Bandidos en Milán – Carlo Lizzani, 1968

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Banditi a Milano (a.k.a. “The Violent Four”)

 

Italia, 1968

Director: Carlo Lizzani

Género: Polizziesco

Guión: Massimo De Rita, Carlo Lizzani

Intérpretes: Gian Maria Volontè (Piero Cavallero), Tomas Milian (comisario Basevi)

Música: Riz Ortolani

 

Argumento

Milán, finales de los años sesenta. El comisario Basevi (Tomas Milian) debe arrestar a una banda de peligrosos atracadores de bancos, cuyo principal líder es Piero Cavallero (Gian Maria Volontè). Los periódicos (extrañamente en alemán) informan sobre los robos y asaltos (en muchas ocasiones con víctimas) que se van sucediendo en Milán, los actos delictivos planificados por grupos criminales muy bien estructurados, que se reparten además fuentes de ingresos poco loables como la extorsión recaudada por la “protección” de locales de ocio, o la prostitución (presenciaremos, de forma harto sintética, la desventurada historia de una joven, quien tras ganar un concurso artístico es embaucada para ir a caer en las redes de unos proxenetas, que terminan rociándola con gasolina para quemarla viva).

Cuando el comisario captura a uno de los integrantes de la banda de Cavallero, el bandido arrestado comienza a “cantar”, y relata a los agentes los pormenores relacionados con los asaltos y todo lo concerniente al grupo de atracadores del cual era integrante.

A partir de ese momento, arranca la historia, y el film finalmente se pone interesante. Cavallero, el jefe de la banda, resulta ser un “respetable hombre de negocios” con varios empleados y oficinistas, que lleva una doble vida a la hora de ejecutar sus fechorías. Esconde sus armas en el taller de su padre, que es carpintero; y el joven aprendiz de éste, un adolescente llamado Tuccio, las descubre un día por casualidad. Piero se da cuenta de que el chico está al corriente, y compra su silencio sobornándole con más dinero del que recibe de su padre en calidad de aprendiz. Poco después, Tuccio es aceptado como un miembro más de la banda. Cavallero decide que la próxima sucursal que atracarán sera el Banco de Nápoles en la ciudad de Turín. Tras una meticulosa planificación que tiene en cuenta los más nimios detalles (incluídos los tiempos que tardan en cambiar de color los semáforos de las cercanías, para que al escapar puedan alejarse más rápido), los bandidos llevan a cabo el atraco. El asalto en sí sale bien. Tuccio, apostado afuera, lleva a cabo la tarea de vigilante. Pero cuando huyen, unas mujeres anotan el número de la matrícula del coche de los delincuentes (que es robado) y avisan a la policía. Se produce así una persecución por las calles, con tiroteos incluídos. Víctimas de los disparos resultan ciudadanos inocentes que pasaban por la calle. La persecución se prolonga durante tensas horas, hasta que los bandidos abandonan el automóvil y se dispersan.

Uno de ellos es detenido allí mismo por los agentes de Basevi – Ese es precisamente el que estaba narrando la historia del último atraco, pues toda la cronología del último delito de la banda de Cavallero resulta ser un flashback que se retrotrae al interrogatorio policial de Basevi al delator. Por su parte, el jóven Tuccio ha logrado escapar y retorna a casa, donde le espera su preocupada madre. Pero pocos días después es arrestado. Cavallero y otro integrante de su grupo, con el botín, se han dado a la fuga y escapan por los campos a las afueras de la ciudad. Grandes destacamentos policiales y militares les siguen la pista. Tras ocho días de “caza del hombre”, finalmente logran capturarlos. Al ser llevado a proceso, esposado en el coche policial y rodeado de furiosos ciudadanos que desearían lincharlo, Cavallero estalla en una carcajada demencial, que recuerda más a un psicópata que a un clásico bandido.

Comentario

La película comienza como si fuera un documental, mostrando el violento modus operandi de las bandas organizadas que en aquellos años hicieron irrupción casi de la noche a la mañana en el hasta entonces tranquilo norte de Italia. Durante gran parte del metraje no existe una línea argumental definida, y se nos presentan varios atracos, persecuciones, detenciones, y el bullicio en la ajetreada comisaría donde Basevi (siempre fumando en boquilla) y sus hombres se ven desbordados ante los atracos que se cometen casi simultáneamente en diversos puntos de la ciudad. Ello en sí mismo no logra cautivar la atención del espectador, y a los veinte minutos comienza a manifestarse la impaciencia y el tedio. Ello resulta preocupante, teniendo en cuenta que dos grandes actores como el cubano radicado en Italia Tomas Milian y Gian Maria Volontè (famoso sobre todo por dar vida a “El Indio” en la segunda entrega de la “leonina” Trilogía del Dólar) comparten cartel. El hilo narrativo resulta muy general, al menos durante la primera media hora, retratando varios acontecimientos propios de la crónica de sucesos. Sólo pasados casi unos cuarenta minutos inicia la auténtica trama; que ofrece casi una radiografía metodológica sobre la planificación del prototípico atraco a un banco (de aquella época), con el involucramiento del jóven Tuccio y el liderazgo del (por momentos rozando lo lunático) Cavallero (Volontè).

Es imposible evitar que surjan a la memoria paralelismos con la alemana “Blutiger Freitag” (1972), donde también el atraco a un banco es el argumento central. Aunque en la historia que cuenta la producción germana tiene lugar una larga toma de rehenes, mientras que en “Banditi a Milano” el peso de la tensión recae en la persecución por las calles. Pero al parecer, ambos films están basados en sucesos reales.

El hecho de que la película no “arranque” hasta bien entrado el metraje, le resta bastantes puntos. También se hecha de menos una buena banda sonora.

FHP, 2014

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3 thoughts on “Bandidos en Milán – Carlo Lizzani, 1968

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