Lone Wolf and Cub / Kozure Okami (Parte III): “Carro de bebé en el Hades” – Kenji Misumi, 1972

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El lobo solitario y su cachorro: carro de bebé en el Hades (V.O. Kozure Ōkami: Shinikazeni mukau ubaguruma / T.I. “Lone Wolf and Cub: Baby Cart to Hades”)

Japón, 1972

Director: Kenji Misumi

Género: Chambara, Jidaigeki

Guión: Kazuo Koike, Goseki Kojima

Intérpretes: Tomisaburo Wakayama (Itto Ogami), Akihiro Tomikawa (Daigoro), Go Kato (Magomura Kanbei), Yuko Hama (Torizo), Isao Yamagata (Sawatari Genba)

Música: Hideaki Sakurai, Hiroshi Kamayatsu

Argumento

Itto Ogami y su hijo Daigoro continúan su “camino del infierno”. Cuando cruzan un río a bordo de una barca junto a otros pasajeros, a Ogami le llama la atención una pareja que discute. El equipaje de la mujer cae al agua pero flota, y Daigoro (que está detrás en su carrito atado a la barca) recoje el paquete para devolvérselo a su propietaria una vez en la orilla.

Mientras tanto, un grupo de ronins que también trabajan como mercenarios descansan al borde de un camino. Tres de ellos beben abundantes cantidades de sake y hablan con vulgaridad de diversiones y de mujeres; mientras que el cuarto, de aspecto solemne y austero, no está interesado en frivolidades y come sus fideos apartado de los demás.

Pronto se avecinan tres figuras: Una mujer mayor (con los dientes pintados de negro, como al parecer era usanza en las japonesas casadas), una joven y un samurai que las escolta. Los tres ronins, corren hacia las mujeres deseosos de saciar sus pulsiones carnales. Dejan fuera de combate al samurai y violan salvajemente a madre e hija. Poco después el escolta vuelve en sí y con furia ataca a los agresores. Está a punto de vencerlos, pero de repente aparece el cuarto ronin, y para defender a sus compañeros liquida al escolta. Entonces, se acerca a las violadas y las mata también (para que no tengan que seguir viviendo tras haber sido ultrajadas de forma tan bestial). Los violadores quedan boquiabiertos. El cuarto ronin toma una caña y la parte en tres trozos; coloca los tres palitos en su mano y le dice a sus compañeros que escojan uno. “Si no lo hacéis os mato a los tres”. Obedecen y uno de ellos ha sacado la cañita más corta. “Eres tú, entonces, el que debe morir (…) Tú serás oficialmente el culpable de toda ésta masacre, y nosotros tuvimos que matarte en defensa propia”. Cuando el ronin que ignora las frivolidades arremete con su katana contra su compañero inferior (inferior tanto en el manejo de las armas como en lo moral) aparece en el camino Ogami empujando el carrito infantil de Daigoro.

Al echar un veloz vistazo, Ogami entiende la situación, y le dice al ronin que es un auténtico guerrero (“makoto-no-bushi”). Tras ser elogiado, el otro mercenario se presenta: Su nombre es Kanbei. Sabe que tiene ante sí al ex-kaishakunin del shogun, y ha oído hablar de los prodigios marciales atribuídos al Lobo Solitario, maestro del estilo Suio. Kanbei le pide a Ogami que acepte un duelo, usando la excusa de que él ha sido testigo de lo sucedido. Cuando Ogami no responde, los otros dos ronin se abalanzan contra él antes de que Kanbei pueda frenarlos, pero el antiguo kaishakunin los elimina de un par de tajos en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora sólo quedan Kanbei y Ogami (y Daigoro). “En el caso de que yo ganase, me comprometo a hacerme cargo de vuestro hijo” “No será necesario que os hagáis cargo de él. Mi hijo y yo hemos elegido el camino del infierno. Estamos preparados para todo”.

Los dos se ponen en guardia. Pero poco después Ogami vuelve a envainar su espada. “El duelo queda en empate.” “Por qué?” “Un auténtico guerrero merece vivir”. Y el Lobo prosigue su andadura junto a su cachorro…

Esa noche, en una pensión, volvemos a ver a la pareja que discutía en la escena inicial. El hombre trata de forzar a la muchacha. “Te he comprado, he pagado por tí y puedo hacer contigo lo que me plazca!” La chica se resiste. Cuando el individuo trata de violarla y acerca su boca a la de ella, la joven le arranca la lengua de un mordisco. Poco despúes el hombre se desangra y muere. Presa del pánico, ella trata de huir. Intentando esconderse, entra en la habitación de Ogami y su pequeño (que también se alojan en la misma pensión). Ogami decide protegerla. La esconde en la parte inferior del armario y cuando las autoridades registran el edificio no la encuentran.

Poco después aparece ante la estancia donde se hospeda Ogami una misteriosa y atractiva mujer, acompañada por un séquito de espadachines. Son integrantes de un grupo yakuza. La viperina fémina se presenta como Torizo y le dice a Ogami que le entregue a la chica, pues había sido comprada por Monomatsu, que era uno de sus hombres. Torizo acusa a la muchacha de haber asesinado a Monomatsu. Pero Ogami se niega a entregarla. Torizo le amenaza con una pistola “Por qué un samurai quiere poner en peligro su vida y la de su hijo por ésta chica?” La joven a la que el ex-verdugo protege lleva consigo una especie de panel funerario. Ogami responde enigmáticamente a Torizo: “Porque el panel funerario que ella lleva une nuestro karma”. La jefa de los yakuza dispara, rápidamente Ogami levanta la alfombra del suelo amortiguando las balas, y lanza luego pequeños dardos que inutilizan la pistola de Torizo.

Los yakuza quieren intervenir y ya desenvainan sus espadas, pero Torizo los contiene; sabe que Ogami es un adversario demasiado peligroso. Trata de dialogar con él y alcanzar un acuerdo por las buenas. Torizo dice que su clan debe vengar la muerte de Monomatsu, pero que está dispuesta a dejar libre a la muchacha tras aplicarle una tortura llamada “buri-buri” a modo de simbólico castigo. Ogami propone ser él quien sea sometido a ese castigo en lugar de la frágil jovencita. Torizo acepta.

Ogami es atado boca abajo y los yakuza giran a su alrededor golpeándole rítmicamente con palos mientras gritan “buri-buri!” (en eso consiste la homónimo suplicio). Mientras la chica que había sido comprada por el bandido se deshace en llantos y sollozos, y mientras Daigoro observa sin inmutarse cómo su padre es martirizado, Torizo contempla impresionada. El aguante que estoicamente demuestra Ogami mientras es azotado le parece imponente.

Tras ser sometido al buri-buri, Ogami es desatado y la jovencita por la se ha sacrificado es liberada. Torizo ya no es la fiera y gélida yakuza, sino una mujer que siente un gran respeto por el ronin. Antes de despedirse de él tiene una propuesta que hacerle: Le lleva hasta una habitación donde se encuentra un hombre con un brazo amputado. Se trata de Tatewaki Miura, antes un alto funcionario cuyo clan fue disuelto. Miura es el padre de Torizo. Del mismo modo que Ogami perdió su puesto como kaishakunin shogunal por culpa de las intrigas de los Yagyu, a los Miura les fueron arrebatados sus puestos oficiales a causa de las conspiraciones de un gobernador llamado Sawatari Genba. Miura y su hija Torizo piden a Ogami que mate a Genba. Como siempre cuando le hacen uno de esos encargos, el ronin responde: “Por asesinatos cobro 500 ryo”.

Kozure Okami y su pequeño siguen su camino. A la siguiente noche Ogami es contactado por unos samurais que también quieren proponerle un trabajo… Se trata nada menos que de los hombres de Genba. Éste en persona quiere ver a Ogami. Genba le encarga al mercenario que mate a un ministro, y le ofrece 1000 ryo (el doble de lo que Ogami cobra por cada trabajo)…

Comentario

Sin embargo, Ogami no acepta. Ha dado su palabra a los Miura de que matará a Genba y piensa cumplir su promesa. Cuando Ogami abandona las estancias del gobernador, éste se queda pensativo e imagina lo que efectivamente sucede: Que Ogami ya ha sido contratado… para matarlo a él. Genba decide reunir a sus mejores hombres para que eliminen al peligroso ronin. Pero uno a uno éstos van pereciendo: Un gran espadachín, un experto pistolero… Todos sucumben ante Itto Ogami y su maestría en el Suio-ryu.

Genba se ve obligado a contratar a samurais, ronins y expertos en artes marciales procedentes de otras provincias… De ese modo entra a su servicio el mercenario Kanbei que vimos al inicio, y cuyo combate con Ogami quedó en empate…

Soberbia tercera parte de la hexalogía de “Lone Wolf and Cub”, dirigida por Kenji Misumi al igual que las dos precedentes. La escena final en la que Ogami se enfrenta contra el ejército de Genba es espectacular. Entran también allí en acción armas de fuego, y vemos que Ogami ha instalado en el carrito de Daigoro un sistema de pequeños cañones. En ese combate desigual y apoteósico de uno contra todos y todos contra uno, Ogami lucha con dos espadas a la vez, usa también la naginata, así como dos revólveres que ha tomado del pistolero de Genba. La atmósfera western (que recuerda al mejor Sergio Leone) está patente en el film en los momentos de tiroteos. El Lobo Solitario logra derrotar al centenar de esbirros de Genba, matando finalmente también a éste. La extasiada Torizo (Yuko Hama) y dos de sus hombres contemplan todo desde un montículo vecino.

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El último contrincante de Ogami en esa monumental batalla es el samurai-mercenario del principio, Kanbei, el auténtico bushi (guerrero). Éste se enfrenta a Ogami (que ahora sí acepta el reto), y cae malherido de rodillas, con la espada clavada en el torso…

Magistral el diálogo que poco antes de que Kanbei expira mantienen éste y Ogami. Kanbei explica que fue desterrado por su señor, paradójicamente por haber tratado de salvarle la vida: Considerando que la mejor defensa es el ataque, Kanbei se echo sobre unos rebeldes que amenazaban a la comitiva que él escoltaba. Tras ello, fue expulsado por el daimyo por haber actuado “sin compasión”. Ahora, el agonizante Kanbei quiere saber en qué consiste el camino del guerrero: “¿Vivir con compasión, o morir al servicio de una causa?” Ogami Itto, con el rostro salpicado en sangre (propia y de su adversario) responde: “El camino del guerrero consiste en vivir constantemente de cara a la muerte”. (Inmenso!) “Y de haber estado en tu lugar habría actuado igual que tú“ (añade haciendo alusión al motivo por el cual Kanbei fue desterrado). Una sonrisa se dibuja en los labios del moribundo. „Por fin voy a encontrarme con la muerte!“ (parece casi un tributo a Mishima). Reuniendo las pocas fuerzas que le quedan, Kanbei solicita que Ogami sea su kaishakunin; que le corte la cabeza mientras se practica el seppuku. Y así murió un makoto-no-bushi, un auténtico guerrero.

Los Yagyu no tienen demasiada relevancia en éste episodio, pero dos jinetes de ese clan que han presenciado la batalla le dicen a Ogami que no tiene escapatoria, ya que ellos, los Yagyu, controlan secretamente el país.

También merece ser mencionado el papel, cada vez más importante, de Daigoro (interpretado por el niño Akihiro Tomikawa, quien tenía cuatro años en el momento del rodaje). El pequeño Daigoro aporta la nota tierna y cómica a unas películas que si no serían demasiado crudas. En el rol del gobernador Genba tenemos a Isao Yamagata (a quien ya vimos en “Zatoichi´s Pilgrimage” – Kazuo Ikehiro, 1966).

FHP, 2015

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