen”. Lamberti quiere saber por qué. “Porque… soy diferente” dice entre sollozos. Da implícitamente a entender que es homosexual. El comisario dice que le cree, que está convencido de que él no participó, pero le insta a que le cuente exactamente qué sucedió aquel día en el aula, que revele quiénes idearon y dirigieron el crimen. Pero Fiorello tiene miedo de hablar, dice que no es un “chivato”, y que si se va de la lengua le harán “algo peor de lo que le hicieron a la maestra”.

Lamberti intuye que Fiorello sabe algo más, algo realmente importante para el caso, y está seguro de que tarde o temprano confesará. El comisario se reafirma en su opinión de que no todos los muchachos están implicados por igual en el crimen y, aunque todavía no tiene pruebas, varios indicios le hacen suponer que la acción estuvo premeditada y que hubo uno, o un par de “líderes”.

En sus investigaciones (que parten de la moneda suiza hallada en el aula), Lamberti logra confirmar tras interrogar a parientes y conocidos de los muchachos que varios de ellos participaban en redes de contrabando a través de Suiza. “Esos chicos movían mucho dinero” aseguran varios testigos. “Los recogía un Porsche, e iban con frecuencia a Suiza” decían otros. También eran vistos habitualmente en compañía de adultos.

Uno de los días siguientes acontece un trágico suceso: Fiorello se precipita al vacío desde uno de los pisos superiores del reformatorio, cayendo al patio interior y muriendo en el acto. La versión oficial apunta a que se trata de suicidio. Teniendo en cuenta el estado histérico y el carácter nervioso e inestable del desgraciado ello no sería en absoluto descartable; pero Lamberti está convencido de que entre los demás alumnos acusados, entre sus compañeros, había más de uno con fuertes motivos para callarle por siempre…

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Comentario

Muy buen thriller del maestro Fernando Di Leo, “I Ragazzi del Massacro” es uno de sus primeros éxitos como director. Éste híbrido entre giallo y polizziesco contiene una dosis de crítica social (haciendo hincapié, como por ejemplo Enzo G. Castellari en “Il Grande Racket”, en la impunidad de la que gozan ciertos delincuentes y de la impotencia del sistema para encarar con eficiencia ese problema); y también recuerda en algunos aspectos al cine quinqui hispano (particularmente a Eloy de la Iglesia).

Mientras el cuerpo de policía y la magistratura se quieren quitar cuanto antes el caso de encima (mandándolos a todos al reformatorio, y que dentro de un par de años estén de nuevo en la calle para cometer nuevos crímenes), y mientras las altas instancias se lavan las manos y se quieren desentender de los pormenores del delito, el eficiente comisario Lamberti trabaja día y noche para averiguar qué pasó en realidad aquel infausto día en la escuela; quienes son los auténticos culpables y quienes son tan solo responsables. Lamberti piensa que muchos de esos chicos, implicados en la masacre de su profesora, forman una banda; y que probablemente tienen un jefe (adulto) que les ha incitado a cometer la salvajada.

Aunque el crimen es la primera escena que el espectador ve y por lo tanto podría pensarse que los violadores y asesinos se reconocen, no es así debido a los movimientos de cámara, los ángulos y los planos subjetivos. La tensión y el suspense no decaen en ningún momento.

“I Ragazzi del Massacro” está basada en una novela del escritor Giorgio Scerbanenco, y fue rodada en Milán al igual que el posterior film de Di Leo “Milano Calibro 9” (1972). Luis Enríquez Bacalov aún no se había convertido en inseparable colaborador musical de Di Leo, y la banda sonora de ésta película fue compuesta por Silvano Spadaccino.

FHP, agosto 2015

 

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