La polizia ringrazia – Steno, 1972

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La polizia ringrazia

Italia, 1972

Director: Stefano Vanzina (a.k.a. Steno)

Género: Polizziesco

Guión: Steno, Lucio De Caro

Intérpretes: Enrico Maria Salerno (comisario Bertone), Mariangela Melato (Sandra), Mario Adorf (Ricciuti)

Música: Stelvio Cipriani

 

Argumento

Roma, principios de los años setenta. La policía tiene las manos atadas. Una ola insólita de delitos violentos asola la ciudad. Los criminales son arrestados, pero poco después deben ser puestos en libertad “por falta de pruebas”. Los agentes no pueden emplear una metodología expeditiva para arrancar confesiones a los delincuentes y poner fin a sus sangrientas fechorías.

El veterano gangster Bettarini, detenido por un atraco con homicidio, es absuelto. Cuando vuelven a arrestarlo poco después, por posesión ilícita de armas, es conducido a la comisaría, donde reclama la presencia de su abogado. Mientras esperan al letrado, provoca a los policías iniciando una trifulca, para conseguir así que le golpeen. De ese modo, con fracturas y lesiones, puede declararse “víctima de la brutalidad policial” y afirmar que “le torturaron”.

El comisario Bertone (Enrico Maria Salerno) está desesperado por la impotencia que le produce no poder impedir el exponencial aumento de la delincuencia. Por si fuera poco, la prensa se dedica a acusar siempre a la policía (las “derechas” por “pasividad” – las “izquierdas” por “abuso de poder”), de forma que Bertone está sometido a una creciente presión por todos los frentes. Tiene una amiga periodista, la “progre” Sandra. Nadie parece darse cuenta de que el auténtico responsable es el sistema en sí… o casi nadie.

Mientras tanto, el auge de la criminalidad se recrudece. Dos jóvenes en moto atracan una joyería y asesinan a la empleada, también en su huída matan a tiros a un pasante. Perseguidos por las patrullas, se ven obligados a separarse. Uno es detenido y conducido ante el comisario Bertone, a quien confiesa la identidad de su cómplice. El otro, sin embargo, logra zafarse del cerco policial secuestrando a punta de pistola a una joven automovilista. En una casa abandonada la mantendrá como rehén.

Ante lo insostenible de la situación, surge un grupo de estilo para-policial que se dedica a aplicar a los criminales los castigos que la policía no puede permitirse implementar. La secreta organización, conocida pronto en la prensa como “los Anti-Crímenes”, consiste en un conjunto de escuadrones compuestos por misteriosos individuos taciturnos que no vacilan en ejecutar a asesinos, violadores y demás lumpen. Un joven atracador reincidente es conducido junto al río y fusilado. El muchas veces absuelto Bettarini, autor del homicidio de un vigilante de seguridad, es atado a un poste de alta tensión y electrocutado. Una prostituta aparece estrangulada, también se deshacen de un pederasta, y de un extremista político. Éstas últimas tres ejecuciones tienen un transfondo simbólico; es decir, no se trataba de nada “personal” contra esos tres individuos en concreto, sino contra el “grupo social” ( o más bien anti-social) que cada uno de esos tres representaba. Para más carga simbólica, los enigmáticos ejecutores dejan los cadáveres junto a carteles de concienciación ciudadana (distribuídos por toda la ciudad por la administración municipal) donde dice “Mantengamos a Roma limpia”.

Paradójicamente, la policía “oficial” a la que pertenece el comisario Bertone, debe combatir por ley a ésta organización “de asesinos” que en realidad les está facilitando el trabajo, aplicando la “mano dura” que muchos ciudadanos reclaman pero que al estado no le está permitida.

Un conocido asesino, buscado desde hace años, decide por voluntad propia entregarse a la policía porque tiene miedo de las represalias de “los Anti-Crímenes”. Aún así, la misteriosa sociedad consigue liquidarlo, mediante el envenenamiento con cianuro de su comida en el calabozo.

Mientras tanto, el atracador y asesino que secuestró a la chica, está parapetado en la casa abandonada, cercada por un amplio dispositivo policial. El comisario Bertone insiste en intervenir, pero el magistrado Ricciuti (Mario Adorf) dice que la operación “conllevaría un gran riesgo” para la vida de la joven, y accede a las exigencias del delincuente, que pide un vehículo para escapar mientras encañona a la rehén. Así, logra burlarse una vez más de la justicia.

Poco después, el criminal continúa huyendo con la chica, ésta vez en moto, perseguido por varios coches de la policía. En cierto momento, tira a la joven de la moto en marcha, de modo que se estrella contra la autopista y es arrollada por el coche policial que les pisaba los talones. Una vez más, el atracador-asesino-secuestrador consigue escapar; y la policía no ha podido hacer nada para evitarlo, ni para impedir la muerte de la chica.

Por su parte, el comisario Bertone continúa indagando sobre “los Anti-Crímenes”, la sociedad secreta que tan exitosamente le hace la competencia a la policía del sistema. Para ello, cuenta con la ayuda de Sandra, su amiga la periodista progre…

Comentario

Interesante polizziotesco a tres bandas: una especie de confrontación triangular entre la policía sistémica, la delincuencia callejera y la nueva organización creada como alternativa a la ineficaz policía “oficial” para combatir al crimen.

Está visto que muchas veces, el fenómeno de la delicuencia aplicado contra la pequeña y mediana empresa, y contra los honestos y trabajadores ciudadanos “de a pie”, sirve a los intereses de las “altas esferas”, contribuyendo a que los pequeños comerciantes sean arrasados o absorbidos en beneficio de las multinacionales. El crimen callejero que proliferó en Italia durante los años setenta (y en España durante los ochenta, con heroinomanía de por medio) forma parte de una estrategia (“de la tensión”) mucho más amplia, y que de ningún modo se trata de algo que surge “de la nada” de la noche a la mañana… Y tal vez tampoco su reacción.

Al inicio del film podría pensarse que estamos ante una más de las incontables películas policiacas setenteras que, con una estructura casi de documental (como en “Banditi a Milano”), incursionan en el violento mundo de la delincuencia callejera de aquellos tiempos. Pero algo hace diferenciarse a ésta obra de Steno del resto de los polizzieschi “del montón”; pues el planteamiento de “La Polizia Ringrazia” es uno de los más interesantes del subgénero polizziotesco italiano, junto al de “Il Grande Racket” (Enzo Castellari, 1976).

FHP, 2014

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