Seppuku (a.k.a. Harakiri) – Masaki Kobayashi (1962)

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Seppuku (a.k.a. Harakiri)

Japón, 1962

Director: Masaki Kobayashi

Género: Chanbara/Drama

Guión: Shinobu Hashimoto (basándose en la novela de Yasuhiko Takiguchi)

Intérpretes: Tatsuya Nakadai (Hanshiro Tsugomo), Akira Ishihama (Motome Chijiiwa), Tetsuro Tanba (Hikokuro Omodaka)

Música: Toru Takemitsu

Argumento

Japón, inicios del shogunato Tokugawa (siglo XVII). La abolición de diversos clanes feudales ha llevado a muchos antiguos guerreros a la pobreza. Uno de ellos es el ronin Hanshiro Tsugomo (Tatsuya Nakadai), que llega a las dependencias del clan Ii pidiendo permiso para morir allí con dignidad mediante el procedimiento del seppuku.

El intendente Kageyu Saito sospecha que se trata de una artimaña, pues no sería la primera vez que un ronin llega allí anunciando su intención de suicidarse, pero esperando en realidad que intenten disuadirlo y lograr así que le den un empleo o al menos limosnas. Por ello, Saito le cuenta a Tsugomo la historia de otro ronin que pertenecía al mismo clan abolido que él, Motome Chijiwa, y que también llegó a las puertas del clan Ii con la supuesta intención de abrirse el vientre.

El joven Motome, según el relato del intendente, solicitó a las autoridades poder hacerse el seppuku en sus dependencias, con la intención oculta de extorsionar beneficios. Queriendo impresionar a los jefes del clan Ii con su valor, con su disposición a sacarse las entrañas, en realidad esperaba que tratasen de convencerle de que no lo hiciera, y le ofrecieran algún tipo de trabajo bien retribuído. Motome sólo poseía una espada de bambú. Y cuando vacila, su asignado kaishakunin Omodaka le dice que “la espada es el alma del samurai”, y que en su caso, lo apropiado es efectivamente la espada de bambú.
Así, las autoridades del clan Ii le forzaron a practicar el seppuku con su wakizashi de bambú, pese a que Motome había implorado piedad y que le dejaran unos días para después regresar. Tras el forzado harakiri, el implacable Hikokuro Omodaka realiza la función de kaishakunin (asistiendo al suicida como decapitador).
Tras escuchar el relato de Saito, el impertérrito Hanshiro reafirma sus intenciones; su disposición inamovible de realizar seppuku. Es conducido al patio para proceder a la realización del ritual.

Cuando todo está a punto, y se le pregunta cuál es su último deseo, Hanshiro solicita que le asista como kaishakunin precisamente Omodaka, “que goza de gran fama por ser un óptimo espadachín”… Pero Omodoka no se halla presente; se encuentra, al parecer, enfermo. Hanshiro insiste, y Saito le propone elegir a otro. El ronin así lo hace; pero “casualmente” tampoco éste segundo está en la residencia. También está “enfermo”. Así pues, Hanshiro nombra a un tercero, pero la fatalidad quiere que también ese se encuentre igualmente “indispuesto”…

Saito, sumamente contrariado, comprende de inmediato que Hanshiro está tramando algo, que él sabía de antemano que esos tres se hallaban ausentes ese día, y que en realidad no ha venido a la sede del clan para hacerse el seppuku. El intendente amenaza pues al ronin con lanzar a todos sus hombres contra él si no se abre las entrañas de inmediato. En ese instante, Hanshiro manifiesta su intención de contar primero una historia, la historia de su vida desde que su clan fue abolido, y las razones que le ha llevado a la situación actual.

Saito accede de mala gana, y Hanshiro comienza su relato, que (como los demás relatos de la película) se presenta en forma de flashback a los que visionan el film. Resulta que el joven Motome era el yerno de Hanshiro, el marido de su hija Miho. El padre de Motome había sido un samurai compañero de armas de Hanshiro, que se quitó la vida haciéndose el harakiri tras la abolición de su clan por parte del shogunato. Tras ello, Motome pasó a estar bajo la protección de Hanshiro, el cual le dió a su hija por esposa. De ésta unión nacería un niño, el pequeño Kingo. Los cuatro vivieron durante algún tiempo pobres pero felices, realizando pequeños trabajos para mantenerse a flote pero sin grandes preocupaciones. La idílica armonía familiar no iba a durar mucho, y comenzó a turbarse con la enfermedad de la joven Miho, hija de Hanshiro y mujer de Motome, la cual un día empezó a vomitar sangre. Su situación se agravaba semana tras semana, y por si ello no fuera poco, también el pequeño Kingo contrajo unas graves fiebres. Hanshiro y Motome, muy angustiados, poco podían hacer; pues no tenían sufiucientes recursos para pagar a un médico. Presa de la desesperación, Motome tomaría la resolución de probar fortuna acudiendo al clan Ii con la estrategia en mente que Saito ya había expuesto en su relato.

Hanshiro y Miho esperaron durante horas y días el retorno de Motome; el cual al final regresó… como cadáver, traído por Omodaka y otros dos oficiales del clan Ii, que le habían empujado a hacerse el seppuku con su wakizashi de bambú. (Esos otros dos oficiales eran, junto a Omodaka, aquellos que Hanshiro solicitó como kaishakunin y que se encontraban ausentes, luego descubriremos por qué). Pocos días después, Miho sucumbió a su enfermedad, y también el pequeño Kingo, por lo cual Hanshiro se quedaría completamente sólo, además de en la miseria absoluta.

Hasta aquí llegó la narración del ronin acerca de los motivos que le llevaron a acudir a la sede del clan. Hanshiro reafirma una vez más su intención férrea de hacerse el seppuku, sobre todo ahora que ha perdido a sus seres queridos, y cuando Saito le insta a que proceda, Hanshiro repone que aún le falta algo por decir: y sacando algo de entre sus ropas, lanza ante el intendente (para su gran asombro) los moños cortados de los tres oficiales que le trajeron el cadáver de Motome; revela que luchó contra ellos y tras vencerlos los dejó con vida pero para mostrar la prueba de su derrota les cortó sus moños. Ese era el motivo real por el cual Omodaka y los otros dos se hallaban “enfermos” y no podían estar allí presentes; por vergüenza a aparecer ante los ojos de sus camaradas como derrotados, se ocultaban en sus casas hasta que les volviera a crecer el pelo.

El estupefacto Saito, furibundo, presa de la ira y de la exasperación, ordena entonces a sus hombres acabar con Hanshiro. Da inició así una lucha desigual de todos contra uno, pero Hanshiro resiste ejemplarmente, logra aguantar el embiste de las decenas de guerreros que se abalanzan contra él, matando a algunos e hiriendo a muchos. Pelea como un león hasta que, asediado y al límite de sus fuerzas, cumple finalmente con su palabra y se hace el seppuku, poco antes de que los hombres de Saito le disparen varias veces con unas primitivas armas de fuego para rematarlo.

Saito, tras la carnicería, es notificado de que el ronin ha sido finalmente ultimado… a costa de varios muertos y heridos entre los samurais del clan. También le informan de que el ausente Omodaka se había hecho el seppuku. Saito ordena que también se lo hagan los otros dos “enfermos”, y dispone que se difunda que los muertos en combate han fallecido “a causa de enfermedad”, que no hubo lucha alguna, y que Hanshiro se hizo el seppuku sin ningún tipo de altercado. Pues no debe llegar a oídos de la autoridad shogunal el auténtico desarrollo de los acontecimientos; ello cubriría de oprobio al clan Ii…

Comentario

Excelente film sobre samurais de gran carga dramática y aires de tragedia griega. Las rígidas normas del Japón feudal, el código de honor del bushido y el drama familiar y personal de un ronin arruinado son magníficamente retratados a lo largo de la película. La historia busca poner de manifiesto la hipocresía de los funcionarios del clan Ii, que mientras fueron inflexibles con el joven Motome sin concederle los dos días que había solicitado, se ausentaron cobardemente tras ser derrotados por Hanshiro excusándose por causas de “enfermedad”. Mientras Saito le predicaba a Hanshiro sobre el honor y la ética del samurai, sus tres mejores hombres eran los primeros en incumplir las normas del bushido.

Por otro lado es cierto que Motome trató de engañar al clan Ii, pues no tenía la intención real de hacerse el harakiri y esperaba conseguir beneficio; pero sólo actuó así presa de la desesperación, para salvar a su mujer y a su hijo.

El realizador Kobayashi logra mantener la tensión en todo momento durante las más de dos horas de metraje. Gran trabajo de los actores principales, en especial del protagonista Hanshiro (Tatsuya Nakadai) y del implacable Omodaka (Tetsuro Tanba).

Como curiosidad, señalar que el actor Nakadai, que interpreta al maduro ronin, tenía sólo 30 años en el momento de rodar la película. Los profesionales del maquillaje también hicieron pues un buen trabajo, al hacerle parecer un cincuentón, que es padre de la joven Miho, suegro de Motome y abuelo del pequeño Kingo…

Muy buena la banda sonora, con acordes y ritmos tradicionales japoneses; en lugar de la orquestal de estilo hollywoodiense que aparece, por ejemplo, en “Los 47 Ronin”.

Recientemente, el prolífico (y no exento de polémica) Takashi Miike, famoso por sus ultraviolentas y bizarras películas de yakuza repletas de humor negro (y a veces de elementos surrealistas) realizó un remake de éste gran clásico.

“Seppuku” (“Harakiri”) de Masaki Kobayashi es, sin lugar a dudas, una obra maestra absoluta del género.

FHP, 2014

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