Zatoichi el fugitivo – Tokuzo Tanaka, 1963

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Zatoichi el fugitivo (V.O. Zatôichi kyôjô-tabi, a.k.a. „Zatoichi the fugitive“)

Japón, 1963

Director: Tokuzo Tanaka

Género: Chambara, jidaigeki

Guión: Kenichiro Hara

Intérpretes: Shintaro Katsu (Zatoichi), Miwa Takada (Nobu), Masayo Banri (Tane)

Música: Akira Ifukube

Argumento

 

Argumento

Llegado a una nueva comarca, Ichi participa en unos torneos de lucha libre para ganarse el sustento. Sin grandes dificultades vence rápidamente a cinco contrincantes, a pesar de ser ciego. Tras ello, se dispone a proseguir su camino. Pero ignora que la Yakuza local ha puesto precio a su cabeza. Un asesino a sueldo trata de matarlo cuando se relaja junto a un río. Pero Zatoichi se percata de su presencia y tras desenfundar su afilada hoja de la caña que le sirve de bastón, raja a su agresor. Éste se tambalea y cae moribundo, pero aún acierta a decirle a Zatoichi que había intentado matarle para cobrar la jugosa recompensa que por su cabeza se ofrece. Antes de exhalar su último aliento, también le dice al prodigioso espadachín invidente el municipio donde reside su madre, que pertenece a la Yakuza. Ichi se encamina hacia esa localidad en busca de la señora, la anciana Maki, a la que informa con pesadumbre sobre la muerte en combate de su vástago, reconociendo ser él mismo el responsable de tal defunción. Maki inicialmente se acongoja y enfurece, pero pronto reconoce la valentía, el coraje y la honestidad de su interlocutor, por atreverse a ir a verla con esa noticia y traerle personalmente los ahorros que su hijo portaba consigo. Así, Maki decide perdonar a Ichi. No así otros miembros de la Yakuza local, que insisten en que el ciego debe ser ejecutado por haber desafiado al clan, y que incluso incrementan la cantidad de ryos a la que asciende la recompensa por la caza del invidente pero aguerrido masajista errante.

Zatoichi, como es su costumbre, se hospeda en una posada. Allí se reencuentra con la bella Tane (ver Zatôichi monogatari, 1962 – Kenji Misumi), que ahora se ha casado con un ronin de nombre Tanakura. También conoce a la dulce e ingenua Nobu, hija del dueño del establecimiento, con la que entabla amistad. El posadero es un antiguo Yakuza, y el local funcionó antaño como casa de juegos. Nobu es pretendida por el heredero de otro clan Yakuza, un inexperto muchacho de carácter débil llamado Sakichi, que está sometido a una creciente presión por sus compañeros de profesión. Zatoichi se verá envuelto, una vez más, en múltiples e intrincadas intrigas en el seno de la Yakuza decimonónica…

Tanakura, un duro ronin sombrío y ceñudo, trata también de tomar el control de las organizaciones clandestinas de la región. Por su pericia con las armas blancas es el único de los potenciales contrincantes de Zatoichi capaz de medirse con el genial invidente en su mismo nivel.

Tanakura le tiende una trampa a Zatoichi en una casa abandonada, utilizando a Tane como cebo y a Sakichi como forzado cómplice…

Comentario

En ésta cuarta entrega de la saga Zatoichi, se nos desvela algo más el oscuro y fascinante mundo de la Yakuza, con su característico código de honor, su énfasis en la lealtad, y el culto a la fuerza de voluntad que han de poseer sobre todas las cosas aquellos que aspiran al liderazgo.

El antiguo yakuza Zatoichi es un lobo solitario, un vagabundo que sólo confía en su espada (oculta en una caña hueca como bastón de ciego) y que se desplaza por todo Japón en los años del ocaso de la era Tokugawa, residiendo en posadas, trabajando sobre la marcha como masajista de otros cansados viajeros y apostando de vez en cuando algunos ryo a los dados para tratar de incrementar su escaso y volátil capital. Zatoichi también es un santo. Humilde, siempre cortés, honesto y honorable, sabio y amante de la justicia. No guarda rencor a sus adversarios y siempre está dispuesto a perdonar. Ichi es su nombre; Zato es una denominación por la cual se conocía a los integrantes de rango más bajo en la jerarquía de la Tōdōza (el gremio de los ciegos en el Japón feudal; sus miembros solían desempeñar las labores de músicos, masajistas o acupunturistas).

A destacar las escenas finales, en las que el masajista se enfrenta en frenético combate con decenas de espadachines que le cercaban en la casa abandonada. Las ansias de vengar a Tane, asesinada por su esposo Tanakura, hacen que sus fuerzas se multipliquen. Que sus enemigos estén en posesión de un rifle tampoco es impedimento para que Ichi salga victorioso. Tenso y emocionante el igualado duelo final entre Zatoichi y el samurai Tanakura. Éste último logra romper la espada del ciego, pero Ichi termina clavándole la hoja partida hasta la empuñadora. Las revelaciones finales de Tanakura dejan dubitativo a Ichi: Será cierto que Tane le había traicionado y que fue ella quien se propuso como cebo al enterarse de que la recompensa por Ichi ascendía a 300 ryo? “Acaso temes la verdad?” – dice el moribundo Tanakura – “las mujeres no tienen 17 años para siempre…” Ichi se resiste a creer esos infundios sobre su idealizada amiga. Sumamente entrañable resulta la despedida de Zatoichi de la vieja Maki, que acaba convirtiéndose en la madre que nunca tuvo, y de la pareja formada por Sakichi y Nobu.

FHP, 2015

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