Policía de narcóticos – Gilberto de Anda, 1986

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Policía de narcóticos

México, 1986

Director: Gilberto de Anda

Género: Policíaca, acción

Guión: Gilberto & Rodolfo de Anda

Intérpretes: Valentín Trujillo (Julián Carrera), Rodolfo de Anda (Antonio Farcas), Angélica Chain (La Albina)

Música: Gustavo Pimentel

 

Argumento

Un día, una mujer acude a comprar al supermercado con su hijo de unos cinco años. Allí, el niño es secuestrado. La policía comienza a buscarlo por todas partes, y los angustiados padres (que piensan se trata de un delito con móvil económico) afirman que ellos no son ricos y no pueden pagar ningún rescate… Pero lo que ignoran es que su pequeño no ha sido abducido por delincuentes comunes que quieren dinero a cambio. Se trata de un crimen mucho más cruel y macabro…

Los agentes Julián Carrera (Valentín Trujillo) y Roberto Rojas reciben el encargo de su jefe, el licenciado de la Parra, de detener a una peligrosa y violentísima banda de narcotraficantes. La organización de Antonio Farcas y su compañera la despiadada Albina se dedica a realizar transacciones de droga oculta en cadáveres previamente vaciados. El niño antes mencionado, raptado al azar, fue una de las víctimas de esa red.

La policía había montado un dispositivo de vigilancia que logró localizar a los criminales en el aeropuerto, una vez que éstos pretendían salir del país usando al niño muerto (“dormido” en brazos de “su madre”) como narco-estuche.

Al mismo tiempo, un misterioso “ejecutor” se dedica a liquidar a individuos relacionados con el mundo del narcotráfico. Varios de los hombres de Farcas son acribillados por el solitario vengador, mediante una escopeta de repetición, en una clínica veterinaria que habían alquilado para usar como base de operaciones.

El Licenciado les pide a sus dos mejores agentes, Carrera y Rojas, que además de neutralizar a la banda de Farcas se encarguen también del asunto del “Ejecutor”, y que descubran la identidad de ese que (según Carrera) “les está facilitando el trabajo”. Rojas cree, en base a ciertos indicios, que el tal “Ejecutor” actúa “desde dentro del Cuerpo”, es decir, que podría ser un policía. Según él se trataría pues de un caso de “escuadrones de la muerte como en Brasil”.

El malvado Farcas y la pérfida Albina deciden eliminar a todo aquel que pueda delatarlos, y comienzan con el dueño de la clínica veterinaria al que habían alquilado el local, y donde se realizaba el vaciado de cadáveres para rellenarlos de droga (con ese monstruoso sistema, podían fácilmente cruzar la frontera con el niño “dormido” eviscerado y lleno de paquetes de cocaína). Tras la “limpieza” realizada allí por “el Ejecutor” (que masacró a varios de los esbirros de Farcas), la clínica ya no podía servir como “cuartel general”, y su dueño había dejado de ser útil. Un comando de sicarios encabezados por la Albina liquida al propietario de la clínica y a su mujer, y en ese momento llegan los agentes Carreras y Rojas, que a su vez eliminan a los pistoleros de Farcas, aunque no pueden impedir que la Albina escape.

Mientras tanto, Rojas comienza a sospechar que “el Ejecutor” es su compañero Carrera. Así, de forma clara y directa, se lo hace saber al mismo. No tiene pruebas, pero varios datos sobre el pasado de su colega acrecientan sus recelos. “Ninguno como tú” dice Rojas “podría tener tantos motivos para ser el Ejecutor”… y además Carrera estaba informado de antemano sobre los lugares donde luego aparecía el solitario vengador anti-crimen.

Farcas contrata a un sicario mudo, desaliñado y fumador empedernido para que cometa una masacre, aparentemente arbitraria, en un restaurante. Rojas y Carrera logran reducirlo, pero el asesino ha provocado una quincena de víctimas mortales. Entre ellos, una familia de turistas estadounidenses. Los agentes llegan a la conclusión de que Farcas ha ordenado la sangría, para que durante el velatorio de los gringos y antes de la repatriación de los cadáveres, éstos sean rellenados de droga. Sin embargo, tras observar detenidamente los cuerpos comprueban contrariados que no se les ha sometido a ese procedimiento… pero Rojas y Carrera tienen la feliz idea de controlar también los ataúdes… y dentro de los mismos hallan oculta la cocaína. La mercancía es decomisada por las autoridades, pero los cadáveres se envían en los mismos féretros como si nada hubiese ocurrido, para que Farcas no sospeche que su alijo ha sido interceptado, y el FBI en EEUU (previa notificación) pueda detener a los hombres que vayan a “recoger el envío”. Así sucede, los empleados de Farcas en EEUU son arrestados, la operación desbaratada, y los jefes de la banda directamente señalados como tales por los detenidos.

Aunque aún no han pescado a los líderes, los policías ya celebran la desarticulación del grupo criminal, emborrachándose en la comisaría. Al mismo tiempo, “el Ejecutor” vuelve a hacer de las suyas, y varios individuos del entorno de Farcas son tiroteados en otro evento. Los agentes Rojas y Carrera reciben la noticia en estado de absoluta ebriedad, no obstante acuden raudamente al lugar de los hechos. Así, Rojas se convence de que su compañero Carrera no puede ser “el Ejecutor”, pues cuando aconteció el delito ambos se encontraban juntos en la celebración… Tras nuevas y breves cavilaciones, elucubradas mayormente por el hasta ahora sospechado Carrera, ambos se convencen firmemente que “el Ejecutor” solo puede ser… el Licenciado, jefe de ambos! Para cazarle planean una trampa: A través de un intermediario, comunicarán al Licenciado que “han localizado a la Albina” y lo atraerán a donde ella supuestamente está; la habitación de un hotel. Como cebo, colocarán en la ducha un maniquí que representará a la criminal. Y cuando aparezca el Ejecutor-Licenciado, sus subordinados lo arrestarán…

Por su parte, la auténtica Albina propone a Farcas la huída, pues la organización ha sufrido un golpe mortal y no les queda más alternativa que abandonar el país. Pero Farcas antes de escapar quiere “arreglarles las cuentas” a los dos agentes que considera los máximos responsables de su infortunio. Recopila información sobre Rojas y Carrera y descubre que si bien el último vive solo, el primero tiene mujer y una hija… “Mañana Rojas deseará no haber nacido”.

El Ejecutor cae en la trampa tendida por los dos agentes. Tras acribillar al maniquí pensando que se trata de la Albina, se resiste a entregarse y dispara; en el tiroteo es alcanzado por las balas de los policías y muere al precipitarse al vacío desde el hotel. Y no se trata del Licenciado jefe de ambos… sino del forense. “Aquel de quien menos habría sospechado” dice sorprendido uno de los policías. Es cierto que el forense también tenía acceso a todas las informaciones del Cuerpo. Pero qué motivos podría haber tenido para ser el Ejecutor? “Tal vez estaba cansado de tener que realizar autopsias con cadáveres de niños a los que habían matado para sacarles las entrañas y rellenarlos de droga…”

Cuando Rojas regresa a su domicilio, descubre que su mujer y su hija, sentadas frente al televisor y cuyas cabezas reposantes sobre el sofa vió desde detrás al entrar en la casa, no le contestan el saludo por estar demasiado absortas con el programa… sino porque han sido degolladas. Allí se encuentran personalmente la Albina y Farcas. Rojas, preso de la furia, se abalanza sobre la despiadada criminal y logra matarla, pero Farcas lo asesina a él.

Esa noche, Carrera descubre que alguien ha dejado un paquete junto a su puerta. Hay una nota adherida a él: Farcas le reta a un encuentro en cierta fábrica abandonada “Será la última oportunidad que tendrás de arrestarme o que tendré yo de matarte”. Cuando abre el paquete para ver el “regalo”, descubre que se trata (como el espectador perspicaz puede intuir) de la cabeza de su compañero Rojas.

Carrera acude a la nave industrial y se produce el tiroteo entre él y Farcas. Tras una persecución a lo largo y ancho del complejo, con varios disparos a través de bloques de hielo, Carrera finalmente logra vencer a su oponente, haciendo que Farcas se clave en el tórax una especie de enorme arpón.

Comentario

Violento y truculento film de acción mexicano ochentero que bebe directamente de las fuentes del polizziesco italo de la década anterior. Un caso de “niños-estuche” ya aparece en “Quelli che contano” (1974) de Andrea Bianchi, y el asunto de “ejecutores parapoliciales que buscan actuar contundentemente contra el crimen al margen de la ley vigente”, es el tema central de “La polizia ringrazia” (1972) de Steno. También la escena final, el enfrentamiento a tiros y persecuciones entre el gran criminal y el agente en el interior de una especie de fábrica o nave industrial resulta reminiscente de la última secuencia de “Il grande racket” (1976) de Enzo G. Castellari.

Existe en la trama alguna que otra incoherencia lógica, o de inverosimilitud, como por ejemplo, el absurdo hecho de que Farcas cite al agente Carrera en la fábrica… ¿Para qué, si sabiendo donde vive lo puede matar a traición? (No tendría ningún escrúpulo en hacerlo) Y también es poco creíble que Carrera acuda solo, sin avisar a los demás policías para que le cubriesen las espaldas.

Por otro lado, resulta paradójicamente interesante que Rojas, quien siempre se opuso con más saña que nadie a las actividades del Ejecutor (que implacablemente perseguía a la banda de Farcas), tenga que sufrir cómo su esposa y su hija son asesinadas por esos criminales que el por él denostado Ejecutor hubiera extirpado de la sociedad para siempre. Tal vez en sus últimos instantes de vida, Rojas se dió cuenta de que a lo mejor la forma de proceder del Ejecutor sí era la más correcta…

El actor Valentín Trujillo, muy famoso en México por sus papeles en películas policíacas y de acción, dirigiría (junto a María Luisa Alcalá) y protagonizaría en 1989 un interesantísimo film llamado “Violación”, que pese a su bajo presupuesto y a entrar dentro de la categoría de “serie B”, consigue crear una enorme tensión argumental y transmitir una gran carga dramática.

FHP, 2014

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